La revuelta jariyí de 866-896 fue una gran insurrección contra el Califato abasí. Tuvo su centro en los distritos de Mosul y Diyar Rabi'a, en la provincia de la Mesopotamia superior (Yasira) y duró aproximadamente treinta años, a pesar de incontables tentativas del Gobierno central y de las autoridades provinciales para sofocarla. La rebelión la acaudilló inicialmente Musawir ibn 'Abd al-Hamid al-Shari y se desató como consecuencia del apresamiento de un jariyí de al-Haditha. Ibn 'Abd al-Hamid al-Shari obtuvo varias victorias en los años siguientes, lo que suscitó una respuesta más vigorosa de los califas abasíes.
Los jariyíes pasaron por un período de turbulencia a su muerte en el 877 antes de elegir a su sucesor al frente de la rebelión. Lo fue Harún ibn Abdalá ibn al-Bajali, que mantuvo el mando hasta el fin del conflicto. Por esta época, los jariyíes comenzaron a recibir ayuda de los Banu Taglib de la Mesopotamia Superior, y principalmente de Hamdan, el fundador epónimo de la dinastía hamdánida. La revuelta fue aplastada finalmente en el 896, tras varias campañas del califa Al-Mutadid (892-902) para restaurar la autoridad califal en la región.
Antecedentes El movimiento jariyí fue una destacada secta religiosa de principios de la historia islámica, conocida por el fanatismo y la oposición acérrima de sus miembros al sistema de gobierno musulmán. La visión de los jariyíes en cuanto a naturaleza del califato hizo que parte de ellos rechazaran la legitimidad del gobierno de los alidas, omeyas y abasíes, y que en el transcurso de los siglos al protagonizasen numerosas rebeliones contra el gobierno establecido. Pocas de ellas fueron fructíferas, pero la presencia continua de jariyíes en muchas regiones controladas por musulmanes supusieron una fuente casi constante de problemas para los gobernadores califales.
El jariyismo sufrí había tenido abundantes seguidores en la provincia califal de Mesopotamia superior (Yasira) desde finales del , particularmente entre los árabes de la tribu de Rabia. Hubo más de una docena de revueltas jariyíes en la región entre 750 y 865, aunque muchas de ellas fueron aplastadas fácilmente por el gobierno abasí. La más reciente había acontecido en el 862, aproximadamente cuatro años antes de la revuelta de Musavir. izquierda|miniaturadeimagen|Dinar del califa Al-Mu'tazz (866-869) El Califato abasí entró en un período de debilidad aguda en el 861, durante el cual el gobierno central de Samarra quedó paralizado por una enconada lucha por el poder entre los califas y el estamento militar. El Gobierno afrontó repetidamente dificultades financieras, revueltas en la capital y movimientos rebeldes en múltiples provincias en el transcurso de la década de 860. Estos problemas se exacerbaron en el 865, cuando los califas rivales Al-Musta'ín (862-866) y Al-Mu'tazz (866-869) disputaron una guerra civil en Irak central, que dejó miles de muertos y causó graves perjuicios económicos a la región. La inestabilidad continuó aún después del fin de la guerra a comienzos del 866: hubo varias motines de tropas en Samarra y Bagdad.
Estallido de la revuelta upright=2|miniaturadeimagen|Mapa de la Mesopotamia superior Según el historiador Ali ibn al-Athir, la causa inmediata de la rebelión fue la detención y prisión de un joven en al-Haditha. Era hijo de Musawir ibn 'Abd al-Hamid al-Shari, un terrateniente de la ciudad de al-Bawazij. Cuando este supo del encarcelamiento de su hijo, reaccionó furiosamente y reunió cierto número de seguidores, que le juraron fidelidad. El grupo marchó contra al-Haditha; el jefe de la policía local hubo de esconderse, y el hijo de al-Shari fue liberado.
