La incursión de Novi Sad, también conocida como masacre de Novi Sad, masacre de Újvidék, incursión de Bačka del Sur o simplemente La incursión (Рација/Racija), fue una operación militar llevada a cabo por el Ejército Real Húngaro (Királyi Honvédség) durante la Segunda Guerra Mundial tras la ocupación de territorios de Yugoslavia por parte de Hungría, lo que provocó la muerte de entre 3000 y 4000 civiles al sur de la región de Bačka.
Las autoridades ocupacionistas empezaron a asaltar ciudades y aldeas en Bačka del Sur el 4 de enero de 1942, aparentemente como medio para reprimir a los partisanos yugoslavos, si bien los registros históricos muestran que el gobierno de Hungría intentó incrementar su posición geopolítica con el fin de equipararse a la Alemania nazi. La primera ciudad en ser objeto de una incursión fue Čurug, seguida de Gospođinci, Titel, Temerin, Đurđevo y Žabalj. Las víctimas eran aparentemente detenidas de forma aleatoria mientras realizaban sus actividades diarias. El 20 de enero, la ciudad de Novi Sad fue rodeada y sometida a toque de queda, siendo las líneas telefónicas cortadas. En los días siguientes, las autoridades ocupacionistas procedieron al arresto de supuestos sospechosos; para cuando terminó la incursión, más de 1000 residentes habían sido asesinados (la mayoría de las víctimas de Novi Sad así como de la región en general eran serbios y judíos, aunque también hubo un gran número de víctimas húngaras). Concretamente, en Novi Sad las víctimas fueron obligadas a marchar a pie a lo largo del Danubio, en aquel entonces congelado, solo para que estas pereciesen en cuanto la capa de hielo fuese destrozada por los bombardeos procedentes de la orilla. Por su parte, otros fueron empujados a huecos en la capa de hielo, provocando su muerte por hipotermia, mientras que otros eran disparados en plena calle.
El gobierno de Hungría y los medios condenaron la masacre y solicitaron una investigación inmediata. En 1943, Hungría condujo un juicio masivo contra los sospechosos de haber organizado la incursión, dictando sentencia de muerte contra cuatro de ellos, quienes huyeron a Alemania. Tras la guerra, la República Popular de Hungría y la República Federativa Socialista de Yugoslavia condenaron y ejecutaron a varios organizadores (los últimos procedimientos judiciales llevados a cabo en relación con los hechos tuvieron lugar en 2011, cuando Sándor Képíró fue juzgado y absuelto del asesinato de más de 30 civiles en Novi Sad).
La matanza ha sido objeto de ficción en literatura y cine tanto en Serbia como en Hungría, existiendo actualmente tensión entre ambos países a causa de este acontecimiento. En junio de 2013, el presidente de Hungría János Áder pidió disculpas formalmente por los crímenes de guerra cometidos por el ejército húngaro contra civiles serbios durante la guerra.
Contexto thumb|right|300px|Mapa de las áreas de Yugoslavia ocupadas y anexionadas a Hungría; Bačka figura en verde. Alemania, Italia y Hungría invadieron Yugoslavia el 6 de abril de 1941 en respuesta al golpe de Estado que depuso al regente del país, el príncipe Pablo de Yugoslavia, y aceleró el ascenso al trono de su sobrino, aún menor de edad, Pedro II. En menos de dos semanas, el país fue invadido, ocupado y dividido entre sus vecinos; la zona que actualmente conforma la provincia de Vojvodina, al norte de Serbia, fue fragmentada entre Alemania, Hungría y una de las potencias del Eje, el Estado títere conocido como Estado Independiente de Croacia (Nezavisna Država Hrvatska; NDH), establecido poco después de la invasión. Los alemanes asumieron el control directo de Banato, región convertida en un distrito autónomo del territorio serbio ocupado por los nazis principalmente para satisfacer las demandas del considerable número de alemanes en Yugoslavia (Volksdeutsche). Los croatas ocuparon Sirmia y la incorporaron al NDH, deteniéndose justo antes de llegar a Belgrado.
Los húngaros ocuparon Bačka, la cual había formado parte de Hungría hasta el Tratado de Trianón en 1920, cuando fue incorporada al recién creado Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (posterior Yugoslavia), si bien un gran número de húngaros y alemanes habían permanecido en la zona tras la cesión del territorio. La parte de Bačka ocupada por los húngaros consistía en parte de Banovina del Danubio, que anteriormente limitaba con la frontera húngaro-yugoslava al norte, con el Danubio al sur y al oeste, y con el Tisza al oeste (el área total de Bačka ocupada por Hungría era de 8558 km²).
Las autoridades ocupacionistas tomaron la decisión de «reequilibrar» la composición étnica de Bačka mientras la incursión aún estaba en marcha; a los pocos días, varias casas serbias y judías fueron asaltadas y saqueadas. Por su parte, el 14 de abril de 1941 aproximadamente 500 serbios y judíos fueron asesinados de acuerdo, al parecer, con listas previamente elaboradas en las que figuraban las personas que debían morir. Pronto se aprobó una legislación la cual establecía que todos los que no fuesen húngaros o alemanes y se hubiesen mudado a la zona después de 1918 debían ser deportados (entre 1918 y 1924, cerca de 45 000 húngaros habían sido deportados a Hungría desde los territorios transferidos al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, mientras que 10 000 colonos militares sudeslavos, principalmente serbios, se establecieron en la región). Los ocupacionistas húngaros expulsaron a entre 25 000 y 60 000 serbios de Bačka, tanto colonos del período de entreguerras como habitantes establecidos antes de la Segunda Guerra Mundial, internándolos en campos de concentración antes de deportarlos al territorio de Serbia ocupado por los alemanes. La intención original de los húngaros era expulsar a un total de 150 000 civiles, lo que contó con la oposición del comando alemán de Belgrado, no llevándose finalmente a cabo este plan (más de 15 000 colonos húngaros se establecerían con posterioridad en la zona y ocuparían las casas de los serbios que habían sido expulsados).
