El ajuar que procede del sepulcro de Fernando de la Cerda (1255-1275), heredero de Alfonso X el Sabio, se encuentra en el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas, que además alberga el Museo de Telas Medievales de Burgos donde se expone el traje completo.
Tradicionalmente atribuido a Alfonso VII "el Emperador", se adjudicó definitivamente al infante don Fernando tras su apertura para el estudio científico realizado en el monasterio entre 1942 y 1944, comprobando que todo su contenido se mantenía intacto, por lo que hasta hoy día es considerado, tanto en cantidad como en calidad, el mejor conjunto de indumentaria civil medieval del mundo y ejemplo único para conocer la forma de enterramiento y riquezas de ajuar funerario utilizadas por la monarquía castellana del .
Biografía
Fernando de la Cerda (1255-1275), era primogénito del rey Alfonso X "el Sabio" y de la reina Violante de Aragón y proclamado heredero al trono de Castilla en las Cortes de Vitoria de 1256. El mote de «el de la Cerda» le viene por un lunar peludo, a modo de cerda, que se dice tenía en el pecho o en la espada. A lo largo de su corta vida intervino en distintos hechos de armas en Sevilla y Navarra así como en las negociaciones con la nobleza enfrentada a su padre. Ante el conflicto por la herencia del gobierno de Aragón, Alfonso X que marchaba a Europa, traspasó los derechos de sucesión de Navarra al primogénito Fernando.
Falleció de forma repentina en Ciudad Real en 1275, cuando aún no había cumplido los veinte años, mientras preparaba el enfrentamiento contra los benimerines asentados en el sur de la península.
Fruto de su matrimonio en 1269, con la infanta Blanca, hija de Luis IX de Francia, nacieron dos hijos conocidos como los infantes de la Cerda: Alfonso de la Cerda “el Desheredado “, (1270-1333) que intentó hacer valer sus derechos de la sucesión al trono de Castilla y León, ya que en Las Siete Partidas se establecía que la sucesión correspondía a los hijos del heredero, aunque fue privado de acuerdo con la ley anterior que no admitía los derechos hereditarios del primogénito del futuro rey si éste fallecía antes de haber tomado posesión. Su segundo hijo fue Fernando de la Cerda (1275-1322).
En las Cortes celebradas en Segovia en 1278, Alfonso X reconoció como heredero a su hijo Sancho, suscitando el rechazo de la viuda del infante Blanca de Francia, apoyada por su hermano el rey de Francia Felipe III, quien amenazó con invadir Castilla. También provocó la reacción de su esposa la reina Violante, que marchó con los infantes de la Cerda a la corte de Aragón para que recibieran el favor de su hermano Pedro III. Alfonso X trató de evitar el enfrentamiento negociando la entrega del reino de Jaén a Alfonso de la Cerda, si se reconocía como vasallo de Sancho, quien molesto con la situación, en las Cortes celebradas en Valladolid (1282) se alió con la nobleza descontenta para intentar destronar a su padre. Alfonso reaccionó desheredando a Sancho y decretando que el trono pasaría a los infantes de la Cerda, pero su testamento no fue respetado y a su muerte se inició el reinado de Sancho IV.
Rocío Sánchez Ameijeiras considera que, tras la coronación de su hijo Sancho, la reina Violante de Castilla debió aceptar la petición de éste de volver a Castilla, quedando los hijos del primogénito Fernando retenidos en el castillo de Játiva.Sánchez 2019: pp. 259-260. Además, manifiesta que varios indicios vinculan a doña Violante con los trabajos funerarios en las Huelgas en 1279, que parecen iniciarse a raíz de la muerte del infante, cuya consagración fue realizada precisamente por un obispo aragonés. Así mismo, quizás para destacar la legitimidad de la condición regia del heredero Fernando de la Cerda, se consagró un cementerio para otros reyes, cuando hasta la fecha únicamente descansaba Enrique I (1204-1217).
El resto de su vida, la reina Violante permaneció en Aragón, apoyando de forma activa los derechos sucesorios de su nieto Alfonso de la Cerda. A pesar de ser figura regia, no se conserva memoria de dónde se encuentran sus restos, pudo recibir sepultura en la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles, otros indicios la sitúan en el Convento de Santa Clara de Allariz.
Decoración del ataúd
El análisis realizado por el historiador y arqueólogo Manuel Gómez-MorenoGómez-Moreno 1946: pp. 21-84, nos da información detallada de los sepulcros que componen el panteón de las Huelgas. El ataúd de don Fernando de la Cerda está realizado en madera y forrado de ricas telas procedentes de taller morisco.
El exterior está cubierto por una sarga de tejido grueso y duro de inspiración románica, con el fondo en ocre y la decoración en oro pálido que dibuja círculos con hojas sueltas enmarcando parejas de grifos sobre minúsculos elefantes, en los segmentos aparecen adornos formando círculos enlazados, atravesados por listas moradas, con la inscripción en árabe «La felicidad».
La tela que forra la tapa forma un faldón volante, luce oro sobre fondo morado conteniendo parejas de leones, aves y pavones de diseño cristiano aunque revela inspiración morisca.
El forro interior presenta franjas alternas, una con decoración arabesca sobre fondo blanco y la otra en rojo sobre la que se repite la inscripción “La alabanza a Dios” en oro. Esta decoración se corta hacia la cabecera por otras listillas simétricamente ordenadas en diversos colores intercaladas con labor de oro, sobre fondo rosa de estrellas blancas y celestes.
El cuerpo reposaba sobre tres cojines rellenos de pluma de manufactura hispanoárabe. Del primero solo queda su labor de hilos metálicos formando una red bordada sobre lienzo.
