miniatura|Distribución de las variedades en la península ibérica Las variedades del español en el País Vasco y Navarra se ven fuertemente determinadas por la influencia de la lengua vasca. También comparten rasgos con otras hablas del norte peninsular.

Pertenecen a los dialectos castellanos septentrionales, guardando especial relación con el romance navarroaragonés, que evolucionó a lengua aragonesa aragonés en Aragón, aunque con matices euskéricos.

Área geográfica Estas variedades son habladas en el territorio de Hegoalde, en las provincias de Navarra, Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. También es hablado en zonas limítrofes, como en la Rioja (comarca de Haro y la Sonsierra), en Castilla y León (Miranda de Ebro y valles de Losa y Mena), en Cantabria (Castro Urdiales y comarca de Asón-Agüera) y en Aragón (Jacetania occidental).

Historia Para algunos autores los primeros registros del romance ibérico aparecen en las Glosas Emilianenses, escritas en San Millán de la Cogolla, en el entonces Reino de Pamplona Además, aparecían apuntes en euskera (aunque no eran los primeros vestigios de dicha lengua).Véase foto, descripción y lectura de ella en Alicia M. Canto, "La Tierra del Toro: Ensayo de identificación de ciudades vasconas", Archivo Español de Arqueología n.º 70, 1997, págs. 31-70, pág. 35, nota 9 y fig. 6 edición digital. Se menciona en ella a Narhunges, Abissunhari filius y su posible primo Umme, Sahar(i) f(ilius) Esto hace que sean muchos los lingüistas que afirmen que el origen del castellano se encuentra entre Burgos, la Rioja y la Rioja Alavesa. Allí se habló durante mucho tiempo o se sigue hablando el euskera, por lo que se le considera uno de los grandes aportes a la creación del idioma junto con el latín. De hecho, en el Cantar de mio Cid, primera obra poética de la literatura castellana, Rodrigo Díaz de Vivar (apellido compuesto navarro-alavés), procedente de Burgos, llama Minaya a Álvar Fáñez, su amigo de confianza. Resulta que Minaya procede de la expresión "mi anaia", siendo "anaia" la palabra en euskera para referirse al hermano de un hermano, lo que muestra la gran influencia de este idioma en las zonas donde surgió el castellano.

En 1119, el rey Alfonso VIII de Castilla conquista Álava, hasta entonces perteneciente al Reino de Pamplona, y lo anexiona al Reino de Castilla, entonces con un tamaño muy reducido. Esto propicio la incorporación de sendos elementos del euskera al castellano. Entre ellos se encuentran:

el sistema vocálico de cinco vocales betacismo: pronunciación igualitaria de las letras b y v evolución del fonema /f/ hacia /h/ (no es facer, es hacer) simplificación del sistema de consonantes castellano incorporación de léxico euskerico, entre los que se encuentran izquierda (procedente de "ezkerra"), alud (procedente de "lurte"), chatarra (procedente de "txatar"), chabola (procedente de "txabola"), cencerro (procedente de "zinzerri"), órdago (procedente de "hor dago") y aquelarre (procedente de "akelarre") Existen además ciertos elementos cuyo origen, aunque disputado, podría también estar en el euskera.

Lo mismo sucedió con Guipúzcoa en el año 1200 y en 1334 con el Señorío de Vizcaya, aunque a menor escala, ya que especialmente este último conservó el uso del euskera. Esto propició la creación de un dialecto del castellano propio de las tres provincias (Álava, Vizcaya y Guipúzcoa) ligeramente diferente al del resto de la Corona de Castilla.

En 1492, con la conquista por parte de la Corona de Castilla de los territorios árabes de la península ibérica, la lengua romance usada en la Corona de Castilla comenzó a variar considerablemente, en comparación con la lengua romance hablada en Hegoalde (a excepción de Navarra), al incorporar elementos del árabe tales como alcohol, almohada, albaricoque, hasta o aceite.

