miniaturadeimagen|313x313px| Isabel II usando la Tiara Kokoshnik, aretes de diamantes, un collar y brazalete de diamantes y un reloj de plata en un banquete de estado para el presidente de México en 2015. El collar más grande es el Gran Collar de la Orden del Águila Azteca . La fallecida monarca de la Mancomunidad de Naciones, Isabel II del Reino Unido, tuvo una colección histórica de joyas— algunas como monarca y otras de manera personal. Están separadas de las Gemas y Joyas, y de las coronas e insignias estatales que componen las Joyas de la Corona.

El origen de una colección distintiva de joyas reales es vago, aunque se cree que las joyas tienen su origen en algún lugar del . Muchas de las piezas son de ultramar y fueron traídas al Reino Unido como resultado de guerras civiles, golpes de Estado y revoluciones, o adquiridas como obsequio al monarca. La mayoría de las joyas datan de los siglos y .

Las joyas de la corona solo se usan en las coronaciones (la Corona de San Eduardo se usa para coronar al monarca) y en la Ceremonia de apertura del Parlamento (la Corona Imperial del Estado). En otras ocasiones formales, como banquetes, la reina solía usar las joyas de su colección. Isabel poseyó más de 300 artículos de joyería, incluidos 98 broches, 46 collares, 37 pulseras, 34 pares de aretes, 15 anillos, 14 relojes y 5 colgantes, los más notables se detallan en este artículo.

Historia

Historia general A diferencia de las Joyas de la corona, que en su mayoría datan del ascenso de Carlos II, las joyas no son insignias oficiales. Gran parte de la colección fue diseñada para reinas reinantes y reinas consorte, aunque algunos reyes se han agregado a la colección. La mayoría de las joyas se compraron a otros jefes de Estado europeos y miembros de la aristocracia, o fueron heredadas por generaciones anteriores de la familia real, a menudo como regalos de cumpleaños y bodas. En los últimos años, Isabel los ha usado en su calidad de Reina de Australia, Canadá y Nueva Zelanda, y se le puede ver usando joyas de su colección en retratos oficiales hechos especialmente para estos reinos.Field, p. 9.

La disputa de la casa de Hannover En 1714, con la adhesión de Jorge I, el Reino de Gran Bretaña y el Reino de Hannover pasaron a ser gobernados en unión personal por la casa de Hannover. Los primeros monarcas de Hannover tuvieron cuidado de mantener separadas las reliquias de los dos reinos. Jorge III le dio la mitad de las reliquias británicas a su esposa, Carlota de Mecklenburgo-Strelitz, como regalo de bodas. En su testamento, Carlota dejó las joyas a la casa de Hannover. El Reino de Hannover siguió la ley sálica, según la cual la línea de sucesión pasaba por herederos varones. Así, cuando la reina Victoria accedió al trono del Reino Unido, su tío Ernesto Augusto, duque de Cumberland y Teviotdale se convirtió en rey de Hannover. El rey Ernesto exigió una parte de las joyas, no solo como monarca de Hannover, sino también como hijo de la reina Carlota. Victoria se negó rotundamente a entregar ninguna de las joyas, alegando que habían sido compradas con dinero británico. El hijo de Ernesto, Jorge V de Hannover, siguió insistiendo en el reclamo. El esposo de Victoria, el príncipe Alberto, sugirió que ella hiciera un acuerdo financiero con el monarca de Hannover para quedarse con las joyas, pero el Parlamento informó a la reina que no comprarían las joyas ni prestarían fondos para tal fin. Se creó una comisión parlamentaria para investigar el asunto y en 1857 fallaron a favor de la casa de Hannover. El 28 de enero de 1858, diez años después de la muerte de Ernesto, las joyas fueron entregadas al embajador de Hannover, el conde Erich von Kielmansegg .Field, pp. 9–10. Victoria se las arregló para quedarse con una de sus joyas favoritas: una fina cuerda de perlas.

