La Junta Militar de Gobierno, encabezada por el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro, gobernó al Perú de 27 de agosto de 1930 a 1 de marzo de 1931.

Este gobierno de facto surgió tras la caída del gobierno de Augusto B. Leguía (conocido como el Oncenio), en la que Sánchez Cerro tuvo papel protagónico, encabezando un pronunciamiento en Arequipa, mientras que en Lima se formaba otra Junta Militar. Aunque al principio hubo una disputa entre los caudillos militares por asumir el mando de la rebelión, al final se impuso Sánchez Cerro por su fama de militar duro y su porte de cholo o mestizo que le hacía más cercano al pueblo.

Sánchez Cerro viajó desde Arequipa a Lima en avión y precipitó la renuncia de la Junta de Lima a su favor. Ordenó también, por vía radial, el arresto de Leguía, que ya abandonaba el país a bordo de un buque de la armada. El anciano expresidente fue encerrado en un calabozo, donde falleció tras padecer muchas penurias.

Las primeras medidas de la Junta Militar estuvieron destinadas a poner fin al leguiísmo y sancionar a todos aquellos que habían incurrido en supuestos actos delictivos durante ese periodo. Al efecto se creó el Tribunal de Sanción Nacional, que juzgó a Leguía y a sus colaboradores, por corrupción y diversos delitos de administración.

La Junta dio también una amplia amnistía general que permitió el retorno de los exiliados, derogó la ley de Conscripción Vial e implantó el matrimonio civil y el divorcio. Otra medida que le ganó popularidad fue el reparto de raciones a los desocupados.

Sin embargo, la crisis económica, social y política se agravó durante los meses que duró la Junta. La crisis mundial iniciaba en 1929 continuó afectando al país, ocasionando alza de precios y desempleo; se produjo la quiebra del Banco del Perú y Londres; estallaron huelgas y protestas de obreros, campesinos y estudiantes, muchas veces reprimidas violentamente; aparecieron nuevos partidos políticos, como el aprista y el comunista, que trajeron a la política peruana la prédica revolucionaria social y la negación del sentimiento nacional.

Sánchez Cerro convocó a elecciones generales, pero se presentó él mismo como candidato sin abandonar el poder, lo que provocó un descontento generalizado. Estalló un motín en el Callao, que fue debelado, al que siguió otro en Arequipa. La Junta envió al sur a dos buques de la armada, con la misión de desembarcar en Mollendo tropas que debían aplastar la rebelión, pero un grupo de marinos se rebelaron y detuvieron a la expedición. Estallaron otras sublevaciones en provincias. Sánchez Cerro, al verse acorralado, optó por renunciar ante una Junta de Notables reunida en Lima.

Golpe de Estado contra Leguía

Antecedentes miniaturadeimagen|248x248px|Augusto B. Leguía, presidente del Perú de 1908-1912 y 1919-1930. Comenzando el año 1930, el dilatado gobierno de Augusto B. Leguía entraba a su undécimo año de gobierno consecutivo, debatiéndose en una severa y acelerada crisis económica, extensión de la crisis mundial de 1929. Los sectores obreros, directamente afectados por el alza del costo de vida y la escasez de subsistencias, fueron los primeros en alzar su protesta. Pero la crisis no era solo económica. La evidente corrupción administrativa, por la que allegados o amigos del presidente se beneficiaron a lo largo del régimen, así como la firma de los tratados con Colombia y Chile con cesión territorial, acentuaron más la oposición al gobierno. El ejército también mostró su descontento. Se rumoreaban acciones subversivas y planes de asesinato del presidente.

Rebelión de Arequipa Uno de los sindicados conspiradores era el comandante o teniente coronel Luis Miguel Sánchez Cerro, que se hallaba al mando de una guarnición en Arequipa. Sánchez Cerro era ya un conocido del régimen leguiísta. En 1921 y 1922 había participado en sendos alzamientos en provincias, a consecuencia de los cuales estuvo recluido en la isla de Taquile y en la de San Lorenzo, pero luego se reconcilió con el gobierno, siendo readmitido en el ejército.

