El conflicto entre la Franja de Gaza e Israel de 2021 se inició el 6 de mayo de 2021 con los enfrentamientos entre manifestantes palestinos y la policía israelí por una decisión prevista de la Corte Suprema de Israel sobre los desalojos de seis familias palestinas de Sheij Yarrah, lo que afectaría a docenas de palestinos de este barrio de Jerusalén Este. Coincidiendo con las festividades de Laylat al-Qadr y el Día de Jerusalén, los enfrentamientos causaron más de 300 palestinos heridos. Los enfrentamientos suscitaron la condena internacional y provocaron la suspensión de la sentencia de la Corte Suprema por 30 días, ya que Avichai Mandelblit, fiscal general de Israel, trató de reducir las tensiones.

El 9 de mayo, después de que grupos palestinos en el Monte del Templo almacenaran losas, piedras y fuegos artificiales a la espera de un enfrentamiento contra la policía y grupos judíos de extrema derecha, fuerzas policiales israelíes irrumpieron en la mezquita de Al-Aqsa, el tercer lugar más sagrado para los musulmanes, disparando balas con punta de goma contra palestinos que lanzaban piedras. Poco después, la policía decidió suspender la marcha de la bandera por el Día de Jerusalén que suele atraer a muchos jóvenes nacionalistas judíos.

En respuesta, Hamás y la Yihad Islámica lanzaron una andanada de cohetes que dejaron al menos 20 heridos. En una primera instancia Israel activó el sistema de defensa aérea con las baterías de la Cúpula de Hierro, neutralizando así la lluvia de cohetes, para posteriormente bombardear la Franja de Gaza en un ataque que causó la muerte de 24 palestinos, nueve de ellos niños. A esto le sucedió el lanzamiento desde la Franja de más de 400 cohetes que impactaron en hogares y una escuela, matando a dos civiles e hiriendo al menos a 70 israelíes. Israel respondió con ataques aéreos en Gaza y, según funcionarios palestinos, al menos 30 personas murieron, incluidos diez niños, y 203 más resultaron heridos. Según las Fuerzas de Defensa de Israel, al menos quince de los muertos eran miembros de Hamás, y muchos otros fueron asesinados por cohetes palestinos que erraron su trayectoria. El 11 de mayo, los ataques aéreos israelíes provocaron el colapso de una torre residencial de 13 pisos en Gaza.

Durante el conflicto, al menos 253 palestinos (incluidos al menos 67 menores de edad), 10 israelíes (incluidos 2 menores de edad), 2 tailandeses, 1 libanés y una ciudadana india murieron a consecuencia de los bombardeo, lanzamientos de cohetes y disparos del ejército israelí. Al menos 1900 palestinos y 200 israelíes resultaron heridos por los bombardeos israelíes. Los bombardeos israelíes destruyeron o dañaron gravemente unos 450 edificios en la Franja de Gaza, incluidos seis hospitales, nueve centros sanitarios de atención primaria y 40 escuelas. En total, unas 4000 viviendas resultaron dañadas en la Franja, en las cuales vivían unos 7000 niños. Más de palestinos tuvieron que refugiarse en escuelas y otros edificios de UNRWA. La ONU valoró los daños en la Franja de Gaza en 485 millones de dólares: al menos 380 millones en daños físicos y otros 190 millones en pérdidas económicas.

La escalada continuó hasta que el 21 de mayo entró en vigor un alto el fuego entre Israel y las milicias palestinas. El 15 de junio, el ministerio del Interior de Israel autorizó una marcha de nacionalistas de derechas por la Ciudad Vieja de Jerusalén. Unos 5000 manifestantes pasaron frente a la Puerta de Damasco con cánticos como «muerte a los árabes» o «Jerusalén es nuestro». Al día siguiente, Hamás reanudó el lanzamiento de globos incendiarios contra Israel, rompiendo así el alto el fuego, por lo que la Fuerza Aérea de Israel tomó represalias llevando a cabo ataques aéreos en la Franja de Gaza.

