La cabalgada del Príncipe Negro de 1355 , también llamada la «gran cabalgada», fue una gran incursión a caballo que llevó a cabo un ejército anglo-gascón al mando de Eduardo, el Príncipe Negro, entre el 5 de octubre y el 2 de diciembre de 1355, en el marco de la guerra de los Cien Años. Juan, conde de Armañac, mandaba las fuerzas francesas en la zona y evitó enfrentarse al enemigo en campo abierto, por lo que hubo escasos combates durante la correría.

El ejército anglo-gascón, compuesto por entre cuatro y seis mil jinetes, partió de Burdeos, por entonces en poder de los ingleses, recorrió cuatrocientos ochenta kilómetros hasta Narbona y regresó a Gascuña, devastando a su paso vastos territorios franceses y saqueando muchas ciudades. Los ingleses no conquistaron territorio alguno con esta campaña, pero sí infligieron enormes daños económicos a Francia. El contingente inglés retomó las operaciones tras la Navidad y se apoderó de cincuenta ciudades o fortalezas enemigas en cuatro meses. El Príncipe Negro emprendió otra cabalgada hacia el norte en agosto del 1356 al frente de seis mil soldados, incursión que también resultó devastadora para los franceses; interceptado por el principal ejército enemigo que contaba con once mil soldados, hubo de presentarle batalla en Poitiers, donde debeló y apresó al rey Juan II de Francia.

Antecedentes miniaturadeimagen|Francia en 1330. Inglaterra solo conservaba por entonces una menguada Gascuña. Desde la conquista normanda de Inglaterra en el 1066, los monarcas ingleses habían tenido títulos y tierras en Francia, cuya posesión les hacía vasallos de los reyes de Francia. Tras una serie de desavenencias entre Felipe VI de Francia (1328-1350) y Eduardo III de Inglaterra (1327-1377), el 24 de mayo de 1337 el gran consejo celebrado en París decidió que el reino debía recuperar las tierras del rey inglés en Francia, pues consideraba que este había incumplido con sus deberes de vasallo. Esto marcó el desencadenamiento de la guerra de los Cien Años, que duró en realidad ciento dieciséis.

Antes de que estallase la guerra, más de mil barcos gascones comerciaban al año con Inglaterra. Entre las mercancías que llevaban al norte se contaban más de ciento diez millones de litros de vino. El arancel que la Corona inglesa cobraba a las importaciones de vino de Burdeos, capital de Gascuña, era con mucho el principal ingreso del Estado y era mayor que el resto de ingresos arancelarios juntos. Burdeos tenía a la sazón más de cincuenta mil habitantes, una población superior a la londinense, y era posiblemente una ciudad más rica. Sin embargo, las conquistas francesas habían reducido tanto la extensión de la Gascuña inglesa que para sostenerse tenía que importar alimentos, fundamentalmente de Inglaterra. La interrupción de las comunicaciones con la isla suponían, por tanto, una amenaza de hambruna para Gascuña y un grave quebranto hacendístico para Inglaterra, como sabían bien las autoridades francesas.

Aunque el detonante de la guerra fue Gascuña, Eduardo contaba con pocos medios con los que reforzar su defensa; hasta entonces, los ejércitos ingleses que habían hecho campaña en el continente lo habían hecho en el norte de Francia, no en Gascuña. En consecuencia, los gascones habían tenido que defenderse por sí mismos y se habían visto en apuros ante las acometidas francesas. Los franceses habían llegado incluso a sitiar Burdeos en el 1339 y a penetrar en la capital gascona, si bien finalmente habían sido expulsados de la ciudad. En general, los gascones podían reunir un ejército de entre tres y seis mil hombres, la gran mayoría peones, si bien unos dos tercios solían quedar asignados a guarniciones. Eduardo III desembarcó en Normandía al frente del grueso del ejército inglés en julio de 1346, lo que desvió la atención francesa de Gascuña y permitió que durante el año siguiente los anglo-gascones recuperasen terreno y alejasen al enemigo del centro de la región.

Los ingleses se adueñaron del puerto francés de Calais el 3 de agosto de 1347 tras un asedio de once meses y poco después firmaron con el enemigo la Tregua homónima. Esta se acordó en parte por el agotamiento financiero de los dos bandos. El mismo año la peste negra asoló el norte de Francia y el sur de Inglaterra y acabó aproximadamente con el 45 % de la población. Pese a ello, la guerra continuó en Picardía y Bretaña, y con especial ferocidad en el suroeste de Francia, donde los ingleses emprendieron largas incursiones en territorio enemigo, pese a que ninguno de los bandos contaba en esa zona con grandes ejércitos. Las negociaciones de paz se entablaron en Aviñón en 1353, bajo los auspicios del papa Inocencio VI; la guerra se redujo a una serie de escaramuzas e incursiones menores. Pero las conversaciones de paz fracasaron a principios de 1355. Eduardo III y su consejo decidieron aprovechar la buena situación de la Hacienda inglesa para emprender en abril de 1355 nuevas ofensivas en el norte de Francia y en Gascuña. Juan II de Francia (1350-1364) intentó proteger las ciudades y castillos del norte del reino mediante grandes guarniciones, previendo la acometida enemiga, al tiempo que trataba de reunir un ejército para campear, pero la falta de dinero se lo impidió.

