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Juan Edmundo Tomis Stack (Bridgeport, Connecticut, Estados Unidos, 23 de noviembre de 1925 - Lambayeque, Perú, 29 de junio de 1986), conocido como Padre Juan Tomis, fue un sacerdote católico destacado por la diócesis de Bridgeport, Connecticut, como misionero en el norte peruano. Se le reconoce como el gran impulsor de la Parroquia San Juan María Vianney de Chiclayo (SJMV), Perú (1967-1986). Su labor pastoral excedió los límites de su parroquia para llegar a sectores vulnerables donde hubieran enfermos, presos, discapacitados, o desplazados, que respondieron a su mensaje incondicionalmente, porque supo utilizar el lenguaje “de corazón a corazón,” de un pastor que hablaba más con el ejemplo de su trabajo que por la fluidez de un idioma que no era el suyo.
Tomis fue formado en tiempos en que la Iglesia Católica se preparaba para grandes reformas eclesiásticas que resultaron en el Concilio Vaticano II, vivió en un país donde emergían grandes líderes de las luchas por los derechos civiles de los años sesenta, migró a Perú en tiempos de gobiernos de facto, era consciente de la persecución a sacerdotes católicos en Latinoamérica, y de los asesinatos de misioneros como P. Stanley Rother (1963), P. Rutilio Grande (1977), y Monseñor Romero (1980).
Durante su trabajo de 19 años frente a la parroquia SJMV, de Chiclayo, Tomis fue conocido por su vida austera así como por su desbordante energía y carisma que le permitieron ser pionero en diversas iniciativas de justicia social, como los vasos de leche gratis para los niños, comedores populares, recuperación escolar durante las vacaciones de verano, consultorios médicos y legales gratuitos, biblioteca pública, guardería infantil, colegios en barrios marginales, Santa Misa en la cárcel de Chiclayo, olimpiadas para discapacitados, Santa Misa en vivo por televisión, entre otros.
Infancia y juventud
Nació el 23 de noviembre de 1925 en la ciudad de Bridgeport, Connecticut, Estados Unidos. Fue el tercero de cinco hijos del matrimonio de inmigrantes eslovacos Bartolomé Tomis (n. 1887) y Verónica Stack (n. 1900). Al igual que sus hermanos Albert, Mary, William“Bill” y Frank, fue bautizado en la iglesia local de Santos Cirilo y Metodio, el 6 de diciembre de 1925. Sus padres se encuentran enterrados en el camposanto de la misma iglesia.
Tomis tuvo su educación primaria en la escuela parroquial Sts. Cyril and Methodius Grammar School (1930-39), y luego asistió a la escuela secundaria Warren Harding High School (1940-43). Junto a sus hermanos, fue parte de los clubes de Boy Scouts de su comunidad. Mildford Mirror, November 26, 2012 William “Bill” Tomis
Bridgeport, Connecticut, es considerado como uno de los primeros lugares de migración de Eslovaquia a Estados Unidos. Ciudades con alto porcentaje de eslovacos en CT, US. La Parroquia Santos Cyril and Methodius, conocidos como los “Apóstoles de los Eslavos,” se convirtió en parroquia nacional eslovaca, donde los católicos de ese país no solo practicaban su fe sino también sus tradiciones.
Sus estudios superiores se completaron con filosofía en St. Thomas Seminary en Bloomfield, Connecticut, y teología en el St. Mary's Seminary en Baltimore, Maryland.
Formación y Carrera Sacerdotal
18 de mayo de 1950. Ordenado sacerdote diocesano en la Catedral de San José, Hartford, CT, por Monseñor Henry J. O’Brien, Obispo de Hartford.
29 de mayo de 1950. Asistente de la Parroquia San José, en Brookfield, CT.
18 de septiembre de 1954. Asistente en la parroquia San Benedicto, Stamford, CT.
24 de septiembre de 1955. Asistente en la parroquia Holy Name of Jesus, Stratford, CT.
17 de junio de 1963. Asignado a la Misión Santa Cruz, Cajamarca, Perú.
21 de agosto de 1966. Párroco de la Iglesia La Inmaculada, Santa Cruz, Cajamarca, Perú.
31 de agosto de 1967, Párroco fundador de la parroquia San Juan María Vianney de Chiclayo, Perú.
