Las Barricadas (Barikādes en letón) fueron una serie de confrontaciones entre Letonia y la Unión Soviética que tuvo lugar en enero de 1991. La mayor parte tuvo lugar en Riga. El nombre de dicho evento proviene del esfuerzo popular a la hora de levantar obstáculos durante el tiempo que duró el conflicto.

Un año atrás Lituania declaró la independencia del territorio soviético, por lo que estos últimos intentaron recuperar el control del territorio a la fuerza. Tras los ataques de la OMON en la capital letona, el Gobierno hizo un llamamiento a la población para que levantase barricadas con la que proteger posibles objetivos. Acto seguido se procedieron a crear parapetos en varias localidades como Ulbroka, Kuldīga y Liepāja.

En total fallecieron seis personas, de los cuales cuatro fueron civiles, en consecuencia de las acciones soviéticas. La mayoría falleció el 20 de enero en el ataque al Ministerio del Interior, mientras que otro perdió la vida al reforzar una barricada. Por otra parte, se desconoce la cifra exacta de fallecidos entre el bando soviético.

Alrededor de 32.000 personas obtuvieron una medalla conmemorativa por su participación o apoyo durante los eventos de las Barricadas.

Trasfondo thumb|right|200px|Imagen de 2013 de los periodistas que estuvieron presentes en los sucesos de las barricadas Durante la II Guerra Mundial, la república báltica fue anexionada por la Unión Soviética junto con los otros dos estados vecinos. En 1985 Mijaíl Gorbachov introdujo políticas aperturistas (el Glasnost y la Perestroika) con la esperanza de reactivar la economía nacional. Dichas reformas supusieron un alivio respecto a las libertades políticas. Sin embargo, se producirían problemas dentro de la Unión Soviética respecto a las olas criminales en el país tiempo atrás y que fueron silenciadas y denegadas por el Gobierno, razón por la que tanto secretismo produjo desafección entre la opinión pública. A esto se le añade la guerra en Afganistán y el desastre de Chernóbil. Otra consecuencia no deseada para las autoridades por el Glasnost fue los fuertes sentimientos nacionalistas reprimidos y que concluyeron con la posterior disolución de la Unión Soviética.

En Letonia las manifestaciones partidarias de la independencia no se hicieron esperar. El 18 de marzo de 1990 se celebraron las elecciones del Soviet Supremo regional con el resultado favorable para la coalición de la Facción del Frente Popular Letón, formado por el Frente Popular, los Verdes y el Movimiento por la Independencia Nacional. En cuanto a los partidos prosoviéticos pasaron a formar parte de la oposición.

Dos meses después, el Sóviet Supremo pasó a ser conocido como el Consejo Supremo de la República de Letonia, lugar desde el que se declaró la restauración de la independencia dando comienzo a la secesión de la Unión Soviética. Sin embargo, el estado soviético no reconoció al nuevo estado al considerarlo contrario a las constituciones republicanas. En consecuencia, aumentaron las tensiones entre ambos países. Es entonces cuando surgieron movimientos partidarios del antiguo régimen como Interfronte, el Partido Comunista de la RSS de Letonia y el Comité Ciudadano de Rescate.

Amenazas de intervención soviética Las fuerzas prosoviéticas intentaron provocar actos violentos en todo el territorio con tal de derrocar al Gobierno. Durante el mes de diciembre de 1990 se produjeron una serie de atentados con bomba, cuatro de las cuales fueron reconocidas por el Mariscal soviético Dmitriy Yazov. Por otra parte, la medios de comunicación afines al antiguo régimen responsabilizaron a los nacionalistas letones.

Tanto las autoridades soviéticas como los grupos prosoviéticos amenazaron con aplicar un estado de emergencia que concedería autoridad ilimitada al Presidente Gorbachov y a las fuerzas militares con el objetivo de "imponer el orden" en las repúblicas bálticas. Al mismo tiempo, las tropas junto con las unidades del OMON y la KGB cruzaron la frontera con Letonia. El 23 de diciembre de 1990 se produjo un combate en Jūrmala. Se rumoreó entonces que se estaría produciendo un golpe de Estado con el fin de instaurar una dictadura, tal como reconoció el ministro de Exteriores soviético Eduard Shevardnadze tres días antes cuando presentó su dimisión.

El 11 de diciembre el Frente Popular publicó una declaración en la que se llamaba a la calma ante lo que pudiese suceder en las próximas horas. También comunicó algunas recomendaciones sobre cómo proceder en caso de que el poder cayese en manos de los soviéticos, por ejemplo seguir apoyando la independencia y atraer la atención de la comunidad internacional, unirse a las unidades de voluntarios y tratar de razonar con la población rusa de Letonia y explicarles que las ideas del Frente Popular don similares a la de los demócratas del país vecino. Aparte, hicieron un llamamiento para proteger la economía y garantizar el derecho a la información.

En caso de que finalmente fuese instaurado el control ruso, se sugirió iniciar una campaña de desobediencia civil en la que se ignorase las órdenes y leyes del [posible] nuevo régimen. También se boicotearían las elecciones y demás referendums que pudiesen tener lugar e intentar desestabilizar la economía con huelgas con el objetivo de paralizar la producción tal como se hizo en el pasado durante la época soviética. Además se pedía ayudar a los movimientos independentistas a continuar su trabajo clandestino e intentar introducirse en las instituciones soviéticas a la par de denunciar cualquier crimen que pudiesen cometer las autoridades durante el estado de emergencia.

