Iquicha (también denominado como República de Iquicha y en algunas obras como Republiqueta de Iquicha), durante la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839) fue denominada oficialmente como Gobernación del Distrito de Carhuaucran, fue la entidad que se constituyó por guerrilleros iquicheños, en la comunidad de Huanta, que funcionaba como un territorio autónomo, que existió ente 1822 y 1839, en la cual el gobierno de la República Peruana no había logrado controlar; este territorio estaba liderizado por Antonio Huachaca, un campesino iquicheño, al que en 1836, Andrés de Santa Cruz condecoró — por su luchar en la guerra por el establecimiento de la Confederación Perú-Boliviana — nombrandolo "Juez de Paz y Gobernador del distrito de Carhuaucran", lo cual motivo entre los opositores al proyecto de la confederación un irónico comentario llamándolo "Jefe Supremo de la Republica de Iquicha, con insulto del gobierno peruano y de sus leyes".

Surgió cuando Antonio Huachaca capturó Huanta y declaró la abolición de la República Peruana, la cual se había conformado en 1822; por lo que Huachaca desde su castillo, sus tribunales y sus cabildos administraba el poder nombrando a sus delegados o alcaldes, así como organizando diezmeros que recaudaban fondos para la causa de "Su Majestad Católica".

En 1836, el territorio se incorporó a la Confederación Perú-Boliviana, como un territorio autónomo, oficialmente bajo el nombre de Gobernación del Distrito de Carhuaucran, tras la batalla de Yungay, se levantaron en armas contra el Gobierno Restaurador y el Ejército Restaurador, manteniéndose en el frente de guerra, hasta la suscripción del Tratado de Yanallay, el 15 de noviembre de 1839.

Historia

En el Virreinato del Perú

Los iquichanos habían destacado como guerreros, combatiendo contra los rebeldes cuzqueños de Túpac Amaru II en 1781.Tomaylla, 2005: 86 Manteniéndose como fieles aliados del poder virreinal.Cristóbal, 1983: 17

En 1813, Antonio Huachaca aparece por primera vez como un líder muy popular,Husson, 1992: 82 liderando a los campesinos indios desacatando las órdenes de la administración de Huamanga en protesta a la inoperancia del intendente local en frenar los abusos de los cobradores de impuestos gubernamentales, ya que la Constitución de Cádiz había abolido el tributo indígena y el trabajo no asalariado en obras públicas. Esto era consecuencia directa de la revuelta que había afectado a la ciudad de Huamanga el año anterior, la promulgación de la constitución liberal y los conflictos de los revolucionarios liberales con las autoridades virreinales absolutistas. Los indios de Iquicha no tenían problemas en apoyar a la vez a un rey absolutista y a las reformas de una constitución liberal ya que ambos les daban beneficios.Galdo, 1992: 164; Méndez, 2005a: 100

En la Rebelión del Cuzco

En 1814, estalla una rebelión en Cuzco, en la cual los iquichanos, al mando de Huachaca, deciden apoyar a los representantes del rey, enfrentándose a los independentistas cuzqueños, movilizando a su gente contra los hermanos Angulo, tal como habían hecho en 1780 contra Túpac Amaru II (1738-1781).Méndez, 2005a: 107

Los combates entre iquicheños y cuzqueños se desarrollaron en septiembre-octubre de 1814 y enero de 1815, actuando Huachaca como jefe de guerrillas al mando del hacendado y comandante de milicias, Pedro José Lazón, y recibiendo por estas acciones el grado de general de brigada en el Ejército Real del Perú de parte de José de la Serna (1770-1832).Méndez, 2005a: 108

La principal acción en que participaron los iquichanos en ese momento fue la exitosa defensa de Huanta, el 1 de octubre de 1814, cuando una columna de 5000 morochucos (sólo 300 con fusiles) con cuatro cañones y caballería intentó tomar la ciudad. Al contrario de los iquichanos, destacados realistas, los morochucos de Cangallo se distinguieron como feroces patriotas.Cornejo, 1961: 31 miniaturadeimagen|263x263px|Escudo de Iquicha, entregada por el Rey de España, en recompensa por su lealtad. En recompensa por su lealtad, el Virrey José de la Serna ordenó la entrega a los iquichanos de un escudo propio para su comunidad.Santoro, Cabeleira. "Antonio Huachaca y la resistencia iquichana". Corriente Hispanista. 11 de junio de 2012. Consultado el 11 de febrero de 2014.

