El guerra civil abasí de 865-866, a veces conocida también como la Quinta Fitna, fue un conflicto armado que se libró durante la llamada «anarquía de Samarra» entre los califas rivales al-Mustaín y al-Mutaz, que se disputaron el dominio del Califato abasí.Bonner, p. 310 La guerra, que duró aproximadamente un año, consistió fundamentalmente en un asedio prolongado de Bagdad y acabó con al-Mutaz como monarca. Al-Mustaín fue abandonado por sus seguidores y obligado a abdicar; a pesar de que se le había prometido que conservaría la vida, fue ajusticiado poco después.

La guerra supuso una victoria importante para el grupo militar turco, que había aupado a al-Mutaz al poder, y le permitió extender tanto al ejército como al gobierno califal. Los partidarios de al-Mustaín (la familia tahirí, las facciones árabes y los habitantes de Bagdad) siguieron apartados del gobierno del califato tras rendirse, aunque pudieron conservar la posición que tenían antes de la contienda. El Irak central, donde se disputó la mayoría de los combates, quedó devastado por las acciones de los dos bandos.

El historiador al-Tabari dio prolija cuenta del conflicto.Tabari, v. 35: pp. 33-63, 66-108 Otros historiadores musulmanes, como al-MasudiMas'udi, pp. 363-7 y Ya'qubi, también mencionaron la guerra en sus obras.Ya'qubi, p. 610

Antecedentes derecha|miniaturadeimagen|upright=3|Árbol genealógico de los califas abasíes del siglo El califa al-Mutawakkil (847-861) había diseñado un plan de sucesión que debía permitir a sus hijos heredar el califato a su muerte; debía sucederlo primero el primogénito, al-Muntasir, luego al-Mutaz y finalmente al-Muayad.Bosworth, "Mu'tazz," p. 793 Al-Mutawakkil fue asesinado en el 861 por un grupo de oficiales turcos, probablemente con la connivencia de al-Muntasir. Durante el corto reinado de este (861-862), los turcos le presionaron para eliminar a sus hermanos de la línea sucesoria. Cuando al-Muntasir murió, los oficiales turcos se reunieron y decidieron entronizar a un primo del difunto, al-Mustaín.Bosworth, "Muntasir," p. 583 El nuevo califa tuvo que afrontar casi inmediatamente grandes disturbios en Samarra en favor del desheredado al-Mutaz; el ejército sofocó las protestas, pero ambos bandos sufrieron abundantes bajas. Al-Mustaín, preocupado porque al-Mutaz o al-Muayad pudiesen reclamar el título califal, primero intentó sobornarlos para que desistiesen y luego los aprisionó.Tabari, v. 35: pp. 6-7

El reinado continuó sin sobresaltos hasta el 865 una vez aplastados los partidarios de al-Mutaz. La repetida incapacidad del gobierno para pagar a los soldados y las desavenencias en las filas turcas suponían, sin embargo, amenazas. A comienzos del 865, estalló una disputa entre oficiales turcos en la que pronto participó la tropa. Cuando falleció uno de los oficiales, los soldados se tornaron violentos, se amotinaron y marcharon por las calles de Samarra. Frente a esta crisis, al-Mustaín y dos de los principales oficiales turcos, Wasif y Bugha al-Sharabi, optaron por abandonar Samarra y marchar a Bagdad, a donde llegaron la primera semana de febrero de 865. Los recibió el poderoso gobernador tahirí, Muhammad ibn Abdallah, en cuyo palacio se instaló el califa.Tabari, v. 35: pp. 28-31, 34

Cuando los turcos se dieron cuenta de la partida de al-Mustaín bloquearon el tráfico con Bagdad.Tabari, v. 35: p. 33 Una delegación turca marchó a esta para tratar con el califa; los emisarios le solicitaron el perdón para sus acciones y le rogaron que regresase con ellos a Samarra. Al-Mustaín les prometió que continuaría pagándoles, pero rehusó dejar Bagdad, y junto a Ibn 'Abdallah, se burló de su insolencia. Los turcos, humillados, volvieron a Samarra y contaron a sus conmilitones lo que había sucedido; entonces decidieron deponer a al-Mustaín. Los soldados liberaron a al-Mu'tazz y lo reconocieron como califa. Al-Mu'tazz aceptó el título y muchos de los funcionarios de Samarra le juraron fidelidad.Tabari, v. 35: pp. 34-9

