Guillermo de Beaujeu (; 1230-18 de mayo de 1291) fue el vigésimo primer gran maestre del Temple, entre 1273 y 1291. Fue el benjamín de Guichard de Beaujeu, señor de Montpensier, y Catalina de Montferrand. Ingresó en la Orden del Temple en 1253. Estuvo en el Reino de Jerusalén desde 1260 o 1261, donde desempeñó el cargo de comendador de la provincia templaria de Trípoli en 1271, y fue maestre de la provincia templaria de Sicilia en 1272. Mantuvo estrechos lazos políticos con Carlos de Anjou, rey de Sicilia, con quien estaba emparentado, hasta la muerte de este en 1285.

Guillermo fue elegido gran maestre en 1273 y llevó a cabo una visita a las encomiendas de Europa, antes de asistir al segundo concilio de Lyon en mayo de 1274. Regresó a Tierra Santa en septiembre de 1275, y desde ese momento defendió el reclamo de Carlos de Anjou a la corona de Jerusalén frente al de su rival Hugo III de Chipre. Esta postura agudizó significativamente las divisiones políticas en los Estados cruzados, pero también le aseguró el continuo apoyo material de Carlos, muy necesario en este momento.

El papel partidista de Guillermo ciertamente contribuyó a su falta de credibilidad entre 1289 y 1291, cuando advirtió en vano sobre la inminencia de los ataques mamelucos merced a la información que había obtenido de espías que operaban en el ejército egipcio. Guillermo murió el 18 de mayo de 1291, durante el asedio mameluco de Acre.

Orígenes familiares 150px|thumb|izquierda|Blasón personal de Guillermo de Beaujeu. Nacido hacia 1230, Guillermo era el benjamín de Guichard de Beaujeu, señor de Montpensier, y Catalina de Montferrand. Por lo tanto, era hermano de Humberto de Beaujeu, condestable de Francia, y de Héric de Beaujeu, mariscal del reino. Sus abuelos paternos fueron Guichard IV de Beaujeu y Sibila de Henao, hermana menor de Isabel de Henao, reina consorte de Francia entre 1180 y 1190. Por consiguiente, Guillermo era pariente del rey Luis IX de Francia y de su hermano Carlos de Anjou.

Ingreso en la Orden del Temple

Guillermo había ingresado a la Orden del Temple en 1253. Posiblemente participó en la cruzada a Egipto, donde pereció su tío Humberto V de Beaujeu. Sea verdad esto o no, Guillermo ya se encontraba en el Reino de Jerusalén en 1260 (o 1261) cuando formó parte de una expedición contra los turcomanos en la región de Tiberíades. Fue hecho prisionero en una emboscada, aunque recobró la libertad poco después junto a otros hermanos templarios y nobles del reino, entre ellos Juan II de Ibelín, señor de Beirut, y Juan de Gibelet, mariscal de Jerusalén. Durante esa misma década, su orden se involucró en la guerra de San Sabas entre las repúblicas marítimas de Venecia y Génova, que dividió profundamente a la nobleza de los Estados cruzados y a las órdenes militares. Baibars, sultán mameluco de Egipto, aprovechó la oportunidad para conquistar muchas fortalezas cristianas y destruir el Principado de Antioquía. Se cree que Guillermo ocupó en 1268 el cargo de castellano de Beaufort, fortaleza que Baibars conquistó ese mismo año. En 1271, ostentó el cargo de comendador de la provincia templaria de Trípoli en 1271. Se hallaba lejos de Tierra Santa en 1272, ya que administraba la provincia templaria del Reino de Sicilia, que había sido conquistado en 1266 por Carlos de Anjou, con quien Guillermo de Beaujeu tenía vínculos políticos; por esto la presencia del futuro gran maestre en aquella provincia era importante.

