thumb|Interior del palacio de Ujaidir (ca. 775) en en Karbala (Iraq), uno de los más tempranos ejemplos que se conservan de arquitectura abasí. thumb|Los muros y el minarete en espiral de la Gran Mezquita de Samarra construidos por los abasíes en el siglo IX thumb|Plano esquemático de Medinat al-Salam, la «Ciudad de la Paz» (más tarde Bagdad), construida por el califa Al-Mansur entre los años 767 y 912, a partir de la ciudad redonda de Bagdad. La ciudad redonda original se construyó siguiendo el plan de las ciudades circulares sasánidas, como Gur. thumb|Mezquita y mausoleo de Zumurrud Khatun, construidas en 1202 por Sitt Zubayda (Zumurrud Khatun), madre del califa Al-Nasir, y esposa de Al-Mustadi, en el cementerio de Bagdad thumb|El puente de Zakho (Irak), un antiguo puente de piedra sobre el río Khabur en la ciudad de Zakho, en el Kurdistán, una de las pocas obras de ingeniería abasí que se conservan en uso thumb|Panel de estuco tallado (siglo IX) procedente de la ciudad de Samarra, Irak. Motivos florales más abstractos con diseños geométricos abasíes, uvas, vides y piñas, que ejemplifica el estilo «biselado».

La arquitectura abasí se desarrolló durante el califato abasí (750-1258), principalmente en su núcleo central, Mesopotamia (Irak). Los grandes cambios de la era abasí pueden caracterizarse como a la vez políticos, geopolíticos y culturales. El período abasí comenzó con la destrucción de la familia gobernante omeya y su reemplazo por los abasíes, que trasladaron el poder a la zona mesopotámica. Como resultado, se produjo un desplazamiento de la influencia de los estándares artísticos y culturales clásicos y bizantinos en favor de los modelos mesopotámicos locales, así como de los persas (arquitectura sasánida, que a su vez incluía elementos presentes desde la antigua Mesopotamia. como la arquitectura sogdiana del Asia Central). Los abasíes desarrollaron estilos distintivos propios, especialmente en la decoración. y fue aquí donde aparecieron por primera vez los intrincados patrones ornamentales que reemplazaron a la representación del hombre y del animal, que luego se convirtió en un sello distintivo de todo el mundo islámico. Esto ocurrió principalmente durante el período correspondiente a su poder y prosperidad, entre 750 y 932.

La arquitectura abasí fue una importante etapa formativa de la arquitectura islámica en general. El gran poder y la unidad del califato inicial permitieron que elementos arquitectónicos e innovaciones, como minaretes y motivos de estuco tallado, se extendieran rápidamente por los vastos territorios bajo su control. Una de las actividades constructivas más importantes durante este período fue la construcción de nuevas capitales o centros administrativos (una tradición que continuaba la de los gobernantes mesopotámicos y persas anteriores). Al-Mansur (r. 754-755), el fundador de la dinastía abasí, estableció en 762 a orillas del Tigris la «Ciudad de la Paz» (hoy Bagdad), a unos 35 km de la antigua capital sasánida de Ctesifonte. Con su planta ideada estrictamente como símbolo del centro del mundo, era una ciudad amurallada con cuatro puertas, en cuyo centro se encontraba un palacio real con una cúpula dorada y una gran mezquita adjunta. Desafortunadamente, el edificio no ha sobrevivido, pero las descripciones son tan abundantes que casi toda la ciudad se ha podido reconstruir. La puerta principal del palacio, la llamada puerta dorada, se abría con un iwán ornamentado. Al-Mansur también planeó la ciudad de Al Raqa, a orillas del Éufrates. También el califa Al-Mutásim (r. 833-842), decidió fundar en el año 835 una nueva capital a lo largo del Tigris, Samarra, abandonando la vieja capital Bagdad. Fue una respuesta política ante los conflictos creados por la implantación de sus tropas mercenarias, conformadas por mamelucos, como respuesta al peso de las élites árabes en el gobierno abasí. Esa ciudad, que se extendía a lo largo de unos 40 km, estaba formada por vastos palacios y mezquitas monumentales, con hipódromos y cotos de caza, vio 60 años de trabajos. Su principal edificación era el gigantesco palacio Dar-al-Amma o Jawsaq al-Jaqani, cuyos restos se extienden en unas 170 ha al norte de la actual población. Samarra es ahora un importante yacimiento arqueológico que ha proporcionado numerosas perspectivas sobre la evolución del arte y la arquitectura islámicos durante esta época.

