El convento de la Preciosísima Sangre de Cristo en Alicante () es un edificio religioso situado en pleno casco histórico alicantino, integrado hasta 2019 por monjas canónigas agustinas de clausura y actualmente vacío, y que fue construido inicialmente como Real Colegio de la Compañía de Jesús, donde los jesuitas residieron e impartieron enseñanza hasta su expulsión.
Historia Real Colegio de la Compañía de Jesús Fue una invitación del Consejo de la ciudad lo que trajo, en los comienzos del , a la Compañía de Jesús a establecerse en Alicante, y un jesuita alicantino, el padre Teófilo Berenguer, en 1613 facilitó su venida con su propia herencia familiar. En 1629 se hizo realidad alojándose a los padres Jesuitas en la casita que albergaba en la planta baja la desaparecida ermita de Nuestra Señora de la Esperanza en la actual calle Maldonado. En 1635 adquirieron la casa contigua por el lado oeste de la capilla y con las obras pertinentes construyeron una residencia; después fue la finca contigua al este de la ermita, cedida por el Consejo de la ciudad al objeto de abrir una escuela de enseñanza primaria. Además se dedicaban al cuidado de enfermos y de los presos, y en 1648 cuando la peste visitó Alicante estuvieron en primera línea de lucha contra la epidemia y de los siete miembros de la comunidad de jesuitas alicantina murieron tres. Con el paso del tiempo la comunidad reunió el dinero suficiente para comenzar en 1670 a construir una iglesia que colindaba con la medianera sur de la citada residencia, y que abrió su puerta principal por la actual calle de las Monjas, construcción que dirigió el sacerdote Bartolomé Pons. El altar mayor con una imagen de Jesús en la Cruz y la de Nuestra Señora de la Esperanza, en los muros del pequeño templo había altareses en hornacinas dedicados a los santos padres jesuitas Ignacio de Loyola fundador y Francisco Javier en el lateral derecho, según se entra, y el entonces beato Luis Gonzaga al lateral izquierdo. Tras el altar mayor una espaciosa sacristía.
mini|140px|Escudo de Armas de Felipe V
Alicante, aunque con gobernador por debajo del virrey de Valencia, era el puerto más importante del antiguo Reino de Valencia por lo que formaba parte de los escenarios bélicos en el mar Mediterráneo de la guerra de los Nueve Años. Durante la contienda la flota de Levante de Luis XIV de Francia, con el vicealmirante Victor-Marie d'Estrées al mando, bombardearon a Alicante previo chantaje económico a la ciudad. Fondearon el día 21 en la ensenada de Babel (ver polígono Babel) llamada también «Puerto Grillo» y al día siguiente, domingo, tras exigir rescate a la ciudad y obtener la negativa de sus autoridades con el gobernador Jaime Borrás a la cabeza, comenzaron los bombardeos por la tarde del sábado 22. Sumiendo a la ciudadanía en pánico, fueron saliendo mayormente del núcleo urbano en busca de resguardo familias, mujeres, menores, personas de edad avanzada y las religiosas. En la ciudad había soldados y voluntarios civiles y militares, los religiosos permanecieron desempeñando labores de auxilio y de combate, pues algunos habían sido soldados antes. El mediodía del lunes 23 de nuevo d'Estrées volvió a proponer el chantaje y ante la negativa por la tarde retomó el bombardeo hasta la tarde del martes 24 de julio. Después, las fuerzas de defensa de la ciudad lograron impedir el desembarco de mosqueteros franceses por «el Baver». Hubo tregua hasta el 28 al anochecer en que volvieron a bombardear la ciudad, eran ya más de 4.000 bombas sobre la ciudad y poco quedaba ya de ella. El domingo 29 al amanecer apareció en la bahía de Alicante, entrando por el cabo de la Huerta, una escuadra de la Armada española compuesta de 22 embarcaciones comandada por Íñigo de la Cruz Manrique de Lara que acudía en auxilio de la ciudad y los espantó. Quedaba arruinada prácticamente toda la ciudad medieval, de entre los antiguos edificios góticos de bella factura que desaparecieron destacamos el antiguo ayuntamiento -sobre sus ruinas se comenzaría a construir el actual- y la Bolsa de CaballerosEl Mundo: Las bombas en los muros que se hallaban en primera línea de fuego; el pequeño colegio de los Jesuitas no sufrió daños de consideración al amparo de éstos.
