María del Carmen Ibáñez e Ibáñez (Mula, Murcia, 1895-Albacete, 1962) fue una compositora, pianista, inventora, pedagoga y etnomusicóloga española. Su vida profesional la dedicó a la enseñanza, la composición y a la recopilación de canciones populares de la provincia de Albacete, llegando a formar el Cancionero de la Provincia de Albacete.
Biografía Inicios de una niña prodigio
María del Carmen Ibáñez e Ibáñez nació en 1895, en el seno de una familia pudiente en la ciudad de Mula (Murcia). Su madre, Carmen Ibáñez Abellán, era maestra y tenía conocimientos de piano, y su padre, José María Ibáñez Ruíz, era escribano y juez de Instrucción de la ciudad. En 1902, a los 7 años de edad, Carmen Ibáñez tuvo su primer contacto con la música cuando sus padres le regalan un piano, y en esta ciudad comenzó a aprender a tocar este instrumento. A la muerte de su padre, la madre de Carmen se encontró en la obligación de sacar adelante a la familia económicamente y se trasladaron a Murcia. Por este motivo, desde 1905, la pequeña Carmen Ibáñez comenzó a recibir clases de canto con Antonio Ramírez Pagán y de piano con el maestro Pedro Muñoz Pedrera, en la Academia de Santa Cecilia de Murcia.
Vida académica en Murcia y Madrid
Gracias a las enseñanzas musicales de los profesores de la Academia Santa Cecilia de Murcia, Carmen Ibáñez pudo acceder al Conservatorio de Música de Madrid como alumna libre, a la edad de 12 años, donde cursó los correspondientes años académicos de solfeo y piano entre los años 1907 y 1909. Carmen Ibáñez terminó estos estudios de piano y solfeo con calificación de sobresaliente. Aprovechando su enseñanza musical y estancia en Madrid, en 1909 se presentó al concurso musical infantil, organizado por el Círculo de Bellas Artes de Madrid, consiguiendo el segundo premio, tras competir contra el eminente pianista José Cubiles. También, en esta ciudad, realizó alguna interpretación pública y coincidió con otros músicos destacados del momento, que fueron nombrados por ella en sus posteriores publicaciones. Transcurridos unos años, sus profesores de música de Murcia aconsejaron a la madre de Carmen Ibáñez para que su hija finalizase sus estudios como alumna oficial en el conservatorio madrileño. De esta forma, la familia Ibáñez se trasladó durante unos años a Madrid, donde la pianista pudo estudiar con importantes profesores, como Tomás Coronel y Emilio Serrano. También cursó Armonía con el catedrático Valentín Arín Goenaga y con Pedro Fontanilla. Carmen Ibáñez terminó su carrera musical con calificación de sobresaliente, en 1913. Debido a su buen expediente académico le permitió que pudiese optar al premio final de carrera, pero estos fueron conseguidos por compañeros suyos varones. Carmen Ibáñez, que terminó sus estudios a la temprana edad de 15 años, con un expediente académico impecable, continuó durante un tiempo sus estudios con el piano con su antiguo profesor, José Tragó, quien fue discípulo de uno de Georges Amedée Saint-Clair Mathias, uno de los alumnos predilectos de Frédéric Chopin, por lo que se ha considerado que Carmen Ibáñez fue heredera de la escuela chopiniana. Tras esta etapa madrileña, y finalizados sus estudios, Carmen Ibáñez volvió a Mula junto a su familia en 1913.
