thumb|upright=1.3|Los nombres de cuatro mártires de la Gran persecución - Zoticos, Attalos, Kamasis, Filippos - en su tumba, en la cripta de la iglesia cristiana primitiva de Niculițel, Rumania.
La persecución a los cristianos en el Imperio romano, se produjo de forma intermitente durante un periodo de más de dos siglos entre el Gran incendio de Roma en el año 64 bajo Nerón y el Edicto de tolerancia de Serdica del emperador Galerio en el 311 que fue completado dos años después por el «Edicto de Milán», acordado por los emperadores Constantino I y Licinio.
La persecución a los cristianos en el Imperio romano fue llevada a cabo por el Estado y también por las autoridades locales de manera esporádica y puntual. A partir del año 250, la persecución en todo el imperio tuvo lugar como consecuencia de un edicto del emperador Decio, que estuvo en vigor dieciocho meses, durante los cuales algunos cristianos fueron ejecutados mientras que otros apostataron para escapar de la muerte.
Estas persecuciones influyeron marcadamente en el desarrollo del cristianismo, dando forma a la teología cristiana y a la estructura de la Iglesia. Los efectos de las persecuciones incluyeron la redacción de explicaciones y defensas del cristianismo. Sin embargo, el historiador español Gonzalo Bravo ha puntualizado que «el eco que dejaron estas persecuciones en la tradición cristiana posterior no se corresponde en muchos casos con la realidad histórica. La persecución no siempre fue sistemática ni originó víctimas en todas las regiones del imperio. El carácter episódico de estos "momentos" rompiendo largos periodos de tolerancia religiosa... aconseja relativizar la importancia histórica del fenómeno persecutorio a pesar de que las llamadas "Actas de Mártires", elaboradas desde finales del , pretenden magnificar los hechos, incluso inventando unas veces o distorsionando claramente otras la realidad histórica propiamente dicha».´
En cuanto al número total de víctimas Gonzalo Bravo afirma que no es posible «proporcionar cifras objetivas», aunque «hoy se tiende a minimizar el alcance real incluso de las llamadas "grandes" persecuciones, entendiendo generalmente que la imagen en exceso negativa de este fenómeno fue elaborada a posteriori por los primeros Padres de la Iglesia —la conocida Patrística— interesados en resaltar el contraste que a su contemporáneos ofrecía la Iglesia triunfante frente al declinante estado imperial inmerso en sucesivas coyunturas de crisis».
Según Tácito, la primera ola de persecución organizada tuvo lugar bajo el mandato de Nerón (r. 54-68), quien culpó a los cristianos del Gran incendio de Roma en el año 64. Durante el reinado de Marco Aurelio (r. 161-180) se produjeron varias persecuciones, en su mayoría localizadas. Tras un periodo de calma, la persecución se reanudó bajo el mandato de Decio (r. 249-251) y Treboniano Galo (r. 251-253). La persecución de Decio fue especialmente extensa, ya que Decio se esforzó por restaurar la edad de oro romana en parte imponiendo prácticas paganas a la comunidad cristiana. Otra ola de persecución comenzó bajo Valeriano (r. 253-260), pero cesó abruptamente después de que fuera capturado y hecho prisionero por el Imperio sasánida durante la Batalla de Edesa de las Guerras romano-persas. Bajo su sucesor Galeno (r. 253-268), cuyo reinado se vio empañado por los conflictos militares en rápida escalada de la Crisis del siglo III, se promulgó el primer decreto de tolerancia para las prácticas y los lugares de culto cristianos, aunque no llegó a reconocer al cristianismo como religión con estatus legal.
El emperador Diocleciano (r. 283-305) inició la persecución de Diocleciano, que fue la última y más severa ola de persecución de los cristianos por parte del Estado romano. Se aplicó hasta la ascensión al trono de Galerio (r. 305-311), quien promulgó el Edicto de Serdica, y la muerte de Maximino Daza (r. 310-313). Después de que Constantino el Grande (r. 306-337) derrotara a su rival Maxencio (r. 306-312) en la Batalla del puente Milvio en octubre de 312, él y su coemperador Licinio promulgaron el Edicto de Milán, que despenalizó el cristianismo y suprimió las poblaciones paganas en todo el Imperio romano. En 380, Teodosio I (r. 379-395) promulgó el Edicto de Tesalónica, que establecía oficialmente el cristianismo como religión oficial del Estado romano. También fue durante el reinado de Teodosio I cuando las prácticas paganas se consideraron abiertamente delitos punibles, lo que sentó las bases para las políticas antipaganas del Imperio bizantino temprano.
