La invasión del Rin fue un conflicto bélico que enfrentó a un conglomerado de pueblos bárbaros con el Imperio romano de Occidente.
En el año 406, varios pueblos que habitaban al norte del Danubio abandonaron sus asentamientos y se desplazaron hacia el oeste hasta llegar al territorio de los francos junto al Rin. Tras el fracaso de estos —quienes en ese momento eran aliados del Imperio— en rechazarlos, la coalición cruzó el río de manera sorpresiva la noche de fin de año y entró en la Galia sin que las tropas fronterizas pudiesen hacer nada para evitarlo.
En el éxito inicial de la invasión fue decisiva la reacción del gobierno de Rávena a la rebelión del ejército romano estacionado en Britania. Esta había surgido unos meses antes como respuesta a la falta de atención por parte del gobierno imperial ante la amenaza que se estaba formando junto al Rin y causó que el cuerpo principal del ejército de la Galia no hiciese frente a los invasores durante los primeros momentos al tener como objetivo principal el rechazo de un posible desembarco del ejército britano.
Tras acabar con las defensas fronterizas, la coalición se dividió en varios grupos y extendió la destrucción por un buen número de ciudades. En la primavera del 407, Constantino de Britania cruzó el canal de la Mancha y desembarcó con el ejército rebelde en las Galias donde las tropas imperiales existentes allí se le unieron en masa. Lo primero que hizo fue asegurar la frontera del Rin para evitar que los pueblos ribereños (francos, burgundios y alamanes) aprovechasen la ocasión y también entrasen en el territorio imperial. Posteriormente, se enfrentó a los invasores en algún lugar de la provincia Germania Primera y consiguió infligirles una sonada derrota tras lo que continuó hacia el sur por el valle del Ródano donde recuperó sus ciudades incluida Arelate (Arlés), situada en la costa mediterránea y en la que estableció su cuartel general.
Estilicón reaccionó finalmente y envió durante el otoño del 407 una expedición a la Galia pero no para combatir a los invasores sino para acabar con Constantino. Este dejó a un lado la lucha contra la coalición bárbara y se centró en defender su posición frente al ataque del gobierno de Rávena. Por su parte y por la población de la diócesis se buscaron, entonces, acuerdos de paz con los invasores quienes también estaban interesados en ellos para obtener algún tipo de asentamiento tras las derrotas sufridas. Constantino pudo rechazar el ataque de Rávena y con la Galia relativamente pacificada, envió su general Geroncio con tropas a Hispania donde tuvieron éxito y consiguieron que el ejército estacionado allí también se uniese a ellos. Honorio, debilitado tras la muerte de Estilicón y con los godos invadiendo Italia, llegó a un acuerdo con Constantino y lo reconoció como coemperador.
La situación cambió cuando, en el 409, Geroncio se rebeló contra Constantino y nombró a Máximo como emperador en Hispania. Concentró, entonces, las tropas hispanas en la Tarraconense y se dispuso a pasar a la Galia para acabar con su antiguo jefe. La coalición bárbara, por su parte, veía peligrar su situación en la Galia por el fin de las hostilidades entre Constantino y Honorio así como por la actuación de bagaudas en Armórica. Acordó, entonces, pasar a Hispania, cosa que hicieron durante el otoño de ese año. Tomaron varias ciudades en el norte para pasar el invierno y al llegar la primavera del 410 extendieron la destrucción y los saqueos por las indefensas provincias a excepción de la Tarraconense donde tenían sus bases las tropas de Geroncio. Ya entrado el año 411 acordaron repartirse las provincias y crearon en ellas sus propios reinos independientes de los romanos.
La invasión del Rin está calificada como «uno de los eventos más famosos en la historia del Imperio Romano» y se considera que «contribuyó de manera decisiva en su caída». El paso del grueso del ejército de Britania a la Galia dejó a la isla desprotegida y a merced de los ataques de pictos, anglos y sajones. El Imperio ya no fue capaz de recuperar la Galia e Hispania en su totalidad y los ingresos que obtenía de sus provincias se resintieron de manera importante y redujeron su capacidad militar. La situación se agravó sobremanera cuando vándalos y alanos cruzaron el estrecho de Gibraltar y se hicieron con las provincias africanas que eran la mayor fuente de ingresos para el gobierno de Rávena. El fracaso de este en recuperarlas en el año 468 condenó al Imperio a su desaparición algo que ocurriría apenas ocho años más tarde.
El Imperio occidental en el año 406 miniaturadeimagen|400px|derecha|El Imperio romano a la muerte de Teodosio. La disputa por controlar la prefectura de Ilírico (en tonos verdes) marcó las relaciones entre las mitades occidental y oriental. Tras la muerte de Teodosio en el año 395, el Imperio quedó definitivamente dividido en dos partes gobernadas por sus hijos varones Honorio y Arcadio. La corta edad de estos y su personalidad pusilánime, dio lugar a que el gobierno real lo ejerciesen otras personas militares o civiles. En la mitad occidental fue Estilicón quien tuvo el poder durante los primeros trece años hasta su ejecución en el 408. En los años previos a la ruptura del limes renano, el devenir del Imperio de Occidente había estado marcado por tres elementos: la disputa con la mitad oriental por el control de la prefectura de Ilírico, las invasiones bárbaras de Italia y los intentos de usurpación.
La prefectura de Ilírico era el principal área para el reclutamiento de tropas para el ejército romano. Tradicionalmente, había estado incluida dentro de la mitad occidental hasta que Graciano la cedió a Teodosio para ayudarle en la guerra contra los godos. Tras la muerte de este, el gobierno occidental reclamó su devolución algo que no fue aceptado por el oriental. Esta disputa fue decisiva para el éxito godo en su revuelta del año 395 y también evitó su aniquilamiento tras la primera invasión de Italia por Alarico en el 401. Igualmente, tendría una gran influencia para el éxito de la invasión en el 407, como se verá después.
