thumb|‘Queima do Judas’, Academia de Comércio, Juiz de Fora, Brazil, 1909 thumb|220px|Pelele empleado para la Fiesta del Judas en Cañamares.

La Fiesta del Judas, Quema de Judas o Manteo del Judas es una tradición local de algunos pueblos españoles e iberoamericanos en los que, preferentemente el Domingo de Resurrección, en Semana Santa, se apedrea, lincha o quema un muñeco que representa a Judas Iscariote, por su traición a Cristo.

En algunos lugares, esta celebración se realiza otro día del año.

España: características y tipologías En España existen cuatro tipos de fiestas del Judas; las quemas, los apedreamientos, los manteamientos y las procesiones o exposiciones de muñecos.

Apedreamientos El Día del Judas en Robledo de Chavela

El Día del JudasVid. A. Zafra y G. Boneque, «La quema de Judas remata la semana de procesiones», El País, 31 de marzo de 1997.Vid. también: Arantxa G. De Sola, «Pasiones vivientes para empezar, jamones para terminar», El País, 26 de marzo de 1997.Vid. también: Vicente G. Olaya, «Cristo y Mad Max», El País, 9 de abril de 1995. se celebra en Robledo de Chavela (Madrid) y lo organizan los juderos, o quintos de la localidad. Los quintos se encargarán de apedrear un muñeco, clavado en lo alto de un largo tronco y que ha sido preparado por ellos durante los dos meses previos:

En el largo tronco donde se cuelga al Judas se ponen carteles satíricos que hacen referencia a la situación política y social del momento.

Esta fiesta se celebra ante las imágenes de la Virgen y de Cristo resucitado, y el apedereamiento comienza en el momento en que esas dos tallas se juntan en la Plaza. La imagen de la Virgen ha sido previamente "desvelada" antes de acercarla a la de Jesús.El rito de "desvelamiento" de la imagen de la Virgen, es decir, de quitarle el paño con el que previamente ha sido tapada, es frecuente en otras muchas celebraciones de España, en particular en las referidas a la Semana Santa

La fiesta enlaza igualmente con los antiguos ritos de iniciación de la adolescencia (aunque pospuesta a la edad en que los jóvenes ya son "quintos"), como la fiesta de la Hoguera de los Quintos, también organizada por los jóvenes en Robledo de Chavela.

Esta antigua tradición se cree que comenzó con los inicios de la Villa.V. Carmen Iglesias, «El Judas de Robledo de Chavela», La Almenara.

Confección del muñeco

Se utilizan diversos materiales para su confección: tela, escayola, paja, madera, cántaros de barro, pintura de colores y un pino. Cada año los quintos luchan por poner un pino más alto y han llegado a sobrepasar los 18 metros de altura. Las maromas permanecen en remojo desde el día anterior y son un elemento imprescindile para enderezar a mano el tronco. Los familiares y vecinos del pueblo ayudan a los jóvenes al alzamiento de dicho tronco.

La colocación del muñeco

La ceremonia empieza la noche de Sábado Santo, celebrando la Misa Pascual. Los quintos y sus familias asisten a la misa, y, al salir de la misma, comienza, ese sábado por la noche, la colocación del muñeco, al lado del Ayuntamiento, en la plaza del pueblo. El año 2004 fue la primera vez en toda la historia de la fiesta en que su celebración tuvo lugar fuera del lugar de costumbre, debido a las obras del aparcamiento subterráneo que se estaban realizando en ese momento bajo la plaza.

Los padres de los quintos, ayudan a colocar, en un extremo del pino, el muñeco y la base para las vasijas. Según la tradición, esta base debe ser muy consistente, puesto que, en el interior, las vasijas guardarán muchas sorpresas: caramelos, vino, queso, agua, confetis y palomas.

Las palomas se crían en la torre de la iglesia, donde se cogen, y, cuando los mozos rompen las vasijas, regresan volando a su lugar de origen: la torre de la iglesia. Los ancianos del lugar cuentan que estas palomas son las únicas que sirven para esta tradición, ya que otras no se adaptan, y se mueren dentro de los cántaros de barro.

