El Bazar de la Charité (en español: Bazar de la Caridad) fue un evento de beneficencia organizado en París desde 1885 en adelante por el financiero Henri Blount y presidido por el barón Armand de Mackau.Huret, Jules (4 de mayo de 1897). La Catastrophe du Bazar de la Charité. París En el bazar se vendían objetos variados (obras de arte, baratijas, pinturas, joyas, libros y toda clase de objetos provenientes de donaciones)Huret, Jules (4 de mayo de 1897) La Catastrophe du Bazar de la Charité. París. en beneficio de los pobres.

El bazar es conocido por el incendio de 1897 en el que 126 personas perdieron la vida, muchas de ellas mujeres aristócratas, a menudo impedidas o quemadas vivas por sus corsés y vestidos de crinolina extremadamente incómodos e inflamables, siendo la más famosa la duquesa de Alençon Sofía Carlota de Baviera, hermana de la emperatriz Isabel de Baviera y antigua prometida de Luis II de Baviera.

Orígenes

En sus inicios, el Bazar de la Charité fue un consorcio compuesto por varias organizaciones benéficas que alquilaban un local o espacio de exposición común, reduciendo costes y reuniendo a potenciales compradores. Instalado desde 1885 hasta 1887 en la rue du Faubourg Saint-Honoré, en 1888 y de 1890 a 1896 el bazar fue ubicado en la rue La Boétie.Huret, Jules (4 de mayo de 1897). La Catastrophe du Bazar de la Charité (4 mai 1897). París.

Bazar de 1897 Descripción miniaturadeimagen|Decorado del Bazar de la Charité en 1897. El 6 de abril de 1897, el barón de Mackau reunió a los responsables del bazar: la duquesa de Alençon; su nuera la duquesa de Vendôme (sobrina de los reyes Leopoldo II de Bélgica y Carlos I de Rumanía); la duquesa de Uzès; la marquesa de Saint-Chamans; la condesa Greffuhle; el general Février y la marquesa de Sassenay. De Mackau les anunció que el bazar constaría de un gran cobertizo decorado con el fin de que representase una calle de París en la Edad Media, con puestos de venta (algunos de ellos adornados con carteles pintorescos), suelos de trampantojo, y paredes forradas con hiedra y follaje. El edificio estaba organizado de la siguiente forma: dos puertas dobles se abrían a un gran pasillo central, alineado a lo largo de los muros del cobertizo con veintidós mostradores de madera, los cuales portaban carteles con nombres evocadores: «A la torre de Nesle» («À la tour de Nesle»), «Al león dorado» («Au lion d’or»), «Al gato con botas» («Au chat botté») y «A la cerda huidiza» («À la truie qui file»). A la izquierda de la entrada se ubicaban las oficinas de las anfitrionas, mientras que a la derecha estaba el «salón de damas» («salon des dames»), hallándose al frente un bufé con una cocina y un sótano.

El bazar fue celebrado en un gran cobertizo de madera de pino bronco de 80 metros de largo por 13 de ancho en los números 15 y 17 de la rue Jean-Goujon, en el VIII Distrito de París, alquilado el 20 de marzo de 1897 por el barón de Mackau al sacerdote Delamaire, estando el edificio ubicado en un lugar puesto a disposición por el banquero Michel Heine.Journal des débats politiques et littéraires (6 de mayo de 1897)Journal des débats politiques et littéraires (20 de agosto de 1897).Journal des débats politiques et littéraires (25 de agosto de 1897) La calle de aspecto medieval ubicada en el interior estaba elaborada en madera, cartulina, tela y papel maché, todos ellos productos inflamables, además de que las salidas no estaban adecuadamente señalizadas, lo que contribuyó considerablemente a la magnitud del desastre.Fontana, Michèle (2000). Faits divers et politique: l'incendie du Bazar de la Charité (1897). Regards populaires sur la violence, pp. 101-107.

