Josefina Oliver (Buenos Aires, 1 de marzo de 1875, Ib., 23 de enero de 1956) escribió un diario personal en 20 tomos que comprenden desde 1892 hasta el día antes de su muerte. En él registra su vida diaria y contexto. Fue una fotógrafa y artista visual argentina que tomó 2730 fotos, de las cuales iluminó (coloreó) 1050. Ideó escenografías para numerosas tomas, y con las mejores fotografías creó 200 collages y 120 postales.
Su obra, velada durante años, hoy resulta contemporánea por su factura y su aporte a una perspectiva más amplia de la historia desde fines del hasta mediados del en Argentina, habilitando reflexiones sobre género, identidad y memoria.
Biografía Nace el 1 de marzo de 1875, en Caballito, Buenos Aires.“(...) nacimos en una quinta de Caballito (Rivadavia 1537 y según mi fé de bautizmo, numeración antigua- hoy es el 4.000 y pico y todo está edificado por allí-”Sus padres, Pedro Oliver y Juana Rebasa, viuda -que trae a su hijita de un primer matrimonio y a su madre-, llegan al Puerto de Buenos Aires el 25 de noviembre de 1870 desde Palma de Mallorca, España. La tradición oral familiar dice que viajaron en la corbeta La Constancia, de la que se conserva un cuadro pintado por Louis Pellegrin en 1855. Del matrimonio nacen Josefina y Catalina, casi tres años menor. Ambas asisten a la escuela pública, pero Josefina debe abandonarla a los catorce años para ocuparse del hogar en reemplazo de su madre, internada por una enfermedad de salud mental.
En 1894 muere Juana Rebasa en el Hospicio de Mujeres Dementes de Buenos Aires (hoy Hospital Moyano). La familia calla en vida esta situación que forma parte de los tabús sociales de entonces; sin embargo, las hijas llevan luto riguroso y van con su padre al Cementerio de la Recoleta a dejarle una corona de flores de porcelana.
En 1907, Josefina se casa con su primo Pepe Salas Oliver con quien tiene cuatro hijos, el primero fallece en el parto en 1910, en Capital Federal. Ese año viajan a Palma de Mallorca, España, donde nacen sus dos hijas, Isabel (1911) y Juana (1912). Al regresar a la Argentina en 1914, viven en Adrogué, provincia de Buenos Aires, donde nace Pedro (1915), el hijo menor. En 1921 sufre un desprendimiento de retina del ojo izquierdo, corre el riesgo de quedar ciega y se sobrepone con reposo estricto. Edita en ese tiempo un primer tomo con sus siete primeros cuadernos del Diario.
El matrimonio y sus tres hijos regresan a vivir a Palma de Mallorca, en 1922, donde los niños crecen y se educan. La hija mayor se casa allí con el médico palmesano Manuel Balaguer, con quien tiene dos hijos, Manolo e Isabel Balaguer Salas. En 1937, en el marco de la Guerra Civil Española, Josefina y Pepe regresan a Buenos Aires con su hijo Pedro, argentino, quedando sus dos hijas en España.
En 1939 se casa en Palma de Mallorca su hija Juana con José Vich, y tiene un bebe que muere repentinamente a los cuatro meses. Acto seguido, Juana se suicida. Esta tragedia golpea profundamente a Josefina y su marido, quien en agosto fallece de una neumonía. Isabel, la hija mayor, viaja embarazada a Buenos Aires con sus dos hijitos para acompañar a su madre. Viven juntos en un departamento cerca de Catalina, hermana con quien Josefina mantuvo una relación estrecha toda la vida. Al mes de llegar nace Pepita, la beba esperada por Isabel, alegría revitalizadora para Josefina. Un año después, Isabel logra reunirse con su marido Manuel Balaguer, alejado hasta entonces por la Segunda Guerra Mundial. Viven los cinco con Josefina durante quince años, hasta su fallecimiento el 23 de enero de 1956.