Una vez colocado todo, comienza la parte más delicada: se enganchan fuertemente por la parte superior del pino unas cinco maromas, de las que tiran todos: hombres, mujeres, visitantes que acuden a ver la fiesta... Al mando de una única voz que grita "arriba" el palo se va elevando poco a poco, pues, si se hace bruscamente, se puede ir hacia un lado y provocar un accidente entre el público que acude a verlo, además acabar con el trabajo que han realizado los quintos durante los meses previos. Si se rompe tienen que improvisar otro rápidamente, pues la fiesta ha de celebrarse. Una vez que se ha subido y colocado bien y de una forma segura, el muñeco queda suspendido en el aire.

La Ronda

Cuando todo está listo, los quintos invitan a todos los que han colaborado a pan, vino y embutido. Tras reponer fuerzas, empiezan a rondar a sus madres y novias. Parten desde la plaza, con las guitarras, para cantar las primeras jotas de seguidillas robledanas al alcalde y al cura. Después se irán acercando a distintas ventanas o balcones, para rondar a sus madres o a sus novias.

La ronda dura hasta las 9 de la mañana. Desde esa hora, y hasta las once y media, descansan e invitan a un trozo de torta de anís a todos los conductores que pasan por la plaza, como gesto de hospitalidad y amistad. Los conductores, a cambio, tendrán que darles un donativo para la comida y la cena.La torta de anís antiguamente se cocía en casa y se empapaba de orujo, también casero.). A las once y media los quintos se sitúan junto a tres montones de piedras de río puestas delante del Judas.

El apedreamiento

De la iglesia salen dos procesiones, una de mujeres y otra de hombres. La de mujeres la encabeza la imagen de la Virgen de los Dolores, cubierta con un paño negro. La de hombres, la imagen del Sagrado Corazón de Jesús (simbolizando a Cristo ya resucitado), al descubierto. En la plaza, se realiza silenciosamente el encuentro de las dos imágenes.

Uno de los quintos preguntar a la imagen del Cristo: "¿Quién te mato?" Otro, que representa la voz del mismo Jesús responde: "¡Aquél!", señalando al muñeco, y todos los jóvenes, a una, dicen: "pues a pedradas con él..." Tras esa señal, empieza a sonar el Himno Nacional y, los quintos comienzan a tirar piedras al muñeco para romper las vasijas y enseñar al público lo que éstas contienen. Lo más espectacular de la tradición es la salida de las palomas volando hacia la torre de la iglesia. Una vez rotas todas las vasijas (lo que puede llevar un gran rato), todos, en procesión acuden a Misa de Resurrección.

Origen y simbología de la fiesta

Carmen IglesiasV. Carmen Iglesias Op. Cit.. nos describe de esta forma la simbología de esta tradición:

Pedro Abad, Córdoba La tarde noche del Sábado de Gloria los vecinos de este pueblo cordobés realizan un muñeco que cuelgan en alambres. Los niños y niñas del pueblo siguiendo el sonido de un tambor recorren los diferentes puntos en los que se encuentran los Judas. El muñeco se quema entre vítores y alegrías. Venta del Moro, Valencia La noche del Sábado de Gloria en la que se barrunta la próxima resurrección de Cristo comienza el protocolario y reiterativo suplicio del Judas en Venta del Moro (Valencia). Un muñeco de trapo y paja, que representa al apóstol delator de la historia sagrada, es colgado del campanario de la iglesia parroquial. No sólo se trata de reproducir el fin del arrepentido suicida tal como relatan los textos bíblicos sino más bien de recrear el castigo del impío en una escena pública y con el protagonismo general de la comunidad. Con el Judas se cumplen los anhelos de justicia de la comunidad cristiana. El suplicio del Judas es un acto que acompaña y sobrepasa la liturgia cristiana, que se vincula a las formas exteriores de religiosidad popular a través de su sincronización con la procesión del Encuentro, que no aparece regulado en parte alguna pero que la tradición uniformiza y reproduce con la memoria del calendario, encargando a los jóvenes mantenerla viva y materializarla exclusivamente ante, por y para la comunidad celebrante de la Pascua.

