La batalla de Manila en el año 1574 enfrentó a las fuerzas invasoras del pirata Limahon, compuestas por chinos y japoneses, contra las fuerzas Imperiales del imperio español y sus aliados indígenas. Inicialmente, la superioridad numérica y el factor sorpresa de los atacantes causaron enormes bajas entre los defensores, incluyendo el notorio conquistador Martín de Goiti, pero refuerzos comandados por Juan de Salcedo y Guido de Lavezaris repelieron a los piratas, poniéndolos en fuga. Limahon huyó y se hizo fuerte en Pangasinan, de donde fue expulsado también.

Contexto La primera expedición española llegó a la región en 1565, pero la ciudad en sí no sería fundada hasta 1571. Una vez establecida, Manila se convirtió en un gran centro de comercio con multitud de regiones del sudeste de Asia, así como China y Japón, que comerciaban con porcelana, sedas y maderas. La fama de la riqueza de Manila se propagó rápidamente por toda la región, despertando el interés de piratas y merodeadores.Dennis O. Flynn, Arturo Giráldez, European Entry into the Pacific: Spain and the Acapulco-Manila Galleons, 2017, Routledge, 9781351938624

Fue en 1574 que el señor de la guerra cantonés Limahon puso rumbo a Manila, ya que acababa de ser repelido de las costas chinas por la flota imperial de Guangdong y ambicionaba trasladar su base de operaciones al archipiélago de Filipinas, donde podría obtener beneficios mayores por menos peligro.Graham Gerard Ong-Webb, Piracy, Maritime Terrorism and Securing the Malacca Straits, 2006, Institute of Southeast Asian Studies, 9789812304179 Al capturar un mercante chino con tripulantes españoles que provenía de Manila, había averiguado que la ciudad no contaba más que con una guarnición de unos doscientos españoles, por lo que juzgó que sería fácil tomarla en un ataque decisivo.Fei Hua Li Shih Hsüeh Pao, Volúmenes 8-12, 1978, Philippine Chinese Historical Association

En noviembre, guiado por los prisioneros, Limahón arribó a Manila a la cabeza de una flota de una sesentena de juncos, con intenciones de expulsar a los españoles y hacer suya la ciudad. Su contingente estaba compuesto por alrededor de 2000 soldados, 2000 marineros y 1500 colonos, los cuales incluían a familiares de los combatientes, mujeres capturadas en China y Japón, granjeros, médicos, carpinteros y artesanos con todo lo necesario para establecer un asentamiento.Charles A. Truxillo, Crusaders in the Far East: The Moro Wars in the Philippines in the Context of the Ibero-Islamic World War, 2012, Jain Publishing CompanyCésar V. Callanta, The Limahong Invasion, 1979, Pangasinan Review Press Sólo dejó una pequeña partida en la isla de Batán, donde se había refugiado de la armada china, esperando su victoria para incorporarse.

Limahon contaba con un lugarteniente japonés, "Sioco", que el historiador Yosaburo Takekoshi identificó como una corrupción del nombre Shogo,Yosaburō Takekoshi, The Story of the Wako: Japanese Pioneers in the Southern Regions, 1950, Kenkyusha y según fuentes niponas, actuaba en connivencia con facciones de wakō, con lo que probablemente una parte nutrida de sus fuerzas se componía también de piratas nipones.Birgit Tremml-Werner, Spain, China, and Japan in Manila, 1571-1644: local comparisons and global connections, 2015, Amsterdam University PressCharles Ralph Boxer, The Christian Century in Japan, 1549-1650, 1967, University of California Press, Las fuentes describen además las armas blancas de los invasores con el nombre de catán, del japonés katana, esgrimidas junto a picas y armas chinas. Asimismo se menciona al menos un intérprete de origen portugués entre sus efectivos, quizá prisionero.Juan Caro y Mora, Ataque de Li-ma-hong á Manila en 1574; reseña histórica de aquella memorable jornada