La parte trasera del edificio daba acceso a un patio interior de unos 15 metros de profundidad, adyacente al Hôtel du Palais y a la imprenta del periódico La Croix. Apoyada contra la fachada trasera del cobertizo había una habitación que albergaba un cinematógrafo, una de las atracciones novedosas de aquel año, el cual se convirtió en el origen de la tragedia al emplear un sistema a base de oxígeno y éter en vez de electricidad. El bazar ofrecía un espectáculo cinematográfico en el que, por 50 centavos, se podían ver imágenes animadas de los hermanos Lumière proyectadas en un dispositivo de 35 mm Joly-Normandin: La salida de la fábrica Lumière en Lyon, La llegada de un tren a la estación de La Ciotat y El regador regado.

Normandin, el empresario a cargo de las representaciones cinematográficas, no estaba muy satisfecho con esta ubicación y habló al respecto con el barón de Mackau:

Incendio Momentos previos El lunes 3 de mayo, primera jornada del evento, el bazar contó con la presencia de la señorita de Flores, hija del embajador de España. Del mismo modo, durante los cuatro días que iba a durar el acto benéfico, este contaría con la asistencia de Sofía Carlota, duquesa de Alençon, quien acababa de celebrar su quincuagésimo cumpleaños. Los veintidós puestos de venta y el bufé estaban a cargo de damas pertenecientes a la más alta aristocracia francesa y la gran burguesía, contando con alrededor de diez mujeres cada uno.

El martes 4 de mayo, el bazar fue bendecido por el nuncio apostólico Eugenio Clari a las 15:00 horas. Al parecer, había entre 1200 y 1700 personas presentes al momento de la bendición. Tras la partida del nuncio, apenas unos minutos antes del incendio, quedaban entre 800 y 1200 personas, incluidos cerca de cuarenta hombres, principalmente organizadores del comité. Alrededor de las 16:00 horas, la duquesa de Alençon, quien presidía el puesto del noviciado dominicano ubicado en un extremo del cobertizo, susurró a Madame Belin: «Me estoy sofocando...», a lo que esta respondió: «¡Si estallara un incendio, sería terrible!».

El desastre miniaturadeimagen|Incendio del Bazar de la Charité: el siniestro. Grabado de Fortuné Méaulle a partir de una obra de Osvaldo Tofani. Le Petit Journal (16 de mayo de 1897). Hacia las 16:15 horas se produjo el accidente fatal: la lámpara de proyección del cinematógrafo había agotado su reserva de éter y debía rellenarse. Bellac, encargado de la proyección, pidió a su asistente Grégoire Bagrachow que le diese luz. En vez de abrir la cortina de lona, Bagrachow cometió el error de encender una cerilla y, debido a que el dispositivo estaba insuficientemente aislado, los vapores de éter se inflamaron.

Unos instantes después, cuando los organizadores (incluido Fernando de Orleans, duque de Alençon) fueron informados del accidente y de que ya se estaba procediendo a la evacuación de los cientos de personas presentes en el edificio, la cortina de lona prendió fuego, el cual alcanzó la carpintería del cobertizo, extendiéndose hasta el velo cubierto de alquitrán que servía como techo para el bazar. Un testigo declaró:

El fuego provocó los gritos de pánico de los asistentes, quienes intentaron huir desesperadamente. Algunas personas cayeron al suelo y fueron pisoteadas por la multitud que intentaba escapar de las llamas. La duquesa de Alençon dijo a la joven condesa Mathilde d'Andlau: «Sal rápido. No te preocupes por mí. Saldré la última».

Los bomberos de lo que entonces era el Cuerpo de Bomberos de París llegaron al bazar en apenas 10 minutos mientras cientos de personas trataban de huir por las dos únicas puertas de acceso, quedando la de la izquierda rápidamente bloqueada por varios cadáveres. Otros visitantes intentaron escapar por el patio interior; menos de cien, por un pasaje estrecho que conducía a la rue Jean-Goujon, a la izquierda del edificio, aunque el humo, el calor y el creciente número de cadáveres amontonados lo fueron haciendo finalmente inaccesible. Un grupo de unas cincuenta personas huyó por unas escaleras de casi diez metros colocadas en la pared de la imprenta La Croix por sus trabajadores. Por último, unas 150 personas se salvaron gracias a la intervención de los cocineros del Hôtel du Palais así como de la gerente del mismo, Madame Roche-Sautier. Édouard Vaudier y Gomery bajaron tres de las cuatro barras de una claraboya de la cocina del hotel, a 1,80 metros del suelo, y pasaron sillas al patio para ayudar a varios supervivientes a salir del incendio. Alrededor de 200 personas resultaron heridas durante el desastre, siendo el acontecimiento publicado a nivel nacional e internacional. miniaturadeimagen|Reconocimiento de los cadáveres en el Palacio de la Industria. Le Petit Parisien (16 de mayo de 1897). Un cuarto de hora después del inicio del fuego, todo resultó consumido: el cobertizo quedó reducido a un montón de vigas de madera quemadas entre cadáveres mutilados y carbonizados. Según la edición del 5 de mayo de 1897 de Le Figaro:

