El declive y caída de Pedro II de Brasil se refiere al periodo final del Imperio del Brasil que transcurrió durante la década de 1880, cuando las causas subyacentes de la decadencia imperial empezaron a acumularse y a volverse prominentes. Paradójicamente, este período coincidió con una época de incomparable estabilidad y progreso tanto en lo económico como en lo social, durante la cual Brasil se destacó en el escenario internacional como potencia emergente.

Las raíces del colapso de la monarquía Brasileña se remontan a 1850, cuando muere el hijo menor de Pedro II. A partir de ese momento, el propio emperador dejó de creer en la monarquía como una forma viable de gobierno para el país, ya que solo quedaba su hija como heredera. Aunque constitucionalmente era posible que una mujer heredara el trono, tanto Pedro II como los círculos gobernantes consideraban que debía gobernar un hombre. Mientras el Emperador gozó de buena salud, la cuestión de la sucesión pudo ser ignorada y el problema fue pospuesto por décadas, durante las cuales el país se volvió más poderoso y próspero.

Sin embargo, a partir de 1881, la salud de Pedro II comenzó a deteriorarse. Esto hizo que poco a poco se fuera retirando de la vida pública. Cansado de estar atado a un trono que probablemente no sobreviviría a su muerte, el Emperador perseveró por deber y porque no parecía haber una alternativa inmediata. Tampoco su hija y heredera, Isabel, estaba interesada en asumir la corona. Ambos, sin embargo, eran amados por el pueblo brasileño, que todavía apoyaba a la monarquía. La indiferencia del emperador y su hija hacia el sistema imperial permitió que una minoría republicana descontenta se volviera audaz, animándose a llevar a cabo el golpe que terminaría con el imperio.

Pedro II es uno de los pocos casos de un jefe de Estado que, a pesar de haber sido considerado un gobernante exitoso hasta el final, terminó derrocado y en el exilio.

