300px|thumb|Piso de mosaico de una sinagoga judía en Egina (300 a. C.). El judaísmo helenístico o judaísmo grecorromano fue una forma de judaísmo en la Antigüedad clásica que combinaba la tradición religiosa judía con elementos de la cultura griega. Hasta la caída del Imperio romano de Occidente y las primeras conquistas musulmanas del Mediterráneo oriental, los principales centros del judaísmo helenístico fueron Alejandría en Egipto y Antioquía en Siria (hoy en día en el sur de Turquía), los dos principales asentamientos urbanos griegos en Medio Oriente y el norte de África, ambos fundados a fines del a raíz de las conquistas de Alejandro Magno. El judaísmo helenístico también existió en Jerusalén durante el período del Segundo Templo, donde hubo conflicto entre helenizadores y tradicionalistas (a veces llamados judaizantes).
El principal producto literario del contacto del judaísmo del Segundo Templo y la cultura helenística es la traducción de la Septuaginta (en griego koiné) de la Biblia hebrea (en hebreo y arameo bíblico), específicamente, al griego koiné judío. Se mencionan también los tratados filosóficos y éticos de Filón de Alejandría y las obras historiográficas de otros autores judíos helenísticos.Walter, N. Jüdisch-hellenistische Literatur vor Philon von Alexandrien (unter Ausschluss der Historiker), ANRW II: 20.1.67-120
El declive del judaísmo helenístico comenzó en el y sus causas aún no se comprenden completamente. Puede ser que con el tiempo haya sido marginado, parcialmente absorbido o que se convirtiera progresivamente en el núcleo de habla koiné del cristianismo primitivo centrado en Antioquía y sus tradiciones, como la Iglesia católica greco-melquita y la Iglesia ortodoxa de Antioquía.
Helenismo
El contacto entre griegos y semitas se remonta a la época minoica y micénica y se refleja en ciertos términos utilizados por Homero y otros autores griegos tempranos. Sin embargo, no es hasta finales del cuando autores griegos mencionan por primera vez a los judíos, elogiándolos por su valentía, autodisciplina y filosofía. Las conquistas de Alejandro Magno a fines del difundieron la cultura y la colonización griegas, un proceso de cambio cultural llamado helenización, en tierras no griegas, incluido el Levante. Esto dio lugar al período helenístico, que buscaba crear una cultura común o universal en el Imperio alejandrino basada en la de la Atenas del , junto con una fusión de las culturas del Cercano Oriente.Roy M. MacLeod, The Library Of Alexandria: Centre Of Learning In The Ancient World El período se caracterizó por una nueva ola de colonización griega que estableció ciudades y reinos griegos en Asia y África,Ulrich Wilcken, Griechische Geschichte im Rahmen der Alterumsgeschichte. siendo Alejandría, en Egipto, la más famosa. Se establecieron nuevas ciudades compuestas de colonos que provenían de diferentes partes del mundo griego, y no de una metrópoli específica («ciudad madre») como antes.
Estos judíos que vivían en países al oeste del Levante formaron la diáspora helenística. La diáspora egipcia es la más conocida de estas,y fue testigo de estrechos lazos. En efecto, hubo una firme integración económica de Judea con el Reino ptolemaico que gobernaba desde Alejandría, y había relaciones amistosas entre la corte real y los líderes de la comunidad judía. Esta fue una diáspora por elección, no por imposición. La información es menos sólida con respecto a las diásporas en otros territorios, pero se ha sugerido que la situación era, en general, la misma que en Egipto.
La vida judía tanto en Judea como en la diáspora se vio influenciada por la cultura y el lenguaje del helenismo. Los griegos veían a la cultura judía favorablemente, mientras que a su vez el helenismo ganaba adeptos entre los judíos, si bien el helenismo a veces se ha presentado (bajo la influencia del Segundo libro de los Macabeos, él mismo una notable obra escrita en griego koiné), como una amenaza de asimilación diametralmente opuesta a la tradición judía. Según Erich S. Gruen:La adaptación a la cultura helénica no requirió transigir los preceptos o conciencia judíos. Cuando se introdujo un gimnasio griego en Jerusalén, lo instaló un sumo sacerdote judío. Y otros sacerdotes pronto participaron en combates de lucha libre en la palestra. Es evidente que no consideraron esas actividades como socavantes de sus deberes sacerdotales.
