miniatura|El almirante Karl Dönitz (en primer plano, de espaldas) devolviendo el saludo nazi a oficiales de la Wehrmacht reunidos en Francia en 1941.|250x250px
El mito o leyenda de la Wehrmacht inocente —o limpia ()— es la teoría según la cual el cuerpo de las fuerzas armadas regulares alemanas, la Wehrmacht, habría sido, durante la Segunda Guerra Mundial, una institución apolítica como su predecesora, la Reichswehr de la República de Weimar, y, por tanto, estaría absuelta de los crímenes de guerra y de lesa humanidad, como el Holocausto, que se le atribuyeron en el transcurso de los Juicios de Núremberg. Promovida por algunos militares y escritores, y luego firmemente desacreditada, dicha hipótesis alternativa no solo niega o relativiza tales crímenes, sino que ensalza los éxitos militares de la Wehrmacht. El mito niega la responsabilidad del alto mando militar alemán en la planificación y preparación de las operaciones de exterminio, particularmente en la Unión Soviética, cuyos pobladores eran vistos por la doctrina nazi imperante como «subhumanos» gobernados por conspiradores y «bolcheviques judíos». Por su parte, la defensa pretendía trasladar la responsabilidad penal a los «soldados del partido» y, en especial, a las Schutzstaffel (SS), en ningún caso al ejército alemán en su totalidad.
Durante los juicios, celebrados entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946, el coronel general Franz Halder junto a otros oficiales de la desaparecida Wehrmacht firmaron el memorando de los generales titulado «El ejército alemán de 1920 a 1945», en el cual se presentaron algunos de los elementos clave de su argumentario. El documento exculpa a la Wehrmacht de eventuales crímenes de guerra, en un momento en el que los Aliados occidentales estaban cada vez más preocupados por la creciente Guerra Fría y querían que Alemania Occidental comenzara a rearmarse con el fin de contrarrestar la amenaza soviética.
En 1950, el canciller de Alemania Occidental Konrad Adenauer y algunos antiguos oficiales de la Wehrmacht se reunieron en secreto en la abadía de Himmerod para discutir el rearme de Alemania Occidental y acordaron los términos del memorando de Himmerod. Este memorando establecía las condiciones bajo las cuales Alemania Occidental podía rearmarse, como que los acusados por crímenes de guerra fueran liberados, que cesara la «difamación» del soldado alemán, y la opinión que se transformara la visión que el público extranjero tenía de la Wehrmacht. Tal era su creciente preocupación, que Dwight D. Eisenhower, que había calificado a la Wehrmacht como nazi, cambió súbitamente de opinión para facilitar un rearme o Wiederbewaffnung. Los británicos se mostraron reacios a continuar con los juicios y liberaron anticipadamente a los criminales de guerra alemanes ya condenados. En todo caso, la Wehrmacht fue desmantelada en 1945 por los Aliados, y Alemania no volvería a tener fuerzas armadas hasta 1955, cuando se creó en Alemania Occidental la Bundeswehr y, al año siguiente, en 1956, el Ejército Popular Nacional de Alemania Oriental.
miniaturadeimagen|250x250px|El 9 de septiembre de 1939 unos 300 prisioneros de guerra polacos fueron asesinados por soldados del 15.º Regimiento de Infantería Motorizada alemán en la masacre de Ciepielów (Polonia).
Mientras, Adenauer, hacía todo lo posible para atraer los votos de los veteranos de guerra mediante la promulgación de algunas leyes de amnistía, Halder comenzó a trabajar para la División Histórica del Ejército de EE. UU. Su función consistía en reunir y supervisar a los exoficiales de la Wehrmacht para crear una historia oficial, de varios volúmenes, del Frente Oriental. Supervisó los escritos de 700 exoficiales alemanes y difundió el mito a través de su red. Los oficiales y generales de la Wehrmacht escribieron memorias exculpatorias que distorsionaban el registro histórico. Estos escritos resultaron enormemente populares, especialmente las memorias de Heinz Guderian y Erich von Manstein, y difundieron aún más el mito entre el público en general.
El año 1995 resultó ser un punto de inflexión en torno a la cuestión del mito de la Wehrmacht inocente, para opinión pública alemana. La exposición de la Wehrmacht realizada por el Instituto de Investigación Social de Hamburgo, que mostró 1380 imágenes gráficas de las tropas «ordinarias» de la Wehrmacht cómplices de crímenes de guerra, provocó un acalorado debate público de larga duración y una revaluación del mito y terminó por desacreditarla entre la opinión pública. La responsabilidad de la Wehrmacht en la guerra de exterminio librada en el frente oriental, por la implementación del Kommissarbefehl, su apoyo a las masacres de judíos cometidas por los Einsatzgruppen y su radicalización en el frente occidental están hoy establecidas y ampliamente reconocidas. Hannes Heer escribió que los crímenes de guerra habían sido encubiertos por eruditos y ex soldados. El historiador alemán Wolfram Wette calificó el mito de la Wehrmacht inocente como un «perjurio colectivo». La generación de la época de la guerra mantuvo el mito con vigor y determinación. Habían suprimido información y manipulado la política gubernamental.
En 2020, en el 76.º aniversario del complot del 20 de julio para asesinar a Adolf Hitler en 1944, la ministra de Defensa alemana, Annegret Kramp-Karrenbauer, dijo: «El simple soldado de la Wehrmacht puede haber luchado con valentía, pero si su valentía sirvió a una ideología de conquista, ocupación y aniquilación, entonces fue en vano».
