La cuenca minera de Riotinto-Nerva es un área minera española ubicada al noreste de la provincia de Huelva (Andalucía), que tiene sus núcleos principales en los municipios de El Campillo, Minas de Riotinto y Nerva, en la comarca de la Cuenca Minera. Forma a su vez parte de la denominada Faja pirítica ibérica.
Históricamente, esta zona ha sido explotada con fines mineros, articulándose en época contemporánea un importante complejo de carácter industrial. Aunque hay constancia de actividades de este tipo en la zona ya durante la protohistoria, no será hasta la época romana cuando se realice una explotación organizada de sus yacimientos. Reiniciada la actividad de las minas en la Edad Moderna, la cuenca de Riotinto vivió su cénit entre finales del siglo y mediados del siglo bajo gestión de la británica Rio Tinto Company Limited. Durante esos años se produjo un importante auge industrial y demográfico. En la actualidad se mantiene la actividad de extracción mineral en la cuenca, principalmente en el Cerro Colorado, aunque sin llegar a los niveles de producción que tuvo en el pasado.
La cuenca atesora un amplio patrimonio de carácter histórico e industrial como resultado de las actividades que se han desarrollado durante la Edad Contemporánea, especialmente el ligado a la etapa británica. Debido a ello, en las últimas décadas se han puesto en marcha diversas iniciativas de cara a su preservación y empleo con fines turísticos. En 2005 la zona minera de Riotinto-Nerva fue declarada como Bien de Interés Cultural con la categoría de sitio histórico.
Características La cuenca minera de Riotinto-Nerva se ubica en la zona noreste de la provincia de Huelva, dentro de la comarca histórica del Andévalo oriental, a 418 metros sobre el nivel del mar. La cuenca tiene una extensión aproximada de 170 kilómetros cuadrados. Al igual que otros yacimientos del suroeste español, la zona de Riotinto-Nerva forma parte de la denominada Faja pirítica ibérica. Debido a ello, posee importantes reservas de pirita y calcopirita, minerales con múltiples aplicaciones en el campo de la industria. La zona minera se encuentra enmarcada dentro del contexto paisajístico de baja montaña que predomina en el Andévalo, caracterizándose la cuenca por tener un relieve en el que predomina una relativa suavidad del terreno —entre 700 y 500 metros—. En el plano de la geografía física destacan las colinas, los cerros y las superficies de erosión. Cabe destacar que la fisonomía de esta zona se ha visto alterada considerablemente a lo largo de la historia como resultado de la actividad minera.
El complejo de Riotinto estaba formado por varias masas polimetálicas que se extendían sobre una superficie de 4 kilómetros cuadrados y que albergaban un total de (megatoneladas) de mineral. Las principales formaciones identificadas son Filón Norte, Filón Sur, Masa Planes, Masa San Dionisio y Masa San Antonio. Esta última se extiende sobre el término municipal de Nerva y, en comparación con otras, constituye la formación mineral de más reciente localización (segunda mitad del siglo ). En la población de Nerva también destacaba la presencia de la masa de Peña del Hierro.
Historia De la Antigüedad a la Edad Media Las minas de Riotinto han sido descritas como «uno de los distritos mineros más importantes» de la Antigüedad. Hay constancia de la existencia de actividades mineras en la zona correspondiente a la actual cuenca ya durante la Edad del Cobre y la Edad del Bronce, aunque estas no alcanzarían una mayor relevancia hasta varios siglos después. Los estudios isotópicos en Riotinto han revelado que al menos desde el año ya había una actividad considerable, mientras que en el área de Filón Norte se han localizado los restos más antiguos de labores extractivas y asentamientos humanos. Los minerales habrían tenido dos posibles rutas de salida: una primera vía, que llegaba hasta el río Guadalquivir a través de un complicado camino de montaña; y una segunda, a través del río Tinto.
thumb|278x278px|Noria hidráulica usada por los romanos en Riotinto.
Aunque la información es limitada, también existen evidencias materiales de que en época romana estuvieron en explotación varios yacimientos del área de Riotinto, así como de una presencia humana relevante. Fue entre los siglos y cuando la actividad minera en la zona alcanzó su máximo esplendor, en especial a partir del reinado de Augusto. Los romanos realizaban las labores de extracción mediante una red de galerías subterráneas y complejos sistemas de norias hidráulicas para mover el agua en el interior. Las condiciones de trabajo en las galerías revestían una gran severidad para los mineros (esclavos en su mayoría) debido al polvo, la humedad, la escasa iluminación o las altas temperaturas. Distintos estudios contemporáneos han señalado que la plata fue el metal de mayor producción durante el período altoimperial, encontrándose Riotinto entre las mejores minas argentíferas de la Antigüedad. Desde la época de Augusto la extracción de cobre también alcanzó una gran relevancia.
Para el desarrollo de las actividades minero-metalúrgicas los romanos levantaron numerosas edificaciones por la zona, como hornos y fundiciones, así como calzadas para facilitar el tránsito de mercancías. La actual Corta del Lago albergaba el principal poblado romano de la zona, que las fuentes clásicas identifican como «Urion» o «Urium». Así mismo, existen varias necrópolis (Huerta de la Cana, La Dehesa) relacionadas con el período altoimperial. Las explotaciones de Riotinto se mantuvieron en activo hasta el último cuarto del siglo , época en que los yacimientos de la faja pirítica ibérica decayeron en favor de las entonces pujantes minas de Dacia o Britannia.
