La cantante estadounidense Madonna es considerada un icono en muchos sentidos, gracias a las diversas áreas de sus contribuciones y obra. Estos ejemplos incluyen —aunque no se limitan— a definiciones como: icono pop, gay, cultural, feminista, sexual, y de la moda, acompañado de superlativos casi propios en extremo, como el haber sido definida «el mayor icono gay» por la revista The Advocate o «el icono pop femenino más grande del mundo» según distintas fuentes como Spin. Ella es según los World Music Awards: «La artista femenina más icónica de todos los tiempos».

La connotación religiosa con la palabra icono no es unívoca, ya que en nuestra era moderna tiene más acepciones y es precisamente Madonna el primer personaje con el que se utilizó por vez primera en la cultura de las celebridades según las palabras del profesor en semiótica y antropología lingüística para la Universidad de Toronto, Marcel Danesi. Desde entonces, su empleo se generalizó inmediatamente y ahora es usado para hacer referencia a cualquier celebridad ampliamente conocida, ya sea hombre o mujer.

Al estar su nombre estrechamente ligado en el trasfondo histórico con la transición de las nuevas acepciones del término, diversos especialistas y diccionarios tan distantes como el Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española o el Oxford Advanced Learner's Dictionary del Oxford English Dictionary han utilizado precisamente su nombre al dar pie a estas nuevas definiciones.

Diversos expertos en temas de semiótica y lingüística, han evaluado y comentado el valor de Madonna como un icono, símbolo, figura, imagen, representación, signo u objeto y, a pesar de estar llena de contradicciones, su caso sugiere quizá una «extrema complejidad».

Su condición de icono no queda definido simplemente como «un icono pop», pues varios académicos y otros expertos le han dado mayor importancia al catalogarla como icono cultural o un mito posmoderno («figura mítica») en el sentido amplio de ambos términos. Como sugiere más de un autor, se trata ya de un «personaje histórico».

Trasfondo histórico

Según la académica Diane Pecknold en el libro American Icons, muchos observadores contemporáneos sostuvieron que desde el comienzo de su carrera, la «principal ambición de Madonna era convertirse en un icono» y que la música pop simplemente le «proporcionaba la vía más conveniente para lograr ese objetivo».

La Encyclopedia of World Biography: Love-Micah (1998) de la editorial educativa Gale, asegura que «Madonna [ya] se había convertido en un icono para sus fanáticos» con su primera gira The Virgin Tour, cuando miles de chicas copiaron su estilo de la moda en lo que más tarde se conoció como las «Madonna wannabes». Tiempo después, más de algún autor señaló su condición de persona monónima, como uno de los factores determinantes de su «estatus icónico».

El contexto de Madonna con el término «icono» está históricamente entrelazado. Marcel Danesi, profesor de semiótica y antropología lingüística en la Universidad de Toronto apuntó en su libro Popular Culture: Introductory Perspectives sobre el origen y las recientes acepciones del término «icono». Indicó que tiene un antecedente religioso, pero más tarde se utilizó por vez primera en el mundo de las celebridades para describir a la cantante estadounidense Madonna. Esto a pesar de que los primeros que lo usaron en este contexto, fueron conscientes de la ironía detrás del uso del término, ya que el nombre de la cantante es derivado de la Virgen María en la tradición cristiana. Tras esto, su uso se generalizó inmediatamente y ahora es común emplear la palabra para hacer referencia a cualquier celebridad ampliamente conocida, ya sea hombre o mujer, de acuerdo a lo que escribió el académico.

Esto también es reforzado a partir de que la connotación religiosa no es unívoca en la palabra «icono», pues existen definiciones más recientes sobre el término en diversos diccionarios estándares, como la entrada del Oxford English Dictionary donde es definido y al que se le puede atribuir a cualquier persona, cosa o institución etc, «considerada digna de admiración o respeto o un símbolo representativo de una cultura o movimiento». Y es precisamente el nombre de Madonna la ejemplificación de estas acepciones en estas obras, tan distantes como el Oxford Advanced Learner's Dictionary y el Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española.

El profesor de comunicación Keyan Tomaselli junto a David Scott en el libro Cultural Icons (2018) también pusieron esa «transición» entre Madonna (cantante) y la Virgen María («la Madonna») para definir la palabra icono, ya que la intérprete «se apropia del estado de los iconos de la religión cristiana primivita» y finalmente como mujer y humana que es, «desaparece debajo de los diversos 'disfraces' que la constituyen un icono». Los historiadores Asa Briggs y Peter Burke en De Gutenberg a Internet (2002) son otro ejemplo más de académicos usando su nombre como apropiación y transición del término. En el libro se lee:

Observaciones La académica Diane Pecknold en el libro American Icons sugiere que la propia Madonna «reconoce que su importancia cultural se extiende mucho más allá del mero estrellato de la música pop» y se puede ver en el título de su revista oficial de club de fanáticos, Icon (en español: icono). Lo cual según la autora, lo consideró a la vez un «signo de arrogancia». Aunque también es necesario explicar que el biógrafo J. Randy Taraborrelli en Madonna: An Intimate Biography escribió que la propia cantante llegó a decir que se sentía cómoda con Guy Ritchie desde el principio de su relación, ya que la «trataba como una persona normal y no como un icono».

Análisis thumb|Con su crucifixión teatral en el Confessions Tour, según un experto Madonna «se convirtió en el icono por antonomasia».