Principio de las hostilidades La guerra por el poder fue inevitable toda vez que dos miembros de la familia abasí se lo disputaban. Ibn 'Abdallah asumió el mando de las tropas leales a al-Mustaín. Ordenó el cese de los envíos de víveres de Bagdad a Samarra e indicó a los aliados de la región de Mosul que también dejasen de abastecer a la capital rival. Escribió a los jefes militares que eran favorables a su señor para que aprestasen sus tropas y empezó a reclutar soldados en la misma Bagdad. Se fortificó la ciudad en previsión de un asedio, labor que quedó completada el 22 de febrero. Se destruyeron los puentes y canales alrededor de al-Anbar, con lo que se inundó la zona y se estorbó los movimientos del enemigo.Tabari, v. 35: pp. 39-42 Ibn 'Abdallah también escribió a los funcionarios de hacienda del imperio, ordenándoles que enviasen los tributos recaudados a Bagdad y no a Samarra.Shaban, p. 82; Tabari, v. 35: p. 41

Por su parte, al-Mu'tazz escribió a Ibn 'Abdallah, instándole a reconocerlo como señor.Tabari, v. 35: pp. 41-2 Poco después, al-Mu'tazz otorgó el mando de un ejército a su hermano Abú Ahmad (luego al-Muwafaq), que debía partir a enfrentarse a Ibn 'Abdallah y al-Mustaín. Este ejército constaba de cinco mil turcos y ferganíes (faraghinah) al mando de Kalbatikin al-Turki y dos mil norteafricanos (<magharibah) que mandaba Muhammad ibn Rashid al-Magribí; partió de Samarra el 24 de febrero. Seis días más tarde llegó a Ukbara, donde Abú Ahmad dirigió las oraciones en el nombre de al-Mu'tazz. Los turcos y magrebíes comenzaron a saquear la zona entre Ubkara y Bagdad, lo que hizo que muchos de sus habitantes abandonasen sus fincas y campos. Abú Ahmad y su ejército llegaron ante la puerta de Shammasia, al este de Bagdad, el 10 de marzo, y con ello dio comienzo el asedio de la ciudad.Tabari, v. 35: pp, 43-6

Estrategias y fuerza militar

Al-Mustaín Ninguno de los dos califas rivales participaron en los combates. En el caso de al-Mustaín, se contentó con dejar el mando de las operaciones militares a Ibn 'Abdallah. Como jefe militar, este optó por una estrategia en general defensiva. Confiaba en poder defender Bagdad y era reticente a emprender operaciones ofensivas fuera de la ciudad, pese a los consejos contrarios de algunos, que abogaron por llevarlas a cabo. Sí se aseguró de controlar las principales poblaciones que daban acceso a la ciudad, pero no trató de atacar Samarra. Al encastillarse en Bagdad, dominar las rutas de abastecimiento de la ciudad y cercenar el avituallamiento y los tributos de Samarra, Ibn 'Abdallah probablemente creyó que podría agotar al enemigo y obtener así la victoria.

Se llevaron a cabo grandes obras para que Bagdad pudiese resistir un asedio. Se erigieron murallas y fosos tanto al este y como al oeste de la ciudad, que costaron más de trescientos mil dinares. Se instalaron balistas y manganas en las murallas, y ante las puertas se colocaron otras máquinas de guerra que debían entorpecer las maniobras enemigas. Se retiraron los toldos del mercado para que no pudiesen incendiarlos y causar fuegos, y se araron los alrededores de la ciudad para enfangar el terreno y estorbar el avance de los sitiadores.Tabari, v. 35: pp. 40-1 Pocos días después del principio de los combates, Ibn 'Abdallah ordenó arrasar una amplia zona tras las murallas, con el fin de facilitar el movimiento de las tropas que defendían la ciudad.

