thumb|250px|right|Un estudio publicado en The Lancet señala que "entender cómo los brotes de enfermedades afectan de manera diferente a hombres y mujeres es fundamental para desarrollar políticas de intervención equitativas e igualitarias". La enfermedad COVID-19 afecta a hombres y mujeres por igual, pero el impacto de la pandemia y las tasas de mortalidad varían significativamente en función del sexo. Si atendemos al impacto socioeconómico y sociocultural de la pandemia (cierre de colegios, confinamiento, limitaciones de acceso a los servicios de saludo), podremos observar que la pandemia de COVID-19 ha afectado de manera diferente a los géneros y posiblemente ha exacerbado las desigualdades de género-sexo.
Las diferencias por sexo se manifiestan desde edades tempranas hasta la adultez. Un metaanálisis de población pediátrica demostró que los varones menores de 19 años tienen mayor susceptibilidad a la infección, aunque con manifestaciones más leves que los adultos. En el grupo de edad reproductiva, las mujeres embarazadas presentan un perfil de riesgo particular, con mayor probabilidad de requerir cuidados intensivos y desarrollar complicaciones como parto prematuro y compromiso del bienestar fetal comparadas con embarazadas sin COVID-19.
Existen varias iniciativas que tratan de visibilizar la importancia de contar con datos desagregados por sexo-género para poder analizar fenómenos complejos, como la pandemia de la COVID-19. Así, por ejemplo, la iniciativa Global 50/50 recoge en su página web información de 55 países, de los cuales únicamente 26 desglosan por sexo los datos actualizados de casos confirmados y de muertes. Se hace hincapié en que la información sobre la infección por COVID-19 debería ser desglosada por sexo. Esto permitiría desarrollar soluciones para la pandemia desde una perspectiva equitativa para cada género, ya que se ha demostrado explícitamente que existen diferencias en las tasas de mortalidad entre sexos. Además, esto permitiría a los expertos aportar información de calidad por separado a hombres y mujeres. España se encuentra entre los países que desagregan estos datos por sexo (y otros datos de vigilancia epidemiológica de COVID-19). Diferencias de sexo en la mortalidad por COVID-19 Desde un punto de vista médico centrado en la morbilidad y mortalidad de la COVID-19 por sexo, se observa que la mortalidad es más alta en hombres según algunos estudios realizados en China e Italia. Los casos notificados a RENAVE parecen indicar que la proporción de casos confirmados de hombres y mujeres es similar (47,4% frente a 52,6%), pero la mortalidad parece ser mayor en los hombres (10,2% frente a 5,8%). Esta diferencia en la mortalidad, que parece ser un patrón en la mayoría de los países que proporcionan información diferenciada, ha atraído la atención de los medios de comunicación nacionales e internacionales. Desde el comienzo de la pandemia, se han realizado algunos estudios para encontrar explicaciones a esta diferencia. Se han señalado diversos factores como posibles causas: una mayor prevalencia del tabaquismo en los hombres, una respuesta inmunitaria diferente o la presencia de otras enfermedades que pueden verse agravadas por la infección (concretamente, cardiovasculares, respiratorias y diabetes). También se ha señalado el impacto de las normas de género o de la salud de los hombres.
Cabe tener en cuenta la edad media de cada país. India, por ejemplo, cuenta con una población mucho más joven que Estados Unidos, lo que contribuye a su menor tasa de mortalidad. La relación edad-sexo es un factor de gran relevancia. En la India, los casos de COVID-19 entre hombres y mujeres no representaban una proporción uniforme entre los diferentes grupos de edad. Las tasas de mortalidad eran más altas en mujeres, especialmente en el grupo de entre 40 y 49. Varios investigadores y expertos coinciden en que la información sobre la infección por COVID-19 debería ser desglosada por sexos. Esto permitiría desarrollar soluciones para la pandemia desde una perspectiva equitativa para cada género, ya que se ha demostrado explícitamente que existen diferencias en las tasas de mortalidad entre sexos. Además, esto permitiría a los expertos aportar información de alta calidad por separado a hombres y mujeres.
Las investigaciones han mostrado que las enfermedades virales como el Ébola, VIH, gripe y el SARS afectan a hombres y mujeres de manera diferente. Según un informe de la OMS en 2007, más de la mitad de los casos de SARS a principios del 2000 fueron reportados en mujeres. A fecha de abril de 2020, la incidencia de fallecimientos es mayor en los hombres que las mujeres tras ser infectados por la COVID-19. El riesgo más alto es de hombres de cincuenta años, con una brecha entre hombres y mujeres que continúa hasta los 90 años. En China, la tasa de mortalidad era del 2.8% para los hombres y 1.7% para las mujeres. Sin embargo, en algunos países como la India, Nepal, Vietnam y Eslovenia son más altas en mujeres. Se desconocen las causas exactas de esta diferencia entre ambos sexos, pero podría ser por factores genéticos y conductuales. Las diferencias inmunológicas basadas en el sexo, una menor prevalencia de fumadoras, y que los hombres desarrollan condiciones de comorbilidad como la hipertensión a edades más tempranas que las mujeres, podrían contribuir a la mayor mortalidad en hombres. En Europa, el 57% de las personas infectadas son hombres, y un 72% de las personas fallecidas por COVID-19 son hombres. El hecho de que las mujeres gocen de una esperanza de vida más longeva que los hombres (86 años en las mujeres frente a 80 en los hombres), genera también una dinámica edadista que puede desencadenar en discriminación tanto por alta edad como por ser mujer.
Relaciones sexuales y COVID-19 Actualmente se desconoce si la COVID-19 puede transmitirse por vía sexual. Al no existir ningún estudio fiable es fundamental comprender que el virus se puede contraer a través de la relaciones sexuales debido al poco espacio que existe entre las personas, pudiendo ser la infección trasmitida por el aire. Por lo tanto, tener sexo con una persona infectada puede ser muy arriesgado debido a la proximidad con la misma.
