Spiritus Paraclitus (en español Espíritu consolador) es la octava encíclica de Benedicto XV, fechada el 15 de septiembre de 1920 y escrita con ocasión del XV centenario de San Jerónimo. En ella el papa, siguiendo a este Padre de la Iglesia, expone los criterios que deben seguirse en la interpretación de la Sagrada Escritura. Trata así un tema que ya había sido presentado por León XIII en Providentissimus Deus, y que sería más tarde motivo de la encíclica Divino afflante Spiritu, por Pío XII.
Contenido de la encíclica Las primeras palabras de la encíclica anuncian ya su contenido
La encíclica centra enseguida su objetivo, al presentar a San Jerónimo como el “Doctor Máximo concedido por Dios en la interpretación de las Sagradas Escrituras”, del que próximamente se celebraría el XV centenario. Con este motivo el papa quiere señalar los méritos de este santo, pero también confirmar, y adaptar a los tiempos en que escribe, las advertencias y prescripciones que sobre la interpretación de la Sangrada Escritura dieron León XIICfr. Providentissimus Deus. y Pío X.Cfr. Carta Apostólica Vinea Electa, 7 mayo de 1909 (AAS vol. I, pp.447-451, texto latino en www.vatican.va)
Vida de San JerónimoEstridón, Dalmacia c. 340 -Belén, 30 septiembre de 420. La encíclica que se refiere al lugar de su nacimiento y muerte, no incluye estas fechas. Las primeras páginas de la encíclica son destinadas a presentar la vida de Jerónimo, su formación retórica en Roma y su temprano interés por la Sagrada Escritura, y su abandono de las comodidades que podría proporcionarle su familia y propiedades para dedicarse al estudio de las escrituras; para ello marchó a Tierra Santa. Allí tomó contacto y conocimiento con los estudios y escritos de Apolinar de Laodicea, San Gregorio el Teólogo y Orígenes, consciente de que no podía profundizar por sí solo en la escritura. Regresó después a Roma, donde atendió los asuntos de la Iglesia que le encomendó el papa San Dámaso y por su encargo enmendó a versión latina del Nuevo Testamento.
Tras la muerte de este papa, marchó a los Santos Lugares y se retiró a Belén, donde se dedicó a la oración y el estudio de la Escritura; aunque viajó a Alejandría, donde pudo beneficiarse de sus conversaciones con Dídimo, recorrió también toda Judea, trabajando con los hebreos más instruidos, y consultando los libros conservados en las sinagogas y en la biblioteca de Cesarea.
Doctrina de Jerónimo sobre la Sagrada Escritura Jerónimo expone con claridad y repetidas veces que los autores sagrados escriben inspirados y movidos por Dios, de modo que Él es el principal autor de la escritura, sin que esto suponga desconocer que cada uno de sus autores, según su naturaleza e ingenio hayan colaborado con la inspiración de Dios, poniendo sus facultades e ingenio en el orden de la cosas, en el género y forma del decir.
De esta autoría de la Escritura concluía Jerónimo la verdad de su contenido, y la imposibilidad de error; por esto cuando encontraba en sus libros discrepancias aplicaba todo su cuidado y atención a resolver la cuestión, aun cuando a veces no consiguiese aclarar ese punto, nunca acusaba a los hagiógrafos de error.
Las enseñanzas de León XIII y errores actuales Recuerda el papa a continuación las enseñanzas sobre esta materia de su predecesor, León XIII, tal como este papa las expuso en su encíclica Providentissimus Deus, donde confirmó las enseñanzas de San Jerónimo sobre la autoría divina de la Sagrada Escritura. Pero en la interpretación de la Providentíssimus Deus se han introducido distintos errores que Benedicto XV señala en esta encíclica. No es posible, por ejemplo, distinguir entre el elemento primario o religioso y el secundario o profano de la Escritura, de modo que solo al primero quedaría libre de error; pues esto todo el mensaje el que es verdadero; ni puede afirmarse que en la escritura no importa lo que ha dicho Dios, sino el fin para el que lo dice. Apartándose de las enseñanzas del magisterio hay quien llega a dudar de los evangelios, de modo que
Importancia de la lectura de la Sagrada Escritura y de su uso en la predicación Jerónimo recomienda la lectura diaria de la Sagrada Escritura, se trata de una idea que repite en muchos de sus escritos, recomendala a todos los cristiano. El papa tras recoger textualmente algunos de esos textos, resalta la ventaja que supone la lectura de la Biblia para todos los fieles y especialmente para los clérigos, dirigiéndose a los obispos y ordinarios en la encíclica se les como deben empeñarse en que los sacerdotes sigan este consejo.
Así mismo la Sagrada Escritura debe ser utilizada habitualmente en la predicación, pues de ella recibirá su fuerza y vigor. Al presentar las escrituras se debe fijar la atención en la interpretación literal o histórica, pues toda otra interpretación se apoya en el sentido literal; de modo que una vez puesto a salvo el sentido literal se pueden buscar otros sentidos más internos y profundos, se trata como escribe San Jerónimo se ha de
Conclusión Concluye la encíclica insistiendo en los frutos que se obtendrán del estudio de la Sagrada Escritura y de su utilización en la predicación. Insiste a los obispos destinatarios de la encíclica que lleven sin tardanza a su clero y al pueblo las instrucciones que, en el décimo quinto centenario de la muerte del Doctor Máximo, les transmite en esta encíclica, y las que su antecesor prescribió mediante la Providentissimus Deus.
Véase también
Benedicto XV Encíclica Encíclicas de Benedicto XV San Jerónimo Providensissimus Deus, encíclica de León XIII Dei Verbum, constitución dogmática del Vaticano II sobre la revelación divina
Referencias
Categoría:Encíclicas de Benedicto XV Categoría:Estudios bíblicos Categoría:Eusebio Jerónimo de Estridón Categoría:Iglesia católica en 1920