El mayor esfuerzo defensivo del Imperio tuvo que concentrarse en la prefectura de Italia que sufrió varias invasiones rechazadas, finalmente, con éxito. En el 401, grupos vándalos y alanos dirigidos por Radagaiso atacaron la provincia de Recia. Estilicón y los comitatenses estacionados en Italia se dirigieron al norte de los Alpes y pudieron derrotarlos. Casi al mismo tiempo, los godos de Alarico invadieron el norte de Italia desde el este, amenazaron Milán y estuvieron a punto de capturar a Honorio en Asti. Estilicón retornó a la península y desplazó legiones estacionadas en Galia y Britania para poder hacer frente a Alarico quién, finalmente, tuvo que abandonar el territorio imperial en el 403. Poco duró la paz ya que, en el 405, Radagaiso al mando de otro grupo de godos volvió a invadir el Imperio, esta vez entrando por la provincia de Panonia. El ataque fue de tal envergadura que Estilicón necesitó varios meses para poder reunir un ejército que permitiese enfrentarlo con garantías.
Los intentos de usurpación afectaron a las diócesis de África y Britania. En la primera, Gildo se hizo con el poder en 397 animado por el gobierno de Constantinopla e intentó separarla del de Milán para crear un reino dependiente del Imperio oriental. Estilicón envió una expedición al mando de Mascezel que consiguió sofocarla con éxito en el 398. En Britania, por su parte, el ejército se rebeló en septiembre/octubre de 406 y eligió como emperador a Marcos quien, al poco, fue asesinado y sustituido por Graciano que corrió la misma suerte tras lo que la tropa proclamó, finalmente, a Constantino de Britania.
Estructura militar en la Galia y defensa de la frontera del Rin
A inicios del , la Galia se dividía administrativamente en dos diócesis: Galias, que abarcaba la mitad norte, y las Siete Provincias, que agrupaban la mitad sur hasta los Pirineos. El despliegue militar romano reproducía el habitual en otras diócesis desde los tiempos de Constantino I: en las áreas costeras y en la frontera del Rin, se desplegaban las unidades fijas limitanei quienes estaban dirigidas por varios duces y un comes mientras que, el cuerpo principal del ejército lo formaban las unidades móviles de los comitatenses al mando del magister equitum per Gallias y preparadas para acudir donde se produjese una invasión. Adicionalmente, existían unidades navales en puertos y ríos importantes así como otros contingentes como el que vigilaba la ruta que conducía a Hispania. Para el limes renano, el Imperio contaba, además, con la ayuda de pueblos foederati por lo que podía establecer una triple línea defensiva.
Primera línea: los pueblos foederati del margen derecho miniaturadeimagen|250px|derecha|El emperador Valentiniano. Continuó la obra de Juliano y reorganizó la frontera del Rin donde llegó a acuerdos con las tribus de su margen derecho para que la defendiesen como aliados del Imperio. La primera línea defensiva en el Rin la formaban los tres pueblos germánicos asentados en su margen derecho: francos, burgundios y alamanes. Estos habían protagonizado varias incursiones en la Galia desde mediados del hasta que fueron definitivamente controlados por Juliano y Valentiniano a mediados del . Quedaron, entonces, integrados en el sistema defensivo romano en virtud de tratados por los que asumieron la defensa de la frontera a cambio de subsidios y relaciones comerciales. Situación, esta, que permitió que mejorasen sustancialmente sus niveles de vida. Los acuerdos fueron mantenidos por los siguientes emperadores y se consideraron de vital importancia de tal manera que una de las primeras acciones de Estilicón en el 396, tras morir Teodosio, fue recorrer el Rin para asegurar la renovación de los que ya se denominaban como vetusta foedera.
Los francos habían surgido como una unión de varias tribus que habitaban entre los tramos medio e inferior de los ríos Rin y Weser. Desde el 257 habían realizado incursiones en el territorio imperial situado entre el Mosela y el mar del Norte hasta que fueron controlados por Constancio y su hijo Constantino a inicios del . Tras la fracasada usurpación de Magnencio (350-353), asaltaron la frontera junto a los alamanes, tomaron las principales ciudades ribereñas del Rin y devastaron los territorios fronterizos. Juliano consiguió expulsarlos y llegó a un acuerdo con la tribu de los salios a quienes asentó en Toxandria para que asumiesen la defensa de la frontera en la desembocadura del río. Posteriormente, Valentiniano estrechó las relaciones con ellos de manera que estos se convirtieron en foederati y fueron una importante base de reclutamiento para el ejército imperial. De hecho, durante las siguientes décadas varios militares francos (Merobaudes, Ricomero, Bauto y Arbogasto) alcanzarían puestos de máxima importancia dentro de él.
Al sur de los anteriores se encontraban los burgundios. Habían llegado procedentes de un área entre los ríos Óder y Vístula desde donde se desplazaron hacia el suroeste en algún momento entre las décadas de 270 y 280 e invadieron la Galia en el 286 junto a los alamanes y los hérulos. Fueron rechazados por Maximiano tras lo que se asentaron al este de Rin en los antiguos agri decumates donde arrebataron a sus anteriores aliados alamanes parte del territorio junto al curso medio del Meno. Esto llevó a enfrentamientos entre ambos pueblos durante la primera mitad del circunstancia que fue aprovechada por los romanos para apoyarse en los burgundios en sus luchas contra los alamanes. Para las últimas décadas de ese siglo habían conseguido desplazar a estos últimos hacia el sur y extender su territorio entre los ríos Neckar y Meno hasta llegar al Rin.