Siempre son los quintos quienes se ocupan de que el monigote penda de la torre hasta el amanecer del Domingo de Resurrección, mientras tañen sin parar las campanas que la anuncian. Al Judas, allá en lo alto, se le divisa desde casi todo el pueblo durante la noche y sobre todo al amanecer, y es durante la temprana procesión del Encuentro, y ante toda la feligresía, cuando el Judas es despeñado. La caída y el choque contra el suelo sirven de detonador para que un expectante grupo de niños, pertrechados de bastones y cañas, comiencen a apalear al monigote en la misma plaza, al lado mismo del lugar donde se produce el Encuentro y mientras las campanas y a veces la pólvora lo celebran. Después, todavía atado a la cuerda, es arrastrado por algunas calles del pueblo para ser conducido a las inmediaciones rambla. Este recorrido vial constituye también un descenso metafórico hasta lo más bajo, hasta el fondo, al lugar donde antaño iban a parar los desperdicios, donde sus despojos son quemados y pataleados, arrojados o abandonados junto a lo desechable y lo sucio. Aderezados de trajes ridículos, insinuaciones mordaces, muchas veces con pasquines u otros indicadores más precisos, estos muñecos histriónicos pretendían reprender por todas partes con representaciones más o menos figuradas los comportamientos malsanos, vitales o morales, tanto concretos y próximos al vecindario como los generales y difusos que afectaban a todo el género humano. El final del personaje criticado u odiado, identificado o no con un vecino, reconocido en una actitud o en una acción indeseable, o sublimado bajo la estampa conceptual del mal, vulgarizada y generalizada con la del Judas, siempre es el mismo - la ejecución, la destrucción o la hoguera — porque lo que se pretende simbólicamente es purificar a la comunidad vecinal, expulsar todos los elementos negativos y a la vez, también, conjurar y propiciar el porvenir, otorgando un papel principal y loable a los niños y a los jóvenes. Precisamente la presunción de inocencia infantil juega un papel trascendental gracias a su protagonismo justiciero, que es tolerado en una ejecución espontánea y emblemática, y del mismo modo son los quintos, la flor y nata de la juventud, los abanderados del futuro, quienes propician la estética de la representación preocupándose por preparar el monigote y el marco escénico del Encuentro en Venta del Moro.

El marco de la representación de las escenas del Judas y del Encuentro en Venta del Moro es decorado con ramas de pino o pinos jóvenes en la plaza de la iglesia y con dos o tres construcciones efímeras de postes, recubiertos de brezo, sabinas silvestres y las flores de los primeros frutales que proporciona la estación, los cuales sirven para encuadrar a modo de pasillo el principal acceso a la iglesia por donde transcurre la procesión. Este rústico decorado hace las veces de las características enramadas de mayo y de los engalanamientos callejeros propios de la celebración de la Pascua Florida, cuya memoria se halla perdida entre los recuerdos de juventud de los más mayores. Así, el suplicio del Judas y la resurrección de Cristo significan el principio de una nueva estación, vigorizan simbólicamente la naturaleza y obran el milagro de la primavera, del reverdecer de los campos y de la reanudación, una vez más, del ciclo agrario que hace posible la supervivencia futura. La manifestación social de todo ello se refleja en el canto de coplas a la Virgen, la patrona local, y en los mayos que pretenden el emparejamiento de mozos y mozas de Venta del Moro.

Villadiego, Burgos Fue de las fiestas del Judas más populares y de más arraigo dentro del ciclo festivo de primavera. Seguramente, hunde sus raíces en los ritos más antiguos que las primeras civilizaciones agrícolas celebraban en el año lunar, el equinoccio de marzo o, para ser más precisos, el día 20, fecha en la cual entra el Sol en Aries.