El apoyo a al-Shari creció rápidamente y árabes beduinos y kurdos de la región se unieron su bando. Tras intentar en vano tomar Mosul, capital de la región, los rebeldes avanzaron hacia el sur en dirección al Camino de Jorasán entre Bagdad y Hulwán en el otoño de 867. El gobernador de Bagdad envió dos contingentes militares para protegerlo; al-Shari trabó combate con uno de ellos, mató a su jefe y a varios centenares de sus hombres, y obligó al otro a retirarse hacia la capital. Tras la victoria prosiguió la marcha hacia Hulwán, donde mató a más de cuatrocientos de sus defensores.
El vicegobernador de Mosul organizó un ejército a principios del 868 en respuesta al creciente poder de los rebeldes y marchó contra al-Shari, que por entonces se hallaba cerca de los ríos Gran Zab y Pequeño Zab. Los dos ejércitos se encontraron en mayo de ese año, y se enfrentaron en medio del valle fluvial. Los rebeldes salieron victoriosos en la reñida batalla; el ejército califal sufrió copiosas pérdidas y el vicegobernador huyó a Erbil. Esta victoria reforzó la autoridad de al-Shari en la región, y al año siguiente emprendió una expedición contra Mosul. Pudo entrar en la ciudad casi oposición. Permaneció en ella brevemente, dirigiendo las plegarias del viernes, y luego se retiró a al-Haditha.
Las actividades de Musavir durante los años siguientes abarcaron una vasta porción del distrito de Mosul y parte del Irak septentrional. Envió lugartenientes a hacerse cargo de la administración de los territorios que señoreaba, que establecían guarniciones y recaudaban impuestos. Viajar por la región país se hizo difícil para los representantes abasíes, que corrían el riesgo de ser capturados y muertos por los partidarios de al-Shari. Este recibió el apoyo de las tribus árabes y kurdas de la zona, que simpatizaban con su causa y se enfrentaron al gobierno abasí.
Campañas abássidas contra Musavir miniaturadeimagen|La revuelta jariyí se dilató a lo largo del reinado de cuatro califas, de Al-Mu'tazz la Al-Mutadid. El gobierno abasí de Samarra emprendió a partir del 867 una serie de campañas militares con el objetivo de aplastar la revuelta jariyí. Estas operaciones comenzaron en tiempos del califa Al-Mu'tazz (866-869), cuyas fuerzas no pudieron vencer a los rebeldes. Inicialmente envió a los oficiales Satikin y Jutarmish contra al-Shari; este último fue derrotado en el distrito de Julala en diciembre. Nushara ibn Tajibak, lugarteniente de Salih ibn Wasif, consiguió batir a al-Shari y mató a gran parte de sus seguidores en septiembre de 868. Al año siguiente, los abasíes enviaron a Yarjuj contra el rebelde, pero fue derrotado y obligado a huir a Samarra.
Después del derrocamiento y muerte de al-Mutaz, su sucesor Al-Muhtadi (869-870) continuó las campañas contra los jariyíes. Después de recibir noticia en enero de 870 de que al-Shari estaba atacando la ciudad de Balad, el califa ordenó a Musa ibn Bugha, Muflih y Bayakbak que marcharan contra él; una crisis política que se desató en la capital, empero, hizo que se retrasase la expedición. Tras varios meses, Musa y Bayakbak reunieron sus tropas y partieron hacia la Mesopotamia superior el 6 de abril. El ejército se instaló en al-Sinn y Muflih persiguió a al-Shari y le hizo presentar batalla en una montaña próxima a al-Haditha. La suerte resultó adversa a al-Shari, cuyas fuerzas estaban debilitadas por un combate anterior contra un jariyí disidente, por lo que finalmente ordenó la retirada. Muflih avanzó entonces y pasó por varias ciudades de Diyar Rabi'a, tratando de restablecer la autoridad califal. izquierda|miniaturadeimagen|Dinar de oro del califa Al-Mutamid (870-892) Las fuerzas califales permanecieron algún tiempo en al-Sinn; a comienzos de junio Musa y Muflih recibieron noticia de que al-Muhtadi conspiraba contra ellos, con la intención de prenderlos o asesinarlos; esto hizo que abandonasen de inmediato la Mesopotamia Superior y se replegasen al Camino de Jorasán. En Janaqin, Musa libró una nueva batalla contra al-Shari, que gozaba de amplia ventaja numérica; pese a ello, este fue vencido y sufrió numerosas bajas. Después del derrocamiento de al-Mutadi el 17 de junio y su sustitución por al-Mutamid (870-892), Muflih reanudó la ofensiva contra los jariyíes. Obligó a al-Shari a abandonar al-Haditha, pero, incapaz de derrotar al rebelde, se retiró a Samarra en agosto, permitiendo que este recobrase la región.
