La rambla de Albuñol es una rambla del sur de la península ibérica perteneciente a las Cuencas Mediterráneas Andaluzas que discurre íntegramente por el sureste de la provincia de Granada (España). Tiene una longitud aproximada de 18,2 km y una cuenca de 115,3 km², con fuerte pendiente desde su cabecera hasta el mar Mediterráneo, lo que le confiere un régimen estacional e hipertorrencial durante episodios de lluvia intensa. En su tramo final desarrolla un pequeño delta asociado a la llanura costera de La Rábita–El Pozuelo. En una división territorial de la comarca litoral granadina empleada en un estudio sobre agriculturas de regadío, la rambla de Albuñol se incluye en la denominada «Unidad Este» y se cita, junto con la rambla de Gualchos–Castell de Ferro, como uno de los cauces principales de ese sector, cuyos deltas se consideran relevantes para la agricultura local.

Curso La rambla nace en la vertiente meridional de la sierra de la Contraviesa, a cota media-alta, y desciende en tramos encajados hasta su desembocadura en la playa de La Rábita, en el mar Mediterráneo. El perfil longitudinal concentra un fuerte desnivel —más de 1200–1300 m en poco más de 18 km—, con valles estrechos y laderas abruptas en cabecera y tramos medios, y un sector final con vegas y huertas tradicionales. Recibe aportes de numerosos barrancos laterales; entre los cauces de su red secundaria se encuentra la rambla de Aldáyar (también conocida como de las Angosturas), de características similares y confluencia en el tramo medio-bajo, en las proximidades del núcleo de Albuñol. En el entorno urbano y periurbano de Albuñol y La Rábita existen tramos encauzados y defensas longitudinales inventariadas por la planificación hidrológica. En la caracterización de la «Unidad Este» de la costa granadina se ha señalado, asimismo, una elevada densidad de cauces y la existencia de canalizaciones puntuales en algunas ramblas para reducir el riesgo de avenidas.

Obras de encauzamiento y defensa del cauce (1973–presente) Tras la riada de octubre de 1973, la entonces Confederación Hidrográfica del Sur impulsó un programa de encauzamiento y defensa del tramo urbano y de la desembocadura de la rambla. Ese mismo ciclo administrativo se licitaron y adjudicaron las obras del «tramo final (La Rábita)», con los correspondientes expedientes de expropiación para su ejecución. thumb|Rambla de Albuñol 1997 (vista desde El Cercado)

La tramitación continuó en 1977 con la convocatoria de actas previas a la ocupación para el «tramo de cabeza» y otras piezas del expediente de encauzamiento de la rambla de Albuñol y afluentes (Aldáyar/Angosturas). En el marco estatal de la época, el Consejo de Ministros también trató ese verano diversos acuerdos para la firma de actas previas en obras de encauzamiento en la provincia de Granada, entre ellas las de La Rábita–Albuñol.

Desde entonces se han sucedido actuaciones de mantenimiento y emergencia. En 2015 la Administración General del Estado anunció inversiones para reparar daños por temporales en varias ramblas de la Costa Granadina, incluida la de Albuñol. En 2016 se ejecutaron obras de emergencia específicas en Albuñol para recomponer muros del encauzamiento y retirar arrastres, con un presupuesto de 974.050 €.

En el entorno de la desembocadura, el Servicio Provincial de Costas tramitó en 2020 el proyecto «Acondicionamiento de la fachada marítima de Albuñol» (ref. 18-0242), sometido a información pública y posteriormente contratado. A ello se han sumado aportes de arena y pequeñas reparaciones en la playa de La Rábita dentro de las campañas de recuperación de playas del litoral granadino.

Diversos trabajos técnicos y de divulgación subrayan que, tras el encauzamiento, la vega baja y el abanico aluvial han sido aprovechados de forma intensiva para agricultura bajo plástico, al tiempo que se mantiene la necesidad de labores periódicas de conservación por la naturaleza torrencial de la cuenca.

