mini|300px|Galileo ante el Santo Oficio, una pintura del obra de Joseph-Nicolas Robert-Fleury

El proceso a Galileo Galilei () se inició alrededor de 1610 y culminó con el juicio y condena de Galileo por la Inquisición romana en 1633.Blackwell (1991, p.2). Blackwell (1991, p.50) data el inicio del asunto Galileo en 1610. Finocchiaro (1989, p.1) lo sitúa unos años más tarde, en 1613. Galileo era acusado de apoyar el heliocentrismo, un modelo astronómico en el que la Tierra y los planetas giran alrededor del Sol, situado en el centro del sistema solar.

En 1610, Galileo publicó su Sidereus Nuncius (Mensajero de las Estrellas), obra en la que describía los descubrimientos sorprendentes que había realizado con un telescopio nuevo, entre ellos, las lunas galileanas de Júpiter. Con estos datos y observaciones adicionales posteriores, como las fases de Venus, Galileo promovió la teoría heliocéntrica que Nicolás Copérnico ya había publicado en De revolutionibus orbium coelestium, en 1543. Los descubrimientos de Galileo contaron con el rechazo de la Iglesia católica, y en 1616 la Inquisición declaró el heliocentrismo "formalmente herético". Los libros sobre heliocentrismo fueron prohibidos y Galileo fue condenado a abstenerse de enseñar o defender ideas heliocéntricas.

Antecedentes miniaturadeimagen|300px|Las lunas de Júpiter, nombradas "galileanas" después de que Galileo las observó orbitando alrededor del planeta Júpiter. Galileo vio estas lunas como unos pequeños planetas pertenecientes a un sistema ubicado dentro del Sistema Solar, y las utilizó para apoyar el heliocentrismo.

Galileo propuso una teoría sobre las mareas en 1616, y sobre los cometas en 1619, argumentando que las mareas eran una evidencia del movimiento de la Tierra. En 1632 publicó su Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, en el que implícitamente defendía el heliocentrismo, y se volvió inmensamente popular. En respuesta a la reciente controversia entre teología, astronomía y filosofía, la Inquisición romana enjuició a Galileo en 1633 y le encontró "vehementemente sospechoso de herejía", sentenciándole a encarcelamiento indefinido. Galileo permaneció bajo arresto domiciliario hasta su muerte en 1642.

Tras iniciar sus observaciones telescópicas a finales de 1609, ya en marzo de 1610 Galileo fue capaz de publicar un libro pequeño, El Mensajero de las estrellas (Sidereus Nuncius), describiendo algunos de sus descubrimientos: montañas en la Luna, lunas menores orbitando alrededor de Júpiter, y la conclusión de que lo que se interpretaba hasta entonces como manchas luminosas difusas en el cielo (nebulosas) eran conjuntos de estrellas demasiado débiles como para ser vistas individualmente sin un telescopio. Continuó realizando sus observaciones, descubriendo las fases de Venus y la existencia de las manchas solares.

Las contribuciones de Galileo causaron dificultades a los teólogos y a los filósofos naturales de la época, cuando contradijeron las ideas científicas y filosóficas basadas en los textos de Aristóteles y de Ptolomeo, pensadores estrechamente asociados con la Iglesia católica. En particular, las observaciones de Galileo de las fases de Venus, lo que demostraba el planeta giraba alrededor del Sol, y la observación de las lunas que orbitan Júpiter, contradecía el modelo geocéntrico de Ptolomeo (que había sido respaldado y aceptado por la Iglesia católica), y apoyaba el modelo copernicano defendido por Galileo. Extract of page 4