Declive Durante la década del 1880, Brasil prosperaba. El progreso social aumentó notablemente, incluyendo el primer impulso organizado de la lucha por los derechos de las mujeres.Barman, Roderick J. (1999). Citizen Emperor: Pedro II and the Making of Brazil, 1825–1891 (en inglés). Stanford: Stanford University Press. ISBN 978-0-8047-3510-0. Pág. 319. El liberalismo adoptado por sucesivos gabinetes de gobierno favoreció la iniciativa privadas, resultando en décadas de prosperidad económica.Sodré, Nelson Werneck (2004). Panorama do Segundo Império. Memória Brasileira (en portugués) (2.ª edición). Rio de Janeiro: Graphia. ISBN 9788585277215. OCLC 246238149. Pág. 51. El desarrollo de la economía brasileña en la década de 1880 fue extraordinariamente rápido.Topik, Steven C. (1996). Trade and Gunboats: The United States and Brazil in the Age of Empire (en inglés). Stanford: Stanford University Press. ISBN 978-0-8047-2602-3. Pág. 201. Entre 1834 y 1839, Brasil comerció internacionalmente por un valor que ascendía a Rs $79 000 000 000. El comercio continuó creciendo todos los años hasta llegar a Rs $472 000 000 000 entre 1886 y 1887 (un crecimiento anual de 3,88 % desde 1839).Sodré, Nelson Werneck (2004). Panorama do Segundo Império. Memória Brasileira (en portugués) (2.ª edición). Rio de Janeiro: Graphia. ISBN 9788585277215. OCLC 246238149. Pág. 196. El crecimiento de Brasil, especialmente a partir de 1850, fue similar al de Europa y los Estados Unidos.Fausto, Boris; Devoto, Fernando J. (2005). Brasil e Argentina: Um ensaio de história comparada (1850–2002) (en portugués) (2.ª edición). São Paulo: Editoria 34. ISBN 9788573263084. OCLC 238781322. Pág. 50. Llegó a tener el octavo mayor PBI del mundo.Lyra, Heitor; Eulalio, Alexandre (1977a). História de Dom Pedro II (1825–1891): 1 Ascenção (1825–1870). Coleção Reconquista do Brasil, 39 (en portugués). Belo Horizonte: Itatiaia. OCLC 13234393. Pág. 200. Si Brasil «hubiera logrado sostener el nivel de productividad que consiguió en 1870 y aumentar las exportaciones al mismo ritmo que durante la segunda mitad del , su renta per cápita para 1950 hubiera sido comparable al PBI promedio de una nación de Europa Occidental».Barsa (1987). «Batráquio – Camarão, Filipe». Enciclopédia Barsa (en portugués) 4. Rio de Janeiro: Encyclopædia Britannica do Brasil. OCLC 709367818. Pág. 270. alt=Painting of a group of standing and seated heads of state in a variety of national uniforms and formal dress|izquierda|miniaturadeimagen|400x400px|«Los soberanos del Mundo». C. 1889. El emperador Pedro II (túnica oscura, pantalones blancos, y fajín) ocupaba un lugar prominente en el plano internacional. Durante este período, se produjo un desarrollo a gran escala que anticipó iniciativas similares en Europa.Lyra, Heitor; Eulalio, Alexandre (1977b). História de Dom Pedro II (1825–1891): 2 Fastígio (1870–1880). Coleção Reconquista do Brasil, 40 (en portugués). Belo Horizonte: Itatiaia. OCLC 13234393. Pág. 13.Vasquez, Pedro Karp (2007). Nos trilhos do progresso: A ferrovia no Brasil imperial vista pela fotografia (en portugués). São Paulo: Metalivros. ISBN 978-85-85371-70-8. Pág. 38. En 1850, había 50 fábricas valoradas en más de Rs $7 000 000 000$, mientras que para el fin del período imperial en 1889, había 636 (lo que representa una tasa de aumento anual del 6,74 % desde 1850) valoradas en aproximadamente Rs $401 630 600 000 (una tasa de crecimiento anual del 10,94 % desde 1850).Vianna, Hélio (1994). História do Brasil: período colonial, monarquia e república (en portugués) (15va edición). São Paulo: Melhoramentos. ISBN 978-85-06-01999-3. Pág. 496. En el campo «se hizo eco del ruido de las vías de hierro que se tendían mientras se construían los ferrocarriles al ritmo más frenético del ». La construcción en la década de 1880 fue la segunda más grande en términos absolutos en toda la historia de Brasil. Sólo ocho países en todo el mundo fueron más influyentes en esa década que Brasil. La primera línea de ferrocarril, de solo 15 kilómetros, se inauguró el 30 de abril de 1854, cuando todavía muchos países europeos no tenían servicio ferroviario. En 1868, había 718 kilómetros de vías férreas. Para el final del imperio en 1889, había 9200 kilómetros (con otros 9000 kilómetros en construcción),Calmon, Pedro (2002). História da Civilização Brasileira (en portugués). Brasília: Senado Federal. OCLC 685131818. Pág. 225. convirtiendo a Brasil en el país con «la red ferroviaria más grande de América Latina».Calmon, Pedro (2002). História da Civilização Brasileira (en portugués). Brasília: Senado Federal. OCLC 685131818. Pág. 226.

«Durante la década de 1800 las fábricas crecieron a un ritmo sin precedentes, y las ciudades brasileñas empezaban a recibir los beneficios del gas, la electricidad, una mejor infraestructura sanitaria y la instalación del telégrafo y del tranvía. Brasil entraba en el mundo moderno.»Topik, Steven C. (1996). Trade and Gunboats: The United States and Brazil in the Age of Empire (en inglés). Stanford: Stanford University Press. ISBN 978-0-8047-2602-3. Pág. 56. Fue el quinto país del mundo en instalar un sistema de alcantarillas, el tercero en aplicar tratamiento de aguas residuales, y uno de los pioneros en instalar líneas telefónicas. Además, en 1883, fue la primera nación americana en adoptar iluminación eléctrica pública y la segunda en el continente americano (detrás de los Estados Unidos) en establecer una línea de telégrafo que se conectara directamente a Europa (en 1874).Calmon, Pedro (2002). História da Civilização Brasileira (en portugués). Brasília: Senado Federal. OCLC 685131818. Pág. 366. La primera línea de telégrafo fue instalada en 1852 en Río de Janeiro. Para 1889, existían 18,925 kilómetros de telégrafo en el país, que conectaban a la capital con provincias distantes como Pará, e incluso con otros países sudamericanos como Argentina y Uruguay.

