La Operación Verano (conocida por los rebeldes como La Ofensiva) fue el nombre dado a la ofensiva militar lanzada por el gobierno de Fulgencio Batista durante la Revolución cubana, entre el 28 de junio y el 8 de agosto de 1958. La operación fue diseñada para aplastar al creciente Ejército Rebelde de Fidel Castro, que operaba desde la Sierra Maestra desde su llegada a Cuba a bordo del Granma en diciembre de 1956.
La ofensiva encontró una tenaz resistencia rebelde, especialmente en los combates de La Plata y Las Mercedes, y fracasó estrepitosamente en su objetivo principal. El fracaso dejó al ejército cubano desmoralizado y debilitado, mientras que Castro, viendo la victoria, lanzó poco después su propia ofensiva que culminaría con la toma del poder en enero de 1959.
Antecedentes
A lo largo de 1957, el reducido grupo de revolucionarios liderado por Fidel Castro operaba desde su base en la Sierra Maestra, realizando ataques de hostigamiento contra el gobierno de Batista. Durante mucho tiempo, el ejército cubano y el liderazgo político no tomaron en serio estas acciones. Sin embargo, la actitud de Batista cambió en la primavera de 1958, cuando Castro comenzó a ganar reconocimiento internacional y convocó a una huelga general. Decidido a destruir el incipiente ejército guerrillero, Batista encargó en mayo de 1958 al general Eulogio Cantillo la planificación y ejecución de una ofensiva a gran escala.
El plan de Cantillo preveía el empleo de casi todo el ejército regular cubano —unos 24 batallones, aproximadamente 20 000 hombres— para rodear la Sierra Maestra, establecer un bloqueo que impidiera el ingreso de armas y lanzar un ataque desde el norte con 14 batallones. Dado que las fuerzas rebeldes apenas superaban los 300 combatientes, el plan resultaba desproporcionado, pero los servicios de inteligencia militares estimaban erróneamente que Castro disponía de entre 1000 y 2000 guerrilleros veteranos.
Batista, sin embargo, se negó a asignar todos los efectivos solicitados y Cantillo recibió únicamente 14 batallones (unos 12 000 hombres), de los cuales 7000 eran reclutas con escaso entrenamiento y nula motivación para el combate. Esta decisión resultaría fatal, pues Batista perdería el control del país al fracasar la ofensiva. Otro error estratégico fue dividir el mando operativo entre dos generales: Cantillo y el ineficaz —aunque bien conectado políticamente— Alberto del Río Chaviano, quien no contribuyó a la campaña y se limitó a criticar los reveses de Cantillo.
Por su parte, las fuerzas de Castro, conocedoras del terreno, establecieron campos minados y construyeron posiciones defensivas en las rutas principales por donde esperaban el avance gubernamental. Además, contaban con un excelente sistema de inteligencia que les permitía conocer los movimientos del ejército, y con el apoyo de los campesinos locales, que arriesgaban sus vidas para transmitir información y ocultar suministros.
Desarrollo de la ofensiva
El primer ataque se produjo el 28 de junio de 1958, con un avance desde el ingenio azucarero Estrada Palma. Esta columna fue emboscada por las tropas del Che Guevara. Los carros blindados que se desviaron de la carretera impactaron contra un campo minado previamente establecido. El ejército comenzó a retirarse mientras las fuerzas del Che continuaban hostigándolos. El balance fue de 86 bajas para el ejército y solo 3 para los rebeldes.
El 11 de julio, el Batallón 18 desembarcó en la desembocadura del río La Plata, en una acción que se conoce como Combate de La Plata o batalla de Jigüe. El objetivo era rodear las defensas rebeldes en el pico Turquino. Los soldados cubanos —en su mayoría reclutas— fueron nuevamente emboscados por la guerrilla y pronto quedaron rodeados e inmovilizados. Un segundo batallón fue desembarcado para auxiliarlos, pero fue detenido en la playa. Un tercer batallón (el 17) fue enviado en refuerzo, pero se topó con otra unidad rebelde y no logró avanzar. Tras más de una semana de asedio, el 21 de julio, el Batallón 18 se rindió: 40 muertos, 30 heridos y 240 prisioneros. Las bajas rebeldes fueron de solo tres hombres.
El general Cantillo decidió retirar el Batallón 17, pero concibió la retirada como una trampa si Castro decidía perseguir a los soldados en retirada. Esto dio lugar a la Batalla de Las Mercedes. Por primera vez, las tropas de Castro cayeron en la trampa y sufrieron más de 70 bajas en los dos primeros días de combates, entre ellas la de un alto líder rebelde, René Ramos Latour. Sin embargo, Castro logró sacar a su ejército de la trampa entablando negociaciones con Cantillo y Batista. Para el 8 de agosto, todas las fuerzas rebeldes habían escapado y la ofensiva gubernamental había terminado.
Consecuencias
Al no haber logrado destruir al Ejército Rebelde, el gobierno de Batista quedó en evidencia como débil e ineficaz. El impacto en la moral del ejército fue devastador:
El impacto de esta debacle en la moral del ejército cubano fue devastador. La mayoría de los oficiales subalternos que habían luchado duramente durante las semanas anteriores estaban indignados porque Cantillo hubiera siquiera considerado negociar. Además, la maniobra magistral de Castro se produjo justo en el momento en que el ejército regular, después de haber combatido bien por primera vez en la campaña, parecía tener todas las ventajas.
Impulsado por el éxito, Fidel Castro pasó a la ofensiva y, en apenas cuatro meses, tomó el control de Cuba, culminando con la huida de Batista el 1 de enero de 1959.
Véase también
Batalla del Jigüe Batalla de Las Mercedes Pascuas Sangrientas Revolución cubana
Referencias
Fuentes
El espíritu de Moncada por Larry Bockman (Mayor, USMC), 1984. Jeffrey S. Dixon, Meredith Reid Sarkees, A Guide to Intrastate Wars: An Examination of Civil, Regional and Intercommunal Wars, 1816-2014, CQ Press, 2015.
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