250px|miniaturadeimagen|Gota de ámbar procedente de Simojovel, Chiapas. 270px|miniaturadeimagen| El ámbar de Chiapas es una denominación de origen mexicana del estado Chiapas, al sur del país. El ámbar es una piedra semipreciosa de origen vegetal. El de Chiapas procede de una planta leguminosa del género Hymenaea, llamada localmente guapinol, y se talla para fabricar amuletos, joyas, rosarios y otros artículos en las tierras altas de este estado mexicano, ya desde tiempos prehispánicos.

El ámbar de Chiapas es una de las tres artesanías que cuentan con denominación en México, junto con la talavera de Puebla y el olinalá de Guerrero.

En la actualidad (2019), 4 500 familias se benefician directa o indirectamente de la producción de ámbar. Existen alrededor de 500 minas de ámbar en Chiapas, cuyos mineros son en su mayoría hombres indígenas tzotzil (o tsotsil), tzeltal y zoque. En tiempos recientes, el valor de esta piedra se ha revalorizado enormemente, siendo su principal comprador el mercado chino. La explotación de este recurso ha suscitado diversas críticas, como la falta de control, el tráfico ilegal y la sobreexplotación tanto de minas como de mineros (ir a la sección).

Denominación de origen El 15 de noviembre de 2000, el gobierno mexicano otorga la denominación de origen Ámbar de Chiapas, vinculándola a la región geográfica comprendida por la totalidad del estado de Chiapas.

Para complementar tal declaratoria, el 25 de agosto de 2003 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Norma Oficial Mexicana NOM-152-SCFI-2003, que establece las especificaciones que debe cumplir el Ámbar de Chiapas durante su extracción y elaboración.

A nivel internacional, el gobierno mexicano registró la denominación de origen ante la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, conforme al Sistema de Lisboa, en octubre de 2001, para la región del estado de Chiapas.

Historia 200px|miniaturadeimagen|izquierda|Guapinol (Hymenaea courbaril) adulto. Origen biológico del ámbar Las piedras de ámbar de Chiapas muestran una edad perteneciente al Mioceno temprano a medio (ca. 23-15 Ma) Proviene de árboles del género Hymenaea, una planta leguminosa. Se suele decir que surge del actual guapinol o cuapinol (en algunas fuentes «guapiñol»; Hymenaea courbaril), sin embargo, esta especie no existía en aquella época, por lo que estamos hablando de una especie emparentada antecesora, que presenta características muy similares. El guapinol también se caracteriza por una fuerte secreción de resina, tanto en tronco como en raíces, y es típico de las zonas húmedas de la selva alta subcaducifolia.

En aquella época, las tierras altas de Chiapas fueron un estero de pocos metros sobre el nivel del mar (), con un ecosistema de manglares y se encontraba muy cercano a la costa. Durante el Cretácico esta área registró una fuerte actividad volcánica, lo que hizo que se elevase hasta los 550 que tiene en promedio actualmente. Fruto de ese volcanismo, la región sufrió incendios frecuentes que, a su vez, favorecieron la secreción de resina en los árboles (como medio de autorregular su temperatura y defenderse de las llamas). La presencia de carbón dentro y alrededor de los yacimientos de ámbar ponen en evidencia los numerosos incendios que sufrió el área. Si se observa el proceso de estratificación, las capas de arena se alternan con el ámbar, que sugiere el papel clave que desempeñó el vaivén de las mareas en cuanto al aporte de sedimentos.

Época prehispánica

En la época prehispánica, fueron los zinacantecas (tsotsil) quienes descubrieron y explotaron las minas. Los comerciantes mexicas venían a Chiapas en busca del ámbar. Se elaboraba con ella brazaletes, pendientes, pectorales, anillos... el ámbar era muy apreciado y se reservaba para la clase alta: guerreros, sacerdotes, reyes... Otras gemas comunes eran la obsidiana, el jade, la turquesa, conchas y caracolas. La pieza trabajada más antigua de ámbar procede de un sitio arqueológico olmeca llamado La Venta y está fechada hacía el 700 a. C., sin embargo, la mayoría de las piezas de ámbar encontradas proceden del periodo posclásico (900-1521 d. C.), además de que se encuentran por toda Mesoamérica, desde el centro de México y la península de Yucatán al norte, hasta Quauhtemallan al sur, indicando que durante esta época se explotaba, comerciaba y tallaba el ámbar en Chiapas.