Duración y extensión La persecución de la iglesia primitiva había ocurrido esporádicamente y en áreas localizadas desde su comienzo. La primera persecución de cristianos organizada por el gobierno romano tuvo lugar bajo el emperador Nerón en el 64, después del gran incendio de Roma. El edicto de tolerancia de Serdica fue emitido en el 311 por el emperador romano Galerio, terminando oficialmente con la persecución diocleciana del cristianismo en el este. Con la aprobación en el año 313, del Edicto de Milán, cesó la persecución de los cristianos por parte del estado romano. Se desconoce el número total de cristianos que perdieron la vida a causa de estas persecuciones; aunque el historiador de la iglesia primitiva Eusebio, cuyas obras son la única fuente para muchos de estos acontecimientos, habla de que "grandes multitudes" perecieron, diversos estudiosos piensan hoy en día que exageró sus números.Moss 2013
No hubo persecución general de cristianos en todo el imperio hasta el reinado de Decio en el .Martin, D. 2010. "The "Afterlife" of the New Testament and Postmodern Interpretation (lecture transcript ). Yale University. Los gobernadores provinciales tenían una gran discreción personal en sus jurisdicciones y podían elegir ellos mismos cómo tratar los incidentes locales de persecución y violencia de las turbas contra los cristianos. Durante la mayor parte de los primeros trescientos años de la historia cristiana, los cristianos pudieron vivir en paz, practicar sus profesiones y ascender a puestos de responsabilidad. Según Candida Moss, solo durante aproximadamente diez de los primeros trescientos años de la historia de la iglesia, los cristianos fueron ejecutados por orden de un emperador romano. Los intentos de estimar las cifras de cristianos ejecutados se basan inevitablemente en fuentes inadecuadas; Jan Bremmer, profesor emérito de estudios religiosos en la Universidad de Groninga, Países Bajos, escribe que: "Como sabemos que Eusebio había recopilado narrativas de mártires más antiguas en un libro titulado Colección de los mártires antiguos, habrá existido una serie de narrativas de mártires no mencionadas por Eusebio en sus textos supervivientes". Ste. Croix advierte que las cifras finales no transmiten el impacto: Las meras estadísticas de martirios no son en absoluto un índice confiable de los sufrimientos de los cristianos en su conjunto.Ste. Croix, 102 Un historiador de las persecuciones estima que las cifras globales oscilan entre 5500 y 6500. Un número que también fue adoptado por escritores posteriores, incluido Yuval Noah Harari:
Sin embargo, los historiadores Wolfram Kinzig y Jan Bremmer se muestran en desacuerdo con la minimización del número de víctimas.
Motivos
Causas sociales y religiosas thumb|Salón Romano de la Justicia, Young Folks' History of Rome, 1880. Antes del año 250, la persecución no se extendía a todo el imperio; era localizada, esporádica, a menudo dirigida, por acciones ocasionales, de las autoridades locales. Las razones de la persecución pueden entenderse observando algunas áreas principales de conflicto.Consummation of the Ages vol I, By Henry Epps, page 246
thumb |Martirio de Calepodio. «La soberanía exclusiva de Cristo chocó con los reclamos de César de su propia soberanía exclusiva». El Imperio romano practicaba la religión del sincretismo y no exigía la lealtad a un único dios, pero sí exigía una lealtad preeminente al Estado, y se esperaba que esto se demostrara a través de las prácticas de la religión del Estado con numerosos días de fiesta y festivales a lo largo del año. La naturaleza del monoteísmo cristiano impedía a sus seguidores participar en cualquier cosa que involucrara a «otros dioses». Los cristianos no participaban en las fiestas o procesiones ni ofrecían sacrificios o incienso a los dioses y esto producía hostilidad. Se negaron a ofrecer incienso al emperador romano, y en la mente de la gente, el «emperador, cuando se le veía como un dios, era... la encarnación del Imperio romano»,A Short History of the Early Church, By Harry R. Boer p. 45 así que los cristianos eran vistos como desleales a ambos. En Roma, «la religión únicamente podía ser tolerada mientras contribuyera a la estabilidad del estado», lo que «no permitiría ningún rival para la lealtad de sus súbditos. El estado era el mayor bien en una unión de estado y religión». En el monoteísmo cristiano el estado no era el bien supremo.
«Los cristianos trasladaron sus actividades de las calles a los dominios más apartados de las casas, tiendas y apartamentos de mujeres... cortando los lazos normales entre la religión, la tradición y las instituciones públicas como las ciudades y las naciones». Esta «privatización de la religión» fue otro factor principal de la persecución. A veces se reunían por la noche, en secreto, y esto despertaba la sospecha entre la población pagana acostumbrada a la religión como un evento público; los rumores abundaban,de que los cristianos cometían flagitia, scelera y maleficia -«crímenes atroces», y «actos malvados»-, específicamente, el canibalismo y el incesto (conocidos como banquetes titistas y «relaciones sexuales edípodas»), debido a los rumores de que comían la «sangre y el cuerpo» de Cristo y se referían a ellos como «hermanos» y «hermanas».Sherwin-White, A.N. "Why Were the Early Christians Persecuted? -- An Amendment." Past & Present. Vol. 47 n.º 2 (abril de 1954), p. 23
Edward Gibbon escribió:
thumb|Martirio de san Lorenzo. Christian heroes and martyrs (1895). El cristianismo practicaba una inclusividad que no se encontraba en el sistema de castas sociales del Imperio romano y por lo tanto era percibido por sus oponentes como una "amenaza perturbadora y, lo que es más importante, una amenaza competitiva para el orden tradicional basado en la clase y el género de la sociedad romana".Gibbon sostuvo que la aparente tendencia de los conversos cristianos a renunciar a su familia y a su país y sus frecuentes predicciones de desastres inminentes infundían un sentimiento de aprensión en sus vecinos paganos.Decline & Fall p. 311; Martin Goodman notes that some Christians, following the line taken by the Book of Revelation condemned Rome as evil, the "Whore of Babylon", revelling in its impending downfall. Rome & Jerusalem, p. 531, ISBN 978-0-14-029127-8