De todas formas, para tener sexo de una forma más segura se recomienda lavarse bien las manos con agua y jabón antes de hacer cualquier tipo de actividad, sea sexual o no. Además, el uso de preservativo y guantes de látex puede ayudar a reducir el riesgo de infección. Es recomendable también sustituir los besos y el coito por masajes eróticos, charlas y masturbación mutua acompañado de vídeos o material erótico. La práctica de cualquier tipo de relación sexual es un riesgo innecesario, por lo que se recomienda realizar otro tipo de actividades sexuales sin llegar al coito.
Impacto en salud En las emergencias de salud pública, las mujeres tienen un riesgo mayor de malnutrición.
Mujeres sanitarias y cuidadoras La incidencia de la enfermedad entre los sanitarios también ha sido estudiada. En promedio, el 10% de todos los casos confirmados de COVID-19 son trabajadores de la salud, con un rango del 1% al 32%. Al 14 de agosto de 2020, 572 478 trabajadores de la salud han sido declarados infectados por COVID-19 en todos los datos recogidos de 32 países, con un promedio del 10% de contaminación por COVID-19. Proyectando a nivel mundial, los 20,7 millones de casos confirmados de COVID-19 en todo el mundo incluirían a más de dos millones de trabajadores de la salud. Es importante señalar que hay mayor porcentaje de profesionales de la salud, particularmente enfermeras, que son mujeres, y tienen mayores probabilidades de ser expuestas al virus. También se debe considerar que existe un mayor índice de muertes provocadas por enfermedades cardiovasculares en el caso de las mujeres. Es un hecho conocido que estas agravan por el coronavirus, por lo que algunas mujeres podrían empeorar si se infectan de COVID y tienen problemas cardiovasculares.
La evidencia de brotes pasados de enfermedades muestra que las mujeres tienen más probabilidades de ser las que cuidan de las personas enfermas en la familia, haciéndolas más vulnerables a la infección. La mayoría de profesionales sanitarios, especialmente las enfermeras, son mujeres, en concreto, el 70% a nivel mundial. Están en primera línea para tratar la enfermedad, lo que hace vulnerables a al estar expuestas a esta enfermedad. El 90% de profesionales sanitarios de la provincia china de Hubei (donde se originó la enfermedad) son mujeres, y el 78% de profesionales sanitarios en Estados Unidos son mujeres. En España, desde que comenzó la crisis sanitaria los profesionales de la salud se han encontrado más expuestos al virus que otras personas, lo que ha llevado al contagio de casi 50.000 sanitarios, de los cuales un 66% de ellos son mujeres según el Instituto de la Mujer.
A 14 de agosto de 2020, el número acumulado de muertes de enfermeras notificadas por COVID-19 era de 1.097 en 44 países. Según el Conselho Federal de Enfermagem (COFEN Brasil, la Asociación Brasileña de Enfermería), al 11 de agosto de 2020, se habían registrado 351 muertes relacionadas con COVID-19 entre enfermeras en Brasil, que es la cifra más alta de muertes de enfermeras en todo el conjunto de datos.
Por estas razones, es importante entender por qué motivos están más expuestas a la COVID-19 las mujeres, para así entender las diferentes áreas de cuidados con una perspectiva transversal de género.
Mujeres como estudiantes En términos generales, la pandemia y el confinamiento han tenido un enorme impacto en la educación y los estudiantes en su conjunto. Con las escuelas cerradas y el difícil acceso a la educación a distancia, el PNUD estima que el 86% de los niños y niñas en edad de asistir a la escuela primaria en los países con un índice de desarrollo humano bajo no reciben ningún tipo de educación, en comparación con sólo el 20% en los países con un índice alto. El PNUD estima que la tasa real de abandono escolar podría volver al nivel de los años 80 -el mayor descenso jamás visto- lo que nos devolvería a una época anterior a los Objetivos de desarrollo Sosteenible (ODS) -e incluso a los Objetivos de Desarrollo Milenio y pondría en peligro el duro trabajo de los últimos 30 años.
La pandemia ha afectado globalmente a más de 800 millones de estudiantes, los cuales no pueden ir a clases presenciales y muchos de ellos no tienen acceso a un aprendizaje remoto a causa de vivir en zonas rurales o encontrarse por debajo del umbral de pobreza. Sin embargo, esta pandemia ha hecho estragos especialmente en países del tercer mundo. Por ejemplo, el 45% de los niños en el África subsahariana han dejado de aprender por el cierre de escuelas. Esto afecta aún más a las mujeres, puesto que, si hay un móvil en una casa o familia, lo más probable es que sea usado por el varón.
Se estima que el cierre de escuelas para controlar la propagación de la COVID 19 podría repercutir de forma diferencial en las mujeres debido a que ellas se encargan principalmente de los cuidados en el seno de las familias. Esto limita sus oportunidades laborales y económicas. Asimismo, las restricciones de movilidad generan problemas económicos e incertidumbre para los trabajadores domésticos extranjeros, la mayoría mujeres.Carvalho R, Cheung E, Siu P. Coronavirus: Hong Kong families await return of thousands of stranded domestic helpers as the Philippines lifts travel ban. South China Morning Post, Feb 18, 2020.
Los estudiantes universitarios son un colectivo vulnerable y esta comunidad se encuentra dentro de las que más han sido afectadas por el impacto de la COVID-19, en especial, las mujeres. Más de diez estudios realizados en Estados Unidos identifican a las mujeres con la población con mayor riesgo de angustia psicológica durante la pandemia de COVID-19.