Ibn 'Abdallah contó con varias fuentes de reclutas, tanto fuera como dentro de Bagdad. Muchos jefes militares se mostraron dispuestos a obedecerlo, y en los primeros meses de la guerra varios pequeños contingente de Irak, la Mesopotamia superior, el Jibal, y la frontera arabo-bizantina, entre otros lugares, llegaron a Bagdad.Tabari, v. 35: pp. 59, 62, 67, 71, 76 Ibn 'Abdallah también gozó de apoyo de su sobrino Muhammad ibn Tahir, gobernador de la mayoría de las provincias orientales, a pesar de que por entonces este estaba enfrascado en el aplastamiento de la rebelión de Hasan ibn Zayd en Tabaristán.Bosworth, "Tahirids," pp. 102-3 Para aumentar el número de soldados, Ibn 'Abdallah impuso una leva en Bagdad y pidió voluntarios para servir a al-Mustaín. A un grupo de peregrinos jorasaníes que viajaba a La Meca cuando estalló la guerra se le pidió que se quedase para combatir. También se reclutó a muchos de los bandidos de la ciudad, a los que se entregaron armas. Al principio se les dieron esteras para protegerse y bolsas de piedras o ladrillos como armas ofensivas; luego se les dieron garrotes, se los encuadró en grupos que mandaban sus propios jefes y se los registró para que cobrasen soldadas.Tabari, v. 35: p. 41Tabari, v. 35: p. 66 Los beduinos árabes y los kurdos de las tribus de las regiones adyacentes también se batieron por al-Mustaín.Tabari, v. 35: pp. 46-7, 75-6

Se mantuvo el ceremonial cortesano, que incluía la entrega de regalos a oficiales y tropa por parte tanto de al-Mustaín como de Ibn 'Abdallah.Stillman, pp. 42-3 Al-Tabari menciona abundantes entregas de recompensas a los jefes militares por sus servicios. Se les entregaban en distintas ocasiones: cuando llegaban a Bagdad con sus tropas, cuando se distinguían en el combate o cuando se los escogía para mandar una misión importante. Las túnicas de gala tradicionales se entregaban frecuentemente; otros obsequios habituales eran las joyas, las espadas ceremoniales, el dinero, y el aumento de las pagas de la tropa.Tabari, v. 35: pp. 43, 46, 49, 59, 62, 67, 69, 71-2, 75, 77-8, 90

Se desconoce el tamaño exacto del ejército de Ibn 'Abdallah, pero probablemente era mucho mayor que el de al-Mu'tazz.Kennedy, "Muslim World," p. 279 Sin embargo, como muchas de sus unidades eran de irregulares, su conducta en combate no siempre era fiable, y a menudo fueron castigadas por desobedecer órdenes. Por añadidura, aunque muchos jefes del ejército estaban dispuestos a servir a al-Mustaín, no todos lo estaban a obedecer a Ibn 'Abdallah; se conocen varios casos de unidades favorables a al-Mustain de fuera de Bagdad que combatían a los turcos por su cuenta.

Al-Mu'tazz Al-Mu'tazz se preocupó desde el inicio de la crisis de presentarse como el califa legítimo. Había sido proclamado heredero en vida de su padre, y según lo dispuesto en la sucesión, debía haber recibido el título califal a la muerte de al-Muntasir. Cuando renunció a los derechos al califato en el 862 lo había hecho bajo coacción, puesto que los turcos habían amenazado con matarlo si se negaba a hacerlo, y por lo tanto consideraba el acto írrito. También trató de convencer a la población de que podía reconocerlo como soberano sin por ello romper el juramento de lealtad a al-Mustaín, y explicó sus razones por escrito a Ibn 'Abdallah.Tabari, v. 35: pp. 41-2

Al-Mu'tazz se mostró al principio comprensivo con aquellos de Samarra que se opusieron a su entronización, y no les obligó a jurarle fidelidad.Tabari, v. 35: pp. 38-9 Sí escribió a los jefes militares del imperio para que tomasen su partido, y pronto recibió refuerzos.Tabari, v. 35: pp. 42-3 Según avanzó el conflicto, su bando se reforzó con los que abandonaron el de al-Mustaín.Tabari, v. 35: pp. 86-7 Asimismo, intentó atraer a los oficiales de su enemigo, escribiéndoles para ofrecerles sustanciosas recompensas si se pasaban a sus filas.Tabari, v. 35: pp. 89-90