Obra La obra de Josefina Oliver se pudo ver como tal recién cuando sus diversas partes fueron reunidas por Patricia Viaña. Como mujer del , Josefina tenía vedada la acción fuera del hogar o del círculo de las amistades; publicar obra era cosa de varones. La coerción ejercida por la propia familia, la prensa, la sociedad toda sobre unas pocas adelantadas como Julieta Lanteri, Elvira Rawson, Delfina Bunge era un ejemplo claro para cualquier mujer que aspirase a la independencia. Josefina Oliver aceptó los condicionamientos de su tiempo, pero logró contravenirlos con su trabajo artístico sin fronteras temporales ni de género, pese a su escasa educación formal.
El análisis de su vida muestra posibles conexiones entre sus expresiones artísticas y los hechos dramáticos que vivió. Los problemas mentales de su madre probablemente hayan influido en su elección de la fotografía y sobre todo del iluminado (coloreado) de sus copias, algo inusual para el blanco y negro de la época. “Josefina hablaba por imágenes”, dice Inés Tanoira, fotógrafa que la estudió. En contraposición, escribe y tacha este tema en su diario para evitar dejar registros de sus visitas al Hospicio de Mujeres Dementes y del día del fallecimiento de su madre.
Una situación análoga, angustiante como la anterior, la pérdida del ojo izquierdo en 1921, dio inicio a la edición del primer tomo del Diario: Apuntes I. En 1943, tres años después del suicidio de su hija Juana, editó sus cuadernos en 11 tomos que dio a encuadernar a varias imprentas.
Descubrimiento En octubre del 2006, Patricia Viaña le pidió a su prima, Isabel Balaguer, un tomo del diario de su abuela Josefina Oliver. Al recibirlo, vio que era el Tomo tercero, y en sus hojas encontró adheridas fotos sacadas por Josefina. Gracias a ellas, pudo identificar a la autora de las fotografías que había encontrado 23 años antes en su casa, en donde vivió su abuela Catalina Oliver, hermana de Josefina. Las 100 imágenes que tenía, más las nuevas del Diario, la llevaron a pensar que estaba ante una fotógrafa que, tal vez, era interesante para la fotografía argentina.
Con el fin de comprobarlo, se dedicó a buscar todo el material de su tía abuela que hubiera en la familia. Gracias a sus primos, pudo leer los 20 tomos del Diario, escanear sus 8400 páginas y recuperar unas 2730 fotos guardadas por Josefina Oliver en álbumes, postales y collages. En sus casas también logró encontrar las revistas que leía, como La Ilustración Sudamericana, El Correo de Ultramar o Caras y Caretas. También muchas partituras de música: óperas, como "Manon" o "Tannhäuser"; zarzuelas, como "La Verbena de la Paloma"; tangos, como "El Ceibo"; polkas y folclore, como los tristes de Julián Aguirre; todo esto sumado a cuadros pequeños y dibujos de familiares.
Más adelante, en el Tomo 2, encontró un texto autónomo que Josefina registró con el título "Mi Biblioteca en el año 1900". Es un índice de ocho páginas con libros y revistas, entre ellos figuran La Mujer de Jules Michelet, La Fotografía Moderna de Francisco Pociello y obras de Samuel Smiles como El Carácter, El Deber, El Ahorro, La Ayuda Propia.
Viaña fue recopilando, así, esa enorme cantidad y variedad de material disperso, inadvertido hasta el año 2006. Con él reunido creó el Archivo Josefina Oliver para su uso como investigadora, gracias a él emergió la obra completa de Josefina Oliver desde 1892 hasta 1956. También Viaña estudió el contexto histórico de Josefina para situar la obra en su época y lograr un análisis integral de su mundo; junto a ella, diferentes profesionales investigaron el material, constatando el entramado que esta autora logró en su obra completa.
A Josefina Oliver se la puede encontrar en su propia página web, en numerosos blogs, perfiles de Instagram, Facebook y Vimeo.