Gran maestre del Temple

Thomas Bérard, gran maestre del Temple, murió el 25 de marzo de 1273 y Guillermo fue designado para sucederlo el 13 de mayo de ese mismo año. Sin embargo, todavía se encontraba en Sicilia cuando fue elegido gran maestre; tenía por entonces alrededor de cuarenta años. Para asumir sus deberes en su ausencia, el capítulo escogió a Goufier de Roannais, al que nombró gran comendador. Este último envió a los templarios Bertrand de Foix y Guillaume de Ponçon para traerlo de vuelta a Tierra Santa. Aunque se le informó sobre esto, el gran maestre llevó a cabo una visita a las encomiendas de Europa antes de ocupar el cargo, según el cronista Templario de Tiro, secretario y confidente de Guillermo.

Participación en el concilio de Lyon II

thumb|220px|La catedral de Lyon, donde se celebró el segundo concilio de Lyon en 1274. La larga permanencia del gran maestre en Europa se debió también a otro motivo: el papa Gregorio X lo retuvo cierto tiempo en Europa. El 13 de octubre de 1273, este había escrito al patriarca de Jerusalén para informarle de que Guillermo de Beaujeu no regresaría antes del concilio que iba a realizarse en la ciudad de Lyon, ya que Gregorio X precisaba de los consejos de Beaujeu para tratar el asunto de una nueva cruzada. Durante el concilio de Lyon, que se celebró entre el 7 de mayo y el 17 de julio de 1274, Guillermo fue uno de los que rechazó la propuesta de fusionar las órdenes militares. También se opuso a la idea de cruzada de Jaime I de Aragón, que se encontraba presente, que consistía en enviar una hueste de quinientos caballeros y dos mil peones como vanguardia, a los que seguiría la expedición principal, acaudillada por el Gregorio X, al que acompañaría el propio Jaime. El gran maestre argumentó que cruzados entusiastas pero indisciplinados y transitorios no serían de ninguna utilidad. Lo que hacía falta, en su opinión, era una guarnición permanente en Tierra Santa, reforzada regularmente por pequeños contingentes de soldados profesionales. Tenía sólidas razones para rechazar el proyecto del aragonés: Guillermo era pariente de la familia real francesa, cuyos monarcas no solamente habían sido la fuente de ayuda más fiable para Tierra Santa, ya que aportaban una fuerza permanente de caballeros y ballesteros a Acre, capital del Reino de Jerusalén, sino que, con la victoria de Carlos de Anjou sobre Conradino de Hohenstaufen en la batalla de Tagliacozzo en 1268, el dominio francés se extendía ya a todo el Mediterráneo.

Había otro motivo para que Guillermo apoyase a Carlos: este había entablado negociaciones en 1268 con María de Antioquía para que abandonase su reclamo al Reino de Jerusalén a cambio de una compensación monetaria. Para Guillermo, el evidente interés en Carlos, que contaba con el rico y el poderoso Reino de Sicilia y con el respaldo de la Santa Sede, debió parecerle la única esperanza de conservar los pocos territorios cruzados. En cuanto a Carlos, los servicios militares y financieros, que los templarios habían brindado ya anteriormente a la casa real francesa, serían el conducto obvio mediante el cual podría ejercer su influencia en Tierra Santa. Finalmente el papa promulgó una nueva cruzada, que estaría lista en 1278, pero la muerte de Gregorio X en 1276 desbarató estos planes.

Retorno a Tierra Santa

Partidario de Carlos de Anjou

thumb|150px|Carlos de Anjou, rey de Sicilia, hermano de Luis IX de Francia y pretendiente al trono jerosolimitano al que respaldó Guillermo.

Guillermo de Beaujeu finalmente llegó a Acre en septiembre de 1275. Bajo su maestrazgo, los templarios fueron firmes seguidores de las políticas de Carlos, lo que les hizo entrar en conflicto con la nobleza del reino, que apoyaba a Hugo III de Chipre, también rey de Jerusalén. Guillermo declaró abiertamente su oposición a Hugo; incluso se negó a consultarlo y a obtener su consentimiento sobre la compra de algunas villas. En 1276, el rey regreso a su isla sumamente indignado y escribió al papa quejándose de que los templarios y los hospitalarios hacían ingobernable Tierra Santa, según el Templario de Tiro. Añadió también que había oído que María de Antioquía había vendido sus pretensiones sobre Jerusalén a Carlos de Anjou, y que este había mandado a Roger de San Severino en calidad de representante suyo para apoderarse del reino.