10 de noviembre de 1979. Designado como Prelado de Honor por el Papa Juan Pablo II.
29 de junio de 1986. Fallece después de 36 años de vida sacerdotal, 23 de los cuales fueron dedicados al trabajo misionero y pastoral en Perú.
Misionero en Perú
El Perú de Bridgeport
La preocupación del Vaticano en los países de América Latina había crecido con los Papas Pío XII y Juan XXIII y continuó durante el pontificado de Pablo VI. Movido por el Concilio Vaticano II, y por el llamado de la Iglesia para la ayuda misionera, Mons. Walter W. Curtis y el clero de la Diócesis de Bridgeport resolvieron el 29 de marzo de 1963 comenzar el trabajo misionero en América Latina.
Uno de los primeros voluntarios para esta misión fue el Rev. Juan Tomis, quien escribió: “Le aseguro, Obispo, estoy muy feliz de ofrecer mis servicios en el sacerdocio en cualquier capacidad que pueda ser de mayor utilidad a Dios y su Iglesia. Siempre he tenido la mayor admiración por los misioneros que se han dado a la Iglesia en tierras extranjeras.” DiGiovanni, Stephen Michael. (January, 1987). Bridgeport’s Peru. ASIN: B00073DS2W. English. Cuatro días más tarde, el Obispo Curtis recibió una carta de Mons. Rómulo Carboni, Nuncio Apostólico en Lima, donde solicitaba ayuda para sus áreas sin sacerdotes, como la Hacienda Pucalá, un área grande de plantaciones de caña de azúcar y de algodón; y Santa Cruz de Cajamarca, un pueblo de montaña y sus alrededores, ambos en la Diócesis de Chiclayo.
El proyecto de la nueva diócesis en el Perú se anunció el 7 de junio de 1963, y suscitó la inmediata respuesta positiva por parte de los católicos del condado de Fairfield. Las donaciones, promesas de oraciones y asistencia financiera pronto entraron en las oficinas diocesanas, mientras que clubes de la misión y las sociedades se formaron en las escuelas católicas y las parroquias de la diócesis. En la noche del 7 de julio de 1963, acompañados en el aeropuerto de Idlewild (ahora J.F. Kennedy Airport) por sus amigos y familiares, hermanos sacerdotes, y el Obispo Curtis, los tres sacerdotes de Bridgeport abordaron el vuelo para el Perú. Ellos eran: John Horgan, Robert Luther, y Juan Tomis.
Misionero en Santa Cruz
Después de pocos meses en Lima, aprendiendo el idioma español, los tres misioneros de Bridgeport partieron hacia Cajamarca, el 2 de diciembre de 1963. Los sacerdotes llegaron a la misión de Santa Cruz, de la arquidiócesis de Chiclayo bajo la jurisdicción de su pastor Eclesiástico el Arzobispo Monseñor Daniel Figueroa Villón. Padre Horgan fue nombrado superior del pequeño grupo por el obispo Curtis. Sin embargo, nada fue como lo esperado. John Horgan reportó: "Es como la Luna. Las condiciones dentro de la ciudad son primitivas. No hay electricidad, a excepción de unas pocas luces de la calle en los caminos de tierra golpeada, no hay gasolina, ni agua corriente en la ciudad.” DiGiovanni, Stephen Michael. (January, 1987). Bridgeport’s Peru. ASIN: B00073DS2W. English. Las iglesias, construidas en tiempos de la colonia española, no tenían pilas bautismales, ni candelabros.
En estos primeros tiempos, Tomis se ocupó de conocer a sus nuevos feligreses visitando los caseríos colindantes que correspondían al territorio eclesiástico de la parroquia. Debemos recordar que en los años 60 no fue fácil navegar los caminos rurales – pero de hecho – ese sacrificio que Tomis asumió, fue provechoso para que él conociera mejor y más de cerca la dureza de la vida que llevaban aquellos hijos de Dios a quienes él fue enviado. Cada día el Tomis ahondaba en su corazón el amor de Cristo para sus hermanos y así llegó a querer entregarse más y más en servirles. Se podría decir que, a imitación de Cristo, Tomis se “encarnó” en la cultura y la vida de los miembros de esa parroquia hasta terminar enamorado de su comunidad, por lo que solía referirse a la Misión de Santa Cruz como “Mi primer amor.”
