El programa espacial de España es el conjunto de actividades e iniciativas emprendidas por España para promover y desarrollar las ciencias y tecnologías espaciales, en colaboración estrecha con los programas espaciales europeos de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la EUSPA.
Antecedentes históricos Siglos XI-XIV En 1069, a petición de Al-Mamún, rey de Toledo, se elaboraron las Tablas toledanas, cuyo principal autor fue Azarquiel. Azarquiel, que tenía en su poder datos precisos sobre multitud de fenómenos gracias a la labor de sus ayudantes, permitían predecir los eclipses solares que sucederían años, e incluso siglos, más tarde. La precisión de las Tablas toledanas era tal que Pierre Simon de Laplace (1749 - 1827), uno de los más destacados matemáticos de la Ilustración, seguía utilizando las observaciones y anotaciones de Azarquiel para realizar los cálculos de las posiciones y predicciones planetarias.
Azarquiel pudo determinar con una gran precisión que el punto del apogeo solar variaba en 1 grado cada 299 años, analizando las observaciones que se disponían al respecto durante los últimos 25 años.
Azarquiel tuvo la osadía de considerar la posibilidad de que en realidad las órbitas planetarias no fuesen ni perfectas ni geométricas, sino que tal vez tuviesen una forma bastante cercana a la de un óvalo, que en esencia no es más que una especie de circunferencia alargada, algo que demostraría siglos más tarde Johannes Kepler (1571-1630). Al parecer, a partir de esta premisa, y mediante el análisis detallado de los datos recabados, Azarquiel pudo predecir la aparición de eclipses y cometas. Sobre esto hay que ser, no obstante, un tanto cautelosos, ya que no se dispone aún de los conocimientos necesarios para poder asegurar tal extremo. Resulta posible, a pesar de todo, que Azarquiel pudiera en efecto tener conocimiento de algún procedimiento por el cual llegara a predecir la aparición de un cometa. Si esto fuera cierto, Azarquiel aventajaría en casi 700 años a Edmund Halley (1656-1742), quien comprendió que el cometa que lleva su nombre y que se había observado en 1681 era el mismo que otros astrónomos vieron en 1604, y que retornaría a las proximidades del Sol en 1757.
En el Alfonso X el Sabio solicitaría la elaboración de una versión revisada de las Tablas toledanas, las Tablas alfonsíes. Su uso sería amplio en el Renacimiento. También ordenó compilar todo el conocimiento astronómico de la época en el Libro del saber de astrología, que incluye un catálogo de 1020 estrellas con sus coordenadas celestes; explica la construcción y uso de instrumentos astronómicos tales como el astrolabio.
Siglos XV-XVII En el se renovó el interés en el estudio de los cielos gracias, en parte, a la escuela de traductores de Toledo, que había sido creada por el rey Alfonso X el Sabio (1221-1284) quienes empiezan a traducir antiguos textos astronómicos.
Invención del telescopio Juan Roget, podría ser, según investigaciones recientes, el inventor del telescopio. En un escrito de la época, el hijo de Zacharias Janssen, uno de los atribuidos inventores del telescopio, cuenta cómo su padre en realidad copió el diseño de un artilugio que había comprado y que databa de 1590. El milanés Girolamo Sirturo narra el viaje que realizó por Europa, hacia 1609-1610, en su libro Telescopium, sive Ars perficiendi novum illud Galilaei visorium instrumentum ad sydera (1618). Sirturo refiere su entrevista en Innsbruck, el año 1611, con Maximiliano, archiduque de Austria, quien le enseñó un diseño de un telescopio procedente de Galileo: «Tras estudiarlo atentamente -narra Sirturo- me giré hacia el príncipe y le dije que yo poseía lo mismo, pero procedente de España». Se trataba de uno fabricado por Juan Roget, adquirido en 1609 en Gerona. Al comparar las medidas (las curvaturas) de las lentes procedentes de Roget con las dibujadas por Galileo resultaron ser exactas.