San Severino desembarcó en Acre el 7 de junio de 1277 trayendo cartas de Carlos, María y el papa en las que se explicaba que el primero era el legítimo rey de Jerusalén. El bailío de Hugo III, Balián de Arsuf, le entregó la ciudad sin resistencia. Aunque solamente los hospitalarios y los venecianos reconocieron a Carlos como señor legítimo, los barones del reino también rindieron homenaje a San Severino en enero de 1278, después de que este los amenazase con confiscar sus propiedades. San Severino ejerció su autoridad junto con Guillermo de Beaujeu. Con el fin de recuperar su posición en el continente, el rey Hugo acometió dos expediciones, una primera contra Tiro en 1279 y luego otra contra Beirut en 1284, ambas frustradas principalmente por los templarios. Esto movió al monarca chipriota a confiscar los bienes de la orden en la isla.

Conflictos con el Condado de Trípoli

Como el gran maestre del Temple era el portavoz de Carlos al defender su política, este consiguió asegurar la autonomía de su orden en Tierra Santa. Guillermo actuaba como señor independiente e intervino en muchos de los asuntos de lo que quedaba de los Estados cruzados. Por ejemplo, entre 1277 y 1282, Guillermo involucró a la orden en la prolongada disputa entre Bohemundo VII de Antioquía y Guido II de Gibelet, su vasallo, por la mano de una heredera, que desató una pequeña guerra civil. El gran maestre se decantó primero por el bando de Bohemundo, pero luego cambió de facción debido a la influencia del obispo de Trípoli, que era amigo de los templarios. Entre 1277 y 1278, Guillermo y Guido intentaron infructuosamente adueñarse de Trípoli.

250px|Conquistas y campañas de Qalawun como sultán de Egipto (1279-1290). Las aspas con fecha indican plazas conquistadas y la fecha correspondiente. Con estrellas azules, las poblaciones saqueadas o conquistadas temporalmente.

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Finalmente se alcanzó un armisticio gracias al arbitraje de Nicolas Lorgne, gran maestre de los caballeros hospitalarios. Sin embargo, el conflicto volvió a reanudarse entre 1281 y 1282. Guido intentó nuevamente conquistar Trípoli, pero tuvo desavenencias con los templarios de la ciudad que le hicieron fracasar en tres ocasiones. La tercera vez consiguió introducirse en la ciudad de noche, pero fue traicionado por los templarios y capturado por los hombres de Bohemundo, que lo enviaron cautivo al cercano castillo de Nephin el 18 de febrero de 1282. Guido acusó al gran maestre del Temple de ser el instigador de todos los ataques contra la capital del condado. Demostró haber sido el medio involuntario que Guillermo había empleado para apoderarse de la ciudad y hacer de ella una nueva plaza defensiva templaria como las de Pèlerin, Sidón y Tortosa. Tras confesar esto, Guido y su hermano fueron encerrados en un calabozo, donde murieron de inanición. Ese conflicto intestino entre los cristianos latinos, en un momento en que su reino ya estaba en situación precaria, escandalizó a la opinión europea y debilitó la autoridad moral del gran maestre, creándole «una imagen de parcial y poco digno de confianza».

Alianza con los mamelucos El Sultanato mameluco de Egipto ya había confinado el Reino de Jerusalén a una franja costera que abarcaba 2600 km² y Carlos había ordenado a San Severino que evitara conflictos con Egipto. Guillermo había sido elegido gran maestre en un momento en que Baibars y Hugo III firmaron una tregua general, si bien esto no impedía a los mamelucos pactar otras particulares con determinados territorios cristianos. Baibars y Qalawun, su sucesor, conocían la situación política y territorial de los reinos cruzados: una colección de principados, señoríos y comunidades donde cada uno velaba por sus propios intereses, e intentaban salvaguardar su posición al amparo de treguas con los sultanes mamelucos.