La teoría de las relaciones internacionales intenta proveer de un modelo conceptual sobre el cual sean analizadas las relaciones internacionales, sus implicaciones y la forma en que se estudia y entiende la participación de los actores y su influencia en el sistema internacional. Cada teoría ayuda a comprender el nacimiento de las relaciones internacionales como área disciplinaria independiente dentro de la ciencia política, y sus profundos cambios y reflexiones hasta la actualidad. Cada una de ellas es reductiva y esencialista en diferentes grados, basándose respectivamente en diferentes conjuntos de suposiciones. Las teorías de las Relaciones Internacionales actúan como un par de anteojos de color, permitiéndole al observador ver solo los eventos relevantes a cada teoría. Un adherente del realismo puede pasar por alto completamente un evento que un constructivista defina como crucial, y viceversa.

El número y carácter de los supuestos hechos por una teoría determina, asimismo, su utilidad. El realismo, teoría parsimoniosa y esencialista, es útil al revisar acciones históricas (por ejemplo: por qué X invadió a Y), pero limitada tanto en explicar cambios sistémicos (como el fin de la Guerra Fría). El liberalismo, por su parte, examina un número muy amplio de condiciones, y es bastante perspicaz para analizar eventos pasados. Ninguna de estas teorías es para predecir eventos futuros, ya que al presuponerse "científicas" asumen la idea de que la ciencia explica el presente y los comportamientos, no predice el futuro. Para eso está la prospectiva, que también suele usarse en la ciencia de las relaciones internacionales

Debates teóricos Las teorías de las Relaciones Internacionales pueden ser catalogadas en debates teóricos, en los cuales distintas visiones sobre la disciplina se enfrentan, presentando formas de pensar en conflicto, aunque no excluyentes. Algunas de estas teorías son el constructivismo, el institucionalismo, el marxismo, el neogramscianismo, entre otras. Sin embargo, dos escuelas positivistas son las más prevalentes: el realismo y el liberalismo; aunque creciente, el constructivismo se está convirtiendo en una corriente de importancia,Reus-Smit, Christian. "Constructivism." Theories of International Relations, ed. Scott Burchill... [et al], páginas 209, 216. Palgrave, 2005. así como las teorías postpositivistas se están haciendo más populares, particularmente fuera de los Estados Unidos.

Antecedentes La visión idealista de las Relaciones Internacionales ha estado presente desde la Grecia Antigua. Homero habla de la época de los aqueos, donde había pequeños reinos por toda la Hélade. En la Odisea, cuenta lo que hicieron todos estos reinos aqueos en la Guerra de Troya, llegando a establecer que es posible unirse ante la agresión de un sujeto, y que la cooperación es posible, en función de intereses o amenazas comunes.

La visión realista es opuesta a la idealista. Tucídides explica esta postura en su obra "Historia de la Guerra del Peloponeso", en donde Atenas y Esparta se enfrentaron en lo que es el primer sistema internacional bipolar de la historia: el resto de las polis griegas se alinearon con una de ellas, a través de Ligas (la Liga de Delos y la Liga del Peloponeso). Tucídides concluye que el ser humano es egoísta por naturaleza y tiende a la guerra. Los Estados acumulan poder para lograr su fin principal: imponerse sobre los demás para sobrevivir. Por lo tanto, la cooperación no sería posible por intereses que no fuesen los propios.

Ambas visiones se desarrollan con el tiempo. Hugo Grocio dice que existe una "Humanidad" (el hombre ligado entre sí) y que las personas son sujetos de derecho, por lo que la ley debe protegerlas. En torno a esta reflexión se reimpulsa el idealismo. Por otro lado Immanuel Kant escribe en su ensayo “La Paz Perpetua” de 1795 que la guerra no es posible entre dos repúblicas, pues cuando las cosas son públicas, es decir, cuando los ciudadanos son quienes disponen, la tendencia natural es no acudir a la guerra, pues racionalmente esta trae más costos que beneficios.Kant, Immanuel. La Paz Perpetua (Zum ewigen Frieden) Debe haber un espacio de discusión entre estados, con reglas claras, en las cuales resolver las diferencias. Paralelamente resurge el realismo con exponentes como Nicolás Maquiavelo, quien contextualizado en la lucha entre reinos y la coyuntura de la formación del Estado Moderno visualiza los conflictos entre las nacientes naciones por imponerse. Por su parte, Hobbes afirmaba que la comunidad políticamente organizada no es natural en el hombre. Si no existiera organización política ("estado de naturaleza"), el hombre tiene plenos derechos, se gobierna a sí mismo, y hay igualdad entre todos. La forma "natural" de relacionarse es, entonces, la guerra (originada por el conflicto de intereses), ya que no hay nadie por sobre el individuo, el cual es juez y legislador sobre sus actos. No necesariamente prevalece el más fuerte, lo que ejemplifica con David y Goliat. Tras eso, el hombre razona la necesidad de contar con un gobierno superior y se pone de acuerdo con los demás (idea del contrato social) para conformar un Estado Leviatán que hace que las personas le entreguen todos sus derechos a esta figura, impidiéndose la guerra de todos contra todos. Pero como no existe un único estado, las relaciones internacionales se dan en un estado de naturaleza, por lo que se producen conflictos. Hobbes, Thomas. Leviathan (texto completo en inglés)