En los territorios ocupados se procedió a instaurar una política de «magiarización sistemática», en virtud de la cual los «elementos menos deseables» de la población, como los serbios, los croatas y los judíos, fueron discriminados en materias de comunicación y educación; tanto el húngaro como el alemán fueron las únicas lenguas permitidas en casi la totalidad de las escuelas secundarias, mientras que los libros, periódicos y publicaciones en idioma serbocroata fueron virtualmente prohibidos. Pese a ello, la mayoría de los serbios y croatas que llevaban viviendo en los territorios ocupados por Hungría antes de 1918 conservaron sus derechos de ciudadanía como húngaros, a la vez que algunos empleados públicos no húngaros de nivel inferior pudieron conservar sus puestos de trabajo. El 14 de diciembre de 1941, Bačka y otros territorios yugoslavos ocupados, considerados por los húngaros como los «territorios recuperados del sur», fueron anexionados de manera oficial e incorporados formalmente a Hungría.
Preludio Resistencia inicial Una resistencia armada a pequeña escala estalló en Bačka en la segunda mitad de 1941, reaccionando el ejército húngaro con severas medidas de represión, entre ellas, la ejecución en el mes de septiembre de más de 300 prisioneros. Miles de serbios y judíos fueron retenidos en campos de concentración establecidos en Ada, Bačka Topola, Begeč, Odžaci, Bečej, Subotica y Novi Sad, así como en Pécs y Baja, en poder de los húngaros. El movimiento de la resistencia partisana dirigido por el comunista Josip Broz Tito nunca llegó a ser fuerte en Bačka debido a que el terreno llano de la región no se prestaba para la guerra de guerrillas y a causa también de que los sudeslavos, de quienes los partisanos extrajeron a la mayoría de sus reclutas, solo constituían un tercio de la población de la zona. Para finales de 1941, los partisanos de Bačka habían sido ampliamente derrotados al igual que su comité regional. Los chetniks, guerrilleros nacionalistas serbios que buscaban reinstaurar la monarquía en Yugoslavia, ofrecieron resistencia esporádica durante la invasión, permaneciendo inactivos la mayor parte de la ocupación y manteniendo únicamente actividades encubiertas.
Antes de la guerra, en Bačka vivían alrededor de 15 000 judíos, lo que constituía más de un quinto de la población judía yugoslava antes del conflicto. Sumado a esto, más del 90% de los judíos residentes en los territorios ocupados por Hungría eran oriundos de la región. El gobierno húngaro había aprobado leyes antisemitas en 1939 y, al estallar la guerra, las mismas fueron aplicadas en las zonas ocupadas y anexionadas. Tras la violencia inicial, no se cometieron más masacres de judíos en Bačka el resto del año 1941, aunque la comunidad judía fue objeto de una secuencia de medidas discriminatorias, como la confiscación de propiedades, la detención arbitraria y el trabajo forzado.
Escalada Para comienzos de 1942, el ejército húngaro estimó que no había más de 110 partisanos operando en toda Vojvodina, si bien en realidad eran aproximadamente 40. El 4 de enero, varias docenas de partisanos procedentes del destacamento de Šajkaška fueron hallados ocultos en una granja próxima a Žabalj; confrontados por la milicia húngara, diez soldados y siete partisanos resultaron muertos tras una escaramuza, siendo los partisanos restantes arrestados y deportados a las zonas de Serbia ocupadas por los alemanes. El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la República de Hungría se aprovechó del incidente, empleándolo como pretexto para lanzar ataques a través de la región con el fin de disuadir a los no húngaros de unirse a la resistencia.
El 5 de enero, Ferenc Szombathelyi, jefe del Estado Mayor húngaro, ordenó incursiones punitivas contra los partisanos de Bačka; dicha orden coincidió con la visita del Ministro de Asuntos Exteriores alemán Joachim von Ribbentrop a Budapest el 6 de enero. Varios días después, el Generalfeldmarschall Wilhelm Keitel, jefe del Alto Mando de la Wehrmacht, llegó a Budapest y solicitó que la totalidad del ejército húngaro se desplazase al Frente Oriental. El primer ministro húngaro Ladislao Bárdossy se negó a ello, y con el fin de justificar su decisión trató de demostrar que se necesitaban desesperadamente tropas húngaras en los territorios ocupados. El Estado Mayor húngaro requirió que las autoridades ocupacionistas aportasen pruebas de una revuelta inminente a gran escala en Bačka. Los líderes húngaros se sintieron motivados a ofrecer una dura respuesta posiblemente para demostrar que eran lo bastante fuertes como para hacer frente a la resistencia serbia y a la «subversión» judía, lo que convenció a Alemania de que Hungría era competente para controlar Banato, la cual había sido parte del país antes de la Primera Guerra Mundial. De acuerdo con el erudito en el Holocausto Mark Levene, la incursión «tal vez había sido pensada como una señal de temor de Budapest que el dominio húngaro sobre los no húngaros en los Balcanes [...] sería tan brutal como esas [...] otras potencias ocupacionistas, o [...] como había sido previamente en la Serbia ocupada por los húngaros durante la Gran Guerra». En consecuencia, se orquestaron más ataques de guerrillas por parte de las autoridades ocupacionistas con el fin de ampliar el tamaño de la resistencia partisana; se distribuyeron vendajes a los gendarmes y estos fueron instruidos para llevarlos en la cabeza y simular de este modo los efectos de las heridas (estos eventos fueron organizados principalmente para el consumo público).
Masacre Inicio