La elección al trono de Grecia de 1862-1863 (en griego moderno: Εκλογή στο θρόνο της Ελλάδας του 1862-1863), también conocida como la segunda elección al trono de Grecia, fue un proceso desarrollado desde octubre de 1862 a junio de 1863 en el Reino de Grecia para designar a un nuevo rey de los helenos. El proceso de la elección se dio después de la destitución del rey Otón I, de origen bávaro y miembro de la Casa de Wittelsbach.
El 23 de octubre de 1862, después de una serie de pequeñas revueltas, Otón fue destronado por un gobierno provisional griego. Ante esto, las grandes potencias protectoras de Grecia —el Segundo Imperio francés, el Imperio británico y el Imperio ruso— acordaron con el gobierno provisional dar un nuevo soberano al reino, pero las discrepancias de las potencias al elegir un candidato terminaron propiciando un referéndum en diciembre de 1862. El resultado de este fue la elección el príncipe Alfredo de Sajonia-Coburgo-Gotha, hijo de la reina Victoria del Reino Unido, como el nuevo soberano de Grecia, pero la falta de interés del gobierno británico de mandar al príncipe a gobernar en Atenas y los reproches de los gobiernos francés y ruso, para evitar darle demasiado poder al Reino Unido en el Mediterráneo oriental, impidieron que el príncipe inglés ascendiera al trono heleno.
Por tanto las potencias propusieron a otros candidatos de acuerdo a la conferencia de Londres de 1832, siendo presentados FernandoII, exrey jure uxoris de Portugal; Nicolás, duque de Leuchtenberg; ErnestoII, duque de Sajonia-Coburgo-Gotha y Guillermo de Baden. Todos fueron rechazados o rechazaron la oferta de gobernar Grecia. A finales de marzo de 1863 el Reino Unido propuso al príncipe Guillermo de Dinamarca (hermano de Alejandra de Dinamarca, princesa consorte de Gales y de Dagmar de Dinamarca, futura esposa de Alejandro III de Rusia). El 30 de marzo de 1863 las potencias protectoras y la Asamblea Nacional de Grecia eligieron al joven príncipe Guillermo como futuro rey de los helenos, sin embargo el gobierno danés tardó en aceptar la elección del danés y no fue sino hasta el 1 de junio cuando fue reconocido oficialmente. El 6 de junio de 1863 una delegación griega encabezada por Constantino Kanaris llegó al Palacio de Christiansborg, en Copenhague, y finalmente Guillermo fue declarado rey de los helenos bajo el nombre de «JorgeI».
Antecedentes La Gran Idea miniaturadeimagen|275x275px|Situación de Grecia bajo el gobierno de Otón: Reino de Grecia Imperio otomano Eyalato de Egipto Estados Unidos de las Islas Jónicas Principado de Samos Entre los años 1850 y 1860, el joven Reino de Grecia fue sacudido por un doble movimiento de disputas. El sentimiento de nacionalismo griego del había hecho florecer una de serie de sentimientos panhelénicos dentro del reino. A este movimiento se le llamó la «gran idea» (en griego moderno: Μεγάλη Ιδέα, Megáli Idéa). El primero en usar este término fue Ioannis Kolettis, político griego de origen valaco.
La cantidad de griegos dentro del Estado griego era de menos de un tercio. Los principales centros culturales, religiosos y económicos helenos se encontraban fuera del reino. La diáspora griega se encontraba dispersa por todo el Mediterráneo oriental (principalmente en la península balcánica, las islas del Egeo y en la península de Anatolia, todas ellas por entonces bajo dominio del Imperio otomano), e incluso las tres primeras capitales del Reino de Grecia —Egina, Nauplia y Atenas— contaban con alrededor de 5000 habitantes (mientras que en algunas ciudades, como Constantinopla, los griegos superaban los 20000 habitantes), lo cual decepcionó en gran medida a los patriotas, que en su mayoría habían participado en la guerra de independencia de Grecia, dentro y fuera del Estado. Todo ello aumentó el resentimiento hacia el rey Otón, pues reprochaban la falta de poder para aumentar su reino.
El origen de la Gran Idea se sitúa tras el golpe de Estado del 3 de septiembre de 1843. Durante las negociaciones para la redacción de la constitución griega, Ioannis Kolettis dijo defender los derechos de los heteróctonos. Fue él mismo quien clasificó a los helenos en dos grandes grupos: los autóctonos y los heteróctonos. Estos, griegos fuera del Reino de Grecia, superaban en número a los autóctonos, griegos nacidos en el reino griego. El 14 de enero de 1844, Kolettis declaró ante la Asamblea Constituyente griega:
Este discurso es considerado como el primer manifiesto público de la Gran Idea —pues expresaba como los griegos deseaban unir todos los territorios asociados con la historia o raza griega—. Otón I fue uno de los principales impulsores de esta ideología política, desplegando una intensa propaganda en su favor. Esto aumentó en seguida la popularidad del rey, aunque solo duraría poco tiempo.
Animados por la guerra de Crimea, los griegos, principalmente bandoleros y estudiantes universitarios, organizaron varias guerrillas que invadieron Epiro, Tesalia y Creta, por entonces regiones otomanas. El resultado de esta invasión fue un desastre, pues los gobiernos británico y francés obligaron al rey a parar la creación de guerrillas. Para evitar una guerra entre griegos y otomanos, el Reino Unido y Francia enviaron una serie de buques de guerras al puerto de El Pireo, que permanecieron hasta febrero de 1857. Esto causó un gran descontento entre los griegos. A esto se le sumaron la política despótica, los grandes gastos a causa de las construcciones del rey y, sobre todo, el no haber engendrado un heredero, circunstancias que aumentaron el descontento popular.izquierda|miniaturadeimagen|354x354px|El rey Otón portando el traje tradicional de Grecia.