De los 126 cadáveres, 112 cuerpos calcinados fueron conducidos al Palacio de la Industria para que sus familiares pudiesen identificarlos. 6 cadáveres calcinados no identificados fueron sepultados mediante una concesión perpetua ofrecida por la ciudad de París en el cementerio del Père Lachaise. La identificación de algunos restos carbonizados mediante el empleo de registros dentales constituyó, por otro lado, un hito en la historia de la odontología forense.<ref>Blume, Mary (28 de abril de 2008). Remembering a Belle Époque inferno in Paris". New York Times.</ref>

Según el relato del doctor Óscar Amoedo:

Muerte de la duquesa de Alençon thumb|120px|Tumba de la duquesa de Alençon en la capilla real de Dreux. Los últimos momentos de la duquesa fueron reportados por una monja superviviente. Ubicada en el puesto de venta del noviciado con algunas personas, organizó la salida de los más jóvenes, tanto clientes como vendedores, por una pequeña puerta situada detrás del mostrador. Según testimonios, la duquesa dijo: «Primero los jóvenes, luego los visitantes», pidiendo que nadie se preocupase por ella. Cuando finalmente trató de abandonar el edificio, se dirigió a la puerta principal, puesto que allí había visto por última vez a su esposo, el duque de Alençon. No obstante, el camino se hallaba bloqueado, al igual que la puerta situada detrás del mostrador, por lo que quedó atrapada entre las llamas. Ante el grito desesperado de una monja que estaba a sus pies asegurando que iban a morir, Sofía respondió: «Sí, pero en unos minutos, ¡piensa que veremos a Dios!».

La duquesa murió junto con la vizcondesa de Beauchamp, a quien cubrió con sus brazos para evitar que siguiese contemplando el fuego. Se desconoce si murió de asfixia o quemada viva, aunque su cuerpo mostraba diversas contracciones, siendo identificado por su dentista basándose en su dentadura y sus empastes de oro.

Tras celebrarse una misa fúnebre en la Iglesia de Saint-Philippe-du-Roule el 14 de mayo, la duquesa fue inhumada en la capilla real de Dreux.

Víctimas miniaturadeimagen|220px|Sofía Carlota de Baviera (1896). miniaturadeimagen|220px|Adelaida Corradi y Anduga. miniaturadeimagen|220px|María Hoskier. miniaturadeimagen|220px|Retrato de Juana de Kergorlay, por John Singer Sargent (1883). Las siguientes personas figuran entre las 126 víctimas del incendio:

Sofía Carlota de Baviera (1847-1897). Una de las organizadoras del evento, insistió en permanecer en el lugar hasta que todos aquellos que trabajaban bajo su supervisión hubiesen sido rescatados. Pese a que su cuerpo resultó irreconocible incluso para su doncella personal, el mismo fue identificado por su dentista con base en sus empastes de oro.L'Avenir (7 de mayo de 1897). Clara Beucher de Saint Ange (1829-1897), hermana de Laura Beucher. Ambas eran visitantes del bazar.Comtesse D. de Beaurepaire de Louvagny (1897). Les Martyrs de la charité. París, p. 67. Su cuerpo, irreconocible, fue inicialmente identificado por su doncella basándose en sus pantalones rojos de franela, siendo esta identificación confirmada por su esposo, el general Eugenio Chevals, a partir de una cicatriz en su pecho.L'Avenir (7 de mayo de 1897).