El principal problema religioso que dividía a los judíos helenizados de los judíos tradicionales era la aplicación de las leyes bíblicas en un imperio helenístico (o romano u otro no judío)."Hellenism", Jewish Encyclopedia, «Post-exilic Judaism was largely recruited from those returned exiles who regarded it as their chief task to preserve their religion uncontaminated, a task that required the strict separation of the congregation both from all foreign peoples (Ezra x. 11; Neh. ix. 2) and from the Jewish inhabitants of Palestine who did not strictly observe the Law (Ezra vi. 22; Neh. x. 29)». Historiadores posteriores describieron ocasionalmente al helenismo y el judaísmo como particularmente incompatibles, probablemente a raíz de la persecución de Antíoco IV. Sin embargo, no parece que la mayoría de judíos en la era helenística consideraran a los gobernantes griegos como peores o diferentes a los persas o babilonios. Escritos de judíos helenizados, tales como Filón de Alejandría, no muestran creencia particular alguna que indique que las culturas judía y griega sean incompatibles. Otro ejemplo se encuentra en la Carta de Aristeas, en la que los judíos y el judaísmo son descritos en términos favorables para los estándares de la cultura griega. La única gran diferencia en la que ni siquiera los judíos más helenizados parecieron ceder fue la prohibición judía del politeísmo. Esto separó a los judíos helenizados de una cultura griega más amplia en que se rehusaron a honrar santuarios, templos, dioses, etc., diferentes al Dios de Israel.
Los gobernantes helenísticos de Judea Bajo la suzeranía del Reino ptolemaico y más tarde del Imperio seléucida, Judea fue testigo de un período de paz y protección de sus instituciones. Por su ayuda contra sus enemigos ptolemaicos, Antíoco III el Grande prometió a sus súbditos judíos una reducción de impuestos y fondos para reparar la ciudad de Jerusalén y el Segundo Templo.
Las relaciones se deterioraron bajo su sucesor Seleuco IV Filopátor, y luego (por razones que no se entienden completamente) su sucesor Antíoco IV Epífanes revocó drásticamente la política anterior de respeto y protección, prohibiendo ritos y tradiciones religiosas judías centrales en Judea (aunque no entre los de la diáspora) y provocando una revuelta tradicionalista contra el dominio griego. Una de las posibles razones es que mientras Alejandro Magno veía en Yavé al «Zeus judío», Antíoco veía en él a Seth-Tifón, es decir, el «Anti-Zeus». De esta revuelta se formó un reino judío independiente conocido como la dinastía asmonea, que duró entre 165 a. C. y 63 a. C. La dinastía asmonea se desintegró con el tiempo debido a la guerra civil, que coincidió con las guerras civiles en Roma.
La guerra civil asmonea La guerra civil asmonea comenzó cuando el sumo sacerdote Hircano II (un partidario de los fariseos) fue derrocado por su hermano menor, Aristóbulo II (un partidario de los saduceos). Una tercera facción, compuesta principalmente por idumeos de Maresha, dirigida por Antípatro y su hijo Herodes, reinstauró a Hircano quien, según Josefo, no era más que la marioneta de Antípatro. En 47 a. C., Antígono, un sobrino de Hircano II e hijo de Aristóbulo II, le pidió permiso a Julio César para derrocar a Antípatro. César lo ignoró y, en 42 a. C., Antígono, con la ayuda de los partos derrotó a Herodes. Antígono gobernó solo durante tres años hasta que Herodes, con la ayuda de Roma, lo derrocó y lo ejecutó. Antígono fue el último gobernante asmoneo.
