Peter Kingsley (1953) es un filósofo británico, autor de siete libros y numerosos artículos en el área de la filosofía antigua, incluyendo Ancient Philosophy, Mystery and Magic (Filosofía antigua, misterios y magia), In the Dark Places of Wisdom (En los oscuros lugares del saber), Reality (Realidad), A Story Waiting to Pierce You, Catafalque: Carl Jung and the End of Humanity (Catafalco. Carl Jung y el fin de la humanidad), A Book of Life y The Watching Words. Su obra trata en profundidad la labor filosófica y el contexto histórico de los presocráticos Parménides y Empédocles.

Biografía Peter Kingsley fue alumno del instituto Highgate School en el norte de Londres hasta el año 1971. Después de graduarse con honores en la Universidad de Lancaster, Inglaterra, en 1975, obtuvo un máster en Letras del Kings College de Cambridge, y más adelante el Doctorado en Filosofía por la Universidad de Londres. Ha trabajado conjuntamente con muchas de las más prominentes figuras en los campos de los estudios clásicos y de la antropología, de la filosofía y de los estudios religiosos, de civilizaciones antiguas y de la historia de lo curativo y de la ciencia. Receptor de numerosos premios académicos y Fellow del Warburg Institute en Londres, emigró con su mujer a Canadá en 1995 llegando a ser profesor honorario en la Universidad Simon Fraser, y más tarde, en el 2002, al trasladarse esta vez a Estados Unidos, en la Universidad de Nuevo México. En la actualidad reside en la ciudad de Asheville en Carolina del Norte.

Kingsley ha explicado en entrevistas que se le ha considerado erróneamente como a un especialista académico cuya trayectoria se desviaría de la objetividad investigativa para retomar una orientación personal en la temática de su obra. Sin embargo él mismo se ha declarado como un místico cuya experiencia espiritual ha servido de fondo a toda su carrera y no únicamente a su labor más reciente."Peter Kingsley and the Discomfort of Wisdom: An interview by Jeff Munnis,” Black Zinnias vol.1 (Winter 2003/Spring 2004) 20–26.

Temas principales La tesis de la obra de Kingsley sostiene que la labor de los filósofos presocráticos Parménides y Empédocles, por tradición considerada únicamente como racional y científica, sería en efecto la expresión de una tradición mística griega responsable de impulsar el nacimiento de la filosofía y civilización occidentales. Según Kingsley, esta tradición consistiría en un modo de vida centrado en la experiencia directa de la realidad y el reconocimiento de la divinidad personal. Asimismo subraya que el misticismo de esta tradición no era "de otro mundo", ya que las figuras principales eran juristas, diplomáticos, médicos, e incluso militares. Los textos de esta tradición forman entre sí un perfecto entretejido que el pensamiento posterior desglosará en áreas tan dispares como el misticismo, la ciencia, la curación y el arte.Kingsley, P. (1999). In the Dark Places of Wisdom. Inverness, CA: Golden Sufi Center Publishing.Kingsley, P. (2003). Reality. Inverness, CA: Golden Sufi Center Publishing.

Parménides, reconocido como "padre de la lógica" y tradicionalmente considerado como un racionalista, era un sacerdote consagrado al culto de Apolo y un iatromantis, o profeta curandero. Empédocles, cuyo modelo cosmológico introduciría en la ciencia y la filosofía occidentales la idea fundamental de los cuatro elementos, era un místico y un mago.Kingsley, P. (1995). Ancient Philosophy, Mystery and Magic. Empedocles and Pythagorean Tradition. Oxford, UK: Oxford University Press. Kingsley interpreta los poemas de Parménides y Empédocles como textos esotéricos iniciáticos, cuyo objetivo sería conducir al lector hacia una experiencia directa de la unicidad de la realidad y hacia la realización de la divinidad personal. Cabría remarcar que una consecuencia importante de esta interpretación es que la lógica y la ciencia occidentales tenían a su origen un propósito profundamente espiritual.

