miniaturadeimagen|Detalle de un grabado de 1701 en que se muestra la Real Cortina con Felipe V. La ceremonia representada es la Jura del nuevo monarca en la iglesia del Monasterio de los Jerónimos de Madrid. La Real Cortina (o más sencillamente cortina) era un dosel (u oratorio portátil) cortinado utilizado como elemento ceremonial por los reyes de España en las ceremonias religiosas solemnes.

Historia El origen remoto del uso de oratorios cortinados en las ceremonias religiosas puede encontrarse en la corte del Imperio bizantino. El juego de ocultar al soberano entronca con el carácter sagrado o sacramental propio de la monarquía en Oriente.

El antecedente directo de la Real Cortina se encuentra en la corte de los duques de Borgoña. En el complejo protocolo de la corte borgoñona se utilizaba un dosel cortinado durante algunas funciones litúrgicas públicas. Así mismo está documentado el uso de oratorios cortinados en otras cortes bajomedievales europeas como la portuguesa o la escocesa. En la corte castellana se tiene constancia de que en el reinado de los Reyes Católicos, estos oían misa en público en las cortinas reales.

De forma tradicional se ha identificado la introducción de esta tradición borgoñona en la corte española se realiza a través de Carlos I de España, nieto de María de Borgoña, heredera del Estado borgoñón. La incorporación de este elemento ceremonial se realiza dentro de la adopción por el monarca español de parte del protocolo borgoñón. Esta asimilación llevaría a la conocida dualidad de existir una casa de Castilla y una casa de Borgoña al servicio del monarca. Los Austrias españoles utilizaron la asistencia a misa en la Real Capilla del Alcázar de Madrid como forma de expresión ceremonial y comunicación con sus súbditos. De esta forma podían asistir en público (utilizando la cortina) o en privado (desde la tribuna situada a los pies de la capilla, conocida también como cancel). Hacia 1600 el misionero y capuchino francés, François de Tours describía como:el Rey entró en la capilla acompañado de un único guardia y dos pajes. Se colocó sobre un reclinatorio cercano al altar, al lado del Evangelio. Este reclinatorio estaba rodeado de cortinas de damasco, semejantes a las que bordean una cama, y se levantó la cortina. El Rey entró y se dejó caer la cortina y repentinamente dejó de verse al Rey.Citado en En otras ocasiones podía instalarse la cortina para la asistencia del rey a funciones religiosas en lugares no destinados al culto.Por ejemplo, Gascón de Torquemada señala que a la muerte del infante don Carlos en julio de 1632 se instaló su cuerpo en la galería baja del infante don Fernando su hermano en el Alcázar de Madrid, celebrándose en esta estancia misas. Señala que su hermano, Felipe IV, tuvo un sentimiento tan grande que no se halló a ella [la galería] ni le vió muerto; y así no hubo cortina. Al menos en una ocasión la reina utilizó una cortina separada de la del rey.Durante las honras del infante don Carlos en la Capilla del Alcázar de Madrid. El rey usó una cortina con telas negras, y la reina otra con telas moradas situada en la tribuna de las damas. Según Jerónimo Gascón de Torquemada este hecho fue cosa tan nueva que no se halla exemplar estar la Reyna en cortina separada del Rey. Así mismo, en ocasiones el monarca podía asistir a la cortina llevando consigo a otros príncipes.Por ejemplo, el 23 de junio de 1626, Felipe IV estuvo en la real cortina acompañado por sus hermanos: el infante don Carlos y el cardenal-infante don Fernando. El honor de asistir con el rey a la cortina era símbolo de gran privilegio y no era concedido a todos los príncipes.Así por ejemplo, estando la corte en Valladolid, Felipe III admitió a su sobrino Felipe Manuel de Saboya en la cortina junto a él. En este mismo honor se le negaba a Carlos de Lorena, duque de Mayenne (conocido en España como duque de Umena) que nunca fue a una capilla pública por señalarle el rey como asiento el banco de los grandes o de los embajadores.

Con el establecimiento de la casa de Borbón en España, Felipe V que utilizó al principio de su reinado la cortina, se abandonó su uso. No obstante, continuaba conociéndose como cortina al dosel únicamente cortinado en su parte posterior y parcialmente a cada lado, que albergaba al monarca en las conocidas como capillas públicas (frente a las ocasiones en que el rey acudía desde el cancel o tribuna).

Desde 1681, y al menos hasta 1832, las ocasiones en las que el rey asistía a la real capilla se dividían en dos, según el grado de publicidad de la aparición del rey, en ocasiones en que el rey acudía a la cortina o a la tribuna. Las festividades en las que el rey acudía a la cortina según el ceremonial de 1832 eran: Miércoles de ceniza, Domingo de Ramos, Jueves Santo, Viernes Santo,desnudo el sitial y con la silla negra Domingo de Resurrección, Ascensión del Señor, Domingo de Pentecostés, Domingo de la Santísima Trinidad, Octava del Corpus Christi, Epifanía, Purificación de la Virgen, Encarnación, Todos los Santos, Patrocinio de Nuestra Señora e Inmaculada Concepción.

Tras la caída de Alfonso XIII en 1931, cesó el uso del dosel.

Durante el régimen franquista el dosel fue vuelto a utilizar por Franco y su esposa en actos solemnes en la capilla del Palacio Real de Madrid, como la imposición de birretas a cardenales.

miniaturadeimagen|Grabado de 1876 en que se muestra a Alfonso XII bajo el dosel en la capilla del Palacio Real de Madrid|izquierda|286x286pxEn la actualidad se mantiene en España el uso de un dosel en la capilla del Palacio Real de Madrid y en otros templos cuando el monarca asiste en público a ceremonias religiosas solemnes.

Descripción La Real Cortina fue definida por Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española, dentro de la palabra cortina:Los Reyes acostumbran tener en sus capillas, y en las iglesias donde oyen los oficios Divinos unas camas, debajo de las cuales les ponen las sillas y sitiales: y por que se corre una de las cortinas, cuando entra o sale el Rey, o se hace alguna ceremonia, como la confesión, la paz, y las demás;La cortina se situaba normalmente en el lado del Evangelio de la capilla o iglesia.En el caso de las juras de los príncipes en la iglesia del monasterio de San Jerónimo el Real de Madrid, se colocaba la cortina en el lado de la Epístola. De forma ordinaria era un dosel de madera de planta cuadrangular cortinado en todos sus lados y en su techo. Como apunta Covarrubias, salvo en algunos momentos litúrgicos solo se encontraba descorrida la cortina correspondiente al lado en el que se encontraba el celebrante.

En ocasiones, las telas que guarnecían la Real Cortina se cambiaban de acuerdo con el color litúgico utilizado para la ceremonia religiosa. Dentro de la Real Cortina se disponían ricas alfombras, sitiales, reclinatorios y escabeles para el monarca.

El encargado de correr y descorrer la cortina para que los asistentes pudieran ver al monarca (hacia los pies de la iglesia o capilla) se denominaba sumiller de cortina. Este cargo era uno de los cargos más relevantes de la Real Capilla junto con otros como pro-capellán mayor o los capellanes de honor.

Desde fecha incierta (aproximadamente el último cuarto del ), en las ocasiones en las que estaba manifiesto el Santísimo Sacramento la Real Cortina no se encontraba doselada y cortinada, siendo sencillamente un estrado alfombrado donde se colocaba los sitiales y el reclinatorio vestido para el monarca y su consorte.

Véase también

Sumiller de cortina Capilla pública Cancel (corte española)

Referencias

Notas

Individuales

Bibliografía

Categoría:Ceremonias palatinas en España Categoría:Indumentaria ceremonial