Fuerzas en conflicto Según la unanimidad de las fuentes, los dos bandos estaban a la altura en cuanto a armas y pertrechos. El principal factor diferencial pareció ser la superior experiencia y entrenamiento de los combatientes españoles, así como la ayuda oportuna de refuerzos, las posiciones bien defendidas y otras consideraciones tácticas.Miguel de Loarca, Relación de las Islas Filipinas Se emplearon por ambos lados arcabuces y piezas de artillería pequeñas, así como espadas y dagas, y varias clases de sables, catanes y alfanjes chinos. Como protecciones predominaron las armaduras de metal, las cotas de malla y los coseletes de tela como los escaupiles, estos últimos sobre todo por parte de los de Limahon. Los piratas usaron además gran cantidad de granadas de pólvora y artefactos incendiarios.“La relación del suceso de la venida del tirano chino del gobernador Guido de Lavezares: Épica española en Asia en el siglo XVI:”

El historiador Stephen Turnbull, consultando las crónicas españolas de la época, identifica claramente las armas y armaduras portadas por hombres de Shogo como verdadero equipo militar del Japón de la época. Se les describe llevando estandartes sobre los hombros como los sashimono, sables y dagas en el cinturón como el daishō, lanzas rectas como las yari y picas con hojas de media braza de largo (las cuales "bastaban ellas solas para desmallar la cota más tupida") que probablemente se trata de naginata. Las bombas incendiarias también parecen pertenecer a la clase de granada japonesa llamada horokubiya.

Batalla La flota de Limahon había sido avistada en su descenso por puestos españoles en el norte, dirigidos por Francisco de Saavedra y Juan de Salcedo. Tres mensajeros se hicieron a la mar, pero fueron alcanzados por la flota china debido a una calma chicha y debieron abandonar sus embarcaciones, con lo que no fue posible enviar el mensaje a tiempo.

Primer ataque La noche del 30, Limahon ordenó a Shogo asaltar por sorpresa la ciudad con 400-600 hombres. Sin embargo, el plan se vio frustrado al comenzar, ya que Limahón había ordenado ejecutar a los prisioneros y, al no contar más con su experiencia, Shogo y sus hombres se vieron atrapados en las corrientes de la zona, con lo que tres de sus botes zozobraron y el resto se desvió por error hasta Parañaque. Shogo decidió entonces seguir a pie hasta Manila y arrastrar los botes con sirgas. thumb|180px|Moderna iglesia de San Agustín, construida en el emplazamiento de la original. Los piratas fueron avistados después de algún choque con los lugareños, que creyeron que se trataba de bandidos musulmanes de Borneo y así se lo comunicaron al gobernador Martín de Goiti, el cual vivía en las inmediaciones de la iglesia de San Agustín. Hallándose enfermo, Goiti no les dio credibilidad y no alertó más que a diez guardias para averiguar lo que ocurría, siendo éstos derrotados con rapidez. Los piratas sitiaron la casa, ya defendida por pocos hombres, desde cuya ventana la esposa de Goiti, Lucía del Corral, les increpó a voces. Enfurecido por la burla, y al no lograr que sus hombres derribaran las puertas, el japonés ordenó prender fuego al inmueble. A pesar de su enfermedad, Goiti bajó armado y dio batalla hasta ser abatido, con alguna versión afirmando que llegó a saltar por la ventana en su ímpetu por enfrentarse a sus enemigos. Otras añaden que los asiáticos se quedaron con su nariz y orejas como trofeos. En todo caso, sólo sobrevivieron Del Corral y el soldado Francisco de Astigarribia, gravemente heridos.Gaspar de Agustín, Conquistas de las islas Filipinas (1565-1615), 1698

Muerto Goiti, Shogo reemprendió la marcha hacia la ciudad, pero la voz ya se había corrido, y Lavezaris, que vivía en la otra punta de Manila, pudo organizar la defensa con todos los hombres que encontró en la fortaleza. Debido a ello, Shogo se topó con una compañía de veinte arcabuceros encabezada por el capitán Lorenzo Chacón, la cual le acosó hasta obligarla a detenerse. El japonés cambió de táctica y, aprovechando su enorme superioridad numérica, les burló ejecutando un movimiento de pinza con sus propios piqueros y arcabuceros, por lo que los españoles de Chacón, rodeados y superados en el cuerpo a cuerpo, debieron tocar a retirada con ocho bajas tras de sí. Interrumpieron la persecución otros 80 españoles, al mando de Alonso Velázquez y los alféreces Amador de Arriarán y Gaspar Ramírez, atacando a la columna de Shogo por el flanco y obligándoles a retroceder. Los asiáticos, probablemente temiendo la llegada de más refuerzos locales, huyeron al puerto de Cavite, donde habían acordado reunirse con Limahon.