Propiedad y valor Algunas piezas de joyería hechas antes de la muerte de la reina Victoria en 1901 se consideran reliquias pertenecientes a la reina con derecho a La Corona y pasan de un monarca a otro a perpetuidad. Los objetos hechos más tarde, incluidos los obsequios oficiales, también se pueden agregar a esa parte de la Colección Real a discreción exclusiva de un monarca. No es posible decir cuánto vale la colección porque las joyas tienen una historia rica y única, y es poco probable que se vendan en el mercado abierto.

A principios del , otras cinco listas de joyas, que tampoco se han publicado nunca, complementaron las que dejó la Reina Victoria a la Corona:

Joyas dejadas a la Corona por Su Majestad la Reina Victoria Joyas dejadas por Su Majestad a Su Majestad el Rey Joyas dejadas a Su Majestad el Rey Eduardo VII por Su Majestad la Reina Victoria, en lo sucesivo se considerarán como pertenecientes a la Corona y serán usadas por todas las futuras Reinas a su derecha. Joyas propiedad de Su Majestad el Rey Jorge V Joyas entregadas a la Corona por Su Majestad la Reina María Joyas entregadas a la Corona por Su Majestad el Rey Jorge V

Tiaras y diademas

Diadema de diamantes

La diadema de diamantes (diamond diadem),https://www.rct.uk/collection/31702/the-diamond-diademH. Roberts, The Queen's Diamonds, 2012, pp. 22-27. también conocida como diadema de Jorge IV (George IV State Diadem), es probablemente una de las piezas más reconocibles de la colección de joyas que perteneció a la reina Isabel II. Usada (en forma sutilmente alterada) por todas las reinas y consortes desde la reina Adelaida,La pieza formó parte de las joyas devueltas por la reina Adelaida a la reina Victoria el 3 de julio de 1837 (Rundell, Bridge & Co. 1837, fol. 23). su asociación como tradicional prenda femenina reniega de sus verdaderos orígenes, toda vez que fue hecha específicamente para que el rey Jorge IV la luciera el día de su coronación, jornada que tuvo lugar el 19 de julio de 1821. En dicha oportunidad, el rey llevó la diadema, apenas visible, sobre un gran sombrero de terciopelo con plumas de avestruz, tanto en la procesión de ingreso a la Abadía de Westminster como durante las celebraciones posteriores en el Westminster Hall.

Encargada a principios de 1820 a los joyeros Rundell Bridge & Rundell, y completada en mayo del mismo año,S. Barry, Crown Jewels, 1998, II, pp. 42, 91, 130-1 y 305-16. la diadema, probable obra del diseñador en jefe de la firma, Philip Liebart, consta de una estrecha banda bordeada por sendos cordones de perlas (originalmente, el cordón superior poseía 86 perlas y el inferior 94, pero con posterioridad fueron reducidos a 81 y 88 perlas, respectivamente), sobre la que se alza un conjunto integrado por cuatro cruces patadas alternadas entre florones de cardos, rosas y tréboles (símbolos nacionales de Escocia, Inglaterra e Irlanda). Su marco, hecho de oro y plata, mide 7,5 cm de alto por 19 cm de diámetro y se encuentra engastado con 1333 diamantes, entre los cuales destaca un brillante color amarillo pálido de 4 quilates, en el centro de la cruz frontal.