Significado
El término «Wehrmacht inocente» significa que los soldados, marineros y aviadores alemanes tenían «las manos limpias». No tenían las manos manchadas de sangre de los prisioneros de guerra, judíos o civiles asesinados. La Wehrmacht fueron las fuerzas armadas combinadas de la Alemania nazi desde 1935 hasta 1945. Consistía en el Ejército (Heer), la Armada (Kriegsmarine) y la Fuerza Aérea (Luftwaffe) y fue creada el 16 de marzo de 1935 mediante la aprobación de la Ley de Defensa de Adolf Hitler que introdujo el servicio militar obligatorio en las fuerzas armadas. La Wehrmacht incluía voluntarios y reclutas, en total unos dieciocho millones de soldados y oficiales sirvieron en sus filas. Aproximadamente la mitad de todos los ciudadanos varones alemanes realizó el servicio militar y combatieron en la Segunda Guerra Mundial.
El mito afirma que Hitler y el Partido Nazi fueron los únicos que diseñaron la guerra de aniquilación y que los únicos culpables de cometer crímenes de guerra fueron las Schutzstaffel (SS) y otras organizaciones análogas. En realidad, los líderes de la Wehrmacht participaron voluntariamente en la guerra de aniquilación de Hitler librada contra supuestos enemigos del estado. Las tropas regulares alemanas fueron cómplices o directamente perpetraron numerosos crímenes de guerra, apoyaron de forma habitual a las unidades de las SS en sus crímenes, con la aprobación tácita, en algunos casos incluso expresa, de los oficiales. Después de la guerra, el Gobierno de la Alemania Occidental buscó deliberadamente suprimir la información de tales crímenes para eximir de responsabilidad a los excriminales de guerra, acelerando la reintegración de estos individuos en la sociedad alemana.
Contexto
miniaturadeimagen|Churchill, Truman y Stalin en la Conferencia de Potsdam en julio de 1945|250x250px
Desnazificación y guerra fría
En los acuerdos que concluyeron la conferencia de Potsdam, el 2 de agosto de 1945, los Aliados planearon «además de la erradicación del nazismo y el militarismo en las instituciones alemanas y la vida pública, medidas para reconstruir la vida política sobre una base democrática y una cooperación pacífica en la vida internacional». Estos acuerdos fueron la base de la política aliada de desnazificación de la sociedad alemana. Dicho proceso, en su mayor parte se llevó a cabo entre 1945 y 1948 e incluyó un doble componente, represivo por un lado y constructivo por el otro. Los juicios de Núremberg, etapa inicial y simbólica de la desnazificación, no fue mal recibida por la población alemana. En su trabajo dedicado a la desnazificación, la historiadora francesa Marie-Bénédicte Vincent analiza el estado de ánimo de la población alemana, la cual por una ligera mayoría del 55% consideraba que tales juicios eran justos, y «que el tribunal aplicó la ley y no solo la justicia de los vencedores». Pese a la condena de los principales funcionarios del Tercer Reich, en representación de todos sus miembros, el juicio se interpretó como una forma de exoneración de responsabilidad a la población alemana en general, y a organizaciones como la Wehrmacht, que no fue tratada como delictiva.
Después de 1947, o a más tardar a principios de la década de 1950, la política de desnazificación terminó siendo cuestionada por la opinión pública alemana, la cual la consideró una «mezcla dañina de moralismo y justicia de los vencedores». Así, si en noviembre de 1945 la desnazificación fue juzgada como satisfactoria, por algo más del 50% de la población alemana, esta cifra cayó al 17% en mayo de 1949. En una encuesta de opinión realizada en agosto de 1947, el 35% de los encuestados consideró al nazismo como esencialmente malo, en tanto el 52% lo percibía como una buena idea mal implementada. En 1950, la guerra de Corea y la exacerbación de la Guerra Fría marcaron un nuevo punto de inflexión. En ese momento los estadounidenses sintieron la necesidad de reconstituir el ejército alemán para contrarrestar a las fuerzas armadas soviéticas. Por lo tanto, los políticos de Alemania Occidental y Estados Unidos comenzaron a considerar la reconstrucción de las fuerzas armadas en Alemania Occidental, lo que permitió confiar responsabilidades en el campo militar a exfuncionarios de la Wehrmacht. La desnazificación se detuvo, las amnistías se multiplicaron y la opinión pública alemana tendió a olvidar el pasado nazi y a minimizar el papel de los responsables de los crímenes del régimen nazi.
«Prisioneros de guerra» y «repatriados»
miniaturadeimagen|Sello postal de Alemania Occidental de 1953 «En memoria de nuestros prisioneros»|izquierda
Los primeros esfuerzos por indultar a los criminales de guerra nazis condenados, comenzaron ya en 1946 y 1947, con una participación significativa de las iglesias protestante y católica, esfuerzos que surgieron como consecuencia de cierto malestar nacional, más o menos velado, contra una supuesta justicia de los vencedores. La política de Bonn, apoyada e impulsada por algunos periodistas y por las viejas élites militares, económicas y burocráticas, presionaron por alcanzar una solución al problema de los crímenes de guerra, al momento del nacimiento de la República Federal de Alemania. Con la guerra de Corea y la programada integración de Alemania en el mundo occidental, el ejército alemán exigió la liberación de sus camaradas prisioneros durante las discusiones para el rearme del país, con una creciente confianza en sí mismos (Memorando Himmerod) a cambio de la contribución militar que se les pedía. La liberación de los «prisioneros de guerra» fue planteada como una cuestión de honor nacional, en consonancia con el estado de ánimo de los electores del Partido Democrático Libre y del Partido Alemán durante la campaña electoral. La lucha por su liberación dio lugar a nuevas oleadas de indultos por parte de los aliados occidentales, lo que contribuyó a que se ignoraran u olvidaran las injusticias del régimen nazi y su guerra de agresión.