Embarcados de nuevo en la flota, Shogo y Limahong planearon un segundo ataque en conjunto dos días después, cuando los efectivos que le quedaban al japonés se hubieran repuesto y reforzado con más marinería. Entre tanto, Lavezaris convocó a Manila a todos los combatientes de la región y ordenó construir fortificaciones, previendo un nuevo asalto a no mucho tardar. La situación en la ciudad era confusa, ya que aún se proponía que los asaltantes estaban a sueldo del rajá de Borneo, por lo que Lavezaris hizo prender a dos caudillos musulmanes locales, Numanatay y Rajabago, por la sospecha de que pudieran estar implicados. Se desconoce la veracidad de esto, aunque los reos aparecieron luego anónimamente degollados.J.A. Ramos, Articulos Varios de Isabelo de Los Reyes y Florentino Sobre Etnografia, Historia y Costumbres Del Fais Poco después, Salcedo llegó a Manila con sus propios refuerzos y Lavezaris le otorgó el puesto de Maestre de Campo vacado por Goiti, adjudicando a Ramírez el que Salcedo dejaba.Govantes, páfina 59. La jornada del 30 que había salvado la ciudad dando tiempo á que llegase Salcedo y á prevenirse contra el ataque sufrido el 1.° de Diciembre, fué el origen de la fiesta cívico-religiosa llamada de San Andrés, que el Ayuntamiento celebra todos los años. Las fuerzas españolas en este momento se componían, según algunas cuentas, de 150-200 soldados españoles o novohispanos y 200 guerreros filipinos.

Segundo ataque thumb|left|210px|Batalla de Manila. Reseña histórica, Caro y Mora, 1898. La madrugada del 2 de diciembre, la flota de Limahon fue avistada llegando a Manila. Los primeros intercambios de artillería dieron paso al amanecer, cuando la flota fondeó y desembarcó 1500 combatientes capitaneados de nuevo por Shogo, enviándose de vuelta los botes para así motivarles a combatir sin retirada posible. Tras incendiar las construcciones costeras a su paso y destruir la iglesia de San Agustín, la fuerza invasora se dividió en tres para atacar la fortaleza por otras tantas direcciones, esperando atraer fuera a los españoles para flanquearlos. Sin embargo, Lavezaris dio orden a los españoles de que no salieran, ni siquiera cuando la flota china reposicionó para asistir a Shogo, sino que se limitaran a repeler los ataques y causarles daño desde sus posiciones seguras. Al fin, viéndose frustrado, el japonés optó por iniciar el asalto él mismo. El combate se volvió encarnizado en las fortificaciones, donde colaboraba el mismo alcalde de Manila, Francisco de León.

Uno de los comandantes españoles, el alférez Sancho Ortiz, fue abatido de un arcabuzazo en la refriega al verse rodeado, con lo que su baluarte fue tomado y los asiáticos obtuvieron acceso a la ciudad. Su ataque fue repelido sólo gracias al socorro de un pelotón dirigido por Salcedo y León, coincidiendo con el momento en que los cañones españoles comenzaban a prevalecer sobre la armada de Limahon, que zarpó para escapar de su alcance. León cayó entonces en combate, pero poco después lo haría también Shogo a manos de un tirador, así como otros comandantes asiáticos que iban en cabeza, por lo que la batalla se inclinó a favor de los locales. Se destacó en el enfrentamiento la milicia nativa de Manila, comandada por un líder llamado Galo, que ayudó a repeler a los invasores.