Leguía, en sus memorias, cuenta que en marzo de 1930 firmó el ascenso a comandante del entonces mayor Luis Sánchez Cerro, pese a la desconfianza que este le inspiraba, pero afirmando que lo hizo por recomendación de Foción Mariátegui (considerado el número 2 del leguiísmo) y del general Manuel María Ponce Brousset. Leguía sospechaba que Foción Mariátegui se había confabulado con Sánchez Cerro para perpetrar el golpe de Estado, pero nunca ha habido prueba de ello.

En las primeras horas de la mañana del 22 de agosto de 1930, las tropas acantonadas en Arequipa salieron de sus cuarteles para hacer ejercicios rutinarios. Ya en la campiña, entre el cementerio y Socabaya, el comandante Luis Sánchez Cerro se dirigió a ellas y les instó a la rebelión para acabar con el régimen del Oncenio, régimen que, según palabras, era una vergüenza para el país. Las tropas aprobaron jubilosamente sus palabras y así fue como estalló la revolución en Arequipa. A las doce de la mañana, Sánchez, al frente de los soldados, ingresó a Arequipa, cuya población, repuesta de su inicial sorpresa, se plegó entusiasta al movimiento. miniaturadeimagen|left|El comandante Luis Miguel Sánchez Cerro con la multitud en Arequipa, el 22 de agosto de 1930. El mismo 22 de agosto, Sánchez Cerro dio un decreto suscrito en solitario, por el que se autotituló Comandante en Jefe del Ejército del Sur y Jefe de Gobierno. Asimismo, se autoproclamó Jefe Supremo Militar y Político, y desde su «Casa de Gobierno» en Arequipa, dio otro decreto nombrando a sus secretarios, quienes eran: el mayor Alejandro Barco (Asuntos Militares); José Luis Bustamante y Rivero (Asuntos Políticos); Manuel A. Vinelli (Asuntos Financieros y Administrativos); el mayor Rubén del Castillo (Asuntos Postales y Trasmisiones); el mayor Julio Arboleda Viñas (Transportes y Comunicaciones) y Gustavo de la Jara (contralor general).

El pronunciamiento político de los rebeldes fue redactado por el jurista arequipeño José Luis Bustamante y Rivero (futuro presidente de la República) y se conoce con el nombre de «Manifiesto de Arequipa», que a decir de Jorge Basadre, es un bello y lírico documento, que causó impresión en todo el país.

El movimiento insurgente se propagó rápidamente por el sur del país. El día 23 de agosto se pronunció a favor de la rebelión la cuarta división acantonada en Puno, que era la más numerosa de la región. También en Lima el ambiente era favorable para la revolución.

Renuncia de Leguía. La Junta Militar del general Ponce miniaturadeimagen|General Manuel María Ponce Brousset, jefe de la Junta Militar que sucedió a Leguía. La noticia del alzamiento de Arequipa llegó a Lima la noche del mismo 22 de agosto. El gobierno dispuso la clausura del puerto de Mollendo y la suspensión de vuelos a la ciudad de Arequipa. El día domingo 24, Leguía concurrió al hipódromo, como era su costumbre habitual todos los fines de semana. En la calle, empezó a recibir las pifias de la gente.

Queriendo tomar alguna medida para enfrentar la situación, Leguía decidió formar un gabinete militar, al frente del cual puso al general Fernando Sarmiento. Dicho gabinete juró a la una de la madrugada del 25 de agosto. La intención de Leguía era renunciar a la presidencia ante el Congreso y dejar el poder a manos de dicho gabinete.

Pero simultáneamente, los jefes de la guarnición de Lima se habían reunido para elegir una Junta de Gobierno. Enterados de la formación del nuevo gabinete militar, enviaron personeros a palacio de gobierno para solicitar a Leguía su renuncia inmediata como presidente. Eran las tres de la mañana del día 25 de agosto. Se produjo un tenso diálogo. Leguía finalmente aceptó y renunció al poder, que quedó en manos de una Junta Militar de Gobierno presidida por el jefe de Estado Mayor, general Manuel María Ponce Brousset.

