Moa es uno de los 14 municipios que conforman la provincia de Holguín, Cuba, cuya capital municipal es la ciudad homónima. Se ubica en el extremo oriental de la provincia, limitando al norte con el océano Atlántico. Su territorio es predominantemente montañoso, formando parte del macizo Nipe-Sagua-Baracoa y del Parque nacional Alejandro de Humboldt, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Moa es el principal centro de la minería y la industria del níquel en Cuba, con yacimientos de minerales lateríticos ricos en hierro, níquel, cobalto y otros elementos, que sostienen una industria metalúrgica con producción anual superior a 65 000 toneladas.
El municipio es relativamente joven y se desarrolló demográfica y económicamente a partir de la década de 1970 con la construcción de las fábricas de níquel y cobalto, lo que atrajo población calificada de distintas regiones del país y del extranjero. Además, combina su vocación industrial con una riqueza natural y paisajística destacada, donde se encuentran alturas como el pico El Toldo, de 1 170 metros, y zonas rurales dedicadas al cultivo del café, la silvicultura y la minería.
Toponimia El topónimo Moa presenta diversos significados en distintas lenguas y contextos culturales. En algunos casos se asocia al nombre de un ave prehistórica o a la muela de un molino, y existen otros lugares en el mundo que comparten esta denominación. No obstante, en el caso del territorio cubano, se considera que el nombre ya era utilizado por los aborígenes antes de la llegada de los europeos.
Diversos autores sostienen que Moa proviene de una voz de origen arahuaco. Según algunas interpretaciones, el término significaría “lugar de las aguas”, mientras que otras lecturas le atribuyen los sentidos de “lugar desolado” o “sitio de los muertos”. Cristóbal Colón hizo referencia a esta región en su diario de navegación, a partir de la descripción del área durante su primer viaje, aunque sin precisar el origen del nombre.
thumb|192x192px|Foto satelital del territorio|izquierdaNumerosos estudiosos de la historia local vinculan el nombre del municipio con la presencia de culturas aborígenes, fundamentalmente la aruaca, también conocida como taína. La ubicación geográfica del territorio, situada entre importantes núcleos de la cultura indocubana como Baracoa, Mayarí y Banes, ha llevado a considerar que la zona pudo haber estado poblada por comunidades indígenas antes de la conquista europea, de las cuales habría heredado su denominación.
Los aruacos o taínos poblaron la isla de Cuba tras desplazarse desde Sudamérica a través del arco de las Antillas, valiéndose de sus conocimientos de navegación. En la lengua que hablaban, el sonido “m” se asocia al agua y “oa” funciona como un sufijo de localización, de lo que se ha deducido, a partir de interpretaciones atribuidas a los estudios de fray Ramón Pané, que Moa podría significar “agua aquí” en lengua aruaca.
Gentilicio El gentilicio de los oriundos de este municipio es moense, forma empleada de manera habitual en el uso lingüístico y recogida en fuentes lexicográficas del español. Asimismo, y en su condición de residentes de la provincia de Holguín, también puede emplearse el gentilicio holguinero u holguinera.
Ubicación El municipio de Moa se encuentra situado en el extremo nororiental de la provincia de Holguín, en la región oriental de Cuba. Limita al norte con el océano Atlántico, al oeste con los municipios de Frank País y Sagua de Tánamo, y al este y al sur con los municipios de Baracoa y Yateras. Océano AtlánticoOcéano AtlánticoOcéano AtlánticoFrank País; Sagua de Tánamo75x75pxBaracoa; Yateras (ambos en Guantánamo)YaterasYateras (Guantánamo)Baracoa; Yateras La cabecera municipal de Moa se localiza a aproximadamente 210 km por carretera de la ciudad de Holguín, capital de la provincia, y a cerca de 880 kilómetros de La Habana, capital del país.
Historia miniaturadeimagen|Parte de la ciudad de Moa
Inicios La primera referencia documentada sobre la región que hoy conforma la ciudad y el municipio de Moa data del 24 de noviembre de 1492, cuando Cristóbal Colón, durante su primer viaje, arribó con sus naves a la rada situada entre Cayo Moa Grande y la costa. Durante las aproximadamente cuarenta y ocho horas que permanecieron ancladas en la bahía de Moa, el almirante describió en su Libro de Bitácora la exuberancia del paisaje, la riqueza forestal, las corrientes fluviales y las elevaciones montañosas de la zona, además de mencionar la posible existencia de yacimientos minerales, de los cuales recogió algunas piedras brillantes que llevó consigo a España.
Colón denominó el actual puerto de Moa como Puerto de Santa Catalina y nombró a Cayo Moa como Isla Llana. No obstante, en sus escritos no hizo referencia a la presencia de poblaciones aborígenes en esta región, a diferencia de lo ocurrido en otros puntos cercanos, como el Mar de Nuestra Señora, correspondiente a la bahía de Sagua de Tánamo, y Porto Santo, actual Baracoa.
Resulta significativo que en las fuentes históricas conocidas no aparezcan referencias a asentamientos aborígenes en el territorio de Moa y que, asimismo, los trabajos arqueológicos realizados no hayan aportado evidencias de comunidades indígenas establecidas en la zona.
Tras este primer contacto europeo, no se conocen nuevas referencias sobre el territorio de Moa hasta finales del y comienzos del , cuando se establecieron en la región algunos palenques y grupos de rancheadores desembarcaron por sus costas con el objetivo de perseguir a esclavos cimarrones.
Existen evidencias de que, durante los primeros veinte años del , Moa fue una zona de tránsito habitual para los rancheadores que incursionaban por las montañas del sistema Nipe-Sagua-Baracoa en la persecución de cimarrones refugiados en lugares remotos, donde existieron palenques conocidos como El Frijol, To’Tenemos y Mujeres.