El situado en medio es una de las piezas medievales más destacadas en esta categoría, está bordado a punto de pleita con hilos de seda policromados sobre muselina, componiendo en cuadrícula una serie de reyes que sostienen flores de lis o globos rematados en cruz y dos aves posadas a sus pies, abajo se alinea un alfabeto en caracteres góticos, todo enmarcado en leones, flores de lis y águilas de carácter heráldico.
El cojín que se encuentra debajo está realizado en punto de media en colores ocre, amarillo y blanco, con decoración en cuadrículas sesgadas donde se alternan águilas y flores de lis, por el otro lado en octógonos que contienen castillos y cuadrados con florones; alrededor, una cenefa repite la palabra «bendición» en árabe. A la derecha del cuerpo, se añade un pequeño cojín de tafetán morado.Gómez-Moreno 1946: pp. 84-85,
Indumentaria real
thumb|Birrete de don Fernando de la Cerda
La vestimenta estaba compuesta por tres piezas en samito, cortadas de un mismo brocado en seda con hilos entorchados en oro y plata. Manuel Gómez Moreno realiza un estudio detallado de su composición.Gómez-Moreno 1946: p. 22,
El infante porta una saya encordada, de cuello redondo y mangas estrechas, con cuerpo recto y un faldón con hendidura central, interiormente está forrada con tafetán color carmesí. Esta prenda disponía de una cuerda en el costado izquierdo que ajustaba la prenda al cuerpo.
El pellote tiene cuello redondo y dos grandes escotaduras laterales que permiten dejar al descubierto los hombros y el torso, terminado en una falda recta con hendidura central y forro de pieles. No se conoce el motivo por el que el infante vestía el pellote debajo de la saya, ya que todas las informaciones y representaciones de la época mostraban la saya cubriendo la camisa y sobre ellas el pellote.
Finalmente se cubre mediante el manto de corte semicircular, forrado de piel a cuadros pardos y blanquecinos y atado mediante dobles cintas de galón que alternan castillos y leones en rojo, azul y amarillo.
Debajo de la vestimenta, se conservan restos de la camisa de lienzo y unas bragas sujetas a un cinturón de correa del que penden sendos cordones para sujetar unas calzas de lana oscura.
Estaba tocado con un birrete cilíndrico compuesto por un armazón de madera de haya y cubierto por un fino lienzo blanco forrado de tafetán carmesí, sobre el que se dispone la decoración heráldica, rematado en la parte superior e inferior por dos bandas perimetrales metálicas.
El tejido que compone el traje está totalmente cuajado de pequeños escudos cuartelados donde se alternan el castillo y el león adiestrado que conformaban el emblema castellano desde 1230.
El riquísimo birrete también está labrado con dos filas de casetones de Castilla y León. Los castillos están realizados en chapa de plata dorada, sus puertas y ventanas se han modelado mediante abalorios azules, dispuestos sobre un fondo tupido de granos de coral rojo. Los leones rampantes están bordados sobre pequeñas cuentas de aljófar y colocados a ambos lados simétricamente, de forma que todos quedan mirando hacia delante. Las dos bandas de oro que lo perfilan se adornan mediante cabujones que alternan discos troquelados con el cuartelado de castillos y leones, e intercalados se distribuyen zafiros y granates muy pequeños.
El barboquejo, que sirve para su ajuste, está realizado con dos tiras de brocado en tafetán, decorados con una composición geométrica carmesí perfilada en negro sobre fondo dorado.
Complementos
El infante exhibía en la mano derecha un anillo de oro cobrizo con un granate ovalado y ocho granos de berilo alrededor. El cinturón, de extraordinaria calidad, probablemente es regalo de algún noble francés, se cruzaba sobre el hombro y caía por delante casi hasta los pies, está decorado con composiciones geométricas, esvásticas, escudos y diferentes animales; la hebilla y enganche para la espada están realizados en plata dorada salpicados de perlas, zafiros y cornalina. La espada de combate que sujeta el infante con la diestra, muy utilizada en toda Europa durante los siglos y , es la única exclusivamente de guerra de este período que se conserva en España, con vaina de cuero sobre madera y empuñadura de bronce cubierta con cuerdas entretejidas. Además porta unos acicates (espuelas) de hierro chapados en plata, timbrados con las armas reales y grabados con imbricaciones y bellos atauriques moriscos.Gómez-Moreno 1946: pp. 92-96,
Sepulcro
thumb|Sepulcro de Don Fernando de la Cerda
El sepulcro está realizado en piedra, situando en su cabecera la imagen de la Virgen con Jesús en brazos entre ángeles que portan candeleros en la cabeza. La pintura lo cubre totalmente de octógonos que encierran alternativamente las armas de Castilla y de León, el hueco formado por cada cuatro octógonos lo ocupa el escudo con los bastones de Aragón, que son las armas de la madre del infante, doña Violante de Aragón.Menéndez 2011: p. 169 La tapa a dos aguas se adorna con medallones de latón, de nuevo con cuartelados de León y Castilla.
Para reforzar la idea de fuerza y poder, la urna sepulcral reposa sobre dos leones, que conllevan una simbología dual, por un lado alude a la figura de Cristo como león de Judá en su muerte y resurrección; por otro lado, la connotación negativa representa al demonio como león rugiente que arrebata las almas.
La magnífica sepultura fue situada en la nave de santa Catalina, encajada bajo arcosolio con forma de picudo gablete y triple arquivolta con arcos escalonados adornados de motivos vegetales y los blasones de Castilla y León cuartelados, en el tímpano se sitúa un Calvario de bulto redondo de finales del o inicios del . Posteriormente se remató con un escudo coronado.
Conservación