Guerra contra la República Peruana

Entre 1825 y 1828 , se enfrentaron las fuerzas de la naciente República Peruana y los iquichanos (realistas de Huanta). Los iquichanos defendían un régimen monárquico, corporativo, pluri-étnico y poliárquico inspirado en la Monarquía tradicional y el Pluralismo jurídico de los Fueros del Imperio español (al que consideraban garante de su Derecho consuetudinario con el Pactismo de su vasallaje a la Corona), siendo una reacción al Constitucionalismo uniformizador y progresista, al Centralismo limeño y a la Democracia liberal (también inicialmente al Bolivarianismo) por el peligro a que sus instituciones tradicionales no sean respetadas por un estado dominado por criollos y la desconfianza a la incertidumbre de las elecciones democráticas. También sería una lucha religiosa en defensa del Catolicismo político contra las ideas nuevas heréticas de anticristos republicanos.

Los primeros levantamientos se dieron en marzo y diciembre de 1825, pero fueron sometidos fácilmente por el enorme contingente del ejército peruano que se encontraba en la zona.Bonilla Mayta, 1996: 144; Husson, 1992: 22

En enero de 1826, el prefecto de la de la zona de la República Peruana, general Juan Pardo de Zela y Vidal, organizó una expedición punitiva, que sólo consiguió endurecer su resistencia.Husson, 1992: 24

Con el ejército republicano disperso por todo Perú, el 5 de junio de 1826, los rebeldes asaltaron Huanta, bajo el mando de Huachaca y el antiguo militar y entonces comerciante español Nicolás Soregui (o Zoregui). Poco después, el 6 de julio, dos regimientos de los Húsares de Junín acantonados en Huancayo se amotinaron y unieron a los rebeldes, animándolos a asaltar Ayacucho. Finalmente son repelidos por la guarnición local.Bonilla Mayta, 1996: 145; Husson, 1992: 26

Un tercer levantamiento se produjo a inicios de octubre de 1827, Huachaca volvía a movilizar la población con vivas al rey español.Galdo, 1968: 44 El 12 de noviembre una hueste de indios salieron de las montañas y asaltaron Huanta. De los 175 defensores del batallón Pichincha, comandados por el sargento mayor Narciso Tudela, murieron 10 a 12 y lograron escapar a Ayacucho en grupos dispersos 80 o 90. Sesenta asaltantes cayeron en combate.Husson, 1992: 30 La mayor parte de los habitantes se quedaron en la urbe sin mayores problemas, aunque muchos fueron los que escaparon.Husson, 1992: 31, 109 Los días 22 a 24 fueron de negociaciones entre ambos bandos que no llevaron a nada.Husson, 1992: 33

El 29 de noviembre, 300 tiradores de línea, 100 prisioneros gubernamentales que cambiaron de bando y 400 iquichanos con lanzas y rejones nuevamente se lanzaron contra Ayacucho, cuya defensa dirigía el prefecto Domingo Tristán y Moscoso (1768-1847). A su haber tenía 100 soldados armados con fusiles y un pequeño cañón.Husson, 1992: 36 Eran dos compañías del batallón del N.º 8 mandadas por el coronel Juan Francisco de Vidal. El prefecto había enviado tres sacerdotes a Huanta para intentar aplacarlos, mandaba a Chiara una proclama para reclutar morochucos y esperaba 250 fusiles desde Lima. Para apoyar a su centenar de soldados acude a los «cangallinos, andahuaylinos y cívicos» (milicianos de 15 a 50 años), pronto congrega 120 andahuaylinos, 260 cívicos y 2.000 morochucos, pero no todos participaron de la defensa.Galdo, 1992: 178 Todos los hombres de la ciudad en edad militar. Huachaca llegó por Mollepata con 100 tiradores de línea y muchos indios con lanzas y rejones, pero los morochucos bajaron de La Picota por Quebrada Honda para amenazar la retaguardia iquichana, los andahuaylinos atacaron el ala derecha por Huatatas y el coronel Vidal estaba al mando de las milicias en el centro, entre los tunales del arrabal Calvario.

