miniaturadeimagen|300x300px|Lavandería de la Magdalena en Irlanda, alrededor de comienzos del . Las Lavanderías de la Magdalena en Irlanda, también conocidas como Asilo de las Magdalenas, eran instituciones normalmente administradas por órdenes católicas, que operaron entre el y mediados del . Su misión aparente era albergar a «mujeres caídas» (esto es, mujeres que habían perdido su virginidad antes del matrimonio, mujeres que habían sido expulsadas de sus casas, mujeres que habían sido violadas, madres solteras, o prostitutas), de las cuales se estima que unas treinta mil fueron confinadas en estas instituciones en Irlanda. Las mujeres allí «albergadas», esencialmente madres solteras, mujeres consideradas no aptas para la sociedad, eran obligadas a trabajar sin remuneración en condiciones abyectas y bajo la estricta supervisión de monjas durante meses o años, a veces incluso de por vida. Tales trabajos de «redención» incluían hacer encajes, costuras o lavar ropa.
En 1993 se descubrieron tumbas sin marcar con 155 cadáveres en los terrenos de convento de una de las lavanderías en el norte de Dublín. Esto llevó a que medios de comunicación revelaran las operaciones de estas herméticas instituciones. En el 2013 se emitió una disculpa estatal formal y el gobierno irlandés arregló una compensación por 50 millones de libras irlandesas para las sobrevivientes. Las órdenes religiosas que administraban las lavanderías se han negado a las exigencias de los activistas de contribuir financieramente a este programa.
Historia El Asilo de la Magdalena de Dublín (a veces llamado Asilo de las Magdalenas para Mujeres Penitentes) ubicado en la tradicional Calle Leeson en Dublín fue la primera de estas instituciones en Irlanda. Era una institución administrada por la Iglesia de Irlanda, y aceptaba solamente a mujeres protestantes. Fue fundado en 1765 por la Lady Arabella Denny.
Los asilos de las Magdalenas administrados por órdenes católicas fueron los que sobrevivieron por más tiempo. Las lavanderías de la Magdalena en Irlanda eran sostenidas silenciosamente por el estado, y fueron manejadas por comunidades religiosas por más de doscientos años.
Acerca de las lavanderías, James Smith afirma que la «versión irlandesa tomó un carácter distinto».Smith xiv A las internas se les exigía trabajar, principalmente en lavanderías, en tanto que las instalaciones eran autosostenibles. Andrea Parott y Nina Cummings escribieron que «el costo de la violencia, opresión, y brutalidad en contra de las mujeres es enorme» y en su lucha por sobrevivir, las internas padecieron no sólo físicamente, sin también espiritual y emocionalmente.Parrot, Cummings 50
En Belfast se fundó el Asilo de las Magdalenas de Úlster en 1839 en el Paso de Donegall. Instituciones similares eran administradas por católicos en Ormeau Road y por presbiterianos en Whitehall Parade.Government, politics and institutions in Belfast in the early twentieth century - National Archives of Ireland
Mujeres caídas A mediados del , el término de «mujeres caídas» se refería principalmente a prostitutas, pero hacia finales del , las lavanderías de la Magdalena estaban llenas de muchas clases diferentes de mujeres, incluyendo jóvenes que no eran «prostitutas en lo absoluto», sino «mujeres seducidas» o bien mujeres que aún no habían iniciado su vida sexual. Según Frances Finnegan, autora del libro Do Penance or Perish: A Study of Magdalen Asylums in Ireland (Haz Penitencia o Perece: Un Estudio de los Asilos de la Magdalena en Irlanda), «se exigía a los misioneros que se acercaran a las prostitutas y les distribuyeran libros religiosos, diseñados para ser leídos en momentos de «sobriedad» y distraer a las mujeres de sus vidas de vicio».^ Finnegan 15 Más aún, «el confinamiento de incluso prostitutas genuinas» a estas lavanderías «raramente redujo sus números en las calles, más de lo que lo hacía la muerte de una prostituta en particular», porque, según Finnegan, «en tanto la pobreza continuaba, y la demanda de mujeres públicas se mantenía, tales pérdidas eran fácilmente reemplazadas».