La exégesis de la filosofía griega antigua que propone Kingsley, y la de Parménides y Empédocles en particular, está en desacuerdo con la gran mayoría de las interpretaciones reconocidas. En su argumentación Kingsley sostiene que filósofos antiguos posteriores, como Platón, Aristóteles y Teofrasto entre otros, malinterpretaron y distorsionaron la obra de sus predecesores; y como consecuencia, cualquier interpretación convencional que acepte sin crítica la falsa representación de los presocráticos ha de ser por necesidad deficiente. La metodología de Kingsley consiste en interpretar los textos presocráticos en un contexto histórico y geográfico, prestando particular atención a las raíces italianas y sicilianas de Parménides y Empédocles. Asimismo, los poemas de Parménides y Empédocles son interpretados como textos esotéricos y místicos—lo cual presenta una perspectiva hermenéutica que según Kingsley, no solo se ve indicada por la evidencia histórica y contextual, sino que también ofrece la única manera de resolver varios de los problemas de interpretación y crítica textual. En su labor más reciente, Kingsley argumenta que los textos esotéricos cuyo propósito es el narrar o inducir experiencias místicas no pueden ser propiamente entendidos desde una "perspectiva exterior"; si es que ha de existir, su comprensión debe partir de la experiencia personal propia del lector.

Parménides y Empédocles thumb|Parménides. thumb|Empédocles. Kingsley revela a Parménides y Empédocles como los representantes de una tradición mística que llegará a impulsar el nacimiento de la filosofía y civilización occidentales, una tradición a la que todavía se podría acceder hoy. Kingsley sostiene que esta tradición conlleva una importancia fundamental y ofrece algo esencial, tanto al mundo de la filosofía académica como al de la cultura general contemporánea de Occidente.Kingsley, P. (2010). A Story Waiting to Pierce You: Mongolia, Tibet and the Destiny of the Western World. Inverness, CA: Golden Sufi Center Publishing. Aunque Parménides y Empédocles son considerados por tradición filósofos antagonistas, Kingsley argumenta que tras las apariencias más evidentes y superficiales los dos hombres estarían en efecto profundamente unidos por el vínculo de una esencia compartida en esta tradición — y cuya expresión pone en evidencia el lazo íntimo que existe entre sus respectivos entendimientos de la realidad, el cuerpo y los sentidos, el lenguaje, la muerte y la conciencia divina.

Parménides y Empédocles están vinculados, entre otras cosas, por un misticismo que se podría calificar de heterodoxo en relación con el cuerpo y los sentidos. La cosmología de Empédocles, una cosmología nacida de la experiencia mística y dirigida hacia esta, ejerce una profunda influencia en los peculiares aspectos de la trayectoria espiritual que propone. Empédocles describe un ciclo cósmico que consiste en la unión y separación de cuatro "raíces", o elementos, divinos: tierra, aithêr o aire, fuego y agua. En la cosmología de Empédocles el poder divino del Amor (a veces llamado simplemente Afrodita) reúne a los elementos en uno solo, mientras que el poder divino del Odio los separa. Se puede deducir así que para Empédocles no existe nada en el universo que no sea divino. En consecuencia, no habría nada que “dejar atrás” según se avanza en el camino espiritual. Su misticismo no se aproximaría así a la idea habitual de un ascetismo que niega los sentidos y los disocia del cuerpo. Mientras diversas variantes del misticismo rechazarían y renunciarían a la supuesta vulgaridad de la materia y de los sentidos en favor de un algo más noble o más sublime, en su lugar Empédocles enseña que el empleo consciente de los sentidos sería en efecto el camino para poder llegar a reconocer la divinidad de todas las cosas —incluyendo la divinidad personal. Asimismo, Kingsley sostiene que las palabras empleadas por Parménides en el prólogo de su poema, y las imágenes que estas evocan, describirían en efecto el descenso al averno del iniciado, indicando así que existían ciertos antecedentes místicos en conexión con una antigua práctica de curación y meditación conocida como la incubación.

