La iglesia de San Bartolomé es un templo católico ubicado en la localidad de Livilcar, comuna de Arica, Región de Arica y Parinacota, Chile. Construida en el siglo , fue declarada monumento nacional de Chile, en la categoría de monumento histórico, mediante el Decreto n.º 451, del 19 de octubre de 2012.

Historia Las primeras referencias que se tienen de la iglesia y pueblo de Livílcar, han sido ubicadas en antiguos documentos eclesiásticos correspondientes a las visitas pastorales, efectuadas por clérigos y funcionarios reales fiscalizando y realizando controles tributarios.

Se presume que cuando, el carmelita, Antonio Vásquez de Espinoza visitó la región, hacia 1618, pudo verificar la existencia del pueblo de Livílcar. Fuentes documentales posteriores, existentes en el Arzobispado de Arequipa, se refieren a la existencia del templo hacia fines del y durante el .

La antigüedad de la fábrica del templo de Livílcar está corroborada por la cartela de piedra que se ubica en la parte superior de la portada principal: año 1728. La talla y labrado ornamental de las unidades de cantería que han dado apariencia y forma a la fachada, es una de las pocas que queda en pie, de estilo barroco indígena, original del , en templos andinos del norte chileno.

Livílcar estaba circunscrito al curato de Codpa, dependiente del obispado de Arequipa, desde 1613, el cual desde 1668 atendía “ los altos de Arica”, pueblos de la sierra y altiplano. Su población estaba vinculada, fuertemente, a Ausipar y Humagata a través de la arriería y agricultura, todas actividades vinculadas al tránsito de caravanas entre Arica y el mineral de Potosí. El historiador Jorge Hidalgo hace referencia al cultivo de coca en esta parte del valle, situación que le otorga un importante protagonismo precolombino y confirma una acendrada costumbre de uso y consumo. El dato, es una confirmación de aquella situación y revela la importancia de Livílcar como pueblo hegemónico en la cabecera del valle. Su ubicación, en un piso ecológico de transición, le valió ser un centro logístico de traslado e intercambio de recursos diversos.

En 1727 figura Diego Cañipa como alcalde mayor de Livílcar, Ticnamar, Saxamar y Umagata, debiendo administrar justicia, mantener el orden y cuidar que no proliferasen las idolatrías. Es, sin duda, un gran espacio territorial para gobernar, ejerciendo el poder político y el religioso. Un año después estuvo terminada la portada de la iglesia de Livílcar. Podemos suponer la influencia del curaca Ignacio Cañipa en el hermoseamiento del templo.

En 1739, el curaca Diego Felipe Cañipa, descendiente de Ignacio Cañipa, describió a Livílcar como un pueblo “al que se llega por un camino peligroso”. Este mismo curaca, sufrió las peores condenas, como opositor a la rebelión de Tupac Amaru y Tupac Catarí. "En Codpa los rebeldes encontraron la resuelta oposición del cacique de los altos Diego Felipe Cañipa, quien fue degollado el 23 de febrero de 1781, por negarse a tomar parte en la rebelión. Otras autoridades cercanas a Cañipa en los pueblos de Livílcar y Socoroma corrieron la misma suerte."

Livílcar, como todos los pueblos de los Altos de Arica, con el establecimiento de las nuevas repúblicas quedó adscrito a Perú, pero su vínculo natural con las poblaciones del Alto Perú (actual Bolivia) se mantuvo. La población andina de estos territorios se convirtió en campesina y estuvo obligada a pagar contribuciones al estado peruano. Estas obligaciones la hicieron parte de los circuitos comerciales que abastecían las necesidades de las oficinas salitreras pertenecientes al cantón de Tarapacá: pastos para el ganado; maíz, papa y ají para los obreros del salitre.

El censo del año 1866 mostró que el distrito de Livílcar era habitado por 439 personas, de las cuales: 30 pobladores tenían de 21 a 60 años; 4 más de 60 años; 32 menores y 61 mujeres. En total eran 127 moradores.

En 1879, cuando estalló la guerra entre Chile y la alianza de Perú y Bolivia, conocida como "Guerra del Pacífico", Livílcar formaba parte de la República del Perú. Las comunidades indígenas no quedaron exentas de las consecuencias del conflicto. Aunque es probable que Livílcar no haya sufrido daños directos durante los enfrentamientos entre las tropas chilenas y peruanas, en muchos documentos que se refieren a la batalla de Arica figuran apellidos de indígenas directamente atribuibles a familias de pueblos como Belén, Putre o Livílcar.

La guerra finalizó en 1883 con la firma del Tratado de Ancón. La provincia de Tacna y Arica continuaría sometida a la legislación y autoridades chilenas durante diez años. Un plebiscito definiría su pertenencia a Chile o el Perú. Mientras no se efectuase, Tacna y Arica, y con ello también Livílcar, estarían bajo soberanía chilena, pero seguirían siendo peruanas; de tal modo se sustentaba "el legítimo derecho de ambos países por eseterritorio. En las comunidades andinas como Livílcar, en un principio el poder del Estado intentó generar la transformación del sentir nacional de la población a través de una chilenización simbólica de la población; "se inició la propagación de un mundo simbólico nuevo, la chilenidad versus la identidad livílqueña y la peruanidad de sus habitantes."

