La Mata es un yacimiento arqueológico perteneciente a la cultura tartésica situado en Campanario, Badajoz, España. Es coloquialmente conocido por el nombre de “Montones de Tierra” y está datado en el periodo orientalizante, en torno al ecuador del I milenio antes de Cristo (siglos VI-V antes de Cristo).

Contexto geográfico En el término municipal de Campanario (Badajoz), a dieciocho kilómetros en línea recta del santuario de Cancho Roano donde ambos comparten en común su aislamiento geográfico además de su orientación, su cronología, sus dimensiones la forma de su planta.

Fuentes periodísticas El diario de noticias donde se dio cuenta con mayor detalle de las exploraciones arqueológicas de La Mata fue Correo Extremeño. Se han encontrado dos noticias de las cuales una data del 28 de enero y otra del 4 de abril de 1930 donde el corresponsal en Campanario, Don Juan Blanco Gallardo, Maestro Nacional de Campanario, informa tanto de los trabajos preventivos desarrollados como de la promulgación del decreto que permitía la excavación.Pavón Soldevila, Ignacio; Rodríguez Díaz, Alonso; Duque Espino, David M. Crónicas de las exploraciones arqueológicas de 1930 en "La Mata" (Campanario, Badajoz). (2013). Universidad de Extremadura. Además, el periódico redactó alrededor de 8 crónicas de 1930 por Virgilio Viniegra fechadas entre el 31 de enero y el 19 de abril del aquel año que narraban el ambiente del trabajo arqueológico.

Fases de ocupación Este yacimiento estuvo ocupado por los tartesos, concretamente por una familia aristocrática procedente de las costas del sur, con influencia griega y fenicia que se extendieron por la parte suroeste de la península hace 2500 años aproximadamente. Este movimiento fue denominado en 1978 por M.Almagro-Gorbea como “cultura post-orientalizante” que no tardó en desaparecer.

Intervenciones arqueológicas Meses antes del comienzo de su excavación en 1930, se sospechaba que en aquellos montículos de tierra podría haber unos dólmenes ocultos. No fue hasta el 23 de enero de ese mismo año cuando los excavadores comenzaron a hallar algunos sillares de granito seguidos de piezas de cerámica, cenizas y pequeños restos óseos que pusieron el ojo de la excavación en un paraje fúnebre. No fue hasta el día siguiente cuando se excavó la tumba que se convirtió en el elemento más importante del proyecto, ya que era stricto sensu, algo insólito en los años 30. Se llegó a la conclusión de que el montón grande se trataba de una residencia habitacional donde la monumentalidad del edificio queda de manifiesto en su planta en forma de “U”, más aún contando con que tuvo dos plantas y probablemente terraza, llegando a alcanzar los 6 metros de altura total mientras que el montículo pequeño era un habitáculo fúnebre donde los restos de vidrio azul en las cenizas ayudaron a ubicarlo en el ámbito levantino del mediterráneo. Este último fue vuelto a excavar en 1999.

Restos arqueológicos Hoy día se puede ver su fisonomía de “casa fuerte” gracias a sus dos torres, muro perimetral de mampostería, terraplén y foso alrededor. Todo ello lo enmarca en la denominada arquitectura de prestigio que se desarrolla en el suroeste peninsular entre los siglos VIII y V antes de Cristo. En las cercanías se conservan los restos de una necrópolis de incineración contemporánea al yacimiento, donde se aprecia una gran tumba con masa tubular entre otras ya muy arrasadas. Además, dentro del complejo fúnebre se pueden observar varias cerámicas de Toya que llegan casi a la veintena.

Véase también

Cancho Roano Campanario Hijovejo

Referencias

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