Por otro lado, en el Reino de Navarra se hablaban tres idiomas: euskera, navarro (en la parte sur) y gascón (en la parte norte). El gascón es una variedad del occitano, y el romance navarro forma junto al romance aragonés y al riojano precastellano el grupo de lenguas navarroaragonesas. Lo que mayoritariamente diferenciaba al navarro del resto de lenguas navarroaragonesas y, en menor medida, de las lenguas castellanas, era precisamente la incorporación de elementos euskericos, al estar muy en contacto con dicha lengua. Algunos de estos elementos siguen presentes en el aragonés actual.

Tras la conquista del Reino de Navarra por parte de los reinos de Castilla y Aragón, entre los años 1512 y 1529, el castellano fue impuesto también en Navarra. Al ser tanto el castellano como el navarro lenguas romances, compartían gran cantidad de elementos en común. Tal y como sucedió con otras lenguas peninsulares como el leonés, el extremeño o el aragonés, la nobleza castellana hizo parecer que empleaban formas arcaicas o vulgares, pese a que fuesen términos de sus propias lenguas, lo que conllevó a una gran parte de la población a dejar de lado sus lenguas tradicionales para emplear el castellano. Se trata además de una de las causas del declive, hasta el , de otros idiomas como el euskera, el catalán o el gallego. Uno de los casos más destacados fue la muerte del euskera roncalés en 1976 junto con su última hablante, Antonia Anaut.

Tras dicho proceso, se consideró que las formas romances de hablar propias de los territorios de Hegoalde son finalmente, en el , variedades del idioma español. Sin embargo, debido a la imposición de normas lingüísticas por parte de la Real Academia Española, algunas de sus formas están vistas como "vulgares" o "incorrectas" y otras tantas como "no estándares" o "a evitar". Actualmente, al igual que el resto de variedades, está perdiendo peso debido a la uniformización del castellano.

Características antiguas propias Aunque muchos rasgos propios de estas variedades se han extrapolado a todo el castellano, especialmente en sus primeros años, había y sigue habiendo grandes rasgos que diferencian a los hablantes de Hegoalde del resto de los castellanoparlantes. Algunos de ellos pasaron a la historia, como:

confusión de los géneros masculino y femenino (debido a que en euskera no existe tal distinción). Por ejemplo: la mesa = el mesa; la casa = el casa; la puerta = el puerta; los coches = las coches; etc. inclusión del prefijo er- ante palabras que empiezan por r- (en euskera no hay palabras que empiecen directamente por r-): recortar → errecortar; repetir → errepetir; regar → erregar. Actualmente ocurre algo parecido con la partícula ar-. sustitución de -c- por la partícula euskerica -tz-. Por ejemplo: anunciación → anuntziatzion, concierto → kontzierto...

Características actuales propias Estas variedades tienen unas particularidades que le diferencian de cualquier otra variedad del castellano:

Omisión parcial del participio pasado La forma verbal del participio castellano proviene del participio latino, pero como se han perdido las formas presentes y futuras, solo queda el participio pasado. El participio siempre es pasivo en castellano y no tiene forma compuesta. En cuanto a la construcción, hay dos tipos de participio: los regulares y los irregulares. Los participios irregulares ven el lexema desfigurado y, al estar más cerca de las formas latinas, ocultan el morfema del participio. Estos, precisamente al ser irregulares, no afectan al lenguaje de Hegoalde. Por ejemplo, el participio del verbo ver es visto; el del verbo escribir, escrito, y el del verbo alabar, alabado.