Helenización de la sociedad judía En general, la sociedad judía se dividió en facciones conservadoras y pro-helenísticas.Los judíos pro-helenísticos eran generalmente de clases altas o minorías que vivían en comunidades mayoritariamente gentiles. Vivían en pueblos alejados de Jerusalén y ampliamente conectados con redes comerciales griegas.Grabbe 2010, p. 10–16
El principal producto literario del contacto del judaísmo y la cultura helenística fue el desarrollo de la Septuaginta. Otras obras notables incluyen los libros de Sabiduría y Eclesiástico, así como literatura apocalíptica pseudoepigráfica (tal como la Asunción de Moisés, el Testamento de los Doce Patriarcas, el libro de Baruc, el Apocalipsis griego de Baruc, etc.) que data de ese período. Fuentes importantes son Filón de Alejandría y Flavio Josefo. Algunos eruditos consideran a Pablo de Tarso también como un judío helenista,"Saul of Tarsus: Not a Hebrew Scholar; a Hellenist", Jewish Encyclopedia aunque él mismo afirmó ser fariseo (, ).
Filón de Alejandría fue un importante apologista del judaísmo, presentándolo como una tradición de venerable antigüedad que, lejos de ser un culto bárbaro de una tribu nómada oriental, con su doctrina del monoteísmo se había anticipado a los principios de la filosofía helenística. Filón podría recurrir a la tradición judía para usar costumbres que los griegos consideraban tan primitivas o exóticas como la base de metáforas: como la «circuncisión del corazón» en la búsqueda de la virtud (, ). En consecuencia, el judaísmo helenístico enfatizó la doctrina monoteísta (heis theos), y representó la razón (logos) y la sabiduría (sophia) como emanaciones de Dios.
Más allá de Tarso, Alejandreta, Antioquía y el noroeste de Siria (los principales centros «cilicios y asiáticos» del judaísmo helenístico en el Levante), la segunda mitad del período del Segundo Templo fue testigo de una aceleración de la helenización en el propio Israel, con sumos sacerdotes y aristócratas judíos adoptando nombres griegos por igual:
'Ḥoni' se convirtió en 'Menelao'; 'Yoshua' se convirtió en 'Jason' o 'Jesús' [Ἰησοῦς]. La influencia helénica impregnaba todo, e incluso en las mismas fortalezas del judaísmo modificó la organización del estado, las leyes y los asuntos públicos, el arte, la ciencia y la industria, afectando incluso las cosas ordinarias de la vida y las asociaciones comunes de las personas. [...] La inscripción que prohibía a los extraños avanzar más allá de cierto punto en el Templo estaba en griego; y probablemente se hizo necesario por la presencia de numerosos judíos de países de habla griega en el momento de los festivales (comp. la «murmuración de los griegos contra los hebreos», Hechos vi. 1). Las arcas en el Templo que contenían las contribuciones de shekel estaban marcadas con letras griegas (Sheḳ. Iii. 2). Por lo tanto, no es de extrañar que hubiera sinagogas de los libertos, cirenianos, alejandrinos, cilicios y asiáticos en la propia Ciudad Santa (Hechos vi. 9)."Hellenism", Jewish Encyclopedia.
«Ya no hay judío ni griego» Las tensiones étnicas, culturales y sociales dentro del mundo helenístico judío fueron superadas en parte por el surgimiento de una nueva doctrina griega (doxa), típicamente antioqueña, del Medio Oriente, ya sea por:
Los judíos sirios helenizados cilicios-occidentales establecidos y autóctonos (ellos mismos descendientes de inmigrantes judíos babilónicos que habían adoptado durante mucho tiempo varios elementos de la cultura y civilización griegas mientras conservaban un apego estricto y conservador a la Halajá); Paganos, griegos «clásicos», griegos macedonios y gentiles greco-sirios; o Los descendientes autóctonos locales de los conversos griegos o greco-sirios al judaísmo convencional, conocidos como prosélitos (griego: προσήλυτος/proselytos) y judíos de habla griega nacidos de matrimonios mixtos.