La Guerra Fría Cultural Latinoamericana fue una extensa red de actos, prácticas y estrategias comunicativas que, en el terreno de la diplomacia cultural y las producciones culturales de masas en Latinoamérica, estuvieron sujetas a las tensiones entre el bloque socialista, el bloque capitalista y el bloque cubano. Esta formó parte de la Guerra Fría Latinoamericana, la cual se caracterizó por una paulatina escalada de las tensiones políticas y sociales internas y externas en los países de la región como parte de la Guerra Fría Global. Estas tensiones se vieron fortalecidas por sucesos como la Revolución Cubana o las dictaduras militares en países latinoamericanos durante las décadas de 1970 y 1980. La Guerra Fría Cultural en América Latina tuvo un gran efecto en el entorno intelectual latinoamericano de la segunda mitad del , incluyendo manifestaciones como las artes, las ciencias sociales y la llamada cultura de masas.Productos como películas, libros, obras de arte, investigaciones académicas, publicaciones periódicas, prensa, programas de radio y televisión fueron influenciadas por las discusiones e ideas planteadas durante la época. miniaturadeimagen|La Casa de las Américas fue una de las principales instituciones que participaron en la Guerra Fría Cultura Latinoamericana Cronológicamente, la Guerra Fría Cultural latinoamericana puede ser divida en tres etapas, aunque estas pueden variar de acuerdo a los contextos nacionales y locales. La primera de ellas, conocida como Guerra Fría Cultural temprana, va de 1949, con la formación de los primeros comités nacionales del Consejo Mundial de la Paz, hasta 1959, con el triunfo de la Revolución Cubana. Este periodo se caracterizó por la confrontación entre los grupos latinoamericanos asociados al Congreso por la Libertad de la Cultura y los sectores asociados tradicionalmente con el comunismo, muchos de ellos relacionados con el Consejo Mundial de la Paz.

Una segunda etapa, nombrada como la Revolución Cubana y la radicalización de las posturas, va de 1959, con la formación de las primeras instituciones culturales posrevolucionarias cubanas hasta 1971, con el encarcelamiento del poeta cubano Heberto Padilla. Esta se caracterizó por el protagonismo que la Revolución cubana tuvo sobre los artistas e intelectuales latinoamericanos, así como la revitalización de los organismos regionales del Congreso por la Libertad de la Cultura. Una última etapa, conocida como Guerra Fría Cultural tardía, se extiende desde 1971, hasta finales de la década de 1980 e inicios de la de 1990, con el regreso a la democracia en distintos países latinoamericanos. Se caracterizó por el decaimiento del protagonismo de la Revolución Cubana, la represión que gobiernos militares de la región realizaron en contra de sectores de la izquierda, y el tránsito a discusiones sobre el restablecimiento la democracia y la búsqueda de nuevos modelos políticos ante el colapso del bloque socialista.

Las tensiones de la Guerra Fría Cultural latinoamericana se debieron a diversas razones. Una de ellas fue la confrontación de visiones de modernidad entre los grupos participantes, lo que se manifestó la disputa de términos como libertad, democracia, paz, cultura, justicia, lucha, compromiso, revolución e intelectual. Otra causa fue la ubicación geográfica del continente americano y su importancia geopolítica para los participantes en el conflicto. A inicios de la Guerra Fría, los estadounidenses no consideraron a la región latinoamericana como un espacio de acción prioritario para frenar el avance comunista, debido a la hegemonía cultural que ejercían sobre el continente desde finales del . Sin embargo, ante las emergentes amenazas que representaron las posturas emanadas desde la Unión Soviética y Cuba, las cuales lograron un importante apoyo de intelectuales latinoamericanos, los estadounidenses se vieron en la necesidad de actuar, pero sin lograr una total hegemonía política y cultural sobre el continente. Un último motivo de las tensiones se debió a los conflictos culturales existentes entre los actores latinoamericanos, los cuales se potenciaron por el conflicto global. Problemas como la desigualdad social imperante en la región, el autoritarismo y la inestabilidad política que vivían diferentes países, y el reempoderamiento de las élites políticas y económicas tradicionales provocaron discusiones y conflictos intelectuales en la región que, se fortalecieron con las dinámicas globales de la Guerra Fría Cultural.

Este fenómeno, aunque tuvo un carácter global –pues trastocó las dinámicas culturales en Europa, Asia, América, África y Oceanía—, en el espacio latinoamericano tuvo actores y dinámicas propios. Organismos como Casa de las Américas, la Asociación Interamericana Pro Democracia y Libertad o el Instituto Latinoamericana de Relaciones Internacionales fueron actores exclusivos de la Guerra Fría Cultural latinoamericana. Estos organismos defendieron intereses propios, y en ocasiones rompieron con las dinámicas bipolares de la Guerra Fría. A su vez, elementos como el compromiso intelectual con la defensa de la Revolución Cubana, la promoción del escritor revolucionario o la construcción de totalitarismos latinoamericanos fueron rasgos distintivos del fenómeno en América Latina.

Orígenes y posiciones en torno a la Guerra Fría Cultural en América Latina El concepto de Guerra Fría Cultural tiene su origen en el trabajo de Christopher Lasch, particularmente en su artículo “The Cultural Cold War: a short History of the Congress for Cultural Freedom”. En este trabajo, aparecido en 1963, Lasch la define como la confrontación ideológico-cultural, posterior a la Segunda Guerra Mundial, entre el bloque capitalista –liderado por los Estados Unidos de América— y el bloque comunista –encabezado por la Unión Soviética—. La visión de Lasch resaltaba la disputa entre dos organismos que representaban los intereses de cada bloque ideológico: el Congreso por la Libertad de la Cultura del lado capitalismo, y el Consejo Mundial por la Paz del lado socialista.