Tristán se había preparado bien y pudo rechazar a los atacantes y perseguirlos a la colina de Mollepata y la quebrada Honda, donde les venció el día 30. Los iquichanos tuvieron 300 muertos y 64 prisioneros.Husson, 1992: 35 Nuevamente la «guerra de campesinos» se mostraba incapaz de tomar una ciudad, viéndose relegada a su «ruralidad». La toma de la capital provincial era clave, podía «transformar esta guerra campesina en guerra civil»Husson, 1992: 38 porque sus planes incluían apoderarse de Ayacucho para cortar las comunicaciones entre Cuzco y Lima y aislar al sur del Perú.Husson, 1992: 25 Todo a la espera de tropas de la Santa Alianza y España. Después esperaban alzar en armas Huancavelica, Ica, Aymaraes y Cerro de Pasco para formar un gran ejército con el que recuperar Perú para su rey.Bonilla Mayta, 1996: 155 Poco después del combate llegaba el general Francisco de Paula Otero (1786-1854) con 300 soldados desde Lima. El 12 de diciembre las tropas republicanas recuperaban Huanta.Husson, 1992: 39

Vino la fase de «pacificación» llamada «guerra de las punas».Husson, 1992: 39, 45 Esta fue una verdadera «campaña de exterminación» comandada por el general Otero, veterano en enfrentar guerrillas. Sus tropas incluyeron «contramontoneras» de indios reclutados en Tambo, Pacaicasa, San Miguel Huamanguilla y otras localidades y dos batallones de línea.Husson, 1992: 40 Un gran combate se libró en Uchuraccay, el 25 de marzo de 1828, cuando el comandante de los batallones cívicos, Gabriel Quintanilla, asalto el cuartel de Huachaca. En el enfrentamiento cayeron 21 guerrilleros, incluyendo el sargento mayor Pedro Cárdenas y el hermano del caudillo, Prudencio Huachaca. Otros 24 fueron tomados prisioneros.Husson, 1992: 43, 90 Al comenzar mayo se dio el último combate en Ccano en el actual Distrito de Huanta, en plena región de las punas; el coronel Vidal derrotaba a los montoneros definitivamente. El 8 de junio, en una acción armada en plena selva, casi todos los líderes realistas son capturados. La guerra acababa definitivamente.Bonilla Mayta, 1996: 145; Husson, 1992: 43s Huachaca se veía obligado a refugiarse en las selvas del Apurímac.Husson, 1992: 43s

El reformismo borbónico implicó el cierre de muchas misiones, llevando necesariamente a la pérdida del control de vastas regiones selváticas del valle del Apurímac. El liberalismo de los períodos 1808-1814 y 1820-1823 y los revolucionarios de Bolívar no llevaba más que a profundizar dicha situación. El 1 de noviembre de 1824 mandaba clausurar el convento franciscano Santa Rosa de Ocapa. Esto demostraría ser una mala decisión, los guerrilleros iquichanos lograron resistir por años gracias al encontrar refugio en las selvas bajas al este de la sierra, zonas sólo accesibles por el Mantaro y el Apurímac, territorios fuera del control estatal. No habría nuevos impulsos de «asimilación y/o peruanización» hacía las extensas zonas orientales hasta los gobiernos de Ramón Castilla (1797-1867).Sala i Vila, 2001: 37

Según la historiadora peruana Cecilia Méndez Gastelumendi, el término «iquichano» pasó de ser usado para referirse a todos los indios de la región que participaron de la revuelta (gracias a los pasquines de la propaganda realista) a un símbolo de orgullo colectivo.Méndez Gastelumendi, 2002: 17, 21

Guerra civil peruana de 1834

alt=|miniaturadeimagen|252x252px|Luis José de Orbegoso, Presidente de Perú (1833-1836).