Sus inicios en la enseñanza. La Escuela Normal de Murcia
Debido a la dificultad que tenían las mujeres de la época para trabajar en la interpretación o como profesoras de conservatorio, Carmen Ibáñez, en su condición de mujer, decidió, al igual que hizo en su momento su madre, dedicarse a la docencia. Al poco tiempo de acabar sus estudios de piano en Madrid regresó a Murcia y, una vez instalada en esta ciudad, consiguió plaza como profesora auxiliar de música en la Escuela Normal de Maestras de Murcia, en 1915. A partir de este momento tuvo que compaginar su vida docente con los viajes a Mula para visitar a su madre y participar en las actividades artísticas en su ciudad natal. Entre 1915 a 1916 participó en Murcia en algunos recitales públicos y tuvo la oportunidad de compartir escenario con grandes músicos murcianos, como fue el caso del organista de la Catedral de Murcia, don José Carrasco Benavente, tras ofrecer conjuntamente una velada cuaresmal el 11 de abril de 1916. Finalizado este acto fue nombrada socia honoraria de la Sociedad del Círculo Católico Artístico de Murcia, organización que la premió por sus dotes musicales y la incluyó dentro del cuadro de honor de la misma, .
Su vida en Albacete como profesora, pedagoga e inventora En 1916, se convocaron plazas para diferentes Escuelas Normales de Maestras entre las que figuraba una plaza de profesora de música en Albacete. Carmen Ibáñez se presentó a esta oposición, tras mandar su solicitud a las pruebas y aportar sus méritos académicos. En el proceso de oposición tuvo que superar tres exámenes: una prueba de armonía y composición; otra prueba de solfeo, interpretación instrumental y transporte y, por último, la valoración de una memoria escrita. Las pruebas terminaron el 16 de enero de 1917 con la participación de cuatro opositoras, entre las que figuraba Carmen Ibáñez, quien demostró tener un conocimiento absoluto del programa de oposición y unas aptitudes admirables para el desempeño de la plaza sacada a oposición. De esta forma, la plaza de profesora de Música de la Escuela Normal de Maestras de Albacete fue otorgada a Carmen Ibáñez por unanimidad del tribunal.
Tras saber el resultado de la oposición, la familia Ibáñez se mudó a la ciudad de Albacete. Desde un primer momento, Carmen Ibáñez se unió de inmediato a eventos que le permitiesen seguir dando recitales, como los que ofreció en el Casino Primitivo de la ciudad y en el Círculo de Bellas Artes de Albacete. A partir de este momento, Carmen Ibáñez fue nombrada Asesora Musical del Círculo de Bellas Artes de Albacete a raíz de haber asistido a dicha ciudad a dar una serie de recitales de piano. En 1918, Carmen Ibáñez mandó algunos artículos al periódico El Heraldo de Mula, donde manifestó la importancia que tenía la enseñanza musical en la cultura humana, la riqueza de la música popular española y el papel fundamental que tenía las mujeres en nuestra sociedad. Asimismo, opinaba que la mujer solamente era inferior al hombre en cuanto a lo que a fuerza física se refiere, pero que ambos sexos eran iguales en inteligencia y ante los ojos del Creador. Sus escritos en la prensa fueron adelantados para una mujer de estos años, provocando una discusión periodística y que pusieron en cuestión sus reivindicaciones.
En 1919 ofreció un nuevo concierto en Albacete y en este acto conoció al violinista Luis María Sánchez. Este pertenecía a una familia de clase media de Albacete y era hijo de Francisco Javier Sánchez, Secretario de Gobierno de la Audiencia Territorial de Albacete y autor de la primera Historia que se hizo de la ciudad de Albacete. En 1920, Carmen Ibáñez y Luis María Sánchez contraen matrimonio y fueron padres de cuatro hijos (el primero de estos falleció al nacer). La maternidad alejó a Carmen Ibáñez de las salas de concierto y acabó dejando la práctica del piano solo para su casa. Fue durante esta etapa cuando Carmen Ibáñez empezó su labor como compositora.
La plaza de música de la Escuela Normal de Maestros de Albacete quedó desierta en 1923 y se dispuso que fuese ocupada por Carmen Ibáñez para impartir la misma asignatura en la Escuela Normal de Maestras, momento en el que fue nombrada como catedrática. Durante esos años, la enseñanza de la música se vio limitada a tres géneros musicales: himnos religioso, patrióticos y canciones populares. Precisamente, fue en 1923 cuando propuso al Claustro de la Escuela Normal de Maestras de Albacete la práctica musical en la propia Escuela Normal y en la Escuela Graduada aneja a esta, empleando la música popular, especialmente la albaceteña.
