miniaturadeimagen|350px|El Imperio aqueménida. miniaturadeimagen|400px|Vista general de Persépolis. El arte aqueménida es el propio del Imperio aqueménida, no exento de influencias de los precedentes arte asirio, babilónico, urartiano y medo, con sus propias características. Alcanzó su esplendor con el rey Darío I y sus sucesores. Culmen de la arquitectura aqueménida son entre otros, los palacios de Persépolis, Susa y Pasargada, tumbas, como la de Ciro II, y templos excavados en la roca. miniaturadeimagen|izquierda|Animación de la tumba de Ciro II.

El imperio aqueménida ocupaba un territorio muy vasto, desde Pakistán por el este hasta Egipto por el oeste, y desde el mar de Aral al norte, hasta el Océano Índico al sur. Debido a la imposibilidad de administrar esa enorme extensión de forma directa desde la corte en Irán, el imperio se dividió en provincias o satrapías. De esa manera, se tenía un cierto grado de unificación. Sin embargo dicha uniformidad se cuestiona que se extendiera a las artes y que los restos materiales tuvieran algún tipo de homogeneidad.

Era un arte monumental cortesano que simbolizaba el poder del Imperio y la grandeza del poder de sus reyes. Todos los aspectos del arte aqueménida son originales. No da la impresión de ser una arte extranjero en su conjunto, ya que fue el resultado de condiciones históricas específicas, una cierta ideología y una cierta vida social que otorgó a las formas adoptadas nuevas funciones y un nuevo significado. Por lo tanto, las adopciones y las influencias son solo formales.

Las normas de la arte aqueménida, o más exactamente del estilo palaciego aqueménida, posteriormente, a mediados del , se completarían con otros modelos y motivos. El estilo palaciego aqueménida se difundió ampliamente, creando una unidad cultural de facto desde el Indo hasta el litoral de Asia Menor.

Existen ciertos tipos de edificaciones y objetos que aparecen por todo el Imperio, a menudo decorados de forma característica. Ese tipo de ornamentación se denomina en ocasiones «estilo cortesano», desde la suposición de que constituía un estilo artístico oficial.

Respecto a la arquitectura en concreto, los edificios de columnatas conocidos como apadanas se hallan en diversos sitios del Imperio. La utilización de cantería monumental a veces se ha determinado que es un indicio del periodo aqueménida, como por ejemplo en Fenicia. miniaturadeimagen|Diversos objetos pertenecientes al tesoro del Oxus, conservados en el Museo Británico.

El arte aqueménida comprende relieves de frisos, trabajos en metal como el Tesoro del Oxus, decoración de palacios, mampostería de ladrillos vidriados, artesanía fina (albañilería, carpintería, etc.) y jardinería. Aunque los persas tuvieron artistas, con sus estilos y técnicas, de todos los rincones de su imperio, no produjeron simplemente una combinación de estilos, sino una síntesis de un nuevo estilo persa único.

En cuanto a la iconografía, los objetos cuya decoración consiste en imágenes de personas con indumentaria meda o persa se pueden identificar con facilidad con el período aqueménida.

Había objetos en uso de forma simultánea en distintas pares del imperio: Las joyas con incrustaciones polícromas son características en este período, así como los brazaletes con cabezas de animales, o incluso bisutería, como por ejemplo los colgantes de cerámica vidriada y decorada de estilo egipcio. Asimismo la artesanía, como por ejemplo los cuencos llamados fíalas, que con frecuencia son de oro y plata. No obstante deberían considerarse casos excepcionales, ya que la mayoría de objetos de uso habitual no estaban diseminados a lo largo y ancho del imperio. Incluso resulta difícil reconocer la cerámica del periodo aqueménida. Así que al hablar de uniformidad de la cultura material el panorama es ambiguo en lo relativo a las distintas zonas como al tipo de objetos, y no solo los artísticos.

