Serlo II de Altavilla (también conocido como Sarlo, Serlone en italiano y Serlon en francés), nació entre 1027 y 1035 y murió el año 1072 en la batalla épica en las proximidades de Nissoria, concretamente en el lugar que lleva su nombre desde entonces: la "Roca de Sarlo" ("Rocca di Sarlo" ó "Pietra di Serlone" en italiano)., página 11. Fue hijo y homónimo de Serlo de Hauteville y de su esposa, la hija y heredera del señor de Pirou,En la sección de enlaces externos se puede acceder al enlace a la Wikipedia francesa del castillo de Pirou. y por tanto nieto de Tancredo de Hauteville y sobrino de Roger I de Sicilia, il gran conte.

Títulos

I conde de Geraci y señor de Cerami.Hacia el año 1070. , página 11. Señor de Serrata y Surito. Accedió a todos sus títulos poco antes de su muerte, por lo que no pudo llegar a tomar posesión efectiva de los mismos.

Biografía Serlone fue un hábil hombre de armas, protagonista de muchas empresas militares, a menudo contra los sarracenos, entre los que era ampliamente conocido por su destreza y valor en combate. Tuvo una relevante participación en la Conquista normanda de Sicilia.

Fue en busca de fortuna al Mezzogiorno, junto con sus numerosos tíos y primos, siguiendo a su tío Ruggero alrededor de 1056. Más tarde, en el año 1060 se encontraba en Calabria, cuando fue nombrado teniente por otro de sus tíos, Roberto Guiscardo. A menudo vivía con su tío Roger, en Mileto, la capital de Calabria.

Ese mismo año se unió a la expedición de Roger I de Sicilia y en 1061 luchó contra los sarracenos en Cabo Faro, impidiendo su retirada a Messina. Esa expedición terminó, sin embargo, en un fracaso.

En 1063, el sultán zirita Tamin envió a sus dos hijos, Ayub y Ali, a Sicilia al mando de dos ejércitos para ayudar a sus hermanos sicilianos a contener el creciente avance cristiano. Ayub marchó con el grueso de sus fuerzas a Palermo, gobernando la ciudad en nombre de su padre con el pleno apoyo de los ciudadanos y de los habitantes de una vasta región que se extendía desde Mazara hasta Cefalú. Alì, como auxiliar de al-Hawwas, se estableció en Girgenti y envió quinientos soldados para reforzar la guarnición de Castrogiovanni. Roger, de regreso en la primavera de 1063 con los tan esperados suministros, se apresuró a distribuir armas y caballos entre sus hombres y, al enterarse de la llegada de refuerzos africanos a Castrogiovanni, se dirigió a esa ciudad, ansioso por medirse con los recién llegados. Tras detenerse a dos millas de la ciudad, el conde envía un destacamento de caballeros al mando de su fiel sobrino Serlone para provocar al enemigo y se esconde con el grueso de sus fuerzas en un valle boscoso cercano. Los sarracenos caen en la trampa, descienden al valle y persiguen al destacamento, pero son sorprendidos por Roger que tras un feroz enfrentamiento los derrota en batalla. Los persiguió durante más de un kilómetro y regresó triunfante a Troina. Fortalecido por su victoria, el conde cruzó la isla a toda velocidad hasta Caltavuturo, y luego regresó a Castrogiovanni, donde los sarracenos no se atrevieron a enfrentarse a él. Avanzó entonces hacia Butera, desde donde llevó prisioneros y ganado a Troina., página 46.