Mucho más que una simple técnica clínica, se decía de la incubación que esta permitía al ser humano experimentar un cuarto estado de conciencia, más allá del estado durmiente, de sueño y de vigilia habitual: un estado descrito por Kingsley como "la conciencia misma" y que se asemeja al turiya o samadhi de la tradición yoga de la India. Para sostener su tesis sobre el prólogo del poema, Kingsley se sirve de la evidencia arqueológica hallada en los yacimientos de Velia (o Elea), ciudad natal de Parménides al sur de Italia. Evidencia que, según Kingsley, demuestra que Parménides era un sacerdote de Apolo y que por lo tanto acostumbraría a utilizar técnicas de incubación cuyo objetivo serían la curación, la profecía y la meditación. Kingsley indica que la evidencia arqueológica se ajusta correctamente a un contexto de incubación ya de por sí eludido por el propio prólogo del poema, y que aquel quedaría así confirmado. Según la interpretación que hace Kingsley de esta tradición mística, el descenso al averno estaría íntimamente vinculado con la experiencia consciente del cuerpo — tratándose este en realidad de un descenso consciente al fondo y a la oscuridad de la sensación propia del cuerpo físico. Por consiguiente, y a diferencia de otras tradiciones místicas cuyo objetivo consiste en "trascender" el estado físico y encarnado, tanto Empédocles como Parménides hallan la divinidad en el interior y a través del cuerpo y los sentidos.

La profunda afinidad que existe entre las enseñanzas de Parménides y Empédocles se puede asimismo evidenciar en la parte central, o lógica, del poema de Parménides, el llamado "Fragmento Ocho" o "El Camino a la Verdad". Kingsley indica que la lógica de Parménides tiene como objetivo demostrar que la realidad es en efecto, inmutable, íntegra, innata e inmortal — una descripción que se asemeja considerablemente a la descripción de la realidad absoluta propuesta por varias tradiciones místicas, a saber Advaita Vedanta, Zen y Dzogchen. Varios factores apuntarían a la conclusión de que este fragmento no presenta simplemente una postura monista material o metafísica: los motivos iniciáticos que se encuentran en el prólogo del poema, el carácter hímnico del marco y del lenguaje del "Fragmento Ocho", la diosa anónima que pronuncia el texto, y la figura histórica de Parménides como sacerdote consagrado al culto de Apolo. Según la interpretación de Kingsley, Parménides afirma que la "realidad última" no se encontraría en un plano ultra celeste, sino que sería simplemente la realidad del mundo que nos rodea. El ser humano vive, en efecto, en un mundo innato e inmortal, un mundo de unicidad, integridad e inmutabilidad — pero un mundo del que no le es posible percatarse porque la percepción mortal es en sí misma dualística. Por consiguiente, en el universo de Parménides, así como en el cosmos de Empédocles, todo es divino — y lo que es más importante, lo divino no se encuentra en "otra parte", sino aquí y ahora.

El lenguaje juega asimismo un papel crucial en las enseñanzas de Parménides y Empédocles, y se encontrarán ahí también profundas semejanzas entre ambos filósofos. En su elenchos, o demostración oral, la diosa anónima de Parménides imita repetidamente el carácter dualístico de los humanos, responsable de la percepción incorrecta de la realidad, y caricaturiza a los mortales "bicéfalos" a los que se dirige, haciendo uso de la lógica divina para revelar la unidad. La "realidad" del "Fragmento Ocho" es en efecto claramente paradójica, reflejando la aparente dualidad y contradicción de la realidad indivisa. El ingenioso empleo del lenguaje, el humor y la paradoja para socavar lo que la diosa llama la "opinión de los mortales" y así establecer la realidad, demuestra la importancia fundamental de la palabra en las enseñanzas de Parménides.