Los clérigos que atendían Livílcar, siguieron dependiendo del Arzobispado de Arequipa. Estos sacerdotes eran peruanos, hecho que se reflejaba en su trabajo pastoral, de tal manera que se perpetuaba la peruanidad de la población en los valles y el altiplano de Arica. En un principio, las autoridades chilenas solicitaron al prelado de Arequipa que nombrara curas no peruanos, pero al ver frustrado estos intentos, el estado chileno optó en 1910 por expulsar al clero peruano y crear el Vicariato Castrense, con el fin de que no se interrumpiera la labor pastoral.

Dentro de la gama de instrumentos de adscripción nacional que desplegó el Estado chileno en "las provincias cautivas" se encuentra la escuela. Ella cumplió la función de actuar como un recurso de asimilación nacional a través de formar el imaginario de las nuevas generaciones. En el caso de Livílcar, la escuela no era una institución nueva; en la zona andina del sur peruano ya funcionaban ocho escuelas antes de la guerra; entre ellas, una escuela rural en Livílcar. En el contexto del plebiscito planeado y bajo el pretexto de que fomentaban un "sentimiento de odio" a Chile, estas escuelas fueron clausuradas el año 1900 y, sistemáticamente, fueron reemplazadas por escuelas chilenas mixtas. Con la firma del tratado de Lima, en 1929, Livílcar se incorporó oficialmente al territorio chileno.

El capellán castrense, Luis Urzúa, recogió de una codpeña una descripción de Livílcar durante la primera mitad del : “(…) encajonado en altos muros de roca, con una campiña abundante de maizales y potreros de alfalfa, y una iglesia consagrada al culto del Apóstol San Bartolomé (…) Sus habitantes mantenían rebaños de ovejas que salían a pastar a Humagata (…)." En estos tiempos Livicar, era un punto de conexión entre Azapa y el pueblo serrano de Belén. El distrito fue el principal centro administrativo de la precordillera de Azapa y su jurisdicción incluía los poblados de Ticnámar, Saxámar y Humagata. Durante la primera mitad del el pueblo contaba con una escuela de instrucción primaria, cárcel y un juez de distrito.

Hacia el año 1950 una importante crecida del río San José arrasó con importantes zonas de cultivo y dificultó el acceso al pueblo. Esta pérdida de cultivos y lo mermado del terreno, obligó al desplazamiento poblacional hacia Azapa y Arica. La catástrofe se repitió entre 1973 y 1974, cuando una nueva crecida estival del río San José volvió a arrasar los terrenos cultivados, llevándose a su paso animales, plantaciones y casas. Una vez más, la población emigró definitivamente a otros lugares.

Descripción del templo de San Bartolomé

a)    Exterior

La traza del conjunto poblacional de Livílcar se emplaza en un escaso terreno. El conjunto poblacional se instaló próximo al farellón montañoso, sobre las chacras de cultivo, privilegiando el terreno fértil para el cultivo y alimento del ganado; está distanciado del río, previendo las temidas crecidas de los meses de lluvias en el altiplano, desde diciembre hasta marzo.

La Planta ocupa un área de 244,9 metros cuadrados, dentro de un perímetro de 88,7 metros. Una sola nave con ambientes adosados define la geometría básica del edificio. Como parte de alguna adecuación espacial anterior, persisten dos abreviadas capillas laterales, creando una sensación de planta en cruz latina. Son integraciones específicas la torre campanario y los restos del baptisterio y sacristía.

El Muro del Evangelio (muro izquierdo, mirando hacia el altar), dispone de un área de 102,1 metros cuadrados; la sección del paramento equivale a 0,9 metros. Las fundaciones se realizaron con piedras de río ligadas con mortero de barro. Las paredes se alzaron con unidades de adobe y argamasa de barro. El revoque aplicado es de tierra, protegido por una lechada de cal. Una simple lectura muestra, desde el testero hacia la portada, la existencia de un delgado estribo o contrafuerte, capilla lateral y una simple portada de adobe con arco que enmarca el acceso lateral; además, escaleras y torre campanario.

El Muro de la Epístola (muro derecho mirando hacia el altar), desarrollado sobre un área de 117,8 metros cuadrados, en una longitud de 62,6 metros y una sección de muro promedio de 0,9 metros, es un sector altamente vulnerable a los asentamientos diferenciales. Sus cimientos fueron trabajados con bolones. Los muros están constituidos por adobes unidos con mortero de barro. La protección final del paramento utilizó revoque de tierra y encalado. Una apreciación general de este borde expone dos ambientes colapsados (baptisterio y sacristía), vanos tapiados, capilla y paredes donde se acendraron desaplomes, fisuras y grietas.

El Muro Testero (muro detrás del altar), tiene un área de 34,9 metros cuadrados y una sección de muro igual a 0,9 metros. Una particularidad de su disposición constructiva es que no ocupa un plano horizontal como apoyo, mostrándose como una pared en plano inclinado, que incorpora un solo estribo como apoyo; por lo mismo, está sujeto a inestabilidad estructural. Los cimientos han incorporado piedra de río en su habilitación. En las paredes se usó adobe como elemento de albañilería, unido con mortero de barro y revoque del mismo material. La pintura se plasmó con lechada de cal.