Arquitecturas menores son todas aquellas potencialidades arquitectónicas capaces de resignificar un espacio mediante la desarticulación de las dinámicas, objetos y sujetos de la disciplina arquitectónica tradicional. Las arquitecturas menores responden a estrategias formales, simbólicas y/o mentales de diversa índole por las que aquel que practica un espacio construido consigue apropiarse del mismo, trabajando en favor de un reconocimiento más amplio de la realidad, hacia un entorno más diverso y, por lo tanto, más inclusivo. Este devenir espacio, ampliando los límites de lo real dentro de la propia obra arquitectónica, permite una reterritorialización capaz de elevar al grado de “político” las circunstancias de un/a individuo/a o colectivo.

Este concepto ha sido empleado dentro de la teoría de la arquitectura por diversos autores desde la década de los 90 del . Toma el adjetivo menor del concepto de literatura menor empleado por los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari, en referencia a la literatura del autor bohemio Franz Kafka. La primera en emplear el término arquitectura menor fue la arquitecta Jennifer Bloomer, la cual recogía bajo este concepto todas aquellas prácticas arquitectónicas que se guiaran por las tres características principales que distinguen a la literatura menor: desterritorialización, pérdida de lo individual en lo político y enunciación colectiva. Diferentes autores han empleado el término, la mayoría de ellos continuando la senda marcada por Bloomer, destacando entre ellos los también autores estadounidenses John Paul Ricco y Jill Stoner, o la arquitecta española Lucía Jalón Oyarzun, encargada de la traducción al castellano del libro Hacia una arquitectura menor (2018), gracias al cual el término toma impulso en el ámbito hispanohablante.

Contextualización El concepto de arquitectura menor surge en un momento en el que la influencia de autores posestructuralistas como Foucault, Derrida, Barthes o Deleuze, es muy fuerte en teoría de la arquitectura, lo que da lugar a la aparición de un nuevo conjunto de autoras, teóricas de la arquitectura, muy críticas con la disciplina y con un marcado discurso feminista, que desarrollan sus ideas y textos con material posestructuralista.Karen Burns. Becomings: Architecture, Feminism, Deleuze - Before and after the fold en Deleuze and Architecture. 2013. Edinburgh University Press. Pág.17 Dentro del campo de la arquitectura la autora más notable fue Jennifer Bloomer, la primera en trasladar el adjetivo menor de la literatura a la arquitectura. Partiendo de la propuesta de Bloomer de una arquitectura menor, diversos autores han tomando el concepto y añadido sus propios matices y reflexiones, pero existen otras voces que también han hecho un desarrollo de lo menor en paralelo, como la arquitecta Joan Ockman, que analiza la relación entre lo menor y lo mayor dentro de la arquitectura como una condición históricaJoan Ockman. Towards a Normative Architecture en Architecture of everyday. 1998. 123-152.

Literatura menor

Literatura menor hace referencia a la literatura de un escritor que pertenece a un grupo en minoría —que puede o no tener su propia lengua— y escribe en una lengua dominante, de mayoría. Se caracteriza principalmente por “la desterritorialización de la lengua, la articulación de lo individual en lo inmediato político y el dispositivo colectivo de enunciación”.Gilles Deleuze, Félix Guattari. Kafka, por una literatura menor. México, Era, 1978. Pág. 31. Es un término acuñado por Gilles Deleuze y Felix Guattari en su libro Kafka, por una literatura menor (1975).

Desterritorialización de la lengua miniaturadeimagen|Portada de la primera edición en francés del libro Kafka, por una literatura menor Esta característica está vinculada con la lengua y su desplazamiento geográfico: “el idioma se ve afectado por un fuerte coeficiente de desterritorialización”Gilles Deleuze, Félix Guattari, op. cit. Pág. 28 en el sentido de que la lengua en la que la obra está escrita, no es la dominante. Esto puede verse ejemplificado en la obra de Kafka: el alemán de Praga es una lengua que está en condiciones de destierro y, por ello, confinada a un uso menor:

La imposibilidad de escribir en otro idioma que no sea el alemán es para los judíos de Praga el sentimiento de una distancia irreductible con la territorialidad primitiva checa. Y la imposibilidad de escribir en alemán constituye la desterritorialización de la población alemana misma, minoría opresora que habla un idioma ajeno a las masas, como un ‘lenguaje de papel’ o artificial.Íbid. Pág. 28-29

Pérdida de lo individual en lo político

La segunda característica de estas literaturas es que, en ellas, a diferencia de las literaturas mayores, cuya problemática individual se inserta en un medio social que le sirve de telón de fondo, la literatura menor, al desarrollarse en un espacio marginal y reducido, plantea un problema individual que conecta de inmediato con lo político. Dicho de otro modo, el problema individual se dimensiona en el ámbito político, agrandándose, volviéndose indispensable lo social. Es decir, dadas las circunstancias de marginalidad u opresión de una máquina política, los escritores de una literatura menor no tienen la posibilidad de desarrollar un discurso individual, su obra es una línea de fuga para superar un problema político.

Volviendo a Kafka, como ejemplo, su literatura no desarrolla los conflictos que tiene como individuo: sus cuestionamientos filosóficos o estéticos, al contrario, en sus obras literarias se encuentra un discurso plenamente político. Esta característica relaciona de manera importante al autor con su colectividad.