Pero sería hasta 1999 cuando el término comenzaría a cobrar auge en el mundo académico, con la aparición del libro de Frances Stonor Saunders The cultural cold war. En este libro, el autor centró su atención en explicar la vinculación que existió entre el Congreso por la Libertad de la Cultura y la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés). Esta vinculación, señala Saunders, se dio a través del subsidio otorgado a actividades culturales por parte de distintos organismos vinculados al Congreso por la Libertad de la Cultura con fondos económicos provenientes de la CIA. Esta perspectiva ayudaría a consolidar el término Guerra Fría Cultural como una categoría aplicada para explicar la dimensión ideológica, cultural e intelectual de la Guerra Fría.

Desde esta perspectiva, la historiografía tradicionalmente ha caracterizado a la Guerra Fría Cultural como el choque ideológico y propagandístico entre el bloque capitalista y el comunista. Este conflicto se definió por la búsqueda por imponer los modelos de vida asociados a cada uno de los bloques ideológicos. Para ello se echó mano de distintos recursos, como las artes, las ciencias sociales, los medios de comunicación, las producciones de masas, entre otros. A su vez, se articularon iniciativas de carácter gubernamental y privado, en las cuales participaron diplomáticos, artistas, académicos, intelectuales, periodistas, escritores, etc.

Con el creciente uso de Guerra Fría Cultural en el entorno académico, este comenzó a ser aplicado para la región de América Latina. Desde mediados de la década del 2000 comenzaron a aparecer estudios que tenían como propósito analizar el impacto de la Guerra Fría Cultural en la Región. Pero sería hasta finales de la misma década que comenzó a utilizarse el término de Guerra Fría Cultural en América Latina. Autores como Olga Glondys, Marina Franco, Benedetta Calandra, y Patrick Iber, comenzaron a interpretar de diferente modo lo que se entendía por Guerra Fría Cultural en América Latina.  

Entre las formas en que ha sido definida la Guerra Fría Cultural en América Latina destaca aquella que apunta no solo a entender el conflicto como el choque ideológico y propagandístico entre el bloque socialista y el capitalista, sino que busca entender este proceso como un marco interpretativo, desde el cual grupos sociales regionales, nacionales y locales actuaban de acuerdo a sus lógicas e intereses. Este enfoque rompió con la interpretación de que los actores latinoamericanos solamente eran actores pasivos frente a las políticas de la diplomacia cultural emprendidas por los organismos del bloque capitalista y socialista.

Dentro de esta perspectiva es posible ubicar diversas dinámicas desarrolladas dentro de la Guerra Fría Cultural en América Latina, como la confrontación ideológica interna que vivieron los grupos de izquierda de la región, cuyas posturas estuvieron fuertemente mediadas por la retórica y símbolos asociados con los bloques capitalista y soviético, aun cuando poseían intereses y propósitos propios. A ello se suma la influencia que la Revolución Cubana tuvo, a partir de 1959, en el actuar de los intelectuales latinoamericanos y los discursos que articularon durante la época. Sin importar su procedencia ideológica –liberales, socialistas moderados, reformistas, trotskistas, nacionalistas, comunistas, etc.— o su postura política –ya fuesen de derecha o izquierda—, la Revolución Cubana vino a trastocar la forma en que los intelectuales se desempeñaban en la esfera pública latinoamericana.

Otro elemento interpretativo que destaca es la división entre alta cultura y cultura popular como foco de atención de la Guerra Fría Cultural latinoamericana. Por un lado, se encuentran la consideración de autores como Marina Franco, Benedetta Calandra o Germán Alburquerque, de que la alta cultura –las artes, las humanidades y las ciencias sociales— fue el terreno exclusivo de la Guerra Fría Cultural, es decir, el ámbito en donde las acciones de la diplomacia cultural tuvieron profundos efectos. Predominando la actuación de los intelectuales –artistas, académicos, científico—, esta posición sostiene que es posible encontrar las tensiones y dinámicas de la Guerra Fría en los debates y producciones realizados por ellos. Por otro lado, se encuentra la propuesta de Ximena Espeche y Laua Erlich, en la cual se concibe que para comprender la Guerra Fría Cultural en la región también es necesario voltear hacía las producciones culturales de masas. Con ello buscan superar la visión de que el proceso solo afectó a la alta cultura y entender cómo a través de la realización, consumo y recepción de películas, música, espectáculos, entre otras producciones, puede comprenderse la Guerra Fría.

La Guerra Fría Cultural: una breve caracterización global Algunos autores consideran que el conflicto entre el bloque socialista y el bloque capitalista puede rastrearse desde finales de la Primera Guerra Mundial, entre 1917 y 1918, con la emergencia del primer Estado socialista producto del triunfo de la Revolución de Octubre en Rusia. Esto provocó una reacción por parte de diversos Estados capitalistas, que temían una rápida expansión del comunismo a nivel global, y que llevó a aplicar diversas medidas tanto en política interna como externa. Esta interpretación ha sido ajustada a diversos contextos y espacios, como América Latina.