miniaturadeimagen|313x313px|Mapa físico (en relieve) de Israel y Estados colindantes El cambio climático en Israel es el conjunto de causas, efectos y consecuencias del cambio climático en Israel, y por extensión en otros territorios del litoral oriental del mar Mediterráneo (clima subtropical-mediterráneo) y de las subregiones más áridas al este y al sur. Desde que fuera definido y abordado en la segunda mitad del , ha sido un tema de debate en la sociedad israelí, cuyos efectos se han notado en la política y la industria locales, como, naturalmente, en los parajes naturales a lo largo y ancho del país.
Existen importantes evidencias de los efectos del calentamiento global en la cuenca del Mediterráneo, que ha sido sometida a varios tipos de eventos climáticos en las últimas décadas, más evidentes en los países del este y sureste de la región, incluido Israel. Se estima que en el futuro, estas tendencias, de no ser mitigadas, podrían impactar en la economía, la calidad de vida y las relaciones con los países vecinos.
Efectos de la intervención humana directa Los efectos medioambientales de la intervención humana en Israel, e históricamente en la región de Palestina (Eretz Israel), han sido identificados desde antes de la fundación del Estado hebreo. A partir de la invasión de Egipto y el Levante mediterráneo por Napoléon, la región se transformó en un centro de actividad política e industrial, impactando en los parajes naturales, como bosques y pantanos, y las especies que los habitaban. La deforestación con fines agrícolas hizo menguar las especies autóctonas (luego reemplazadas por especies importadas) y redujo sustancialmente las zonas verdes en algunos puntos de la región.
Antes y después de la fundación del Estado de Israel, las labores fomentadas por los movimientos sionistas se centraban en la agricultura, la construcción y el acondicionamiento de la tierra bajo el lema «hacer florecer el desierto», a la vez que se hizo hincapié en la natalidad y el aumento de la población como un objetivo estratégico. Muchos de estos proyectos, considerados en su día un éxito de la empresa judía en el incipiente Estado, resultaron perjudiciales para los ecosistemas locales conforme se iban desarrollando los conocimientos relacionados con los efectos medioambientales. Cuando David Ben-Gurión se mudó al desierto del Néguev, lo hizo como una declaración sobre la necesidad de traer la civilización hacia ese ecosistema que formaba el del país. Pero quizás el más célebre fue el gran proyecto de drenado y aprovechamiento para el cultivo de los pantanos del valle de Jule. Considerado un gran éxito durante muchos años (y un ejémplo de la vocación y destrezas de la Hityashvut), se produjo un efecto perjudicial para el ecosistema local que influyó en la desaparición de varias especies y un cambio en la composición de la tierra destinada a la labranza. En este caso concreto, las labores de recuperación de las últimas décadas han dado su fruto, habiendo logrado recuperar buena parte de las especies desaparecidas. miniaturadeimagen|Comparación del estado del mar Muerto, 1972-2011 A partir de la segunda mitad del , las actividades de extracción de minerales en la cuenca del mar Muerto han contribuido a la aceleración en el ritmo de secado del lago, ya en sí en rápido proceso de reducción debido a las cada vez más escasas aportaciones del río Jordán, consecuencia del calentamiento global y del uso del agua para la irrigación de tierras agrícolas. Las aguas del mar Muerto y zonas colindantes están ricas en potasas, bromuro, yeso, sal y otros minerales que se extraen en grandes cantidades por empresas israelíes y jordanas en la parte sur del lago, una industria que constituye una importante fuente de actividad económica. Para llevar a cabo el proceso, es necesario evaporar artificialmente agua del lago, que pierde entre 700 y 800 millones de metros cúbicos (hm³) al año, de los que 250-350 hm³ se deben a la minería.
Efectos del calentamiento global Registros arqueológicos de la región muestran que siempre ha existido una variabilidad significativa del clima en el Mediterráneo oriental. Sin embargo, es a partir de la segunda mitad del cuando se ha detectado el comienzo de un período de incertidumbre, que ha afectado en el campo de los estudios climáticos las variables correspondientes a parámetros que ya tenían en consideración esa variabilidad histórica.
El calentamiento global se ha manifestado en la región mediterránea a través de largos períodos de sequía. Desde la década de 1960 la región ha ido calentándose con un incremento importante en la frecuencia, intensidad y duración de las olas de calor y los períodos de sequía. Estas tendencias han tenido especial manifiesto en Israel, donde se ha observado un incremento en los días y noches cálidas y una reducción de los días y noches frías. El principal factor en la subida de la temperatura media en Israel ha sido la subida de la temperatura mínima en esta región.
Entre 2006 y 2009, Israel sufrió la peor sequía en ocho décadas, con precipitaciones hasta por debajo de la media, la cual llevó a la implementación de medidas de emergencia que constaban de recortes en el suministro de agua para la agricultura y, por consiguiente, repercutiendo tanto en los agricultores, quienes perdieron entre el y de su producción anual, como en los precios de los productos agrícolas, muy consumidos en Israel y otros mercados destino, como Palestina.
Incendios forestales miniaturadeimagen|El incendio del Monte Carmelo, diciembre de 2010 Las condiciones de extrema sequía han propiciado la propagación de incendios en la región. En diciembre de 2010 se produjo el mayor y más letal de los desastres naturales de la historia del país, cuando un incendio en el monte Carmelo asoló 2200 hectáreas de bosques, vegetación y poblados, incluidas las 600 hectáreas de la muy importante reserva natural de Jai-Bar. El otoño de ese año había estado marcado por una excepcional ausencia de lluvias, experimentando condiciones de extrema sequía después de diez meses consecutivos sin precipitaciones. El incendio cobró 43 vidas y más de personas fueron evacuadas, con importantes consecuencias para el ecosistema local.