La muerte del rey Carlos II de España marcó el comienzo del pues, sin heredero directo al trono, se inició una guerra europea con repercusiones mundiales, la guerra de sucesión española. Consecuencia de ella, en 1706 la Armada del rey Jorge I de Gran Bretaña vino a la bahía de Alicante –que todavía se recuperaba del siglo pasado- y tras bombardear la ciudad, envió a su soldadesca a invadirla, sorprendiendo a sus defensores comandados por el exiliado irlandés mariscal Daniel O'Mahoney, con unas tropas holandesas por tierra de la alianza de La Haya. Tras capitular, los protestantes mataron, quemaron, destrozaron y saquearon a diestra y siniestra, incluido el dinero ahorrado por los Jesuitas para la construcción del nuevo colegio que iba a albergar también enseñanza secundaria. Hasta 1709, no fueron expulsados los británicos por un ejército combinado por tropas españolas y francesas a las órdenes del mariscal Claude François Bidal d'Asfeld. “El sitio de Alicante y la mina que hicieron las tropas hispano-francesas bajo el castillo” Víctor Echarri 2014 Revista Tiempos Modernos ISSN: 1699-7778 Tras el final de la guerra continuaron los Jesuitas con su labor educativa y con lo que fueron ahorrando junto con rentas y donaciones, entre las que destacó la del caballero alicantino Pedro Borgoñó, en el año 1724 justo antes de comenzar las obras del edificio los Jesuitas de Alicante, dados los citados acontecimientos durante la guerra de Sucesión, acordaron poner bajo la protección del monarca Felipe V de España el templo y el colegio por lo que a través del padre provincial de la “Corona de Aragón”, José Matías de Leris, se le hizo llegar al monarca tal petición. El rey Felipe V aceptó el patronazgo el 7 de agosto de 1724 mediante Real orden comunicada a la comunidad de jesuitas por el caballero alicantino Antonio Rotlá, quien en calidad de comisionado regio, tomó posesión del patronato del colegio durante una celebración organizada al efecto con la asistencia de las autoridades de la ciudad. Tras los festejos se dio comienzo “El arte barroco en Alicante (1691-1770). La ciudad de Alicante y las formas artísticas del Barroco” Dr J. Sáez Vidal (1985). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert ISBN: 9788450512847 a la construcción del edificio colegial, en cuyo diseño ornamental intervino Juan Bautista Borja –manteniendo la misma elegancia que le había proporcionado a la puerta trasera del ayuntamiento de Alicante“Historia de la ciudad de Alicante (vol. III) Edad Moderna” coordinado por dr Enrique Giménez López y Emilio La Parra López (1990) ed Patronato municipal Quinto Centenario de la ciudad de Alicante ISBN 84-404-8406-0-, con el acuerdo de poner el blasón real tanto en la puerta de acceso al colegio sobre el dintel del pórtico flanqueado por pilastras planas con pedestal y rocalla rococó, como en el altar mayor del templo. Las obras comenzaron en 1725 con sillares provenientes de la cantera de «San Julián» en la Sierra Grossa que trabajaba Fco Mingot, avanzaba rápido y en 1732 habían ejecutado casi la mitad del edificio, esto es la fachada oeste por fuera, totalmente plana y con amplias ventanas enmarcadas por molduras curvilíneas y cerradas por rejas, y la arquería interior del claustro del pabellón completo más la mitad de la fachada sur lo que suponía casi medio claustro pero a falta de levantar los pisos altos de los pabellones este, que únicamente albergó el templo, y un tercio del pabellón norte que habrían cerrado el claustro. Se levantó solamente una de las esquinas rematadas con falsa torre, aprovechando el desnivel de la parcela, terminada con una galería de arcos y rematada por tejado a tres aguas. Se pararon las obras pues había que generar fondos nuevamente y la iglesia de momento se quedaba en capilla. Desde la llegada del nuevo monarca Carlos III de España en 1759 procedente del Reino de las Dos Sicilias comenzaron los rumores en la corte de Madrid de su posición regalista, pero la hostilidad a la Compañía de Jesús no fue esperada en absoluto por los jesuitas “Manual de Historia de la Compañía de Jesús” dr Ricardo García Villoslada 1954 Ed Cía. Bibliográfica española ISBN 84-326-0146-0 y en el año 1767 se materializó cuando el 20 de marzo el rey Carlos III ordenó la expulsión de los jesuitas mediante real Pragmática Sanción que en Alicante fue ejecutada por el alcalde mayor Antonio Calderón, y corregidor en funciones, la madrugada del 3 de abril. La Corona se incautó de todos los bienes muebles e inmuebles de la Compañía, sus archivos pasaron al ayuntamiento y su biblioteca engrosó la del Seminario Diocesano de San Miguel (Orihuela). La condena alcanzaba su perpetuo extrañamiento de los dominios de España.