El 17 de junio de 1963, Tomis fue nombrado párroco y se esmeró en renovar el templo para un mejor espacio donde celebrar la Eucaristía y los sacramentos y, posteriormente, en construir el templo de La Inmaculada, que fue propiamente la nueva parroquia.
De Bridgeport llegaron los utensilios litúrgicos, sin embargo, Tomis tuvo que enfrentar una nueva realidad. Gran parte de las donaciones fueron robadas de la iglesia ya que la gente no tenía nada. Incluso las velas del altar fueron robadas de los altares, porque el pueblo no había visto nunca antes objetos de tanta belleza como las velas de cera pura de abejas. Sin embargo, eso no amedrentó su entusiasmo. Los cruceños evocan a Tomis con respeto porque ningún distrito de Santa Cruz se quedó sin su visita; a pie, a lomo de caballo, o a lomo de mula, siempre llegaba a sembrar esperanza y alegría en los corazones. Slideshare. Revista, p.11. Junio 2011. “Mi Familia de Dios”
Mi familia de Dios
Tomis fue destacado a fundar una nueva parroquia en la zona oeste de Chiclayo, donde nuevas poblaciones emergían a raíz de la migración de la sierra a la costa y a los programas de vivienda social impulsados por el presidente en curso, Arq. Andrés Belaúnde Terry. La Parroquia San Juan María Vianney inicia sus actividades oficialmente el 8 de diciembre de 1967.Municipalidad de Chiclayo. Resolución 952-2017. Diciembre, 2017. “Bodas de Oro Parroquia SJMV”
Los primeros meses de la nueva misión fueron promisorios. La Diócesis de Chiclayo había donado la tierra para la nueva parroquia del área que había sido reservada para el nuevo seminario diocesano Santo Toribio de Mogrovejo. Los fieles empezaron a unirse a la Eucaristía celebrada en la calle o a la sombra de un árbol, porque aún no existía ninguna capilla. Tomis solía convocar a la Santa Misa recorriendo personalmente las calles tocando una campanita, y así con perseverancia, dedicación y amor se fue construyendo las bases de la gran parroquia a la que muy pronto llamaría “Mi familia de Dios”. Semanario Expresión. Reportaje. Julio, 2011. “Virus de Hermandad.”
No pasó mucho tiempo para que Tomis se diera cuenta que su trabajo sería más arduo de lo esperado porque encontró la indiferencia general de la gente. Los católicos no tenían el sentido de pertenencia a cualquier parroquia o iglesia individual. La mayoría de la gente aparecía en cualquier iglesia sólo para una gran festividad, ocasiones como la celebración de los sacramentos, Semana Santa, o cuando los servicios eran necesarios para la vida de alguien, como bautismos, matrimonios, y funerales. Quienes estuvieron a su lado en esos inicios, recuerdan oírle decir “Oh My ¡Cuánto hay que hacer en esta tierra! ”
Tomis, puso entonces, mucho énfasis en la creación y marcha del Concejo Parroquial, que era el organismo encargado del desarrollo del Plan Pastoral que se elaboraba a principios de cada año. Este Concejo velaba por el desarrollo de las diferentes actividades parroquiales, por la administración económica, la construcción de las nuevas capillas, y por cubrir sus necesidades.
Como párroco, Tomis demostró ser un trabajador incansable, mucho más de lo que los ciudadanos esperaban de un sacerdote, siempre atento a las necesidades de la gente, siempre involucrado en nuevos proyectos parroquiales, y dispuesto a conseguir la ayuda necesaria para realizarlos. Y es que esa energía era motivada por las múltiples necesidades de su gente, las cuales él conocía de primera mano por sus constantes visitas y recorridos personales a su parroquia. Su lema era "Si no vives para servir, no sirves para vivir,” que repitió en cada oportunidad hasta que se convirtió en el llamado a la acción de todos los voluntarios que incondicionalmente apoyaban su labor.
Por su gran éxito, Tomis modestamente, no se atribuía el crédito sino que solía decir que todo era posible por los “maravillosos laicos en la parroquia. Son increíbles. Son tan generosos con su tiempo y con todo el dinero que pueden dar. Yo simplemente no podría hacerlo sin ellos”. Semanario Expresión. Reportaje. Julio, 2011. “Virus de Hermandad.”