El Imperio brasileño fue admirado internacionalmente como ejemplo de democracia y respeto a la libertad de expresión.Carvalho, José Murilo de (2007). D. Pedro II: ser ou não ser (en portugués). São Paulo: Companhia das Letras. ISBN 978-85-359-0969-2. Pág. 86. Contaba con «partidos sólidos y competitivos, un parlamento activo, prensa libre, y apertura en el debate».Carvalho, José Murilo de (1993). A Monarquia brasileira (en portugués). Rio de Janeiro: Ao Livro Técnico. ISBN 9788521506607. OCLC 45775568. Pág. 65. El presidente argentino Bartolomé Mitre calificó al país de «democracia coronada» y el presidente venezolano Rojas Paúl, tras enterarse de la caída del emperador declaró que «se ha acabado con la única república que existía en Sudamérica: el Imperio de Brasil». Para el final del reinado de Pedro II, Brasil era una nación «próspera y respetada internacionalmente» que ostentaba un liderazgo indiscutible en América Latina. Para 1889, su armada era la quinta o sexta más poderosa del mundo, teniendo los acorazados más poderosos del continente americano. El emperador era amado por el pueblo brasileño y era visto con «respeto, casi veneración» en América del Norte y Europa debido a sus ideales y acciones democráticas, liberales y progresistas. Las declaraciones hechas por un ex cónsul de los Estados Unidos en Río de Janeiro, que conoció a Pedro II a fines de 1882, son un buen indicio de como los extranjeros veían a Brasil y a su emperador a fines de la década de 1880:Barman, Roderick J. (1999). Citizen Emperor: Pedro II and the Making of Brazil, 1825–1891 (en inglés). Stanford: Stanford University Press. ISBN 978-0-8047-3510-0. Pág. 306.Dom Pedro II, emperador del Brasil … tenía cabeza de intelectual, ojos de un color gris azulado… una barba frondosa y gris, el pelo recortado, también gris, la tez florida, y la expresión sobria. Su postura es erecta, y tiene un porte varonil … A lo largo de su gobierno, ha habido algunas rebeliones provinciales y alguna agitación local, pero el emperador siempre mostró tacto, energía y una humanidad, ayudando a restaurar el orden y los buenos sentimientos. Así, mientras tuvo el cetro, su país siguió prosperando. Su vasta extensión se mantuvo intacta, y se había convertido en un imperio importante. Al mirar su cabeza gris mientras conducía su carruaje por las calles de Río, me dije a mi mismo «Ciertamente es una persona augusta y venerable.» - Christopher Columbus Andrews Andrews, Christopher Columbus (1891). Brazil: Its Condition and Prospects (en inglés) (3ra edición). New York: D. Appleton and Company. OCLC 590630980. Págs. 82-83.  Para el primer ministro británico William Ewart Gladstone Pedro II era «un modelo para los soberanos de todo el mundo», considerándolo un «soberano grande y bueno». Más tarde, el escritor brasileño Machado de Assis lo recordaría como «un hombre humilde, sincero, bien educado y patriótico, quien supo hacer de un trono una silla [por su simplicidad], sin menguar su grandeza y el respeto que merecía».Vainfas, Ronaldo (2002). Dicionário do Brasil Imperial (en portugués). Rio de Janeiro: Objetiva. ISBN 978-85-7302-441-8. Pág. 201. Cuando se convirtió en emperador en 1831, Brasil estaba al borde de fragmentación. Cincuenta y ocho años más tarde, el país había estado en paz por más de cuatro décadas, la esclavitud había sido abolida, se había consolidado el sistema representativo y el liderazgo del ejército estaba en manos de civiles (algo inédito en Hispanoamérica). De hecho, para asegurar «la longevidad de su gobierno y de las transformaciones ocurridas en su curso, ningún otro Jefe de Estado ha marcado más profundamente la historia de la nación.»Carvalho, José Murilo de (2007). D. Pedro II: ser ou não ser (en portugués). São Paulo: Companhia das Letras. ISBN 978-85-359-0969-2. Pág. 9. A pesar de que Brasil nunca había sido tan rico y poderoso y tenía una reputación internacional excelente, y aunque Pedro II todavía era extremadamente popular, la monarquía brasileña agonizaba.

Un emperador cansado