A mediados del verano de 1063, el ejército sarraceno, reforzado con nuevos contingentes africanos, se dirigió desde Palermo hacia Troina, decidido a aniquilar al enemigo.El cronista Malaterra sin duda exageró al hablar de treinta mil caballeros y veinte mil infantes frente a quinientos combatientes normandos, pero los sarracenos ciertamente superaban en número a sus adversarios. A unos diez kilómetros al oeste de Troina se encuentra la ciudad de Cerami, situada en un valle atravesado por un pequeño río del que toma su nombre un castillo encaramado en un alto acantilado. Roger decide dirigir a su pequeño ejército para enfrentarse al enemigo, evitando así quedar sitiado en Troina. Durante tres días consecutivos, los ejércitos se observan mutuamente sin combatir, pero informado por sus exploradores de que el enemigo está a punto de atacar Cerami, Roger confía la defensa a su sobrino Serlone, y una vez más, el valiente joven no lo defrauda, pues logra entrar en la ciudad con sus treinta caballeros antes que el enemigo. Cuando la vanguardia enemiga se acerca, sin esperar la llegada de su tío, abre las puertas, carga violentamente contra ellos y los derrota. , página 203. Los líderes normandos celebran entonces un consejo en Cerami, y finalmente, prevalece la postura a favor de iniciar la batalla de inmediato. El ejército normando se dividió en dos partes: la primera fuerza normanda estaba comandada por Serlone. Otros dos valientes líderes, Orsello y Arisgoto, procedentes de Pozzuoli, formaban la otra fuerza, que operaba bajo las órdenes del mismo conde. El enfrentamiento fue terrible: los normandos fueron arrollados por la oleada sarracena, pero lucharon con fiereza hasta conseguir una victoria inesperada y completa. Durante la batalla, el conde Roger atravesó con una lanza la magnífica armadura del cadí de Palermo, comandante del ejército enemigo. Al caer la noche, los sarracenos huyeron precipitadamente, y los normandos los persiguieron hasta el campamento enemigo, donde se detuvieron a descansar en las tiendas del campamento capturado. Entre el rico botín, también capturaron algunos dromedarios, cuatro de los cuales Roger envió a Roma como un exótico regalo al papa Alejandro II.Malaterra narra que en Cerami, los normandos, tan inferiores en número, salieron victoriosos gracias a la ayuda divina, que se manifestó en forma de un hermoso y poderoso caballero sobre un corcel blanco, el primero en romper la oleada enemiga, en quien se reconoció al mismísimo San Jorge, pero en realidad, lo que hizo triunfar a los normandos fue su valor, la férrea disciplina, la unidad de voluntad y la fe inquebrantable en la ayuda divina. En reconocimiento a esta ayuda, tras la batalla, el conde mandó grabar en su escudo el lema «Dextera Domini fecit virtutem. Dextera Domini exaltavit me», divisa que perduró en el blasón de los condes de Geraci primero y marqueses de Irache después., página 47.

Serlon acompañó a su tío Roger en su expedición de 1065 como uno de sus comandantes, siendo puesto a cargo de la defensa de la ciudad de Cerami,<ref name="Sin_nombre-pI2--1">Ver "Battle of cerami" en la sección Enlaces externos"</ref>, Capítulo 12 completo. resistiendo los duros ataques de los sarracenos. Según MalaterraGodofredo Malaterra fue un escritor de fines del siglo XI y principios del XII, biógrafo e historiador por encargo de Roger Guicardo, príncipe normando de Sicilia. Se le creyó español por algún tiempo, porque su obra apareció impresa en España por vez primera, aunque hoy se le cree francés, de los muchos que siguieron a los normandos en su conquista de Sicilia. Escribió cuatro libros sobre las hazañas de Roger y de sus otros hermanos, precedidos de una carta a Ausgier, obispo de Catania, en la que pide amparo para su obra, de la cual se seduce que el autor era benedictino, como el obispo, y que el nombre Malaterra era el de su familia. (Cap. 33) «treinta y seis caballeros normandos dirigidos por Serlon se enfrentaron a tres mil caballeros musulmanes, flanqueados por muchos soldados de a pie» ("exceptis peditibus, quorum infinita erat multitudo"). Llegaron otros cien soldados normandos de refuerzo, consiguiendo así derrotar a los sarracenos. Se dijo, después de la batalla, que san Jorge, resplandeciente de luz, había galopado ante los cristianos para guiarlos hacia la victoria. A tener en cuenta la presencia de soldados de infantería también por parte de los normandos: las tácticas normandas normalmente incluían arqueros y ballesteros en la línea del frente, soldados de infantería armados con jabalinas en el segundo y el escuadrón de caballería pesada, llamado conroi, en el tercero. Además del conroi de treinta y seis caballeros, Serlon probablemente podría contar con un centenar de sirvientes a caballo sin armadura, quizás compuesto por tropas bereberes. Malaterra dice (Cap. 46) que Serlon habría sido adoptado por el noble musulmán Ibrahim. , página 63 y también , páginas 52-55.