Según un estudio realizado por científicos israelíes y alemanes, los incendios forestales son uno de los indicios más típicos del cambio climático en la región, y serán más frecuentes conforme se acerque a la subida de en la temperatura global que los expertos manejan como hipótesis más probable, y que será superada en el Levante mediterráneo.
Pérdida de biodiversidad
Según un estudio del Instituto de Paleontología de la Universidad de Viena publicado en enero de 2021 en la revista de la Royal Society, el calentamiento de las aguas provocado por la crisis climática ha eliminado de las bajas aguas del Mediterráneo israelí al de las especies autóctonas de la región, que han sido sustituidas por especies tropicales migradas (más adaptadas a aguas más cálidas). La investigación apuntó a una reorganización del ecosistema del Mediterráneo oriental que puede provocar que las migraciones de especies se intensifiquen en los próximos años. Entre las especies desaparecidas de estas latitudes del litoral israelí se incluyen caracoles, almejas, esponjas de mar y peces típicos de esta región, y es probable que este fenómeno revele una tendencia más general, que pueda darse en otras zonas del Mediterráneo oriental. miniaturadeimagen|Crías de la tortuga boba (Caretta caretta) en la costa de Atlit, en su travesía hacia el mar.|183x183px Del de especies autóctonas que todavía habitan estas aguas, el de las que se identificaron en el estudio tienen tamaño notablemente menor que la media de su especie, lo cual demuestra que mueren muy jóvenes, antes de reproducirse. Esta falta de reproducción podría significar la futura desaparición de un número mayor de poblaciones, tendencia posiblemente ya irreversible para las aguas bajas, pero que aún podría evitarse en las aguas profundas, donde las temperaturas son más bajas y las poblaciones de especies autóctonas son mucho más amplias.
Otras especies, como las tortugas marinas del Mediterráneo, son consideradas especies en peligro de extinción, que se han visto perjudicadas por múltiples factores relacionados con la actividad humana, como la contaminación marina, la pesca, la disminución de zonas de nidificación costeras y el calentamiento global. La capacidad de las tortugas marinas para aguantar la respiración bajo el agua depende de la temperatura del agua – cuanto más fría, más tiempo pueden quedarse sumergidas (hasta varias horas). El calentamiento de las aguas bajas significa que las tortugas tengan que subir más a menudo a la superficie, lo cual resulta peligroso para su supervivencia.
Mientras que las aguas cálidas suponen un problema para las especies autóctonas, otras especies aprovechan la subida de las temperaturas en estas latitudes. Entre estas especies son cada vez más comunes las medusas y escualos como el tiburón arenero y el tiburón trozo, que han aumentado su presencia en las costas de Israel.
Predicciones basadas en el ritmo de calentamiento
Repercusiones en Israel y Oriente Próximo
Ecológicas miniaturadeimagen|Inundaciones en Israel, enero de 2020 Por lo general, Israel y la región del Mediterráneo oriental ya está experimentando el impacto del cambio climático en el clima y el comportamiento de los ecosistemas locales, sin embargo será más notable en las próximas décadas. Se estima que dichos efectos, de seguir el ritmo actual del calentamiento global, incluirán períodos de carencia importante de agua dulce, aumento en la frecuencia de eventos climáticos de más gravedad (olas de calor, sequías, fuertes tormentas e inundaciones), desertificación, desplazamiento de ecosistemas, pérdida de especies de fauna y flora, blanqueo de los corales, pérdida de frezaderos y, por otra parte –como ya mencionado–, un importante incremento en poblaciones de especies como la medusa.
Como caso particular se puede dar el ejemplo del mar de Galilea, que durante más de dos décadas (hasta comienzos de la década de 2020) iba perdiendo importantes cantidades de agua por los largos períodos de sequía, hasta alcanzar su mínimo histórico. En este tiempo Israel, que anteriormente dependía en gran medida del lago como fuente de agua potable (habiendo construido el Acueducto Nacional a este fin), fue explorando soluciones alternativas, sobre todo mediante la desalinización, pudiendo salvar gran parte de la fauna local pero con malas perspectivas cara al futuro. Sin embargo, dos inviernos con fuertes precipitaciones han hecho que en las primaveras de 2020 y 2021 el lago alcanzara casi el umbral en el que se requiere la apertura de la Presa de Degania, para evitar inundaciones. Estos períodos de precipitaciones intensas tras meses y hasta años de sequía serán cada vez más comunes conforme se vayan agudizando los efectos del calentamiento global. Aunque beneficioso para el turismo y la economía local, el problema que se ha observado con la rápida entrada de grandes cantidades de agua en el lago es su baja calidad debido a contaminantes que se arrastran a lo largo del proceso. A pesar de la última subida del nivel del agua, el Ministerio de Protección del Medio Ambiente de Israel (MEP) valora una bajada del nivel de agua en el mar de Galilea de hasta durante este siglo.
Socioeconómicas, políticas y regionales
Desde un punto de vista socioeconómico, dichos cambios repercutirán en una serie de desafíos, que incluirán la carencia de fuentes de agua dulce, con la consiguiente posible pérdida de producción agrícola, pérdida de tierra arable, importantes cambios en los patrones migratorios en busca de recursos, aumento en el número de refugiados climáticos y problemas infraestructurales, desembocando todo ello en una crisis económica.