La obra de Benito Daza Valdés titulada Uso de los antojos (Sevilla, 1623) está considerada como el primer tratado sistemático para corregir defectos de la visión y en ella se detalla el uso del telescopio y de las observaciones de la Luna y las estrellas.
Evolución de la navegación astronómica
España necesitó la astronomía por su aplicación a la navegación, al tener que controlar un enorme imperio de ultramar. Fue una aproximación pragmática, como ayuda al comercio, las comunicaciones y su expansión. Para el cálculo de la latitud había métodos desde hacía siglos utilizando la posición de las estrellas, la dificultad era averiguar la longitud.
En el Rui Faleiro redactó el Regimento de la altura leste oeste (Sevilla, 1519/1522), que contenía tres métodos «Para saber la longitud, que es altura de Leste Oeste» («Por la latitud de la Luna», «Por conjunción de la Luna con estrellas fijas u oposición con el Sol» y «Por la variación de la aguja»). Poco después Martín Fernández de Enciso publicó la Suma de Geographia (Sevilla, 1519), que contenía un «regimiento del Sol y del Norte» (tablas de la declinación solar) y un gráfico, «regimiento del Norte», para corregir la altura de la polar tras apreciar el piloto «a ojo» la posición de la bocina (Osa Menor) o guardas de la polar (Kochab y Pherkad). Fueron estas obras las que permitieron a Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano completar la primera vuelta al mundo. Estaba previsto que el propio Faleiro formase parte de este viaje pero finalmente tuvo que ser reemplazado por enfermedad.
Alonso de Santa Cruz (1505-1567) elaboró el primer tratado y estudio sistemático del problema de la longitud, el Libro de las Longitúdines y manera que hasta ahora se ha tenido de navegar (1555), dirigido al ya rey Felipe IICuesta Domingo, págs. 31-32. y predijo que el transporte de la hora dentro del barco podía servir para averiguar la longitud. Sin embargo el primer reloj preciso transportable a bordo llegaría más de doscientos años después. El rey prohibió la distribución de este tratado, para evitar que llegase a manos de ingleses y franceses.
A principios del XVII Felipe III estableció un sustancioso premio, una pensión vitalicia, al que resolviese con precisión el problema de la longitud geográfica con el objetivos de facilitar la navegación astronómica. A este premio optaron diversas investigadores, durante varias décadas, entre ellos Galileo Galilei (1564-1642). Finalmente, hacia 1612, Juan Arias de Loyola (ca.1591-1612) fue declarado vencedor.
El Real Observatorio de Cádiz thumb|right|Reconstrucción del telescopio de Herschel, en el Real Observatorio de Madrid. En algún momento el arte de navegar se convirtió en la ciencia de navegar, siendo Jorge Juan uno de los principales artífices de esta transformación. Fue precisamente él quien sugirió al rey Carlos III el establecimiento del Real Observatorio de Cádiz en el sur de España, fundado en 1753 y dedicado a resolver el problema de la longitud en el mar, enseñar los modernos métodos de navegación astronómica y mantener la hora. Se encarga al astrónomo William Herschel la construcción de un telescopio reflector, inventado por Isaac Newton y que estaba revolucionando la observación astronómica al no sufrir de aberración cromática propia de los telescopios refractores y ser sencillo de manejar, con un espejo de 60 cm de diámetro. La puesta en servicio del instrumento llevó mucho tiempo, en parte por la escasez de medios económicos que venía sufriendo el observatorio y en parte por la muerte, tras caer de su caballo en la caravana que transportaba el telescopio desde Bilbao y golpearse la cabeza con una roca, del jefe del taller de instrumentos, Carlos Rodríguez, el único que conocía los instrumentos de Herschel. Su primer director fue el matemático Salvador Jiménez Coronado (1747-1813), quien redactó su «Reglamento», publicado en el número 21 de Variedades de Ciencias, Literatura y Artes. A partir de entonces, este observatorio, el más meridional de Europa, fue ganando prestigio en el contexto astronómico europeo gracias a los trabajos realizados por estudiosos como Luis Godin o Vicente Tofiño de San Miguel y al apoyo técnico y científico prestado a las expediciones ilustradas del último tercio del .