Más tarde, en 1071, para evitar ser atacado por los musulmanes de Girgenti, Roberto I encargó a su sobrino Serlon que continuara la guerra en la región de Gerami y Castrogiovanni. El ejército y la flota normanda llegaron a Palermo en agosto; establecieron un bloqueo alrededor de la ciudad, excepto en el lado oeste. Sabemos por Malaterra que los normandos ocuparon los jardines que rodeaban la ciudad. Pero los sitiados lograron dar a conocer su situación a sus correligionarios musulmanes en África, que les enviaron una flota de socorro. Tras una batalla con los barcos normandos, esta flota logró entrar en el puerto, pero no sin sufrir importantes pérdidas. Durante el asedio, que ocupó los últimos meses de 1071, Roberto I construyó enormes máquinas de guerra. A lo largo de este tiempo, se produjeron incesantes escaramuzas entre cristianos y musulmanes sin que ninguno de los bandos lograra una ventaja decisiva. El prolongado asedio provocó una terrible hambruna que causó un gran sufrimiento no solo a los sitiados, sino también a los sitiadores, cuyos suministros escaseaban. Roberto I, para acelerar el desenlace, solicitó refuerzos a su hermano Roger en la península de Italia, pero cuando sus vasallos se enteraron de las dificultades que enfrentaba, aprovecharon la situación para rebelarse nuevamente. A pesar de este revés, Roberto I continuó sitiando la ciudad y, a principios de enero de 1072, decidió lanzar un asalto. El 7 de enero, Roger, con gran parte de las fuerzas normandas, atacó la ciudad vieja y atrajo la atención de los musulmanes. Mientras tanto, Roberto I, con trescientos hombres, atacó el barrio de Al Halisah, que estaba indefenso, y logró capturarlo. La mitad de la ciudad quedó así en manos normandas. Los musulmanes estaban divididos sobre qué hacer; algunos querían continuar la lucha, mientras que otros proponían negociaciones. Fue este último grupo el que prevaleció y el 8 de enero, dos líderes musulmanes y varios de los ciudadanos más importantes de la ciudad se presentaron ante Roberto I para ofrecerle la rendición bajo ciertas condiciones, de las que se sabe poco, pero al parecer Roberto I fue muy complaciente, pues ansiaba regresar a Foglia y no quería prolongar el asedio para capturar la ciudad vieja.No solo se perdonó la vida a los musulmanes, sino que también se les concedió el derecho a ejercer su vida cívica. Roberto I se comprometió a permitirles conservar sus leyes y, por consiguiente, sus jueces y tribunales; y al nombrar funcionarios normandos, les permitió conservar sus títulos musulmanes; así, un caballero de su séquito, nombrado gobernador de Palermo, asumió el título de emir. Las negociaciones duraron dos días. El 10 de enero, Roberto I y Roger, al frente de sus tropas, entraron en Palermo y se dirigieron solemnemente a la antigua iglesia de Santa María, que había sido convertida en mezquita y, por lo tanto, restaurada a su uso religioso. La caída de Palermo provocó la sumisión de los musulmanes en la región de Mazzara, pero no cambió la situación en las cercanías de Castrogiovanni, donde la guerra continuaba. La toma de Palermo fue, sin embargo, de particular importancia, ya que puso toda la costa norte de la isla en manos de los normandos. Al oeste, la autoridad de Roberto I se reconocía hasta Mazzara, y al este, hasta Messina. Los musulmanes del centro quedaron, por lo tanto, cercados. Tras su victoria, los dos hermanos se repartieron los territorios conquistados. Roberto I se reservó la soberanía de la isla, incluyendo Palermo, la mitad de Messina y el Valle Demone. El resto se le concedió a Roger. La mitad de Sicilia fue entregada a Serlon y Arisgot de Pozzuoli. Según el relato de Malaterra, parece que la parte de Serlon y Arisgot de Pozzuoli aún no había sido conquistada a los musulmanes. , páginas 207 a 209.