Acuíferos, hidrogeología y regadío La cuenca de la rambla de Albuñol combina dos acuíferos conectados entre sí: uno carbonatado, en las calizas triásicas del complejo alpujárride al norte del casco urbano, y otro aluvial asociado al propio cauce. Esta relación explica las surgencias, los caudales que circulan bajo el lecho y los regadíos tradicionales del valle. En la «Unidad Este» se han descrito además pequeños acuíferos detríticos costeros asociados a las principales ramblas y, para la rambla de Albuñol, un acuífero calcáreo con recursos explotables (citados como aptos para usos agrícolas). En esa misma caracterización se indica que el abastecimiento de agua potable se vincula a un sifón que conduce agua por gravedad desde la vertiente meridional de Sierra Nevada.

Marco geológico En el sector afloran materiales del Complejo Alpujárride dispuestos en mantos de corrimiento, con predominio de metapelitas (micasquistos, filitas y cuarcitas) e intercalaciones locales con evaporitas (yesos). La unidad de mayor trascendencia hidrogeológica (manto de Lújar) constituye un acuífero regional por fisuración y karstificación de su serie carbonatada triásica (calizas y dolomías), que aflora en ventanas tectónicas, entre ellas la del entorno de Albuñol, atravesada por la rambla de Albuñol y su tributaria Aldáyar, que confluyen cerca del núcleo urbano.

Síntesis hidrogeológica y calidad del agua El acuífero carbonatado está formado por calizas y dolomías muy fracturadas (espesores cercanos a 500 m y unos 20 km² de afloramiento). Descarga hacia el valle en manantiales como «El Río», de carácter termal (≈24–27 °C). Se han descrito valores altos de hierro y olor a sulfuro de hidrógeno, y ensayos de bombeo con respuesta rápida, lo que indica una gran transmisividad y una conexión directa con el aluvial.

En el tramo medio se han citado caudales medios del manantial del Río del orden de 60–90 l/s, y de la mina de Aldáyar de 30–60 l/s, asociados al sistema mixto carbonatado–aluvial del valle.

El acuífero aluvial ocupa el fondo del valle (≈3 km², con anchuras medias cercanas a 200 m y espesores decamétricos, mayores hacia el sector deltaico). Sus gravas y arenas, muy permeables, reciben principalmente aportes del acuífero carbonatado y, en menor medida, de la infiltración de las escorrentías. Parte del caudal sobrante descarga al mar por los aluviales costeros.

En conjunto, los balances del IGME sitúan la salida anual del acuífero carbonatado en torno a 8,6 hm³, con transferencias al aluvial de entre 2,6 y 6 hm³ según sectores. El regadío del aluvial ronda las 100 ha, con extracciones estimadas de 0,6–0,9 hm³/año y un excedente que alcanza el mar (≈1,7–2 hm³/año).

La evolución hidroquímica del acuífero aluvial se ha descrito como resultado de la mezcla con aportes ocultos desde el acuífero carbonatado y del lavado de yesos: se ha caracterizado una facies sulfatada cálcica con salinidad total del orden de 2,5 g/l. Otras síntesis describen aguas termales con mineralización del orden de 2 g/l y facies sulfatada cálcico-magnésica en el sector de Albuñol.

En una revisión sobre infraestructuras y regadío en la «Unidad Este», se señala el papel de los pozos como fuente destacada de agua de riego, con captaciones situadas frecuentemente en las proximidades o en el propio cauce de ramblas como Aldáyar, Albuñol o Gualchos; el mismo trabajo indica que, desde la década de 1970, se ha citado un aumento de la presión sobre las aguas subterráneas y un deterioro de su calidad, y menciona un proyecto para llevar agua a la zona de Albuñol y mezclarla con agua de pozos con el fin de mejorar su calidad para la producción hortofrutícola.

