La dinastía sargónida la compusieron los soberanos que rigieron durante la última etapa del Imperio Neoasirio en calidad de reyes de Asiria durante poco más de un siglo, desde el advenimiento de Sargón II en el 722 a. C. hasta el desmoronamiento del poder de Asiria en el 609 a. C. Gobernaron el país tanto durante su apogeo como durante su caída; a tres de sus miembros (los que sucedieron a Sargón II en el trono: Senaquerib [705-681 a. C.], Asarhaddón [681-669 a. C.] y Asurbanipal [669-631 a. C.]) se los considera generalmente los monarcas más grandes de Asiria. La dinastía la formaron siete reyes asirios, dos vasallos de Babilonia y numerosos príncipes y princesas, pero en ocasiones el término «sargónida» se emplea únicamente para designar a Senaquerib, Asarhaddón y Ashurbanipal.
Aunque solamente unos cuantos reyes formaron la dinastía, durante sus reinados el imperio creció notablemente hasta abarcar todo el Antiguo Oriente Próximo, el Mediterráneo oriental, Anatolia, el Cáucaso y parte de la península árabiga y África septentrional, y subyugó a Estados rivales como Babilonia, Elam, Persia, Urartu, Lidia, Israel, Judá, Fenicia, Caldea, Canaán, el Imperio Kusita y Egipto y pueblos como los medos, los frigios, los cimerios o los árabes; en conjunto, los adversarios de Asiria fueron conquistados o sometidos a vasallaje.
Los sargónidas también gobernaron intermitentemente Babilonia tras la reconquista de la ciudad por Sargón II en el 710 a. C., aunque en otras ocasiones prefirieron entregar la administración de la región a reyes vasallos. Babilonia les resultó difícil de controlar, y tanto la ciudad como la región de la Mesopotamia meridional se rebelaron repetidamente contra ellos, pese a los intentos que hicieron por contentar a los babilonios. La última de estas rebeliones, la de Nabopolasar del 626 a. C., triunfó y le permitió a este fundar un nuevo Estado independiente, el Imperio neobabilónico, que en dos décadas acabó con el Imperio neoasirio y con la dinastía sargónida. Los babilonios se coligaron con los medos, que eran también émulos de los asirios, y aunque la guerra entre estos y la liga medo-babilónica al principio no tuvo un vencedor claro, la caída de Níneve y la muerte del rey Sin-shar-ishkun en el 612 a. C. supusieron una catástrofe para el Imperio asirio de la que no se recuperó. El sucesor de Sin-shar-ishkun, Ashur-uballit II reunió los restos del ejército en la ciudad de Harrán, que los enemigos acabaron por arrebatarle en el 610-609 a. C.; fue vencido al intentar recobrarla en el 609 a. C., y esta derrota marcó el fin tanto de la dinastía sargónida como de los dos miles de historia de Asiria como ente político independiente.
Antecedentes alt=|izquierda|miniaturadeimagen|El rey Tiglatpileser III (745-727 a. C.), al que se cree padre de Sargón II, representado en un relieve. Los reinados de Tiglatpileser III (745-727 a. C.) y Salmanasar V (727-722 a. C.) precedieron al establecimiento de la dinastía sargónida. Antes había reinado en Asiria la dinastía adasí, durante casi un milenio, desde el siglo a. C. Tiglatpileser afirmaba ser hijo del rey Adad-nirari III (811-783 a. C.) y por ello miembro del linaje adasí, pero se duda de que esto fuese cierto; se hizo con el trono asirio durante una guerra civil e hizo asesinar a toda la familia real, incluidos el rey y su posible sobrino Ashur-nirari V. La afirmación de Tiglatpileser de pertenecer al linaje de la anterior dinastía solamente aparece en las listas de reyes, pero no en las inscripciones del rey, que no mencionan su ascendencia, a diferencia de lo que era normal en las inscripciones de los soberanos asirios; las inscripciones sí hacen hincapié en que fue escogido para reinar por el mismísimo Ashur, dios de Asiria.