La factura por la confección de la pieza, asentada en los libros de la oficina del Lord Chambelán en agosto de 1820, fue imputada al presupuesto de la coronación. Según dicha cuenta, el engaste costó £290 y el rentado de los diamantes £800. Cabe aclarar que hasta 1837 fue práctica común el rentado de piedras preciosas para su uso en las coronaciones. Tras la ceremonia, las gemas deberían haber sido retiradas de la joya y devueltas a Rundell, sin embargo, las cruces y florones finamente trabajados, obras maestras del entonces novedoso estilo de engaste transparente, no presentan indicios de alteración alguna. Tal circunstancia puede explicarse mediante una factura subsecuente (registrada en los libros del Concejo PrivadoRA GEO/MAIN//25994 (£8216, ajustado a £7126).) y de importe muy superior a la anterior, toda vez que detalla que tanto la diadema como las piedras en ella engastadas (junto con una presilla para sombrero tachonada de diamantes, posteriormente destruida y reutilizada sus partes para elaborar la liga de la Jarretera llevada por la reina Victoria), fueron directamente compradas al fabricante por el saldo total de £8216, monto que seguramente pagó personalmente el propio rey Jorge IV, quizás mediante un discreto trueque por piedras antiguas pertenecientes a su extensa colección de joyas.Según sugiere S. Barry en Crown Jewels 1998, II, p. 312. Por lo demás, en lo que respecta a la configuración de la pieza, resta decir que su aspecto se mantuvo prácticamente inalterado a lo largo de sus más de 200 años de historia, a excepción de ligeras modificaciones introducidas en 1838 a pedido de la reina Victoria, y las requeridas por la reina Alejandra en 1902,Garrard 1896-1912, fol. 2. y la reina Isabel en 1937.Garrard RL3, fol. 142, 22 de mayo de 1937.

La reina Isabel II usó la joya por primera vez en su procesión hacia y desde el Palacio de Westminster con motivo de la primera ceremonia de apertura del Parlamento de su reinado (4 de noviembre de 1952) y, más famosamente, el mismo día de su coronación (2 de junio de 1953), en su recorrido hacia la Abadía de Westminster. La reina utilizó la diadema para todas las sucesivas aperturas del Parlamento británico (excepto las de 1959, 1963 y 2017) hasta el año 2019, y se la ha representado ciñéndola en monedas, billetes y sellos postales, tanto del Reino Unido como de los demás países la Commonwealth.

Tiara oriental La tiara oriental (oriental circlet tiara), también llamada diadema india (indian circlet), es una joya que encuentra su origen en la colección privada de la reina Victoria, y que la reina Isabel II recién llegó a poseer luego de la muerte de su madre, la reina Isabel.

Fue hecha por Garrard & Co. en 1853 sobre la base de un diseño elaborado personalmente por el príncipe Alberto (quien seguramente se inspiró en objetos con motivos similares exhibidos por la Compañía de las Indias Orientales durante la Gran Exposición de 1851), y por un costo de £860. Originalmente concebida como una diadema, consta de una estrecha base con motivos vegetales sobre la que se alza un conjunto de 11 florones de loto rodeados por arcos mogoles, elementos tradicionales del sudeste asiático. Su marco, hecho de oro amarillo y blanco, en un primer momento exhibió engastados 2.678 diamantes y 17 ópalos (gema favorita del príncipe). Resta decir que en 1854 la joya fue acompañada por un parure de collar, broche y pendientes, todos diseñados por el príncipe consorte e igualmente decorados con ópalos.

Producto de un litigio dinástico sobre la propiedad de la joyas que habían pertenecido a la reina Carlota, a principios de 1858 gran parte de los brillantes lucidos por la pieza tuvieron que ser entregados al rey de Hannover. Casi inmediatamente se encargó a Garrard la total reconstitución de la joya, circunstancia que se aprovechó para solicitar su conversión en tiara. Esta última tarea se llevó a cabo abriendo un pequeño espacio en el sector posterior del tocado y por un costo de poco más de £400.

Dejada de lado por la reina Victoria durante su viudez de casi 40 años, hacia el final de su vida, no obstante, designó a la pieza y sus accesorios como reliquias de la Corona (heirlooms of the Crown), es decir, como joyas que solo tendrían derecho a llevar las futuras reinas y consortes de reyes. Por consiguiente, enero de 1901 la tiara fue directamente heredada por su nuera, la reina Alejandra, quien al año de haberla recibido, y bajo la creencia de que los ópalos eran fuente de mala suerte, encargó a Garrard el remplazo de los ajustados en ella (y también de los lucidos por el collar y pendientes del parure que le hacían juego) por una serie de rubíes obsequiados a su suegra por el primer ministro de Nepal, Jung Bahadur Rana, en 1876. A dicha modificación fue añadida una reducción general del tamaño de la joya, que terminó mostrando 11 de sus 17 florones originales.