Cronología Primeros ataques El 2 de enero de 1991 la OMON tomó la Preses Nams, la imprenta nacional; y atacaron a varios agentes de la policía criminal que estaban documentando los sucesos. El Consejo Supremo organizó un pleno en el que informaron del incidente y definieron el ataque de ilegal. Posteriormente algunos de los presentes en la Casa de la Prensa fueron liberados.

El Frente Popular organizó protestas frente a la sede del LKP, acusados de perpetuar el asalto. A pesar de la interrupción de las actividades en la imprenta, se permitió la impresión de medios de prensa escrita prosoviéticos. Dos días después asaltaron la central telefónica en Vecmīlgrāvis y se especuló con que habían cortado las líneas. Posteriormente asaltaron el Ministerio de Asuntos Interiores, sin embargo no se llegó a interrumpir la línea telefónica por temor a que pudiesen atacar el conmutador de llamadas internacionales. Al contrario de lo que declaraban los oficiales de la OMON, Boris Pugo y Gorbachov negaron haber sido informados del ataque, sin embargo las fuerzas militares continuaron su marcha y el mismo día una unidad de inteligencia llegó a la capital.

El 7 de enero, Gorbachov y Dmitri Yázov mandaron unidades de comando a varias repúblicas soviéticas aparte de la de Letonia.

El 11 de enero tuvo lugar el Consejo del Distrito Militar Báltico, los cuales acordaron armar a los oficiales y cadetes soviéticos con armas de artillería. En cuanto a las calles de Riga, se pudieron observar tropas y vehículos blindados. También se llevaron a cabo varias manifestaciones tanto de partidarios como de las autoridades soviéticas. Por ejemplo, Interfronte consiguió reunir a 50.000 manifestantes para exigir la dimisión del Gobierno.

Levantamiento de las barricadas thumb|right|200px|Barricada en la calle Jēkaba. Justo detrás se encuentra el Parlamento Dos días antes de empezar las hostilidades, las fuerzas militares soviéticas invadieron Lituania.

El 12 de enero, el Frente Popular declaró que se iban a organizar manifestaciones a nivel internacional en apoyo al legítimo gobierno electo, y llamó a defender los objetivos estratégicos. A pesar de la operación inminente, el Presidium Supremo Soviético de la RSFS de Rusia pidió al Gobierno soviético la retirada de las fuerzas militares de las tres repúblicas bálticas. Aun así, Gorbachov se comprometió con el Gobierno letón a que "no recurrirían a la fuerza". Sin embargo, aquella misma noche las fuerzas soviéticas asaltaron la Torre de Televisión de Vilna con un resultado final de trece fallecidos, por lo que se hizo un llamamiento a la población para preparar las defensas. Aquella acción fue vista por los tres estados como un ataque a sus propias soberanías.

A las 04:45 (hora local) del 13 de enero el Frente Popular emitió un comunicado a través de la radio en la que pedía a la población que se reuniese en la plaza de la Catedral. A las 12:00 se celebró la sesión de defensa en el Consejo y a las 14:00, en el momento de empezar la manifestación, habían reunidas 700.000 personas. En aquel mismo momento, helicópteros soviéticos sobrevolaron la zona y lanzaron octavillas de advertencia. Tras la manifestación, tuvo lugar otra sesión en la que se pidió a los miembros del Parlamento que permaneciesen en sus escaños hasta altas horas de la noche. Por la tarde se hizo un llamamiento a los soldados soviéticos para que se negasen a seguir las órdenes de sus superiores ante la creciente preocupación por la población civil. Ya de noche y siguiendo las órdenes gubernamentales, varios camiones y maquinaria agrícola y de construcción llegaron a Riga cargados de troncos con los que construir barricadas. En cuanto a los vehículos en cuestión fueron aparcados en varios puntos de la ciudad para bloquear las calles. Por otra parte, los manifestantes fueron llegando a lo largo del día desde todos los rincones del país. Las barricadas fueron percibidas como un acto de resistencia no violenta de gente preparada para hacer de escudo humano, sin embargo, hubo quienes armas de toda clase, incluido varios cócteles molotov que fueron finalmente confiscados por razones de seguridad. La milicia letona estuvo armada con subfusiles y armas de fuego corta.

Posteriormente el Gobierno sería criticado por no proveer de armas a la población. Tras el asalto del OMON al Ministerio del Interior, quedó demostrado que disponían de un considerable arsenal.

Los camiones fueron cargados con material de construcción y con escombros de demoliciones aparte de otros materiales. También se usaron bloques de hormigón, paredes y alambradas. El levantamiento de las barricadas duró tres horas y se colocaron en puntos estratégicos como los edificios cercanos al Consejo Supremo (casco antiguo, cerca de la Catedral de Santiago), del Consejo de Ministros (zona centro, cerca de la Catedral de la Natividad), Televisión Letona (Zakusala) y Radio Letona (catedral de Riga), Telefónica (Zona Centro), Radio Ulbroka y los puentes. También se fortificaron otros puntos del país.

Otro de los objetivos fue la de grabar los eventos venideros, no solo por motivos históricos o personales, sino para demostrar al mundo lo que estaba sucediendo. Alrededor de trescientos periodistas extranjeros llegaron a Riga con el beneplácito del Gobierno, el cual se comprometió a ofrecerles toda la información al momento.

La mayor parte de los objetivos estratégicos eran de vital importancia para el intercambio de información, razón por la cual en caso de ataque soviético, las fuerzas letonas podrían defender las posiciones el tiempo suficiente para informar a la comunidad internacional. Por ejemplo, era esencial mantener conexiones con el extranjero (incluido la Unión Soviética). Durante aquel tiempo también funcionó la señal radiofónica y televisiva desde donde se mantenía informada a la población en todo momento.