Asiria dejó de ser un reino fundamentalmente mesopotámico y se transformó en imperio multinacional y multicultural en tiempos de la dinastía sargónida, pero las bases de esta mudanza se establecieron en el reinado de Tiglatpileser mediante grandes reformas civiles y militares. Por añadidura, Tiglatpileser emprendió una serie de conquistas: subyugó los reinos de Babilonia y Urartu y se apoderó de la costa mediterránea levantina. Las reformas militares que puso en marcha, como la sustitución del reclutamiento general por unidades reclutadas por provincias, hicieron del ejército asirio uno de los mejores de la Historia hasta entonces.
La incapacidad del hijo y sucesor de Tiglatpileser, Salmanasar V, en asuntos militares y administrativos y quizá también los onerosos impuestos que impuso hicieron que el nuevo rey se granjease mala reputación. Apenas reinó cinco años; se cree que fue depuesto y asesinado en un golpe palaciego por el fundador de la dinastía sargónida, Sargón II. Nuevamente este aparece como hijo de Tiglatpileser III en las listas de reyes como forma de vincularse a los monarcas anteriores, pero tal afirmación está ausente en sus propias inscripciones que, como en el caso de Tiglatpileser, aseveran que el rey fue escogido y entronizado personalmente por Ashur. El advenimiento de Sargón II coincidió con el estallido de numerosas rebeliones y quizá adoptó el nombre de Sargón (Šarru-kin en acadio, que se puede traducir por «rey legítimo») para afianzar su autoridad. Alusiones tardías, de la década de 670 a. C., ya en tiempos del nieto de Sargón II Asarhaddón, a la posibilidad de que descendientes de la antigua familia real tratasen de hacerse con el trono indican que es posible que la nueva dinastía no tuviese verdaderamente lazos con la que la precedió.
Reyes de la dinastía sargónida
Sargón II (722-705 a. C.) miniaturadeimagen|Bajorrelieve de alabastro del palacio real de Sargón II en Dur Sharrukin, en el que aparece el rey. El Imperio neoasirio atravesó un período de inestabilidad tras el advenimiento de Sargón II. El nuevo rey hubo de afrontar numerosas revueltas y concluir las campañas militares que había emprendido su predecesor en el trono, Salmanasar V. Remató victoriosamente la campaña a la que Salmanasar había dedicado tres años contra el Reino de Israel conquistando Samaria, la capital, y deportando a treinta mil de sus habitantes a diversos puntos del imperio. Hubo revueltas en el centro del imperio (a las que hacen referencia indirecta las inscripciones del rey cuando hablan de los «asirios culpables»), pero las principales fueron las que se desataron en la periferia del imperio. Se sublevaron varios reinos anteriormente independientes en el Levante, como Damasco, Hama y Arpad, pero fueron aplastados en 720 a. C.; no sucedió lo mismo con la que encabezó el nuevo rey de Babilonia en el sur, Marduk-apal-iddina II: este venció al ejército de Sargón enviado contra él y restableció la independencia babilonia.
Sargón II acometió varias campañas de conquista tras haber aplastado las principales rebeliones y haberse afianzado en el trono. Emulando a su antiguo tocayo Sargón I de Acad (de quien el rey asirio probablemente tomó el nombre), pretendió conquistar todo el mundo conocido para esta civilización. Conquistó el reino de Carquemís en el 717 a. C., Estado militarmente débil pero opulento, y que por entonces se conocía como el sucesor del antiguo Imperio hitita; la conquista mejoró considerablemente la situación del erario asirio. Atacó Urartu, vecino del norte, en 714 a. C., evitando las fortificaciones enemigas de la frontera mediante una marcha por las montañas del moderno Kermanshah iraní. La estratagema agotó a la tropa que, sin embargo, siguió al rey y a la guardia cuando cargaron contra el ejército enemigo; la maniobra fue temeraria, pero acabó con la derrota de todo el ejército de Urartu. El cansancio del ejército hizo que Sargón II no prosiguiese la conquista del reino vencido, aunque sí llegó a ocupar y saquear su principal ciudad santa, Musasir.