Diario personal El 1 de enero de 1892, Josefina Oliver empieza a tomar “apuntes” de su vida diaria en cuadernos cuadriculados. Los primeros años redacta pocas carillas, pero a partir de 1898 comienza a escribir regularmente. Es una escritora consciente y decidida cuando inicia el segundo tomo, de 1899 a 1902. A partir de entonces cambia el nombre de "Apuntes" a "Diario" e incluye fotos y sueltos entre los textos. Terminará hablando con orgullo de “Mi Colección”: 8400 páginas reunidas en 20 tomos al año 1956, una verdadera galería de arte personal en donde despliega sus fotografías, collages y escritos, y expone la obra de toda su vida.
Registros escritos Josefina Oliver sigue un impulso interno de testimoniar, de asentar su alrededor, va dejando un detalle de época con el que compone un panorama de la sociedad en que vivió.
En el plano educativo o cultural describe las diferentes escuelas a las que concurrió, con sus directoras, maestras de grado y condiscipulas. Registra los clubes sociales: el Club Español, el Centre Catalá -hoy Casal de Catalunya- y la Casa Balear, que nucleaban a los diferentes inmigrantes españoles. También su asistencia a espectáculos: los teatros, las compañías que actuaban y, en algunos casos, sus apreciaciones de las obras. La primera función de cine a la que concurrió en agosto de 1896, en el Teatro Odeón, en Buenos Aires, cuyo estreno quince días antes inauguró la cinematografía en Argentina. Describe cuando su vecino, Ricardo Candriani, y su esposa le presentan a sus amigos, artistas italianos: Decoroso Bonifanti, quien hace una carbonilla suya, y Antonio Alice, quien pinta un cuadro a partir de uno de sus autorretratos fotográficos.
Va registrando los cambios de época en la vida cotidiana: los tranvías a caballo que se convierten en eléctricos a partir de 1897; el agua en baldes, tinajas y aljibes pasa a ser agua corriente en 1895; el cambio de los pozos sanitarios por cloacas; la iluminación de faroles de gas se transforma en luz eléctrica; la cocina a leña se convierte en la nueva cocina a gas.
Describe el cambio de la Ciudad de Buenos Aires: el reemplazo de los “huecos” por plazas; la construcción de nuevos barrios y edificios importantes; la apertura de la Avenida de Mayo, que implicó la demolición de muchas manzanas; la aparición del Teatro Colón. En sus paseos habituales detalla el Zoológico; los cementerios de la Recoleta y Chacarita que, además de necrópolis, eran entonces espacios de recreación; el Skating Ring, donde iban a patinar. Los paseos por el día a Tigre; la Isla Maciel; Quilmes; los carnavales en Montevideo, Uruguay; Mar del Plata y la chacra de San Vicente comprada por su padre, Pedro Oliver, en diciembre de 1896. Un lugar destacado ocupan sus viajes en transatlántico a Europa, donde describe el día a día en el barco y, al llegar, las ciudades que recorre en España, Francia e Italia.
A medida que va escribiendo, detalla también enfermedades con sus tratamientos; muertes, que dan cuenta de la alta tasa de mortalidad en niños, al igual que en adultos por falta de antibióticos y ausencia de conocimientos médicos. Los suicidios, no pocos, y los abortos, ya espontáneos o inducidos.
Entre muy numerosos sucesos nacionales descritos, se encuentran la Revolución del Parque en 1890 y las huelgas en Buenos Aires a principios de siglo, la asunción de diferentes presidentes, sus decesos y el espacio destacado que dedica a la muerte de Evita Perón en 1952. En los acontecimientos internacionales figuran la pérdida de la isla de Cuba como colonia española en 1898, la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, entre muchos otros.
Tiene un estilo llano en su Diario, comenta solo lo apropiado, lo que “debe ser” en estilo victoriano. Salvo un par de veces, en que se enoja y el dolor desborda su espíritu certero y fuerte.
Este último tono franco aparece en tres textos autónomos en los tomos XV, XVI y XVII. Para distinguirlos, los escribe dando vuelta las páginas de los cuadernos. Hablan de su mundo mítico personal, de su intimidad, los temas más queridos por su memoria.
1 - Los “Cuentos de Abuelita”, escuchados en su infancia a su abuela materna, eran mallorquines, breves e interesantes. De ellos dice: “estos cuentos tienen antigüedad de siglos”.