Astrónomos jesuitas, expertos tanto en enseñanzas de la Iglesia como en ciencia y en filosofía natural, eran escépticos y hostiles frente a las nuevas ideas. Aun así, en un año o dos, la vasta disponibilidad de telescopios de suficiente resolución les permitió comprobar la validez de las observaciones de Galileo. En 1611, Galileo visitó el Collegium Romanum en Roma, donde los astrónomos jesuitas habían repetido sus observaciones. Christoph Grienberger, uno de los jesuitas becarios en la facultad, simpatizó con las teorías de Galileo, pero Claudio Acquaviva, el Padre General de los Jesuitas, lo designó para defender el punto de vista aristotélico. No todas las afirmaciones de Galileo eran completamente aceptadas: Christopher Clavius, el astrónomo más destacado de la época, nunca estuvo de acuerdo con la idea de la existencia de montañas en la Luna, y fuera del colegio todavía se desconfiaba de la realidad de las observaciones. En una carta a Kepler de agosto 1610, Galileo se quejó de que algunos de los filósofos que se opusieron a sus descubrimientos habían rechazado incluso mirar a través de un telescopio:Galileo no nombró a los filósofos involucrados, pero los estudiosos de Galileo han identificado a dos de ellos como Cesare Cremonini y Giulio Libri (Drake, 1978, pp.162, 165; Sharratt, 1994, p.87). En ocasiones se han relatado negativas similares por parte de obispos y de cardenales, pero no parece haber pruebas que las respalden."Mi querido Kepler, desearía que pudiéramos reírnos de la notable estupidez de la gente común. ¿Qué tienes que decir sobre los principales filósofos de esta academia, que están llenos de la terquedad de un asno y no quieren mirar ni los planetas, ni la luna, ni el telescopio, aunque les he ofrecido libre y deliberadamente la oportunidad mil veces? En verdad, así como el asno se tapa los oídos, estos filósofos cierran los ojos a la luz de la verdad".

izquierda|mini|Claudio Ptolomeo (90–168), cuyo sistema geocéntrico fue adoptado por la Iglesia católica, y que sería reemplazado por el trabajo de Copérnico y de Galileo en los siglos XVI y XVII.

En 1611, el mismo año en que Galileo visitó el Collegium Romanum, sus teorías llamaron la atención de la Inquisición romana. Una comisión de cardenales, colaboradora de la inquisición, investigó las actividades de Galileo y preguntó a la ciudad de Padua si tenía alguna conexión con Cesare Cremonini, profesor de la Universidad de Padua, acusado de herejía por la Inquisición. Estas investigaciones marcaron la primera vez que el nombre de Galileo se presentó ante la inquisición.Bucciantini, Massimo; Camerota, Michele; Giudice, Franco (2015). Galileo’s Telescope [Il telescopia di Galileo: Una storia europea]. Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press. p. 4. .

Los geocentristas que sí verificaron y aceptaron los hallazgos de Galileo tenían un sistema alternativo al modelo de Ptolomeo, un modelo geocéntrico alternativo (o "geoheliocéntrico") propuesto algunas décadas antes por Tycho Brahe, en el que, por ejemplo, Venus giraba alrededor del Sol. Tycho sostenía que la distancia a las estrellas en el sistema copernicano tendría que ser 700 veces mayor que la distancia entre el Sol y Saturno (la estrella más cercana aparte del Sol, Próxima Centauri, está de hecho a más de 28.000 veces la distancia entre el Sol y Saturno). Además, la única forma en que las estrellas podrían estar tan distantes y aún aparecer del tamaño que tienen en el cielo sería si incluso las estrellas promedio fueran gigantescas, al menos tan grandes como la órbita de la Tierra y, por supuesto, mucho más grandes que el Sol (véanse los artículos sobre el sistema tychónico y sobre el paralaje estelar).

Galileo se vio envuelto en una disputa sobre la prioridad en el descubrimiento de las manchas solares con el jesuita Christoph Scheiner, que se acabó convirtiendo en una amarga contienda. Curiosamente, ninguno de ellos fue el primero en descubrir las manchas solares, puesto que los astrónomos chinos ya las habían observado unos siglos antes.Sharratt (1994, p.98).