El principal referente pedagógico para Carmen Ibáñez fue su compañero de la Escuela Normal de Maestros, Joaquín Salvador Artiga, quien le transmitió los verdaderos postulados de Pestalozzi, tan de moda en aquel momento. A partir de esto momento, la profesora realizó algunos métodos pedagógicos que seguían las tendencias de este pedagogo suizo, y que consiguió publicar en Albacete. De esta forma, Carmen Ibáñez empleó sus propias publicaciones en sus clases de la Escuela Normal en Albacete, siendo así partícipe de las tendencias educativas de la Institución Libre de Enseñanza y la Escuela Nueva. Sus libros estaban dirigidos a la enseñanza musical de los futuros docentes y a la preparación de oposiciones a la Escuela Normal. En ellos se daban pautas para la enseñanza musical de los párvulos y niños de los primeros cursos educativos. Asimismo, Carmen Ibáñez compartía el mismo punto de vista que el pedagogo Zoltán Kodály respecto a la utilización de melodías folclóricas para la enseñanza y el modelo de Émile Jaques-Dalcroze de utilizar la enseñanza corporal junto a la musical. Su primero libro, Metodología. Enseñanza de la Música en las Escuelas Primarias. Apuntes sobre Música, lo publicó en 1926, y fue vuelto a editar dos años más tarde. También, en 1928, publicó "Músicos españoles del siglo XIX" y un "Método autógrafo de Solfeo" dividido en dos cursos. En 1930, Carmen Ibáñez escribió dos folletos con intención de complementar las carencias encontradas en sus libros anteriores: Complemento a la teoría del primer curso y Complemento a la metodología del segundo curso. Igualmente, entre los años 1930 y 1931, Carmen Ibáñez escribió el libro La música en la escuela.
Carmen Ibáñez, como seguidora de los pensamientos de la Escuela Nueva, reclamó la presencia de un objeto educativo que cautivase a los niños, como propuso Pestalozzi, y como se había empleado en otras disciplinas, como las matemáticas. Ante esta carencia, inventó el “Rigo-Móvil Ibáñez” en 1928. Se trata de un estuche que contiene un pentagrama metálico sobre el que se insertan otras figuras musicales metálicas. Sobre estas se colocan piezas de madera de diferentes colores y con el nombre de las notas musicales. Gracias a estas piezas y colores, los niños se divertían con este objeto, siendo su aprendizaje considerado como un juego. Otra ventaja de este invento fue su idoneidad en la enseñanza de alumnos sordomudos, ya que posibilitaba el aprendizaje musical intuitivo. Tras colocar las piezas de madera en su correspondiente línea o espacio el alumno podía intuir las alturas aunque no las escuchase, debido a la relación existente entre las vibraciones del color y las vibraciones del sonido. Por este motivo, el Rigo-Móvil fue adquirido como instrumento educativo por el Colegio de Sordo Mudos de Madrid. A la vez, fue expuesto en el pabellón de Murcia y Albacete de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929 y, también, fue adoptado en el Conservatorio de Música de La Habana. Para el aprendizaje de su invento publicó en 1930 su libro "Nuevo sistema pedagógico-musical. El ideal de la música en la escuela primaria. Su enseñanza por medio del método Rigo-Móvil. Dos años más tarde, volvió a publicar un nuevo tratado sobre su metodología e invento: "la intuición musical. Los nuevos sistemas de enseñanza". Sin embargo, el elevado coste que le supuso a Carmen Ibáñez el mantenimiento de la patente y su compra por parte de las Escuelas Normales dificultó su difusión, que se vio mermada con la Guerra Civil Española.