Muflih partió nuevamente en campaña a comienzos del 872; marchó a Tikrit y luchó contra algunos grupos de tribus árabes simpatizantes de al-Shari. Luego, Masrur al-Balji realizó dos expediciones contra al-Shari. En la primera, se apoderó de al-Haditha y capturó a algunos jariyíes a los que llevó a Samarra. En la segunda, marchó hacia al-Bawazij, venció a al-Shari en combate e hizo más prisioneros, antes de volver a la capital hacia finales de octubre. Al-Balji acometió nuevas campañas en el 874 y 875, ambas en respuesta al asesinato de funcionarios gubernamentales a manos de seguidores de al-Shari; en la del 875 lo acompañó Abu Amad (el futuro al-Muwaffaq), hermano del califa.
Muerte de Musavir y disputa sucesoria Al-Shari falleció en torno al 877, al poco de haber partido de al-Bawazij para enfrentarse a otro ejército abasí. Los jariyíes tuvieron que elegir un sucesor; al principio escogieron a Muhammad ibn Jurzad de Shahrazur, que rehusó el mando. Así, eligieron luego a Ayyub ibn Hayyan al-Wariqi al-Bajali, al que juraron fidelidad. Ibn Jurzad se arrepintió posteriormente de haber rehusado la jefatura y solicitó el cargo, petición que los jariyíes rechazaron. Ibn Jurazd reaccionó reuniendo un grupo de leales y asesinando a Ibn Hayyan. Al morir este los jariyíes escogieron como jefe a Muhammad ibn 'Abd Allah ibn Yahya al-Wariqi, al que Ibn Jurzad también dio muerte. Finalmente los jariyíes eligieron a Harún ibn 'Abd Allah al-Bajali, cuyo número de seguidores creció rápidamente. Ibn Jurzad optó por no hacerle frente, lo que le permitió a al-Bajali asumir la autoridad del difunto al-Shari en la región de Mosul.
La victoria aparente de al-Bajali no puso fin a la rivalidad con Ibn Jurzad. Este lo acometió hacia el 881; al-Bajali reunió a sus fieles y se enfrentó a él cerca de Mosul. Al-Bajali perdió la batalla, en la que doscientos de sus seguidores perdieron la vida. Se recobró inmediatamente, no obstante, merced al apoyo de los árabes taglib de la región y al paradójico apoyo de los seguidores de Ibn Jurzad, a los que animó a cambiar de bando. Muchos de estos lo hicieron, lo que debilitó rápidamente a Ibn Jurzad, que pereció finalmente en Sharazur; su muerte hizo que ya nadie disputase el mando de los jariyíes a al-Bajali.
Los jariyíes en tiempos de al-Bajali Al-Bajali continuó las acciones en la zona de Mosul. Sus partidarios subyugaron varias villas y comarcas rurales junto al Tigris; los responsables de estos territorios se encargaban de cobrar impuestos. Al-Bajali también se coligó con Hamdan, jefe taglib y fundador epónimo de la dinastía hamdánida; en los años siguientes, ambos condujeron conjuntamente varias campañas por la región de Mosul. Hacia el 885, al-Bajali y Hamdan decidieron marchar sobre esta ciudad; entraron en ella y al-Bajali dirigió las plegarias en la Mezquita del Viernes. La noticia llegó a Bagdad. Poco después, la región empezó a sufrir las incursiones de los Banu Shayban; en respuesta, al-Bajali y Hamdan unieron fuerzas para detenerlos. Los dos jefes se encontraron y avanzaron contra los árabes, pero los shaibaníes los vencieron en batalla y los obligaron a retirarse.