Raftery anotó que las instituciones no estaban cumpliendo con su supuesto objetivo: «las instituciones tuvieron poco impacto en la prostitución durante este periodo», y aun así seguían multiplicándose y expandiéndose debido a la mano de obra gratuita que las hacía autosuficientes. Puesto que no recibían pago alguno, señalaba Raftery, «parece claro que estas jóvenes fueron utilizadas como una fuente fácil de mano de obra gratuita para estos negocios de lavandería».Raftery 162.
Además de esto, el estado de Irlanda y su gobierno estaban fuertemente entremezclados con la religión. De acuerdo con Finnegan:El tema de la continuada demanda de prostitutas apenas si fue confrontado, con lo absortos que estaban los moralistas con la vergonzosa y más visible evidencia de la oferta. Y mientras admitían que la pobreza, el hacinamiento en los tugurios y la falta de oportunidades de trabajo le daban combustible a la actividad ... eludían los temas más amplios, insistiendo en la reforma moral individual (en vez de la social)Finnegan escribió que con base en los registros históricos, las instituciones religiosas tenían motivaciones distintas a la de sencillamente querer disminuir la prostitución; estas motivaciones múltiples llevaron a la proliferación de estas instalaciones.^ Finnegan 10-11 Según Finnegan, a medida que las motivaciones empezaron a cambiar de una necesidad de mantener el orden social y moral dentro de los límites de la estructura patriarcal hacia un deseo de seguirse beneficiando de una mano de obra gratuita, las lavanderías de la Magdalena se hicieron parte de una estructura amplia de supresión.
Con la proliferación de estas instituciones y el subsiguiente «aumento drástico» en el número de camas disponibles en ellas, Finnegan señaló que la necesidad de dotar de personal a las lavanderías «se hizo cada vez más urgente».^ Finnegan 10-11 Esta urgencia, afirma Finnegan, tuvo como resultado una nueva definición de «mujeres caídas»: una que era mucho menos precisa y que se expandía hasta incluir a cualquier mujer que pareciera desafiar las nociones tradicionales de la moralidad irlandesa. Afirmó, además, que esta definición nueva tuvo como resultado aún más sufrimiento, «especialmente entre aquellas en creciente número que no eran prostitutas sino madres solteras—obligadas a entregar tanto a sus bebés como sus vidas».^ Finnegan 28^ Smith 42 Y así como este concepto de «caída» se expandió, lo propio ocurrió con las edificaciones, tanto en términos de tamaño físico y como en términos de su papel en la sociedad.
Las mujeres eran estigmatizadas como madres y criminales si llegaban a tener un hijo solteras. Las opciones que tenían las mujeres en esos tiempos eran muy limitadas. No tenían un sistema de bienestar social, y por lo tanto, muchas recurrían a la prostitución o se incorporaban a estos hogares de madres y niños, también conocidos como Lavanderías de la Magdalena.Smith, James M, Irelands Magdalen Laundries and the Nations Architecture of Confinement, Manchester University p Press, 2007
Expansión Muchas instituciones religiosas crearon aún más lavanderías irlandesas, reformatorios y escuelas industriales, a veces todos juntos en el mismo terreno, con el objetivo de «salvar las almas, principalmente las de mujeres y niños».^ Raftery 18. Ejemplos de esto fueron la Orden de Nuestra Señora de la Caridad y las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, quienes administraban las lavanderías más grandes en Dublín. Estos «grandes complejos» se convirtieron en un «sistema entrelazado masivo …cuidadosa y laboriosamente construido…a lo largo de muchas décadas» y en consecuencia, las lavanderías de la Magdalena se volvieron parte del «sistema más grande de control de niños y mujeres» en Irlanda (Raftery 18). Las mujeres y sus hijos «bastardos» eran «encarcelados por transgredir el estricto código moral de la época» y las mismas congregaciones religiosas controlaban los orfanatos, las escuelas de reformatorio y las lavanderías.^ Raftery 19. Así pues, estas instalaciones «se ayudaban a sostener una a la otra –las chicas de los reformatorios y las escuelas industriales a menudo terminaban trabajando el resto de sus vidas en las lavanderías de la Magdalena».