Crisis dinástica de Otón I El artículo 8 del convenio firmado el 7 de mayo de 1832 en la conferencia de Londres, establecía que:
Esto daba esperanza al rey de que uno de sus hermanos o sobrinos lo sucediera a su muerte y se crease así una dinastía en el reino griego. Sin embargo, la promulgación de la primera Constitución griega, redactada entre 1843 y 1844, cambió la situación. El artículo 40 de la ley fundamental establecía que la corona de Grecia pertenecía a la dinastía del rey Otón, pero que su sucesor debería profesar la religión ortodoxa griega.
Sin embargo, los hermanos del rey se mantuvieron fieles a su fe católica y se negaron a convertir o a criar a sus hijos en otra religión. Consciente de ello, el rey Otón viajó en varias ocasiones a Múnich para persuadirlos de criar a algunos de sus sobrinos en la religión ortodoxa. Sin embargo, sus hermanos declararon que ni ellos ni su hijos renunciarían al catolicismo para acceder al trono de Grecia. Durante varios años, la sucesión griega fue, por lo tanto, víctima de la actitud de los príncipes bávaros, que se negaron a renunciar a sus derechos dinásticos, pero hicieron pocos esfuerzos para consolidar su posición.
En 1858, los helenos marcharon por las calles de la capital griega con pancartas exigiendo el nombramiento de duque Nicolás de Leuchtenberg como heredero del rey Otón. La popularidad del duque fue tanta, que le hizo perfilarse como el favorito de Rusia y Francia.
No fue sino en 1861 que las cosas empezaron a cambiar dentro de la casa de Wittelsbach. El príncipe Luis de Baviera, hijo mayor de Leopoldo, cercano a su decimosexto cumpleaños, se empezó a interesar en el trono helénico. Sus padres albergaban reticencias al respecto, pero terminaron aceptando que se convirtiese a la religión ortodoxa griega cuando fuese mayor edad y planearon comprometerlo en matrimonio con su prima Eugenia de Leuchtenberg, nieta del zar Nicolás I de Rusia, para tranquilizar a los griegos, pero ya era demasiado tarde, pues los griegos se habían cansado de esperar.
Atentado contra la reina Amalia
La tensión nacionalista griega se vio plasmada en un atentado frustrado contra la reina Amalia. El 18 de septiembre, cerca de las 21:00 horas, un joven estudiante llamado Aristide Dosios disparó una pequeña pistola contra la reina consorte mientras esta se encontraba dando un paseo a caballo. El motivo del atentado era, según su autor, que la reina «no deseaba el agrandamiento de Grecia». El atento logró despertar una gran simpatía por la reina Amalia, pero demostraba la inevitable caída de Otón.
Una vez en prisión, Dosios declaró que no se arrepentía de su acto, pues, según sus palabras, «Grecia necesitaba un rey que supiera como liberar a los trece millones de griegos que gemían bajo el yugo otomano». En enero de 1862, fue condenado a muerte pero, por petición de la reina, la sentencia fue conmutada por cadena perpetua.
Revolución de octubre de 1862 Los intentos del rey Otón de implementar la gran idea no dieron fruto alguno y finalmente estallaría una insurrección en Nauplia el 1 de febrero. Pero la revuelta, mal preparada, fue sofocada finalmente el 20 de marzo. Consciente del descontento popular y buscando tranquilizar al población para fortalecer su poder, el soberano y su esposa partieron en una gira oficial por el Peloponeso y las islas del Egeo. La pareja real salió de Atenas el 16 de octubre rumbo a Spetses, pero dos días después surgió una nueva insurrección en el reino. Vonitsa se había levantado y la revuelta se extendió rápidamente a Patras y Mesolongi. La revuelta alcanzó la capital griega el 22 de octubre, donde se organizaron manifestaciones y el ejército, encargado de suprimirla, no tardó en sumarse a la multitud. Esa misma noche se nombró a un gobierno provisional con Voulgaris, Kanaris y Rufos a la cabeza.
El 23 de octubre, el rey fue destronado por las nuevas autoridades, que promulgaron un decreto por el cual el poder de Otón quedaba abolido, junto a la regencia de su consorte. Inmediatamente se convocó a una asamblea para organizar el país y elegir un nuevo rey.
Abandonada por los embajadores de las potencias protectoras, la expareja real griega se embarcó en el Scylla, un barco de guerra británico, y partió rumbo al exilio a Bamberg, en el Reino de Baviera. A pesar de todo y contrariamente a lo que preveía el primer borrador del decreto griego, la casa de Wittelsbach no estaba oficialmente destituida y un príncipe bávaro todavía parecía que podía suceder al exrey Otón.
Más de cuatro meses de incertidumbres División de las potencias protectoras Los gobiernos de las potencias protectoras de Grecia —Francia, el Reino Unido y Rusia— se preocuparon por la voluntad expansionista de los helenos cuando estalló la revolución en Atenas. Las grandes potencias europeas temían que los revolucionarios desestabilizaran el equilibrio internacional declarando una guerra al Imperio otomano para lograr la unificación de los helenos.
Sin embargo, el gobierno provisional griego fue especialmente mesurado y se cuidó de no contrariar a las grandes potencias protectoras ni a la «Sublime Puerta». Así, aunque en principio se planeaba convocar a representantes griegos del Imperio otomano a participar en la nueva Asamblea Nacional, finalmente se decidió que solo griegos del reino podrían ocupar un puesto en ella. Tranquilizados por la actitud de los griegos, los gobiernos británico, francés y ruso acordaron trabajar juntos y ocuparse de la sucesión real.