De la arquitectura omeya, construida en piedra y desarrollada principalmente en el área del Levante mediterráneo, en Damasco y Jerusalén, se pasó en Oriente a otra basada en el uso del adobe y del ladrillo de arcilla cocida (o secada al sol) y recubierta con estucos de yeso tallados o fundidos, a menudo pintados. Probablemente esto se debió a la falta de materia prima, aunque permitió la erección de enormes complejos arquitectónicos a un coste relativamente bajo. Características del período omeya tardío, como las bóvedas, el estuco tallado y la decoración mural pintada continuaron y se perfeccionaron durante el período abasí. El arco de cuatro centros, una forma más sofisticada del arco apuntado, se atestigua por primera vez durante el período abasí en monumentos de Samarra, como el palacio de Qasr al-'Ashiq (877-882), y se generalizó en algunas regiones en períodos posteriores. Samarra también presenció la aparición de nuevos estilos decorativos, en particular en estuco y yesería, que transformaron los tempranos motivos vegetales de las tradiciones tardoantiguas en formas más abstractas y estilizadas, como ejemplifica el llamado estilo «biselado». Estas técnicas decorativas se extendieron rápidamente a otras regiones donde la decoración con estuco desempeñó un papel destacado.

Si bien los abasíes perdieron el control de gran parte de su imperio después de 870, su arquitectura continuó siendo copiada por los estados sucesores en Irak, Irán, Egipto y África del Norte. Los califas abasíes posteriores se limitaron a Bagdad y participaron menos en el mecenazgo arquitectónico público, que en cambio estuvo dominado por los selyúcidas y otros gobernantes que detentaban el poder político de facto. Como resultado, durante los siglos al fue difícil diferenciar las formas arquitectónicas asociadas con los abasíes de las asociadas con otras dinastías, y la arquitectura abasí de los siglos y fue esencialmente arquitectura selyúcida pero construida con artesanía local iraquí. Gran parte del arte y la arquitectura abasíes se han perdido con el tiempo debido a la fragilidad de los materiales utilizados y a la destrucción causada por los conflictos. Muy poco de la Bagdad de la era abasí, el corazón urbano del califato, ha sobrevivido.

Los abasíes construyeron muchas mezquitas grandes, casi todas de planta con enormes patios y amplias salas hipóstilas. La más antigua fue la Gran Mezquita de Mansur que el califa al-Mansur construyó en Bagdad (posteriormente destruida). La famosa Gran Mezquita de Samarra (849-852), construida por el califa Al-Mutawákkil (r. 847-861) fue el lugar de culto más grande del Islam, con una planta de 156 x 240 m, una muralla de ladrillo y 21 accesos. La sala de oración, de varias naves, estaba cubierta con un techo plano de madera sostenido por columnas y estaba decorada con paneles de mármol y mosaicos de vidrio. Hoy solo se conservan los muros de la cerca y algunos de los cientos de pilares. La rica decoración interior de la gran mezquita está relacionada con motivos cristianos, bizantinos y partidistas. La sala de oración de la Mezquita Abu Dulaf en Samarra tenía arcadas sobre pilares rectangulares de ladrillo que corrían en ángulos rectos hacia la pared de la qibla. Ambas mezquitas de Samarra tienen minaretes en espiral, los únicos ejemplos en Irak: el minarete de Malwiyya, una torre independiente de la mezquita de Mansur, es realmente especial, con una rampa que se eleva más de 50 m alrededor de una torre cónica, y que está relacionada con los zigurats asirios y babilónicos. Si bien el origen del minarete es incierto, se cree que los primeros minaretes auténticos aparecieron en este período y varias mezquitas de principios del siglo IX tenían torres de minarete que se alzaban en el extremo norte del edificio, frente al mihrab central.