Las labores metalúrgicas practicadas en época romana dejaron una elevada cantidad de escoriales y alteraron de forma considerable la fisonomía del territorio. Siglos después buena parte de estos escoriales se reaprovecharían con diversos fines, siendo empleados por ejemplo como material fundente en los procesos metalúrgicos. Muchos de los restos arqueológicos de etapa romana serían recuperados y preservados desde el siglo a partir de los trabajos realizados por los ingenieros británicos. No obstante, los primeros hallazgos de este tipo fueron realizados ya por españoles a mediados del siglo . Durante el período medieval la producción minera en la zona de Riotinto no fue significativa. En época islámica las principales labores realizadas se centraron en el aprovechamiento de los sulfatos de cobre y hierro.
Reactivación en la Edad Moderna Durante el siglo , bajo el reinado de Felipe II, se valoró la posibilidad de reactivar la explotación de las minas de Riotinto. En aquel momento los yacimientos eran propiedad de la Corona española. Sin embargo, este proyecto acabó abandonado en favor de las minas de Guadalcanal (Sevilla), que ofrecían mejores perspectivas. En ese momento las minas americanas concitaban un mayor interés por parte de las autoridades, en contraste con lo que ocurría con las de Huelva, a las cuales se consideraba agotadas tras su intensa explotación en época romana. A comienzos del siglo renació el interés minero por esta zona. En 1725 el sueco Liebert Wolters Vonsiohielm obtuvo de la Corona que le fuera otorgada la explotación de los yacimientos de Riotinto en régimen de alquiler durante un período de treinta años. Wolters procedió inicialmente a desaguar las antiguas galerías romanas. Tras su fallecimiento en 1727, la gestión de las minas pasó a manos de su sobrino, Samuel Tiquet, y de un socio español. Los trabajos de extracción se centraron en el denominado Filón Sur. Con posterioridad a la muerte de Tiquet se hizo cargo de la gestión el socio español, Francisco Thomas Sanz, bajo cuya dirección las minas alcanzarían altos índices de producción. Por influencia de los trabajos mineros, en esta época también se establecería el pueblo de Río-Tinto junto al Filón Sur.
En el transcurso de la guerra de la Independencia las minas de Riotinto estuvieron abandonadas e inactivas, debido a las vicisitudes que atravesaba el país en aquellos años. En 1823, tras una visita a la zona del ingeniero Fausto Delhuyar, se rehabilitaron las instalaciones y se procedió a reanudar los trabajos. Entre 1829 y 1849 el marqués de Remisa tomó en arrendamiento la explotación de los yacimientos; durante este período se practicaron numerosas irregularidades. A partir de 1849 la Real Hacienda española volvió a gestionar directamente los yacimientos. Bajo el influjo de la revolución industrial que estaba teniendo lugar, se empezó a plantear la problemática que atravesaban las minas de Riotinto por las carencias de infraestructuras y tecnología, las cuales impedían una adecuada explotación. Sin embargo, a mediados del siglo la mala situación financiera que atravesaba el Estado español imposibilitó que este realizara un aprovechamiento óptimo de sus propiedades mineras.
Etapa británica: los años de auge A mediados del siglo las minas de Riotinto despertaron el interés del capital internacional, en un contexto en el que el despegue industrial que se vivía en algunos países europeos había potenciado la necesidad de acceso a nuevas fuentes de materias primas. Dado que la Hacienda pública atravesaba una situación de crisis, para entonces ya se había planteado la posibilidad de que el Estado vendiera estos yacimientos. Tras el triunfo de revolución de 1868 y el cambio político que se produjo, en marzo de 1870 el ministro Laureano Figuerola presentó ante las Cortes un proyecto para la venta de las minas de Riotinto. El procedimiento, no obstante, se dilató varios años. En 1873 la casa Rothschild adquirió al gobierno de la Primera República la propiedad de los yacimientos, la cual fue transferida meses después a la recién creada Rio Tinto Company Limited (RTC), de capital británico. El nuevo dueño de la cuenca dio inicio a una explotación mucho más intensa. En un principio los trabajos mineros se concentraron en el denominado yacimiento de «La Mina» (o Filón Sur), aunque para 1881 las labores ya se habían extendido a otros puntos de la zona. Entre los minerales extraídos de Riotinto sobresalían el cobre y las piritas. RTC levantó diversas industrias para el tratamiento minero-metalúrgico, las cuales incluían lavaderos de mineral, fábricas, fundiciones, centrales eléctricas, almacenes, etc. Hacia comienzos del siglo , en la zona de Zarandas-Naya se estableció el principal núcleo del procesado de mineral que procedía de los yacimientos de la cuenca.
A medida que avanzaron los trabajos mineros se fueron articulando una serie de explotaciones principales en la cuenca, entre las cuales destacarían Corta Atalaya, Filón Sur, Filón Norte o Corta Peña del Hierro. Algunas de ellas constituían complejos mineros que estaban compuestos a su vez por varios yacimientos. De forma paralela, también se fue conformando un importante complejo de carácter minero-industrial en torno a las poblaciones de Riotinto y Nerva, que durante esos años crecieron en tamaño y número de habitantes. En poco tiempo la comarca pasó a ser una de las cuencas mineras más importantes de España. Además, bajo la dirección británica las minas de Riotinto se convirtieron «en un referente mundial». Con objeto de mejorar la conexión de todo este entramado de minas e instalaciones industriales la RTC construyó un ferrocarril de vía estrecha, inaugurado en 1875 y que en su momento llegó a disponer de una red de cerca de 360 kilómetros entre la vía principal y los distintos ramales. A través de esta línea férrea también se daba salida a los minerales extraídos hasta el puerto de Huelva, desde donde salían al extranjero. El intenso tráfico llevó a la RTC a construir un importante depósito de minerales cerca de Huelva, el denominado «polvorín».