En Historia general de las cosas de Nueva España (escrito entre 1540 y 1585; también llamado Códice Florentino), fray Bernardino de Sahagún escribió:

En este códice y otros tantos textos de la época, se muestra el glifo nahua para el ámbar: una forma circular de la que nace una ola de agua con caracolas (véase imagen).

Época colonial Durante la cristianización de Chiapas, la extracción de ámbar se integra por completo al culto cristiano, tanto en un sentido formal (se elaboran rosarios, relicarios...) como espiritual, identificando al ámbar como amuleto protector de los nuevos cristianos. Fray Francisco Ximénez habla sobre el ámbar de Chiapas en su Historia Natural del Reino de Guatemala de 1722: El principal uso que se registra del ámbar chiapaneco durante la época colonial es para la fabricación de rosarios, entre otros objetos.

Redescubrimiento moderno El área donde se encuentran las minas es principalmente indígena y agraria, y producen café, mango, frijol, tabaco, maíz, chile, aves de corral y ganado principalmente. El comercio de ámbar nunca se perdió del todo, pero sí estaba muy olvidado y su compraventa era principalmente local. En 1922, el arqueólogo danés Frans Blom, afincado en San Cristóbal de las Casas, viajó a Simojovel y escribió:

Blom fue el primer arqueólogo moderno en investigar el ámbar chiapaneco desde un punto de vista paleontológico.:39 Junto con su mujer, Gertrude Duby Blom, estudió la importancia de esta piedra en la época prehispánica y localizó nuevos yacimientos. En 1952, dos investigadores de la Universidad de California-Berkeley, Paul Hurd y Ray Smith realizaron un viaje a Chiapas para determinar el alcance e importancia del ámbar, poniéndose en contacto con los Blom. Las investigaciones conjuntas de Blom, Hurd y Smith (y más tarde se unió el geólogo G. Licari) fueron clave para el conocimiento de los estratos ambaríferos de la región, habiendo analizado más de mil piezas. Las incrustaciones fosilizadas incluían arácnidos, insectos, miriápodos, reptiles, agua, aire, polen y restos vegetales. Los estudios sugieren que los actuales ámbares se originaron en un ambiente marino o estuarino con una flora formada principalmente de manglares.:42

En 1965, los investigadores Langenheim y Beck determinaron mediante espectroscopía la fuente botánica original, una especie del género Hymenaea muy similar a la actual Hymenaea courbaril.:43

El primer registro moderno sobre el ámbar de Chiapas fue realizado por George F. Kunz, geólogo y gemólogo.

En su obra El Estado de Chiapas. Geografía y Estadística (1985) Ramón Rabasa, el varias veces gobernador de Chiapas entre 1905 y 1911, menciona, al hablar de Simojovel de Allende, que «en sus inmediaciones hay varios yacimientos de ámbar succino de diversos colores, que no han sido explotados». En 1905, el geólogo alemán Emil Böse publicó una «Reseña acerca de la geología de Chiapas y Tabasco» en el Boletín de Instituto Geológico de México, y en 1994, se funda la Sociedad Cooperativa Mineros del Ámbar de Simojovel.

Características Del ámbar de Chiapas podemos encontrar hasta 30 tonalidades diferentes, según la norma NOM-152-SCFI-2003, la clasificación por colores queda así:

En su obra Geografía de Chiapas (1943), Á. M. Corzo establece una distinción de color entre los yacimientos del área de Simojovel y los del área de Totolopa: los primeros «presentan una tonalidad amarilla clara, tirando a verde Nilo, mientras que los de Totolapa, son de color café oscuro»