Misión Geodésica Hispano-Francesa
En el los reinos de España y Francia realizan una expedición conjunta, la Misión Geodésica Hispano-Francesa a la Real Audiencia de Quito, en el Imperio español en Sudamérica en 1735 y que hoy es parte de Ecuador. De ésta formaban parte Jorge Juan, Louis Godin, Charles Marie de La Condamine, Pierre Bouguer y Antonio de Ulloa. Esta misión determinó la medida del meridiano en la línea ecuatorial. Esto hizo posible determinar que el diámetro de la Tierra es mayor en el ecuador que en los polos, tal como había conjeturado Isaac Newton, y el nacimiento del sistema métrico decimal basado en la medida del meridiano terrestre.
Medición del Tránsito de Venus En 1716 el astrónomo inglés Edmund Halley propuso un método para medir la distancia Tierra-Venus aprovechando el tránsito de Venus que se iba a producir en 1761. Astrónomos de todo el mundo, incluida España, intentaron medir el Tránsito de Venus de 1761 pero las mediciones resultaron imprecisas. En 1769 habría otra oportunidad, reto que abordaron 150 astrónomos de todo el mundo, pues este evento no se repetiría en 120 años. Jorge Juan había planificado una expedición para realizar esta medición desde California (Nueva España) pero no pudo ser él, sino Vicente Doz y Funes, quien dirigió la expedición que salió de Cádiz en 1769 y el 3 de junio midieron desde la costa de California (Nueva España) el fenómeno astronómico. En esta expedición iba acompañado por Salvador Medina y algunos astrónomos franceses. Finalmente la medición de Vicente Doz y Funes sería la más precisa de las realizadas en 1769. Los resultados pusieron fin al problema de la determinación exacta de la escala del sistema solar.
En el la comunidad internacional decidió hacer una carta del cielo, la Carte du Ciel, y para ello se construyeron 18 telescopios, que se repartieron entre los observatorios más relevantes de la época, siendo Real Observatorio de Cádiz uno de ellos.
Los invasores franceses de 1808 destruyeron el Real Observatorio de Cádiz, quemaron el telescopio de Herschel y estropearon los libros, aunque se logró salvar de tapadillo una parte de la colección de instrumentos, que se había comprado en comisiones específicas por Europa. Tras la guerra las actividades puramente astronómicas fueron transferidas a una nueva institución, el Real Observatorio de Madrid, bajo la dirección de Domingo Fontán.
En 1835 reaparece el cometa Halley, disparándose el interés por la astronomía y provocando un aumento de los recursos económicos para esta área. En 1854, el Real Observatorio de Madrid, bajo la dirección de Antonio Aguilar, instala el círculo meridiano de Repsold y en 1858 la montura ecuatorial Merz, iniciándose una etapa de trabajos astronómicos, geodésicos y meteorológicos. En marzo de 1904 el Real Observatorio de Madrid fue agregado al ahora llamado Instituto Geográfico Nacional, transfiriendo con ello las competencias como primera institución española en astronomía.
miniaturadeimagen|derecha|Reportaje-entrevista a Emilio Herrera en la revista Estampa en 1932 El 28 de mayo de 1900 se produce un eclipse total de Sol cuya franja de totalidad cruza la península ibérica. Este eclipse es el comienzo de una nueva etapa en el Real Observatorio de Madrid. Para observar el eclipse se encargan dos telescopios refractores de unos 20 cm al constructor irlandés Howard Grubb. De esta misma casa se instala otro telescopio gran ecuatorial en 1912.