En este tiempo, Galileo también estaba implicado en una disputa sobre las razones por las que los objetos flotan o se hunden en el agua, alineándose con Arquímedes frente a Aristóteles. El debate era poco amigable, y Galileo tenía un estilo sarcástico, y aunque esto no era algo inusual en los debates académicos de la época, contribuyó a crearle numerosos enemigos. Durante esta controversia, uno de los amigos de Galileo, el pintor Lodovico Cardi da Cigoli, le informó de que un grupo de maliciosos adversarios, a los que Cigoli posteriormente se refirió como "la liga de Palomo", habían organizado un complot para causarle problemas acerca de sus posturas sobre el movimiento de la Tierra, o para sumarse a cualquier otra cosa que sirviese a este propósito. Según Cigoli, uno de los conspiradores pidió a un sacerdote que denunciara las opiniones de Galileo desde el púlpito, pero éste se negó. Sin embargo, tres años más tarde otro sacerdote, Tommaso Caccini, hizo precisamente eso, como se describe a continuación.

Argumentos bíblicos En el mundo católico con anterioridad al conflicto de Galileo con la Iglesia, la mayoría de las personas educadas se habían formado según el punto de vista geocéntrico aristotélico de que la Tierra era el centro del universo, y que todos los cuerpos celestiales giraban alrededor de la Tierra, a pesar de que la propia Iglesia católica se había valido de la teoría copernicana para la reforma del calendario en 1582."El calendario gregoriano, adoptado por primera vez en 1582, se basaba de hecho en cálculos que utilizaban el trabajo de Copérnico."

mini|Pintura cristiana que representa a Dios creando el cosmos (Biblia Moralisee, francés, )

El "geostaticismo" (la creencia de que la Tierra permanece inmóvil) estaba de acuerdo con una interpretación literal de varios pasajes de las Santas Escrituras, como el Libro de las Crónicas 1 16:30, el Salmo 93:1, el Salmo 96:10, el Salmo 104:5 o el Eclesiastés 1:5 (también se pueden ver interpretaciones diversas de Job 26:7). El heliocentrismo, la teoría de que la Tierra era un planeta que giraba como los otros alrededor del Sol, contradecía tanto el geocentrismo como el soporte teológico de esta teoría.

Una de las primeras acusaciones veladas de herejía a las que tuvo que enfrentarse Galileo se produjo en 1613, y fue realizada por un profesor de filosofía, poeta y especialista en literatura griega, Cosimo Boscaglia.Four Treatises for the Reconsideration of the History of Science, Fabio J. a. FarinaHeilbron (2010), p.369 En una conversación con Cosme II de Médici y la madre de este, Cristina de Lorena, Boscaglia afirmó que los descubrimientos telescópicos eran válidos, pero que el movimiento de la Tierra era evidentemente contrario a las Santas Escrituras:

El doctor Boscaglia había hablado con la señora [Cristina de Lorena] durante un rato, y aunque este se manifestó conforme con todas las cosas que se estaban descubriendo en el cielo, afirmó que el movimiento de la Tierra era increíble y que no era posible, particularmente porque las Santas Escrituras eran evidentemente contrarias a tal movimiento. -Letter from Benedetto Castelli to Galileo, 1613–14

Galileo fue defendido en el acto por su antiguo alumno Benedetto Castelli, por entonces profesor de matemáticas y abad benedictino. El incidente había sido comunicado a Galileo por Castelli, y a la vista de los acontecimientos, Galileo decidió escribir una carta a Castelli, exponiéndole sus puntos de vista acerca de la manera más apropiada de tratar las menciones a los fenómenos naturales incluidas en la Biblia.Sharratt (1994, p.109). Más adelante, en 1615, trató con mayor extensión este asunto en la Carta a la Gran Duquesa Cristina.Sharratt (1994, pp.112–26).

Tommaso Caccini, un fraile dominico, parece ser el primero en formular una acusación peligrosa contra Galileo. Predicando un sermón en Florencia a finales del año de 1614, denunció públicamente a Galileo, a sus seguidores y a los matemáticos en general (una categoría que también incluía a los astrónomos). El texto bíblico para el sermón en aquel día era el Libro de Josué 10, pasaje bíblico en el que Josué hace que el Sol se detenga. Este relato era precisamente el que Castelli había explicado a la familia Médici el año anterior. Se ha dicho, aunque no es verificable, que Caccini también utilizó el pasaje de Hechos 1:11, en el que se dice: "Varones de Galilea, ¿por qué estáis mirando al cielo?".