Cómo identificar ámbar El geógrafo alemán Karl Helbig observó en un viaje que hizo a Chiapas (publicado en 1974) que «la mayoría de las piezas, inclusive las ofrecidas en el mercado de San Cristóbal, son imitaciones de plástico».:39 También son comunes las imitaciones de cristal anaranjado. No existe un estudio exacto acerca de cuán es el porcentaje de timos y engaños en el comercio de ámbar, aunque probablemente entre 6 y 7 de cada 10 piezas que se venden, son en realidad plástico. Por ello, es esencial saber cómo identificar ámbar. Existen diferentes métodos:

Pruebas sensibles: son las que se realizan directamente con los sentidos. Al tacto, la piedra se siente tibia; si se siente fría es vidrio. Debe tener un ligero lustre ceroso. Al olfato, la piedra calentada desprende una débil fragancia a pino o copal. El olor a químico, a quemado o a plástico indica un ámbar falso. Al gusto, (después de lavar bien la pieza) no debería tener un sabor apreciable. Prueba de flotación: una forma no-invasiva es poner el ámbar en un vaso con agua salada ( sal, agua). El ámbar debe flotar. Prueba electroestática: otra forma no-invasiva consiste en frotar enérgicamente la gema contra una tela de lana, fieltro o seda. El ámbar es capaz de acumular carga electrostática, por lo que al acercarlo al cabello, al polvo o a trocitos de papel, debe atraerlos como un imán. Prueba del fuego: el ámbar es una piedra inflamable, es decir, si se prende, arde. Cuando esto ocurre, despide un olor aromático similar al incienso. Este es un método «invasivo» porque daña el ámbar. Prueba del rayado: otra prueba invasiva consiste en rayar el ámbar. El ámbar tiene una dureza en la escala de Mohs entre 2 y 3, esto significa que no puede ser rayado con la uña. Sin embargo, al rasparse con una aguja afilada, deben formarse fragmentos astillosos minúsculos.

Es un error común valorar la autenticidad del ámbar según su color o apariencia visual, puesto que existe un rango de hasta 350 tonos diferentes.

Extracción miniaturadeimagen|Esquema de una mina de ámbar de la región de Simojovel, según . La extracción se da en los meses de sequía, de enero a mayo, para compensar la falta de actividad agrícola (se alterna con el trabajo del campo durante los meses de lluvia). Además, en época lluviosa los derrumbes dentro de las cuevas son más comunes. Las cuevas son pequeños túneles de tiro sin apuntalar. Existen cerca de 450-500 en toda la región. Se desconoce el número preciso pues muchas son informales. Se encuentran principalmente en las laderas escarpadas de esta área montañosa y completamente abiertas. Los mineros penetran hacia las estrechas galerías en cuclillas o tumbados y con martillo y cincel de acero extraen el pauch, que en tzotzil significa «ámbar».

La roca de la mina es blanda y fracturada, lo que ocasiona derrumbes frecuentes. La situación laboral de los mineros (que en realidad son granjeros de la zona) es extremadamente precaria. Generalmente extraen de 2 a 3 kg mensuales.

250px|miniaturadeimagen|izquierda|Pendientes tallados de ámbar de Chiapas, expuestos en la Feria de los Maestros del Arte de Chapala, Jalisco (2015) Talla Las gemas brutas se sumergen en agua primero para que se reblandezcan y sean más fáciles de tratar. Las piedras se tallan por medio de escofinas y limas. Luego se pulen con lijas para sacarles el brillo. Generalmente se pasa primero por una lija gruesa, luego una lija de grano medio y finalmente una lija fina, preferentemente sumergida en agua para dañar lo más mínimo la pieza. Finalmente se les da el acabado final frotándose con abrasivos comerciales en pasta, siendo popular la marca Brasso.

En las últimas décadas se ha modernizado el proceso de tallado en muchos talleres chiapanecos que ahora usan máquinas de joyería especializadas para pulir de piedras preciosas. Durante todo el proceso se deben llevar a cabo las medidas de seguridad apropiadas, que incluyen el uso de anteojos, cubrebocas, guantes, etc.

Registro Fósil 250px|miniaturadeimagen|Ciempiés del género extinto Anbarrhacus, único espécimen encontrado (holotipo).