De 713 a. C. hasta el final de su reinado se construyó una ciudad nueva, Dur Sharrukin («la fortaleza de Sargón»), a la que el rey pretendía trasladar la capital; las obras no llegaron a terminarse, pero Sargón se instaló en el nuevo palacio de la ciudad en el 706 a. C. Marchó a reconquistar Babilonia en el 710 a. C. En vez de atacar desde del norte, como había hecho en la anterior campaña que había fracasado hacía una década, Sargón siguió por la orilla oriental del Tigris y luego asaltó Babilonia desde el sureste. Marduk-apla-iddina huyó y fue derrotado luego, lo que permitió que Sargón fuese coronado rey de Babilonia. La última campaña del rey fue la que emprendió contra el Reino de Tabal en Anatolia, que se había independizado de Asiria algunos años antes. El rey dirigió el ejército en persona como era habitual en él y pereció en un combate; el enemigo se quedó con su cadáver, que los asirios no pudieron recuperar.
Senaquerib (705-681 a. C.) izquierda|miniaturadeimagen|Senaquerib durante la guerra que libró contra Babilonia, representado en un relieve de su palacio de Nínive Senaquerib ascendió al trono tras la muerte de su padre y, como la mayoría de los reyes asirios, pasó su reinado en una serie de campañas y dedicado a proyectos arquitectónicos. Se lo conoce principalmente por sus campañas contra Babilonia y Judá. Los jardines colgantes de Babilonia, una de las siete maravillas del mundo antiguo, puede que estuviesen en Nínive y fuesen parte del programa de embellecimiento de la nueva capital que abordó Senaquerib. Senaquerib trasladó la capital de Dur-Sharrukin a Níneve; abandonó la ciudad de Sargón, cuya muerte en combate se interpretó como un mal presagio.
Las campañas de Senaquerib empezaron en 703 a. C., con una ofensiva contra Marduk-apal-iddina II de Babilonia, el viejo enemigo de su padre, al que venció. Marduk-apal-iddina huyó y Babilonia cayó de nuevo en poder de los asirios; el palacio real babilónico fue saqueado, pero no se molestó a los ciudadanos. Senaquerib entregó el trono a un rey de títere, Bel-ibni, y no hubo nuevas campañas contra Babilonia en los dos años siguientes. La siguiente campaña fue la de 701 a. C. contra el rey Ezequías de Judá, al que Egipto y Marduk-apal-iddina habían animado a rebelarse contra la autoridad asiria. Varios de los pequeños estados de la zona que se habían sumado a la rebelión, como Sidón y Ascalón, fueron sometidos por la fuerza, lo que hizo que otras ciudades y estados como Biblos, Ashdod, Ammón, Moab y Edom decidiesen pagar tributo al rey asirio y no ofrecer resistencia. Ecrón solicitó el auxilio de Egipto, pero el ejército egipcio que acudió en su socorro fue derrotado. A continuación Senaquerib asedió a Ezequías en su capital, Jerusalén, y dio las ciudades circundantes a los señores de Ecrón, Gaza y Asdod, vasallos asirios. No ha quedado ninguna descripción de cómo concluyó el asedio, pero los anales registran la sumisión de Ezequías y la lista del botín enviado de Jerusalén a Nínive. Ezequías conservó el trono, pero en calidad de vasallo asirio. alt=|miniaturadeimagen|La huida de Adrammelech, ilustración de la Galería bíblica de Dalziel (1881), en la que aparece la fuga de los príncipes Arda-Mulissu y Nabu-shar-usur tras asesinar a su padre Senaquerib