Antecedentes thumb|left|upright|Entrada al barrio de Sheij Jarrah. thumb|Mapa de la OCHAoPT de las comunidades palestinas bajo amenaza de desalojo en Jerusalén Oriental, en 2016.

El estatus de Jerusalén está en disputa: los palestinos reclaman Jerusalén Este como su capital, mientras que Israel reclama toda la ciudad como propia. Ninguna de estas reclamaciones tiene un amplio respaldo internacional.

Tras ocupar y anexionar la parte oriental de Jerusalén en 1967, Israel convirtió la ciudad en su «capital única e indivisible» y se dispuso a reducir la población palestina en ella. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas rechazó y condenó de inmediato la anexión israelí de Jerusalén en su resolución 478, que declaraba esta medida «nula y carente de valor» y «una violación del derecho internacional». Tras la guerra de los Seis Días se llevó a cabo una primera oleada de expulsiones, que condujo en particular a la destrucción del barrio del Magreb. Al mismo tiempo, se crearon asentamientos alrededor de Jerusalén. La disputa sobre la tierra en Sheij Yarrah se considera un microcosmos de las disputas entre israelíes y palestinos desde 1948. Las leyes de Israel permiten a los judíos presentar reclamaciones sobre tierras en Cisjordania y Jerusalén Este que hubiesen poseído antes de 1948, pero rechazan los reclamos palestinos sobre la tierra que hubiesen poseído en Israel en esa misma fecha.

La autenticidad de los documentos aportados por los demandantes judíos para reivindicar las viviendas en disputa ha sido cuestionada por demandantes palestinos en los tribunales israelíes. En 1956, el gobierno jordano, en cooperación con la organización de las Naciones Unidas para los refugiados, UNRWA, alojó a 28 familias de refugiados palestinos con derechos de arrendamiento en un terreno que Jordania administraba como custodio de la propiedad enemiga. Después de la guerra de los Seis Días, el área cayó bajo ocupación israelí. En 1972, el Custodio General israelí registró las propiedades bajo los fideicomisos judíos, que a su vez exigieron que los inquilinos palestinos pagaran el alquiler de los fideicomisos. Las órdenes de desalojo comenzaron a producirse en la década de 1990.

Los fideicomisos judíos vendieron las casas a una organización de colonos de derecha, que desde entonces ha hecho repetidos intentos de desalojar a los residentes palestinos. Según las leyes de propiedad y tierras israelíes, los israelíes tienen derecho a reclamar propiedades en Jerusalén Este que fueran propiedad de judíos antes de la guerra árabe-israelí de 1948, pero no existe una ley similar que permita a los palestinos reclamar sus bienes perdidos dentro de Israel durante las hostilidades. El distrito de Sheij Yarrah alberga a los descendientes de refugiados expulsados o desplazados de sus hogares en Jaffa y Haifa en la Nakba de 1948. Según el Instituto de Investigación de Políticas de Jerusalén, este enfoque de los derechos de propiedad es inaceptable en el derecho internacional.

Aparte de los previsibles desahucios en Sheij Yarrah, otra serie de factores confluyeron para aumentar la tensión en la ciudad de Jerusalén. Poco después del inicio del mes del Ramadán, las autoridades israelíes decidieron colocar un puesto de control a la entrada de la ciudad vieja de Jerusalén, a la altura de la Puerta de Damasco. Poco después prohibieron que los palestinos se reuniesen allí con sus amigos y familia tras el ayuno, una tradición extendida entre la comunidad palestina de la ciudad; cuando estos se negaron a cumplir la norma, la policía cargó con violencia contra ellos. Estos choques se extendieron durante dos semanas hasta que al final la policía decidió consentir las reuniones en la puerta de Damasco.