Casi todas las instituciones eran controladas por congregaciones religiosas femeninas, es decir, por monjas, y estaban regadas por todo el país «en ubicaciones prominentes en pueblos y ciudades». De esta manera, de acuerdo con Raftery, eran poderosas y ubicuas, capaces de controlar eficazmente las vidas de mujeres y niños de «todas las clases».Raftery 284
Esta segunda encarnación de las lavanderías de la Magdalena difería en gran manera de su primera encarnación, debido a su «longevidad» y a «su diversa comunidad de internas, que incluía casos perdidos, mujeres con retrasos intelectuales…[y] mujeres provenientes las escuelas industriales y reformatorios».^ Smith xv, xvi Estas instituciones particulares intencionadamente compartían «características primordiales, que incluían un régimen de oración, silencio, trabajo en la lavandería, y una preferencia a tener internas permanentes,» lo cual, como lo señala Smith, «contradice la misión declarada de las congregaciones religiosas de proteger, reformar y rehabilitar».
A la vez que esta expansión tenía lugar y estas lavanderías se hacían una parte de una gran red de instituciones, el tratamiento hacia las chicas se hacía cada vez más violento y abusivo. Según Finnegan y Smith, los asilos se volvieron «particularmente crueles», «más herméticos» en su naturaleza y «enfáticamente más punitivos».^ Finnegan 28^ Smith 42 Aunque estas mujeres no habían cometido delito ninguno y nunca había sido llevadas a juicio, su encarcelación indefinida era llevada a cabo en la práctica a través de candados, portones de hierro y guardias de prisión en forma de monjas apáticas. Para 1920, según Smith, las lavanderías de la Magdalena habían dejado de afirmar casi por completo que su objetivo era la rehabilitación y en cambio, se habían «mezclado fácilmente en la arquitectura estatal de contención».
De acuerdo con la historiadora Frances Finnegan, al comienzo de la existencia de estos asilos, debido a que muchas de las mujeres tenían un historial como prostitutas, las mujeres (a quienes se llamaba «niñas») eran consideradas «en necesidad de penitencia», y hasta los años setenta se les exigía dirigirse a todas las miembros del personal como «madres» independientemente de su edad. Para aplicar el orden y mantener una atmósfera monástica, las internas eran obligadas a observar un estricto silencio durante gran parte del día.
A medida que el fenómeno se hacía más extendido, se esparció más allá de la prostitución hasta abarcar a delincuentes insignificantes, huérfanas, mujeres con discapacidades intelectuales y jóvenes que habían sufrido maltrato. Un informe de 2013 hecho por un comité inter-departmental presidido por el senador Martin McAleese no encontró ninguna evidencia de que mujeres solteras hubiesen dado a luz en el asilo."Report of the Inter-Departmental Committee to establish the facts of State involvement with the Magdalen Laundries". Department of Justice and Equality. Retrieved 29 June 2013. Page citations needed. Incluso jóvenes que eran consideradas demasiado promiscuas y coquetas o demasiado bonitas, eran enviadas a un asilo por sus familias. Esto era un paralelo de la práctica de los asilos para lunáticos o manicomios administrados por el estado en Gran Bretaña e Irlanda durante el mismo periodo, donde muchas personas con supuesta «disfunción social» eran internadas en asilos. Sin que hubiera un familiar en el exterior que pudiera responder por ellas, muchas de las mujeres encarceladas permanecían en los asilos por el resto de sus vidas, muchas tomando los votos religiosos.