El rey Carlos III que conocía sobradamente el problema de los cautivos cristianos en tierras de la Berbería, en colaboración con los padres mercedarios y los trinitarios rescató a los cautivos genoveses procedentes del islote de Tabarka y tras un largo peregrinaje por la península, recalaron en Alicante el 19 de marzo de 1769, donde fueron provisionalmente hospedados en el antiguo Real Colegio de la Compañía de Jesús, entonces vacío, hasta su partida en abril de 1770 a la colonia que les habían construido en la rebautizada isla de Nueva Tabarca “Los Tabarquinos. Estudio etnológico de una comunidad en vías de extinción” dr J.L. González Arpide 1981 editado por el I.E.A. hoy Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert ISBN: 84-00-04717-6 y actualmente isla de Tabarca.
Convento de las monjas agustinas de la Sangre En paralelo se desarrolla la historia de las monjas canónigas agustinas que habitaban en el pequeño convento de la Preciosísima Sangre de Cristo situado en el lado opuesto de la manzana y misma calle de la pequeña iglesia de los jesuitas a la que nos hemos referido, mirando a la "Puerta Ferrisa" que iba siendo transformada en casa-palacio del marqués de Elche “Crónica de la muy ilustre noble y leal Ciudad de Alicante (1640)” dr V. Bendicho edición 1960 comentada y resumida por Francisco Figueras Pacheco para el I.E.A. hoy Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert entonces Bernardino de Cárdenas y Portugal. Comenzaron la comunidad Constanza Carroz, como priora, y Francisca Matheu y se establecieron en la antigua ermita de la Virgen de la Soledad en 1606. Entre otras labores prestaban asistencia a los reos de muerte, pues frente a la ermita estaba el lugar despoblado donde eran ajusticiados. Para su convento tomaron el nombre de la cofradía que había costeado su venida desde el monasterio de canónigas de San Cristóbal de Valencia,Monasterios de las Canonesas o Canónigas Regulares Agustinas en España en el tiempo en que Jerónimo Vallebrera y Pedro Ramiro del Espejo eran los cónsules de dicha cofradía. Al principio las religiosas fueron alojadas en una casita anexa junto al edificio de la ermita. Enseguida introdujeron mejoras hasta convertirlo en cenobio, gracias a donativos y a su propio trabajo educativo, puesto que admitieron educandas a partir de los 5 años de edad de entre las familias de nobles, generosos y caballeros del Alicante de la época -tal cual relata el Libro de la Fundación del convento de la Sangre-, como p. ej. las hermanas Alfonsa y Violante Ansaldo, Ana Canicia, Antonia, Silveria y Teodosia Pascual de Ibarra, Margarita Pérez de Sarrió (de esta última familia salieron varias religiosas que llegaron a ser prioras), Margarita Tredós, Catalina y Laudamia Rocafull, Jacinta Salafranca…