La crítica genética es una línea de investigación que tiene como objeto de estudio los materiales textuales -principalmente manuscritos- que preceden al texto final de una obra o un determinado autor. A través del estudio de esos materiales pretextuales se realiza un estudio de todas las variantes que se encuentran en ellos a fin de dar cuenta del proceso creativo de un autor. La crítica genética nace en una época en la que se pretende romper con toda la metodología de estudio anterior, y debido a las prácticas filológicas que se iban gestando, se comienza a desplazar el objeto de estudio. Este lugar ya no será ocupado por el texto en sí, sino por el objeto de estudio de la crítica genética: el proceso de escritura.

Orígenes

La crítica genética se conoce actualmente como una línea de investigación que tiene como intención enmarcarse en una semiótica de la cultura analizando los procesos de gestación de diferentes tipos de procesos creativos, en un arco que abarca tanto las inscripciones significativas en diversos soportes (literatura, teatro, cine, plástica, arquitectura, música, creación oral) como las conceptualizaciones científicas. El nacimiento de esta metodología de estudio se remontarse a finales de los años 70 con la participación de las esferas intelectuales filológicas de países como Francia, Alemania e Italia.

La primera aparición del término (crítica genética) se remonta a 1979, aparece en la portada de una compilación publicada por el crítico Louis Hay, conocido actualmente como uno de los estudiosos más influyentes en este ámbito. Esta obra titulada Essais de critique génétique, supuso una circunscripción de un nuevo campo de estudios literarios que se definía por su relación directa con los escritores, o más concertadamente, con las huellas escritas que estos habían dejado después de su muerte. Tras esta publicación, el ámbito de la crítica genética se ha plagado de estudios y polémicas por intentar definir y delimitar el estado actual de este campo de estudio.

La crítica genética se vio definida por Louis Hay, pero sus antecedentes se remontan a mucho antes. A principios del se venían desarrollando una serie de disciplinas que ponía su atención y situaban el objeto de estudio, en el proceso creativo de la obra y en la valoración del manuscrito del autor. Por lo tanto, la crítica genética nació en Francia, en un contexto histórico dominado por la lucha entre los antiguos y los modernos en el ámbito lingüístico. Se establecieron dos corrientes diferenciadas en el ámbito de estudio, por un lado, los que acercaban la crítica genética a la filología, y por otro, los que la veían más bien heredera del estructuralismo triunfante. Almuth Grésillon afirmaría que quienes repitieron que la crítica genética había nacido de la filología olvidaban que, aunque esta desarrolló en Francia cierta tradición en los estudios antiguos y medievales, nunca conquistó realmente el terreno de los estudios literarios modernos. Pero, esta ausencia de tradición filológica es la que hizo posible el nacimiento de la crítica genética en Francia, y esta misma singularidad histórica explica que en países de sólida tradición filológica (Italia, Alemania, Bélgica y ciertamente España y Portugal) la crítica genética haya encontrado durante mucho tiempo respuestas escépticas o perplejas

También se pueden diferenciar estas dos posiciones en la confrontación entre los estudios genéticos franceses e italianos. Esta diferente posición teórica se ve reflejada en la nomenclatura adoptada por las dos escuelas. Esta cuestión se considera como un punto esencial y que va más allá de un simple debate terminológico, debido a concepciones contrapuestas de conceptos clave del estudio genético. Lo que responde, en fondo, a los distintos objetivos que se plantean genetistas y filólogos: reconstruir el proceso de escritura, o bien establecer la historia dinámica del texto.

En definitiva, las relaciones existentes entre la crítica genética y la filología son complejas y difíciles de desenredar debido a que esta palabra designa universos que difieren según los críticos que la utilizan, por eso, todos los estudiosos coinciden con que en este ámbito de estudio permanece la idea de ruptura, de algo nuevo, y no como un avatar de la filología, si no como una disciplina nueva.

Tanto Louis Hay como Jean-Louis Lebrave han coincidido en presentar la crítica genética como la resultante de una confluencia de fenómenos que fueron surgiendo de forma progresiva y que tuvieron su punto de arranque entre finales del y comienzos del , alcanzando su punto culminante en el último tercio del . En esa confluencia van a incidir tres factores: la evolución tecnológica, que hace posible el tipo de circulación impresa estable, el acceso a las grandes colecciones de manuscritos modernos, y el desarrollo de la ciencia lingüística y de la crítica literaria. Junto con una clara distinción entre el texto impreso y el texto manuscrito, surge el concepto de “manuscrito moderno”, de índole diferente a la de los manuscritos de circulación textual, y se crea una pareja de opuestos simétricos: unos pertenecen al ámbito público (pasan de mano en mano), los otros al ámbito privado (son documentos de un taller de escritura personal). Aparece entonces el concepto de materiales de génesis, es decir, todo lo que el texto dejó detrás de sí (los “pre-textos”) y que conforman la voluntad final del autor, lo que se publica. De todos modos, el acto de guardar o conservar un tipo de material que antes se desechaba, y que muchos escritores continúan tirando, no permitió apreciar, de entrada, que cuando la escritura es trabajo de creación van quedando en el escrito rastros del proceso de producción con sentido. Nace aquí el concepto de la “obra en marcha” que encontraremos en autores como Lorca o Juan Ramón Jiménez y que comentaremos más adelante cuando hablemos de cómo se desarrolló la crítica genética en el ámbito de la literatura española.