Enunciación colectiva

La tercera característica es la que indica su valor colectivo. El lenguaje que emplea Kafka en su obra es de una sobriedad evidente. No aspira a expresar cierto tipo de belleza estilística, pues lo político se adueña de la enunciación, dadas sus aspiraciones colectivas. El sujeto que enuncia, al estar inmiscuido en una minoría, emite un mensaje que representará la voz colectiva de esa minoría:

En cierto sentido Kafka es portador de un mensaje de pueblo, de raza, de némesis […] sus personajes, temas y vicisitudes o tribulaciones que integran regularmente el argumento y la tesis, encajan perfectamente en el concepto de mito. El hecho de que esos personajes por lo regular no tengan nombre ni lo necesiten, que no se nos diga ni hay por qué saber cómo son, de dónde proceden ni dónde están, colocándolos como piezas móviles e intercambiables de un gran azar que configura una fatalidad, demuestra su sentido de desterritorialización. Cada uno es yo y tú.Sergio Nudelstejer, Franz Kafka: conciencia de una época, México, Donies, 1983, pág. 101

Los movimientos expresivos en Kafka optan siempre por pasar de la individualidad a un acceso colectivo, así, la sola letra K en El Castillo no será un sujeto narrador ni sujeto personaje sino un método, una manera de hacer funcionar esta voz de la colectividad minoritaria apartada de su territorio. La literatura menor no enuncia sujetos individualizados y, para ello, también es preciso que el escritor lleve a cabo el mismo movimiento de desterritorialización con todo su proceso de escritura, desde su propia lengua hasta el lenguaje empleado, el cual se desarrollará de manera sucinta para enunciar su pobreza y soledad a pesar de estar inmerso en una colectividad que no lo acoge, lo rechaza: “Escribir como un perro que escarba su hoyo, una rata que hace su madriguera. Para eso: encontrar su propio punto de subdesarrollo, su propia jerga, su propio tercer mundo, su propio desierto”.Gilles Deleuze y Félix Guattari, op. cit. Pág. 31 En otras palabras, en vista de que la lengua se halla fuera de su territorio, el lenguaje en Kafka intensificará su pobreza para hacer de ella un uso puramente intensivo, hacer resonar su materialidad. Cuando Kafka nombra o, mejor dicho, emite un sonido, no está buscando expresarse con ayuda de la carga semántica de la palabra sino hacer “un uso intensivo asignificante de la lengua”.Íbid. Pág. 37 Le interesan los devenires y su labor literaria forma parte también de ese devenir donde su obra se vuelve un dispositivo, una máquina que funciona porque hace movimientos y éstos hablan dispuestos a encontrar su entrada en la colectividad.

Origen del término miniaturadeimagen|El estilo de escritura de James Joyce en Finnegans Wake, lleno de redundancias sonoras, es una fuerte inspiración en los escritos de Bloomer En los primeros textos de Bloomer en los que se empieza a esbozar el concepto, las arquitecturas menores vienen definidas por ser prácticas que siguen las tres condiciones que denotan una literatura menor; siempre son colectivas, anónimas, bastardas.Jennifer Bloomer. Big Jugs. 1992. En el desarrollo teórico del término, por su propia inclusión dentro de los desarrollos de género de la autora, está muy presente el deseo y sus posibilidades de espacialización, se llega a definir la arquitectura menor como una arquitectura del deseo que opera en los intersticios de la arquitectura mayor. Para Jennifer Bloomer, frente a lo menor de Guattari y Deleuze se plantea lo mayor de Manfredo Tafuri, término que el arquitecto italiano emplea en su descripción y análisis de la arquitectura de los jardines de Kew, en Londres. Siguiendo el empleo del término mayor de Tafuri, Bloomer afirma que «Una arquitectura mayor implica la presencia de otra arquitectura, que por propia lógica, sería arquitectura menor».Jennifer Bloomer. A lay a stone a patch a post a pen the ruddyrun: Minor Architectural Possibilities en Strategies in Architectural Thinking. 1992. The MIT Press. p.55. La arquitecta propone este trasvase de lo menor de lo literario a lo arquitectónico con ciertas modificaciones, pero éstas no son expuestas con claridad en ninguno de sus textos. Existen autoras, como Irit Katz Feigis, que se han preocupado por este trasvase y sus posibles limitaciones, o las posibles contradicciones que se puedan llegar a generar.Irit Katz Feigis. Spaces stretch inward: Intersections between architecture and minor literature en Public Culture. 2010. 425-432

Para Bloomer, el espacio de una arquitectura menor tiene diversas entradas, y su exploración comprende dos caminos: un acercamiento a través del embellecimiento artificial y simbolista del lenguaje, al estilo de James Joyce (fuerte y principal influencia en la mayoría de textos desarrollados por la autora en esta época), y otro enfoque kafkiano, donde el lenguaje se empobrece hasta el punto de la sobriedad. Esta exploración de la arquitectura, de su campo visual y materialidad, comprende para Bloomer el acercamiento a un conjunto de ideas, materias e imágenes que han permanecido en la periferia del imaginario arquitectónico y que permitirán una línea de fuga dentro de la arquitectura hegemónica y falocéntrica que únicamente atiende a criterios formales y estéticos. Esta búsqueda en los límites interiores de la disciplina se materializa en un texto/exposición titulado Abodes of Flesh and Theory: Tabbles of Bower, donde una serie de instalaciones se diseñan y construyen a partir de restos y materiales humanos y animales, pero siguiendo reglas establecidas dentro de la disciplina sobre composición geométrica, simetría y embellecimiento de la estructura mediante ornamentación. La consumación de todos los textos elaborados por Jennifer Bloomer dará como resultado la publicación de su libro Architecture and the Text: The (S)crypts of Joyce and Piranesi, del cual se publicó un capítulo introductorio titulado A lay a stone a post a pen the ruddyrun: Minor Architectural Possibilities, en el que se menciona que el título de este libro antes de su publicación era Desiring Architecture, confirmando la importancia del deseo en el desarrollo de lo menor en la arquitectura.