Como medida de protección se trasladó a Leguía al crucero Almirante Grau, que enrumbó a Panamá. Sin embargo, desde Arequipa, Sánchez Cerro intimó enérgicamente a la Junta de Lima para que hiciera retornar al Grau. Mediante el uso de la radio (entonces una novedad), el capitán del buque fue obligado a virar en redondo cuando se hallaba por abandonar aguas peruanas. Leguía fue tomado prisionero a bordo del buque y obligado a desembarcar, siendo internado en la isla de San Lorenzo.

El levantamiento de Sánchez Cerro en Arequipa fue uno de varios que se estaban planificando en todo el país; se sabe por ejemplo que en Lima había uno ya programado para septiembre. También se anunciaba una expedición armada proveniente del exterior e integrada por desterrados de la dictadura leguiísta. Sánchez Cerro, conocido por su fuerte personalidad, se adelantó a todos, y los demás insurrectos terminaron por apoyarlo para que asumiera la dirección del país.

Disputa entre Sánchez Cerro y la Junta de Ponce Sánchez Cerro a la cabeza de una Junta en Arequipa, y Ponce al frente de otra en Lima, era una dualidad que complicaba la situación política. Desde el punto de vista jerárquico y castrense, al general Ponce le correspondía el mando de la rebelión, y no a Sánchez Cerro que era solo un comandante. Pero la opinión pública mayoritaria no simpatizaba con la Junta de Lima, a la que consideraba como una prolongación del leguiísmo, y exigía que se diera el poder a Sánchez Cerro, que era el caudillo más carismático.

Contribuía a la popularidad de Sánchez Cerro, además de sus dotes de mando y su fama de militar duro y enérgico, su marcada fisonomía de mestizo o cholo, haciendo que la gente del pueblo lo viera «como uno más de ellos».

La Junta de Ponce llegó a ofrecer la cartera de Guerra a Sánchez Cerro, pero este lo rechazó. Mediante una respuesta telegráfica, Sánchez Cerro dijo que no se prestaría a los contubernios de políticos criollos y que la única opinión que tomaba en consideración era la del pueblo. En Lima, había militares que apoyaban a Sánchez Cerro, los cuales tenían como centro la Escuela Militar de Chorrillos. También el Centro de Aviación de Las Palmas y la Escuela Naval respaldaban al caudillo de Arequipa.

Instalación de la Junta Militar de Gobierno thumb|La Junta Militar de Gobierno, luego de su juramentación. De izquierda a derecha: el comandante Alejandro Barco (Guerra); el coronel Ricardo Llona (Hacienda); el coronel Eulogio Castillo (Fomento); el coronel Ernesto Montagne (Relaciones Exteriores); el teniente coronel Luis M. Sánchez Cerro, presidente de la Junta; el mayor Gustavo Jiménez, vestido de civil (Gobierno y Policía); el coronel Armando Sologuren (Justicia e Instrucción); y el capitán de fragata Carlos Rotalde (Marina y Aviación). El 25 de agosto de 1930, Sánchez Cerro tomó un avión desde Arequipa y se dirigió a Lima, donde fue recibido jubilosamente por sus partidarios. Su llegaba aceleró el fin de la Junta de Ponce. Se produjeron en Lima grandes manifestaciones populares celebrando la caída del Oncenio y saludando al nuevo líder.

El 27 de agosto, Sánchez Cerro instaló en Lima la Junta Militar de Gobierno, bajo su presidencia. Sus miembros eran los siguientes jefes:

Coronel Ernesto Montagne Markholz, ministro de Relaciones Exteriores. Teniente coronel Armando Sologuren, ministro de Justicia e Instrucción. Coronel Ricardo Llona, ministro de Hacienda. Comandante Alejandro Barco, ministro de Guerra. Coronel Eulogio Castillo, ministro de Fomento. Comandante Gustavo Jiménez Saldías, ministro de Gobierno. Comandante Carlos Rotalde, ministro de Marina. Mediante un estatuto expedido en el decreto ley N.º 6874 de 2 de septiembre de 1930, la Junta de Gobierno asumió las atribuciones constitucionales de los poderes Ejecutivo y Legislativo y otorgó a su jefe la categoría de presidente de la República y presidente del Consejo de Ministros.

Gobierno de la Junta Militar

La Junta Militar de Gobierno presidida por Sánchez Cerro gobernó seis meses, de 27 de agosto de 1930 a 1 de marzo de 1931.

Liquidación del Oncenio