Estos enfoques genéticos que hoy en día utilizamos aparecieron más adelante, como fruto de una evolución de las ciencias del lenguajes y de la crítica literaria. Como una antecedente claro a esta labor filológica Élida Lois apunta:Con los archivos de la memoria se había iniciado la tarea filológica en Occidente desde que Pisístrato encomendó registrar los poemas homéricos fijando textos que circulaban en versiones orales muy diferentes. Pero el término “filología” se consolidará, posteriormente, ligado a las investigaciones sobre repositorios de escritura en las que los filólogos de la Escuela de Alejandría definieron de hecho un campo de estudio en términos de “reconstrucción histórica”, ya que buscaban recuperar a través del análisis de textos antiguos su lengua, su significado y su contexto histórico-social. De este modo, la práctica filológica –como la de toda “archivística”– emergerá tensionada entre dos extremos arriesgados: la inabarcabilidad y la tergiversación.Esta anotación nos hace pensar que el nacimiento, rebatible filológico, de la crítica genética se remonta muchos siglos atrás. Los estudios posteriores, influencias e investigadores trazaron distintas líneas de estudio a través de quizá, este origen común y a través de las corrientes imperantes en la época, se convirtió en lo que hoy conocemos como crítica genética literaria.

Pero antes de que la filología alemana y los genetistas textuales propusieran dispositivos de lectura de estos complejos procesos, los filólogos se habían interesado por el análisis de variantes escriturales de autor desde el ; en realidad, en una dimensión universal el análisis genético se venía realizando cada vez que un lector crítico advertía la existencia de reescrituras del autor en dos o más versiones (manuscritas o inéditas) de un texto y leía en esas reformulaciones significados dignos de ser tomados en cuenta.

La crítica genética como teoría en construcción

A lo largo del una serie de corrientes críticas van afinando las técnicas de lectura: estilística, formalismo ruso, estructuralismo, nueva crítica, escuela temática, crítica psicoanalítica, sociología de la literatura, crítica ideológica, sociocrítica, teorías de la enunciación, lingüística del discurso, gramática del texto, pragmática, deconstruccionismo, semiótica, etc. A principios de los setenta alcanzan su apogeo las grandes teorías sobre el texto y aparecen en la escena literaria dos vertientes críticas: las teorías de la recepción originadas en medios académicos alemanes y la escuela de crítica genética francesa que acabaría por revolucionar a un tiempo el método histórico‑filológico y la estética formalista.

La labor francesa tuvo como punto de partida la creación del equipo del CNRS (Centre Nationale de la Recherche Scienctifique de Francia) dirigido por Louis Hay que comenzaron a analizar los manuscritos de Heinrich Heine ya desde una metodología adaptada a lo que hoy llamamos crítica genética. No es casual que las investigaciones de un grupo de germanistas dieran origen a la crítica genética, ya que, en Alemania empezó a consolidarse desde fines del una tradición editorial crítica de textos contemporáneos que intentaba superar por medio de otras alternativas gráficas las dificultades de lectura impuestas por la consignación de variantes textuales a pie de página.

El origen de la crítica genética se ha de situar la confrontación dinámica y la puesta en común de problemáticas surgidas a partir del análisis de un amplio corpus de manuscritos, y muy diferentes entre sí (Heine, Proust, Flaubert, Zola, Nerval, Valéry, etc.). La idea del estudio general de los procesos creadores surgió gracias a esta transversalidad, cuya progresiva generalización derivó, a continuación, en el interés por la pintura, la arquitectura, la historia de las ciencias y, más tarde, la música. El mismo interés transversal e interdisciplinario permitió a la crítica genética abrirse a las ciencias humanas. En concreto, ha mantenido siempre un diálogo enriquecedor con la psicología cognitiva y ha buscado en la informática tanto metodologías como herramientas de estudio y conceptos operacionales, como, por ejemplo, la noción de hipertexto.

Metodologías y problemas

El principal objetivo de la crítica genética es reconstruir la marcha de la escritura, al mismo tiempo que da cuentas de los procesos de simbolización. Al ser esta su finalidad, dar cuenta de una dinámica, llamada por Lois “la de la textualidad en movimiento”, desarrolla para ello dos tipos principales de actividades: la edición genética de textos modernos y el abordaje de diversas orientaciones hermenéuticas. Así, editar e interpretar procesos de escritura son dos actividades complementarias dentro de esta línea de investigación. Editar materiales de génesis representa una propuesta de lectura, pero con ello se está adelantando un primer intento de interpretación. Y al mismo tiempo, es imposible acceder a la etapa interpretativa sin haber transitado por una reconstrucción de la escritura que permita leerla sin dificultad.