Preludio alt=Edward, the Black Prince|miniaturadeimagen|Eduardo, apodado «el Príncipe Negro», jefe de los ejércitos ingleses en Gascuña y plenipotenciario de su padre el rey Eduardo III de Inglaterra en la región. Los ingleses habían conseguido mediante las campañas de 1345 y 1346 alejar al enemigo de las fronteras de Gascuña en el norte, asegurar el suministro alimentario de la región e impedir que los ejércitos franceses pudiesen penetrar en la zona, situada ya muy lejos del frente. Pese a esto, los franceses aún conservaban numerosos castillos y pequeñas ciudades en el territorio inglés, de la misma forma que los ingleses contaban con puestos avanzados en territorio enemigo. Justo al sur de la zona donde se habían verificado las anteriores campañas se hallaba el Condado de Armañac, que apenas había participado todavía en la guerra. Su señor era Juan, representante personal del rey francés en el suroeste y el más poderoso noble de la región. Este había propugnado desde antiguo una guerra más ofensiva contra Gascuña. Había desobedecido las órdenes reales de respetar la tregua y había talado repetidamente el Agenais y asediado varias ciudades importantes en 1354, sin lograr conquistarlas. En la primavera de 1355, volvió a intentar infructuosamente arrebatar algunas ciudades a los ingleses. Frustrado por estos reveses y en vista de que las conversaciones de paz con mediación papal habían fracasado, pasó el verano corriendo Gascuña, devastando los campos y quemando los arrabales de algunas ciudades.

Al primogénito de Eduardo III, Eduardo de Woodstock, luego más conocido como «el Príncipe Negro», se le encomendó el mando de las huestes de Gascuña; en consecuencia, comenzó a reunir hombres, barcos y suministros en Inglaterra para llevarlos al continente. Debía haber zarpado en julio, pero finalmente lo hizo el 9 de septiembre; llegó a Burdeos, capital de Gascuña el 20 del mes, al frente de dos mil doscientos soldados ingleses. Al día siguiente se lo reconoció formalmente como lugarteniente del rey en la región, con poderes plenipotenciarios. La nobleza gascona le encareció las ventajas de atacar el Condado de Armañac, y lo convenció finalmente de hacer de este su primer objetivo. Los nobles gascones llevaban tiempo preparándose para una incursión contra el condado vecino, y pudieron participar en la campaña con entre cinco y seis mil hombres; aportaron además máquinas para construir puentes y un tren de bagajes propio. Este se empleó fundamentalmente para transportar grano para alimentar a las monturas y luego para llevar el botín obtenido en la cabalgada.

La expedición inglesa a Normandía debía haberse coordinado con las operaciones del rey de Navarra y conde de Évreux, Carlos II de Navarra, pero este finalmente se echó atrás. Así, los ingleses optaron por cambiar el plan de operaciones y hacer una cabalgada desde el enclave inglés de Calais en noviembre. Como el rey francés había dejado la zona sin forraje, alimentos ni nada que saquear, los ingleses regresaron a Calais tras apenas diez días de incursión. Lo único que consiguieron fue fijar la atención del enemigo en el norte de Francia.

La algara

Marcha hacia el este El Príncipe Negro partió de Burdeos el 5 de octubre de 1355 al frente de un ejército anglo-gascón, con un plan de campaña trazado cuidadosamente. En Saint-Macaire, cuarenta y ocho kilómetros al sur, se le unieron más hombres y recibió abastos; luego siguió hasta Bazas, y alcanzó al frontera de Armañac el 12 de octubre. La rauda marcha acabó con bastantes de los quince mil caballos que llevaba el ejército, especialmente con los traídos de Inglaterra que, tras once días de agotadora travesía, no habían tenido tiempo de recuperarse antes de que empezase la campaña; esto no supuso problemas, pues se había contado con ello y se pudieron encontrar nuevas monturas en la zona. Antes de cruzar la frontera se armaron nuevos caballeros, como se hacía antes de una batalla campal, y se desplegaron los estandartes. El ejército comenzó a devastar la campiña nada más cruzar la frontera condal; se dividió en tres columnas que marchaban en paralelo para aumentar la destrucción. En once días el ejército cruzó Armañac de oeste a este, y llegó a la vista de los Pirineos. El tiempo era bueno, y un soldado describió la región como «noble, rica y hermosa». La mayoría de ciudades contaban con endebles fortificaciones, por lo que fueron conquistadas con facilidad y luego incendiadas. Solo dos de las ciudades que se hallaban en el camino del ejército se libraron de ser destruidas. El Príncipe Negro anotó la desolación que causaron sus huestes y la satisfacción que esta causó a los señores gascones.

alt=A colourful fourteenth-century depiction of a town being sacked|miniaturadeimagen|Pillaje de una ciudad Juan de Armañac evitó la batalla campal con el enemigo, pese a que las fuerzas francesas en la región superaban en número a las inglesas. Le llegaron refuerzos al frente de Jaime de Borbón, condestable de Francia, y Juan de Clermont, mariscal del reino; los franceses se concentraron en Tolosa, ciudad con recias defensas, previendo un asedio. Destruyeron los puentes que daban acceso a la ciudad y esperaron que el Príncipe Negro se retirase a Gascuña cuando se percatase de lo bien defendida que estaba la ciudad. Sin embargo, los ingleses se limitaron a dejar de lado la plaza y a continuar la marcha hacia el este; vadearon el Garona y el Ariège, por entonces crecidos. En el cruce se perdieron algunos caballos y soldados, pero los carros con los víveres pudieron atravesar los ríos sin percances. Esto sorprendió a los franceses que, esperando la acometida contra Tolosa, no habían apostado centinelas en los ríos para evitar que el enemigo los cruzase.