En algunas regiones centrales del imperio hay una gran influencia aqueménida, aunque en otras se da una continuación de las tradiciones autóctonas.

Estudios sobre el arte aqueménida miniaturadeimagen|Delegaciones de las naciones sometidas (Apadana de Persépolis, escalera este). miniaturadeimagen|Esfinge alada del Palacio de Darío en Susa (c. 510 a. C.). Se ha estudiado desde dos puntos de vista, generalmente. En los años 1950 se buscaron, a través de la arquitectura, la escultura y las artes menores, las influencias extranjeras consideradas por Henri Frankfort como la base de la naturaleza ecléctica de la civilización aqueménida. Esta perspectiva estaba corroborada por el descubrimiento —ocurrido en Susa—, de la fundación del palacio de Darío I, en el cual el monarca enumeraba los pueblos del imperio que habían participado en la construcción de Persépolis. Esta naturaleza ecléctica fue, por lo tanto, investigada minuciosamente durante cerca de 20 años. Cuando más tarde se abrieron muchas excavaciones en centros de cultura aqueménida y se realizaron numerosas prospecciones de superficie en áreas culturales más amplias, pudieron aclararse dos aspectos que los expertos habían debatido largamente: la cronología de las construcciones de Persépolis y la datación de los dos relieves de la Apadana (o Sala de audiencias de Darío) de Persépolis, descubiertos por E. F. Schmidt en un patio porticado del Tesoro, donde se había transportado, bajo Artajerjes I, las fachadas de las dos escalinatas de la apadana.

El eclecticismo del arte aqueménida fue reconocido en la utilización de los cánones artísticos del arte egipcio, asirio, fenicio, Rusia meridional y hasta el arte griego arcaico, cuya influencia hizo valorar la cultura aqueménida no como elemento unificador de los precedentes testimonios artísticos de la meseta, sino como un producto secundario de la cultura occidental.

El segundo punto de vista, se refiere, en cambio, a la originalidad del arte aqueménida. No es fácil trazar un panorama de los acontecimientos que llevaron a los aqueménidas de un grupo tribal organizado a convertirse en una potencia dominadora, puesto que solo pocos centros pueden considerarse como preaqueménidas. Los lugares medos explorados han revelado tradiciones arquitectónicas reanudadas más tarde por los aqueménidas, pero no hay pruebas tangibles de una tradición común, al menos según se puede juzgar por la cerámica y por pocos objetos de carácter verdaderamente «artístico».

Fue Darío I (r. 522-486 a. C.), el artífice del arte aqueménida, tanto en el monumental como en el menor. El significado de la «expresión de la realeza» que el rey quiso atribuir a las manifestaciones artísticas fue aceptado por sus sucesores con pocas variantes. La escultura, que en realidad era una decoración arquitectónica, excluida la estatua en bulto redondo de Darío, es sinónimo de poder. Los pocos temas tratados —portadores de tributos, nobles medos y aqueménidas, servidores, audiencias, escenas de lucha entre el héroe (identificado con el soberano) y las fuerzas del mal, el rey caminando— se repiten incesantemente sobe las fachadas de las terraza palaciegas, en las jambas de las puertas, en la fachada de la apadana y en el Tripylon y en muchos otros palacios.

Si los patrones compositivos fueron copiados de los relieves asirios, en muchos casos aún visibles, el espíritu interpretativo cambió; ya no hubo escenas terroríficas de batallas, sino las consecuencias de la guerra, es decir, la sumisión de los vencidos. Los temas decorativos realizados por artistas griegos sobre motivos derivados del arte del Oriente Próximo y egipcio, a primera vista no tienen nada de narrativo, pero mirados uno a uno, reflejan fielmente la intención política del rey; proporcionar la misma imagen de la esencia del imperio.