Diversos autores han comentado el significado de Madonna como un icono. En una conferencia sobre ella para la Universidad de las Islas Baleares, el dr. José Igor Prieto Arranz se basó en la clasificación de Charles S. Peirce sobre los «signos simbólicos, icónicos e indéxicos» para desarrollar precisamente ese tema. Y en particular con la definición de «icónicos», que son aquellos en los que «significante y significado guardan una clara relación de semejanza», el profesor lo tomó como respaldo para referenciar así a la intérprete como un «icono».

Prieto Arranz, quien también se apoya en el hecho de que los signos icónicos, como los verbales son polisémicos, en sus comentarios también hizo declaraciones de que a intérprete se le «puede fácilmente considerar verbal tan sólo un 25 %, mientras el 75 % restante es no verbal», es decir, en otras palabras es «pura imagen e icono», a través de sus actuaciones en directo, sus videoclips, e incluso a través de «su propia imagen». Es aquí donde quizás uno de los rasgos más distintivos de la cantante sea su «impacto visual» y en donde cobra mucho significado su reconocido cambio o reinvención de imagen/estilos con cada nueva producción.

Y siguiendo con el último punto, los autores del libro Iconic Power: Materiality and Meaning in Social Life, entre ellos el pensador Jeffrey C. Alexander dijeron que la intérprete es «considerada icónica» en parte porque realiza sus múltiples reinvenciones simbólicas que aparentemente mantienen una identidad central, pero que a la vez refrescan y modifican elementos estilísticos que sugieren tanto resistencia como actualización. Esto viene apegado con la durabilidad de un icono según sus definiciones.

La iconicidad de la intérprete en palabras de Prieto Arranz, se puede ver fundalmente en su crucificción en la gira Confessions Tour donde se encarna como «el icono por antonomasia». Además de que en un sentido más general sobre su carrera, existe el factor de que ha ido «construyendo su cuerpo como texto» según el autor de referencia. Elizabeth Schafer en el libro Women in Theatre de la dramaturga británica Julia Pascal, sugirió que al igual que Cleopatra, la artista «es extremadamente hábil en el escenario manejando su propia iconicidad infinitamente variable». Mientras, Nadja Gernalzick de la Universidad de Berna concluyó que «la iconicidad de la cantante equivale a la de un "metaícono", en el sentido de que la imitación autoreflexiva de las poses de celebridades se ha convertido en un aspecto característico de su persona icónica». En cambio, los autores de Iconic Power: Materiality and Meaning in Social Life sugirieron que una «medida de iconicidad se puede leer en las diversas formas en que Britney Spears, Shakira, Christina Aguilera [o] Lady Gaga, recapitulan las fases de la carrera de Madonna».

Existen dos factores que la hacen fácilmente reconocible y que son a la vez dos temas recurrentes en su obra: el sexo y la religión según Prieto Arranz. Con lo que propone que si sexo + religión = ¿icono Madonna? es casi con seguridad y tal que «la asociasión existente en la mente del público en general entre Madonna y estas dos variables que talmente parece que éstas no hayan podido existir con anterioridad a la cantante» según sus palabras.

Y si bien también existen contradicciones a la hora de definirla y usando las mismas teorías, Umberto Eco definió una vez en 1987 que en todo icono: «el cuerpo humano, una página en blanco sin ninguna significación, acaba convirtiéndose en un complejo texto lleno de significación». Y es precisamente con los temas del sexo y la religión donde la artista juega con una multiplicidad de significados, y aunque sea consciente o inconsciente de ello, a la vez esto sugiere que «la posible significación que el icono Madonna lanza nunca es única» de acuerdo a Prieto. Para finalizar, el autor de referencia señaló que en este sentido se «le puede ver más bien como un palimpsesto con muchas capas de significación», y que varias definiciones semánticas sobre ella tienen validez, aun si la iconocidad como tal ha sido marcada por una «extrema complejidad».

En otro contexto, Adrian Kear y Deborah Lynn Steinberg en el libro Mourning Diana (2002) describieron a Madonna (la Virgen María) un icono y a Madonna (la cantante) en un producto iconográfico.

Ambivalencias

Existen visibles ambivalencias en los comentarios de los medios y expertos. Según B. del Río del portal Preen.ph, por supuesto que «ella es un icono» pero también es uno controvertido. Y esto se puede ver en que «no cualquiera podría sentirse cómodo con que ella sea considerada un ícono feminista» de acuerdo a su nota.

Suzanna Danuta Walters cree y sugiere que «debemos tener en cuenta la naturaleza complicada y contradictoria de las imágenes en nuestra cultura», y Madonna es un «un excelente ejemplo de esta complejidad». Esto porque la figura de la artista «es emblemática con la manera confusa en que las mujeres están representadas en la cultura popular». Walters también dijo que la «propia superación del estrellato de [la cantante] ha sido un esfuerzo sostenido, tanto por los medios de comunicación como por los académicos, para producir y reproducir continuamente este icono cultural».

Madonna es también un «icono iconoclasta» de acuerdo a Bernard Léchot de Swissinfo, e históricamente esto sucedió con el álbum Like a Virgin según el Canal 13 colombiano ya que «comenzó a consagrarse como una iconoclasta que ponía en entredicho la sexualidad, la política y la religión como ninguna artista mujer antes de ella». Aunque Daniela Morosini de Vogue mencionó que «[solo] a veces es iconoclasta». En el lado negativo de la palabra, los autores de The Madonna Companion: Two Decades of Commentary vieron como se le comparó como un «icono sacreigioso que 'robó' las imágenes de la iglesia cristiana para pervertirla en sus propios fines».

Perspectivas contradictorias