Tras la culminación de la guerra de los Diez Años, en la década de 1880, mineros españoles y posiblemente norteamericanos exploraron el área y estimaron que sus suelos contenían minerales de carácter ferroarcilloso, aunque sin llegar a determinar con precisión la magnitud de su riqueza mineral. Aun así, comenzó a manifestarse el interés de compañías estadounidenses, respaldado por estudios geológicos que señalaban la posible existencia de grandes reservas de hierro.
En los primeros años de la década de 1890, la compañía norteamericana Spanish American Irons Company realizó varias denuncias de cotos mineros en Moa con vistas a su futura explotación. El estallido de la guerra independentista de 1895 impidió la continuación de estas exploraciones y de otras investigaciones mineras en la región.
La guerra de independencia y el asentamiento poblacional Durante este período, las únicas comunidades existentes en el territorio eran Cañetes y Nibujón. Desde estas localidades se incorporaron combatientes a las fuerzas del coronel Félix Ruenes. En la zona de Cañetes se estableció una pequeña prefectura con una escuadra de retaguardia de dichas tropas, cuya función principal era la producción de sal para el abastecimiento del Ejército Libertador.
Por otra parte, en la zona de La Veguita, protegida por una escuadra mambisa al mando de un sargento, se creó en 1897 un campamento de tránsito para las tropas y correos procedentes de Baracoa y Sagua de Tánamo. Entre sus misiones figuraban la vigilancia de la costa y la alerta ante posibles desembarcos de tropas españolas. De igual forma, durante las marchas de las fuerzas mambisas por la franja costera del territorio moense existieron diversos puntos de observación destinados al control del tráfico marítimo español.
Las expediciones independentistas más cercanas a Moa durante la guerra de 1895 fueron la que arribó en agosto de ese año a la bahía de Taco Bay, bajo el mando del coronel Francisco Sánchez Hechavarría, con setenta y ocho hombres y más de trescientos fusiles, así como la expedición llegada a Maraví, cerca de Baracoa, el 24 de marzo de 1896, encabezada por el mayor general Calixto García Íñiguez.
Tras el fin de la contienda, varios soldados del Ejército Libertador que habían combatido en la zona recibieron o ocuparon parcelas de tierra en el territorio del actual municipio de Moa, donde se establecieron de manera permanente.
Las primeras familias de las que se tiene constancia que se asentaron en el área del actual casco urbano de Moa, a finales del y comienzos del , fueron las de Juan Sagú Montero, en la zona de La Playa; Gregorio Leyva y su hijo Joselillo, cuyo nombre identifica a uno de los barrios costeros, en Los Mangos; Aurelio de la Cruz, conocido como Luperón, en Centeno; y Teófila Montero, en Punta Gorda.
Etapa republicana y exploraciones económicas La localidad de Moa se considera fundada en 1883 y hasta 1963 constituyó un barrio perteneciente al término municipal de Baracoa. En 1938, el área donde hoy se levanta la ciudad era un sitio escasamente poblado, habitado por cuatro familias aisladas entre sí, sin infraestructura social y con una economía de subsistencia basada en la agricultura, la caza y la pesca. Para adquirir productos esenciales, sus habitantes debían trasladarse a Baracoa, Cananova o Cayo Mambí.
En 1908, la región conocida como Gran Tierra de Moa dejó de formar parte del barrio de Nibujón y pasó a integrarse como barrio del municipio de Baracoa. Al año siguiente, una parte significativa de ese territorio fue vendida por el Ayuntamiento baracoense por un valor de veintisiete mil pesos, a representantes de la Juraguá Irons Company. En esa época, las reservas minerales de Moa figuraban registradas a nombre de diversas compañías extranjeras, entre ellas la Spanish American Irons Company, Juraguá Irons Company, U.S. Steel Corporation y Bethlehem Steel.
Durante estos años se realizaron estudios con el objetivo de construir en Moa una planta similar a la existente en Felton para la producción de nódulos de hierro destinados a la exportación hacia Estados Unidos. Entre 1909 y 1930, numerosas compañías llevaron a cabo exploraciones, tomaron miles de muestras del suelo y enviaron muchas de ellas al extranjero en busca de hierro, cromo e incluso oro, aunque ninguna mina llegó a explotarse comercialmente en ese período.
En 1914, una compañía holandesa construyó un muelle frente a Cayo Moa y edificó en la actual zona de La Playa un inmueble de ladrillos y cemento destinado a oficinas, almacén y puesto de la Guardia Rural. Durante más de dos años, esta empresa se dedicó a la extracción y exportación de resina de pino proveniente de los bosques de la región. miniaturadeimagen|Cine Ciro Redondo (2008)
Surgimiento del núcleo urbano El año 1938 marcó un punto decisivo en el surgimiento de las comunidades de Moa, Punta Gorda y Cayo Guan. En ese contexto, tres ciudadanos ingleses procedentes de Jamaica concertaron con la Juraguá Irons Company, propietaria de los terrenos, un acuerdo para explotar los recursos forestales y construir un aserrío en Moa. Paralelamente, Gerardo Aulet obtuvo autorización de la misma compañía para explotar las minas de cromo de Cayo Guan y Cromita, con destino a la exportación hacia Estados Unidos. Ambos proyectos se iniciaron en 1938 y se materializaron en 1939.
El 7 de noviembre de 1939 se considera la fecha fundacional de la localidad de Moa, al coincidir con el inicio de las operaciones del aserrío, identificado como el primer centro laboral del territorio y punto fundacional de la ciudad. La actividad forestal propició el asentamiento de numerosas familias procedentes de otras zonas, atraídas por las oportunidades de empleo en la tala, transporte y procesamiento de la madera.