Arquitectura

miniaturadeimagen|izquierda|Esquema incompleto de Persépolis; nota - C: Sala Apadana , G: "Talar-i-Takht" o sala de 100 columnas, N: "Tachar" o palacio of Darío, H: "Hadish" o Palacio de Jerjes el Grande, B:"Darvazeh-i-Mellal" o Puerta de todas las Naciones, F: Trypilon; "khazaneh" (tesorería) La arquitectura aqueménida incluye grandes ciudades, templos, palacios y mausoleos como la tumba de Ciro el Grande. La característica por excelencia era su naturaleza ecléctica, con elementos medos, asirios y griegos asiáticos incorporados, pero manteniendo una identidad persa única en los productos acabados. Su influencia se extiende por las regiones gobernadas por los aqueménidas, desde las costas mediterráneas hasta la India, especialmente con su énfasis en el diseño monumental en piedra y los jardines subdivididos por cursos de agua.

En la época de Ciro II, el arte compuesto es visible sobre todo en la arquitectura, con la construcción de muros de ladrillo decorados con preciosos esmaltes e incrustaciones, de columnatas hechas de troncos de árboles raros y con la gran variedad de materiales utilizados en los revestimientos y en las decoraciones. Entre las principales innovaciones, estaba el uso de la piedra, que si no sustituyó a los ladrillos mesopotámicos para la construcción de los muros, constituyó un esqueleto fundamental del edificio. Uno de los rasgos recurrentes del arte fue la incorporación de animales como elemento decorativo. La ciudad real poseía al menos tres edificios importantes: el majestuoso vestíbulo de entrada enriquecido por columnas caracterizadas por puertas representadas por animales guardianes, la sala de audiencias, el palacio de banquetes del rey. Los sucesores de Ciro II construyeron, al estilo egipcio, palacios con grandes salones para el público, decorados con infinitas series de animales y hombres que debían testificar del poder y la grandeza del «rey de reyes».

En la provincia de Fars se descubrieron edificios con columnas en Farmeshgan, Fahlian y Borazjan.

El artículo de Shahrokh Razmjou Notes on a Forgotten Achaemenid Site at Farmeshgan: Irán (pp. 293-312) está dedicado a la publicación y el análisis de fragmentos de arquitectura y escultura encontrados durante las excavaciones realizadas en 1958-1959 en Hakavan Tappeh, en Fars. No habían sido publicados anteriormente y fueron descubiertos por el autor en un almacén del Museo Nacional de Irán. Razmjou, tras visitar el lugar donde se realizaron las excavaciones, llegó a la conclusión de que en el lugar había existido un importante complejo de edificios, que contenía una residencia real que databa de mediados del a mediados del

thumb|center|800 px|Panorama de Persépolis

Persia Pasargada

En Fars, en el centro de Persia, se halla Pasargada, a unos 40 km al noreste de Persépolis. Allí hay varios edificios diseminados por toda la Dash-e Morghab. Las construcciones que se conservan son de piedra y no de los materiales tradicionales, madera y adobe. Además de las de Asia Menor, las edificaciones de Pasargada tienen influencia de otras regiones, como Asiria y Egipto, lo que ilustra la naturaleza ecléctica de la arquitectura aqueménida. En Pasargada hay dos palacios erigidos en mitad de un extenso jardín, así como dos pabellones pequeños. Los dos palacios tienen salas rectangulares con columnatas, en uno caso con cuatro pórticos alrededor y el otro con dos. Los antae (pilares rinconeros) de piedra presentan inscripciones bilingües con el nombre de Ciro II.

Persépolis

miniaturadeimagen|Escalera principal. Persépolis se encuentra al suroeste de Pasargada y constituye el centro aqueménida más importante. Su fundador fue Darío I, probablemente hacia el 515 a. C. Está situada en la llanura de Marvdasht, 47 km al noreste de Shiraz. Sus edificaciones están distribuidas por una explanada elevada de unos 455 por 300 metros, es decir, más o menos la misma longitud que la Acrópolis de Atenas, pero entre cuatro y cinco veces su anchura.