Otras mezquitas de esta época, como la mezquita de Ibn Tulun, en El Cairo, y la Gran Mezquita de Kairuán en Túnez, aunque se construyeron durante la dinastía omeya, fueron renovadas sustancialmente en el . Estas renovaciones, tan extensas que aparentemente serían reconstrucciones, se realizaron en los confines del mundo musulmán, en una zona que controlaban los aglabíes; sin embargo, los estilos utilizados fueron principalmente abasí. La mezquita de Ibn Tulun es el mejor ejemplo del tipo iraní de mezquitas de salón. Fue construida por Ahmad ibn Tulun, gobernador de Egipto (r. 868-884) y fundador de la dinastía casi independiente de los tuluníes, en la parte norte de la entonces capital Fustat (hoy parte de El Cairo) donde hizo construir un nuevo barrio. Una mezquita en Balkh, en lo que hoy es Afganistán, medía unos 20 por 20 metros, con tres filas de tres tramos cuadrados que sostenían nueve cúpulas abovedadas.

Debido a la naturaleza seca y remota del entorno, algunos de los palacios construidos en esa época tenían que ser paraísos aislados. El palacio-fortaleza de Ujaidir, en medio del desierto, es un buen ejemplo de este tipo de edificio, que tiene establos, viviendas y una mezquita, todos en torno a patios interiores circundantes.

En Mesopotamia solo se conserva un mausoleo de esta época, en Samarra, rematado con una cúpula octogonal que es el lugar de descanso final de al-Muntasir. Fueron pocas las innovaciones y estilos nuevos, como el arco de cuatro centros y la cúpula erigida sobre trompas. Desafortunadamente, se ha perdido mucho debido a la naturaleza efímera del estuco y de los azulejos vidriados.

Antecedentes históricos miniatura|El califato abasí en su máxima extensión, hacia el año 850. En el año 750, los abasíes arrebataron el poder a los gobernantes omeyas del imperio árabe, que perdieron todas sus posesiones excepto España. Los califas abasíes, con sede en el actual Irak, gobernaron Irán, Mesopotamia, Arabia y las tierras del Mediterráneo oriental y meridional. El periodo comprendido entre el 750 y el 900 se ha descrito como la Edad de Oro del islam. Mientras que los omeyas solían reutilizar los edificios preislámicos de las ciudades que habían conquistado, en la época abasí muchas de estas estructuras debían ser sustituidas. La propagación de las creencias musulmanas también trajo consigo cambios en las necesidades. Los abasíes tuvieron que construir masyid y palacios, así como fortificaciones, casas, edificios comerciales e incluso instalaciones para carreras y partidos de polo. Mejoraron el camino de peregrinación desde Bagdad y Kufa a La Meca, nivelaron la superficie y construyeron muros y zanjas en algunas zonas, además de estaciones para los peregrinos con habitaciones y una mezquita en la que rezar.

En el año 762, el califa Al-Mansur fundó una nueva capital, Bagdad, a orillas del Tigris, que pronto se convirtió en una de las mayores ciudades del mundo. En el 836 el califa Al-Mustá'sim trasladó la capital a Samarra. Los abasíes empezaron a perder el control sobre las zonas periféricas del imperio, y las dinastías locales obtuvieron una independencia efectiva en Jorasán (samaníes), en el este de Irán, en Egipto (tuluníes) y en Ifriqiya (aglabíes). El califa al-Mu'tamid, que ya solamente gobernaba en Irak, trasladó su capital a Bagdad en el 889. En el año 945, los buyíes, seguidores del chiismo, se convirtieron en gobernantes efectivos como emires, mientras que los califas abasíes conservaron su título nominal. Con el califa An-Násir (1179-1225), los abasíes volvieron a controlar Irak, pero el saqueo de Bagdad por los mongoles en 1258 puso fin al califato abasí.

Orígenes