Primer debate: realismo y liberalismo

La escuela liberal surge en el período de entreguerras. El sistema internacional creado tras el Congreso de Viena (1815-1914) hizo que las tensiones entre países se derivara hacia la guerra. En 1815 había un sistema multipolar: Inglaterra, Francia, Prusia, Rusia y Austria eran las potencias regentes. Durante el , se formaron dos alianzas: la Triple Alianza y el Triple Entente, por lo que el orden internacional se bipolariza. Los conflictos bélicos en 1870 (Guerra franco-prusiana), 1914 (Primera Guerra Mundial) y 1939 (Segunda Guerra Mundial) tuvieron como base este ordenamiento que se conformó en Europa. Después de la Primera Guerra Mundial, el idealismo se concreta en las ideas del Presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, compiladas en sus “Catorce Puntos” expuestas en Versalles, entre las cuales se encontraban la renuncia a la guerra, la autodeterminación nacional, la instauración de un orden internacional multilateral y la creación de la Sociedad de Naciones.

El debate resulta de la contraposición con la escuela realista, que insiste en que la defensa del interés nacional es la conducta natural de los estados; y los liberales, quienes rechazan la descripción clásica de política internacional de la inevitabilidad de la guerra, pues sus consecuencias son inaceptables. Pero, conjugado el fracaso de la Liga de las Naciones, la incapacidad de detener el poder nazi mediante la "política de apaciguamiento" y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, el liberalismo acabó en el descrédito.

Segundo debate: científicos y tradicionalistas La visión científica se consolida entre los años 1950 y 1960, época en donde se impone el método científico y el conductismo. Aplicando a las Relaciones Internacionales el hecho de que los científicos evitan nociones generales, esto se traduce en el afán en esta disciplina por sustentar empíricamente las hipótesis, usar frecuencias estadísticas y el anticipo de conductas. Más operacionalmente, el énfasis es poder definir quienes toman decisiones en nombre del Estado. Los tradicionalistas, por su parte, emiten afirmaciones generales y confían en el juicio bien informado como final del análisis. Para ellos, la complejidad de la vida internacional impide centrar el análisis en variables aisladas, sino que hay que tener en cuenta el contexto. Se necesita captar aspectos cualitativos de situaciones claves, pues hay poco acceso a la información y se produce un salto intuitivo entre evidencia y conclusión.

Aunque el enfoque científico impera, hay ciertas prevenciones tradicionalistas que también son incorporadas en el estudio de las Relaciones Internacionales. Ambas visiones se complementan; el énfasis se desplaza desde el estudio de las instituciones hacia las conductas específicas, pero existe un problema al ser el Estado mismo una institución. La participación ciudadana es filtrada por instituciones y círculos dirigentes, importándole a los ciudadanos, asimismo, las tradiciones y el sentimiento nacional.

Enfoques sistémicos De Relaciones Internacionales concebidas como interacciones entre unidades independientes y soberanas, sin pautas previsibles, se pasa a una visión determinada por las tendencias y estructuras propias de un sistema, pues el Estado deja de ser el único protagonista de las Relaciones Internacionales. Surgen así:

Teorías sistémicas, que abarcan holísticamente el sistema internacional en la formulación de premisas, pudiendo éstas ser de naturaleza: Determinista: los componentes del sistema internacional son inalterables, concretos o reales. Heurística: teorías analíticas, que relacionan distintos rasgos para explicar eventos y tendencias.

Teorías de alcance medio, que estudian solo elementos parciales de un sistema: Teoría de las decisiones: ponen en duda principios convencionales del Estado (protagonismo, racionalidad, coherencia, y unidad en la consecución de sus objetivos). El objeto de estudio pasan a ser los grupos, agencias e individuos que toman decisiones en nombre del Estado. Teoría del conflicto: distingue el fenómeno universal del conflicto, los nombres genéricos atribuido a situaciones distintas, el conflicto social en general, el conflicto internacional, el conflicto entre estados, y las guerras civiles con proyección internacional. Teoría de la integración: proceso sobre el cual los actores de diversos sistemas nacionales trasladan sus lealtades, expectativas, y actividades hacia un nuevo centro, que pasa a poseer jurisdicción sobre los Estados nacionales preexistentes. Esta teoría trata de averiguar cómo se forman dichas lealtades, debiéndole mucho al funcionalismo.

Estructuralismo

El estructuralismo rechaza el concepto de la libertad humana, y prefiere enfocarse en las maneras en que el comportamiento humano es determinado por varias estructuras. El marxismo estructuralista, primeramente asociado con la obra del filósofo francés Louis Althusser, tuvo importante influencia hacia finales de los años 1960 en el pensamiento teórico político. Según esta visión existe una sociedad dividida en burgueses y proletarios, los cuales deben transferir la plusvalía generada por su trabajo. Ambos poseen estrategias universales, por lo que existe lucha de clases. La explotación de los trabajadores produce empobrecimiento, lo que limita la inversión en los países ricos, promoviendo éxodo de capitales a otras áreas. La imagen que brinda el estructuralismo es, en buena medida, la del marxismo clásico, es decir, que el capitalismo es solo un instrumento de dominación de los más poderosos hacia los más pobres. Las relaciones que se hallen entre los diferentes actores se definen bajo el esquema de centro-periferia. Destaca el concepto de dependencia de los países pobres en relación con los más ricos mediante la fijación de precios, las políticas de ayudas, los mecanismos de inversión, el dominio político-militar, entre otros. Asimismo, el estructuralismo centra su estudio en el subdesarrollo, es decir, porqué los países más pobres no podrían alcanzar el nivel de los países con mayor desarrollo.

Teoría de la dependencia