Intrusión marina y descarga subterránea al litoral En la llanura costera de La Rábita–El Pozuelo se ha descrito una estratificación salina distinta según sectores: en El Pozuelo el agua salada ocupa la mayor parte del acuífero con una lámina superficial de agua salobre y dulce, mientras que en La Rábita se ha citado una capa de agua dulce de unos 15 m, con agua salobre hasta el sustrato. Se ha señalado, asimismo, que la descarga subterránea hacia el mar actúa como factor limitante de la penetración marina en el sector asociado a la rambla de Albuñol. En guías hidrogeológicas se ha indicado que el sector oriental hacia El Pozuelo (en relación con la desembocadura de la rambla de Huarea) presenta mayor vulnerabilidad a la salinización.

En el tramo medio y bajo subsisten acequias históricas que derivan manantiales y escorrentías para pequeñas vegas. La más citada es la acequia Altera, vinculada a los regadíos de la desembocadura: el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) recoge su modernización como proyecto y, en 2024, el Parlamento andaluz incluyó el «revestimiento de la acequia Altera (1.ª fase)» junto a actuaciones sobre manantiales de Albuñol. La planificación hidrológica también contempla encauzamientos y rectificaciones del tramo final (La Rábita) por la peligrosidad de avenidas.

El regadío actual se apoya también en captaciones subterráneas gestionadas por comunidades de regantes (San Patricio, Fuente Salada, Pozo de la Cenicilla, entre otras) y, desde finales de la década de 2010, algunas coordinan aportes del sistema Béznar–Rules para reducir presión sobre los acuíferos locales en periodos secos. En 2022 el BOJA publicó la convocatoria para constituir la Comunidad de Regantes Pozo de Las Moraillas (en formación). En 2024 se autorizaron derivaciones temporales desde un sondeo municipal para complementar caudales concesionales de varias comunidades de Albuñol (Pozo de la Cenicilla, San Patricio y Los Sotillos).

La bibliografía reciente sobre el valle subraya la relación entre este esquema hidrogeológico, el encauzamiento del tramo final y el uso agrícola intensivo de la vega baja, así como la conveniencia de mantener labores periódicas de conservación por la naturaleza torrencial de la cuenca.

Geomorfología, usos del suelo y transformaciones recientes El valle inferior ha experimentado una profunda transformación agraria desde mediados del , con expansión de cultivos intensivos bajo plástico y reorganización de la vega tradicional. Estos cambios han incrementado tensiones sobre el sistema físico (ocupación de cauces de avenida, impermeabilización, pérdida de funciones ecológicas) y han generado conflictos territoriales y de gestión en la cuenca. En síntesis hidrogeológicas y de campo se ha advertido que la proliferación de invernaderos puede dificultar la escorrentía natural, especialmente en salidas de barrancos, actuando como factor de riesgo añadido en episodios de avenida.

Agricultura bajo plástico y ordenación municipal En un análisis sobre la expansión de los invernaderos en la costa granadina, la rambla de Albuñol aparece entre los núcleos iniciales de difusión identificados para la etapa más temprana considerada (finales de la década de 1970). En el periodo 2000–2003, ese mismo estudio sitúa el crecimiento de la superficie bajo plástico, de forma destacada, en la rambla del Puntalón y en la rambla de Albuñol, señalando un mayor grado de saturación en ambos ámbitos. El mismo autor incluye el núcleo de Albuñol y los deltas de las ramblas de Albuñol y El Pozuelo entre los «lugares centrales» vinculados a servicios y comercialización en el sistema agrario bajo plástico del litoral granadino.

En una revisión del planeamiento municipal sobre invernaderos (referida a 2004), se ha señalado que el Ayuntamiento de Albuñol tramitaba estas instalaciones como actividad agrícola, mediante permiso asociado a movimientos de tierras; el mismo trabajo describe su implantación en suelos no urbanizables y en ámbitos de protección arqueológica y menciona también su presencia sobre suelo urbanizable en el entorno litoral del núcleo de La Mamola.

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