En cuanto a los verbos regulares, forman el participio del siguiente modo: lexema + vocal inductora + vocal temática + morfema de participio + morfema de género + morfema de número. En el caso de los verbos de la primera conjugación, que constituyen el infinitivo en -ar (por ejemplo, amar, excavar), la vocal temática es "a", y el morfema participativo (en este caso, como las otras dos conjugaciones regulares) es "d". En consecuencia, la forma masculina singular de los participios de la primera conjugación se convierte en -ado, siendo -ados su forma plural. Son las dos formas que se omiten parcialmente en estas variedades del castellano, que al hablar -ado se convierte en -au y -ados en -aus, aunque nunca por escrito, siempre oralmente. Por el contrario, las formas del femenino no presentan esta alteración. Algunos ejemplos son: OraciónPronunciación estándarPronunciación de HegoaldeHe alquilado un coche.e alkilado un cochee alkil un cocheParece que han sido dejados ahí.parece ke an sido dejados aiparece ke an sido dej ai¿Has comido algo hoy?as komido algo oyas komido algo oyLo que hemos vivido hoy es único.lo ke emos vivido oy es unicolo ke emos bibido oy es unico Aunque pueda parecer que ocurre en otros dialectos del castellano, especialmente en el andaluz o algunos latinoamericanos, no es así. En estos casos, el morfema de participio "d" se evita totalmente, aunque el morfema de género "o" permanece intacto. En este caso, alquilado diría "alkilao" ("alkilau" en Hegoalde) y dejados "dejaos" ("dejaus" en Hegoalde).

Uso de pues La conjunción pues (en euskera: ba) es muy utilizada, sobre todo en el lenguaje oral. Debido a la continua relación entre el euskera y el castellano, tras la conquista del Reino de Navarra en 1522, tanto la palabra ba como la versión castellana pues (proviene del romance navarro) aparecen en ambas lenguas y se utilizan indistintamente en euskera y en estas variedades. La otra gran diferencia que separa al resto de castellanoparlantes de los de Hegoalde es el uso que se da a esta palabra. Se utiliza de tal manera que aparece en la mayoría de las oraciones de una conversación informal. A medida que el discurso se vuelve más formal o escrito, el número se reduce, aunque se pueden seguir percibiendo. Algunos ejemplos son:

¿Has comprado el pan? Pues no. (empleado como conector) No puedes pasar por aquí. ¿Pues? (sustituye a cómo o por qué y puede expresar sorpresa) Háblale tú, pues lo conoces más que yo. (indica causa, motivo o razón) ¿Cómo que no viene? Pues eso, lo dicho. (indica la certeza de un juicio formulado anteriormente) Lo que digo es, pues eso, que no se puede vivir así. (valor iliativo: función fática, indica que el canal sigue abierto mientras se busca la forma de continuar con la secuencia) Repito, pues, que hace lo que debe. (valor continuativo: da continuidad al discurso, incluso al inicio de una conversación)

Además, hay muchas otras denotaciones y connotaciones que varían mucho según el tono, la parte de la frase y el contexto en que se coloque.

Pretérito del indicativo A diferencia de la mayoría de los dialectos castellanos, cada tiempo verbal del pretérito tiene un uso. En Hegoalde se utilizan los cinco tiempos verbales: pretérito imperfecto (hablaba), pretérito indefinido (hablé), pretérito perfecto (he hablado), pretérito pluscuamperfecto (había hablado) y pretérito anterior (hube hablado). Tienen los siguientes usos: PretéritoUsoEjemploPerfectoAcciones realizadas hace poco tiempo (límite general: el mismo día)Esta mañana me he levantado fatal.ImperfectoAcciones habituales en el pasado, pero ya noAntes me levantaba fatal.IndefinidoAcciones realizadas hace mucho tiempo (límite general: de ayer hacia atrás)Ayer me levanté fatal.PluscuamperfectoAcciones realizadas antes de otra acción en pretérito imperfectoPensaba que me había levantado fatal.AnteriorEste pasado está limitado a textos literarios. Si no, se utiliza el pretérito pluscuamperfectoAcciones realizadas antes de otra acción en pretérito indefinidoPensé que me hube levantado fatal.

Imperfecto del subjuntivo y condicional