Aunque la ciudad de Jerusalén experimenta periódicos enfrentamientos entre las comunidades judía y palestina que la conforman, la tensión en la ciudad fue en aumento tras una marcha convocada por la plataforma ultraderechista Lehava, que atravesó la Puerta de Damasco en su camino hacia la ciudad vieja de Jerusalén cantando «Muerte a los árabes». En este punto tuvo lugar un enfrentamiento entre los radicales israelíes y grupos de palestinos, mientras que la policía hizo uso de gases lacrimógenos, granadas aturdidoras y cañones de agua para frenar las protestas. Según la Media Luna Roja, más de 100 palestinos resultaron heridos, mientras que otros 50 fueron detenidos. Unos 20 policías israelíes también sufrieron heridas.

Otro de los motivos de la elevada tensión en la ciudad fueron, según la propia policía israelí, las acciones llevadas a cabo por el parlamentario ultraderechista y kahanista Itamar Ben Gvir. De hecho, el jefe de la policía israelí, Kobi Shabtai, lo señaló directamente afirmando que «El responsable de esta Intifada es Itamar Ben Gvir». Entre otras medidas provocadoras, este diputado israelí montó una «oficina parlamentaria» (en palabras de The Times of Israel, «una mesa bajo un toldo») en el barrio palestino de Sheij Yarrah. Otra importante provocación provino del vicealcalde de Jerusalén Aryeh King, quien acudió a Sheij Yarrah y dijo a uno de los principales activistas antidesahucio: «qué lástima que no te pegasen un tiro en la cabeza».

Protestas y enfrentamientos thumb|Cartel que dice «Salva a Sheij Jarrah» en las paredes del barrio palestino, 9 de mayo de 2021. Palestinos e israelíes se enfrentaron por primera vez el 6 de mayo del 2021 y fueron disueltos por la intervención de la policía israelí, que arrestó al menos a 7 personas. Siguieron más enfrentamientos en la mezquita de Al-Aqsa. La Sociedad de la Media Luna Roja palestina dijo que 136 personas resultaron heridas en Jerusalén esa noche, y el gobierno israelí dijo que seis policías también resultaron heridos. Se produjeron más enfrentamientos el 8 de mayo, fecha de la noche santa islámica de Laylat al-Qadr. Multitudes palestinas arrojaron piedras, encendieron fogatas y corearon «Atacad Tel Aviv» y «Judíos, recuerden Jáibar, el ejército de Mahoma está regresando» mientras sostenían banderas de Hamás. Asimismo, multitudes israelíes coreaban «Solo por esta vez, Dios, que de un solo golpe pueda vengarme de los palestinos (¡que se borre su descendencia!) por mis dos ojos» mientras celebraban el asalto de la mezquita de Al-Aqsa.

La policía israelí, con equipo antidisturbios y algunos a caballo, utilizó granadas paralizantes y cañones de agua. Al menos 80 personas resultaron heridas. En la mañana del 9 de mayo, las fuerzas israelíes irrumpieron en la mezquita de Al-Aqsa, el tercer lugar más sagrado del Islam, e hirieron a cientos. Los palestinos arrojaron piedras, petardos y objetos pesados, mientras que la policía israelí disparó granadas paralizantes y balas de goma. El asalto se produjo antes de la marcha de la bandera que se realiza tradicionalmente el Día de Jerusalén, en la que nacionalistas judíos atraviesan la Ciudad vieja de Jerusalén y, en concreto, su barrio musulmán enarbolando banderas israelíes.

Al menos 215 palestinos resultaron heridos, 153 de los cuales fueron hospitalizados. Los ciudadanos palestinos de Israel se organizaron entonces y alquilaron autobuses para viajar a Jerusalén y rezar en la mezquita de al-Aqsa. La policía detuvo los autobuses en mitad de la autovía y les impidió el paso, por lo que cientos de ciudadanos israelíes vieron cómo se les impedía acudir a rezar a uno de sus más venerados centros de oración en pleno mes de Ramadán. Cuando iniciaron el camino a pie, la policía volvió a cortarles el paso y les lanzó gases lacrimógenos. Los militantes de Hamás y la Yihad Islámica palestina en la Franja de Gaza lanzaron cohetes contra Israel durante la noche.

thumb|Vehículos de propiedad de judíos incendiados por sus conciudadanos árabes durante los disturbios. 12 de mayo de 2021.