thumb|180px|Muhammad Ali en 1967. thumb|180px|Antonio Inoki en 2012. Muhammad Ali vs. Antonio Inoki fue un combate de reglas especiales que tuvo lugar el 26 de junio de 1976 en Tokio y enfrentó a Muhammad Ali, por entonces campeón mundial de boxeo, contra Antonio Inoki, campeón de lucha libre profesional perteneciente a la New Japan Pro Wrestling. Surgida como consecuencia de un desafío lanzado por Ali y recogido por Inoki, se la considera una de las luchas precursoras de las modernas artes marciales mixtas (MMA).

Historia En abril de 1975, en una recepción celebrada en Estados Unidos, Muhammad Ali conoció a Ichiro Hatta, antiguo secretario de la escuela Kodokan de judo y pionero de la lucha libre deportiva en Japón. En su proverbial talante, Ali comunicó a Hatta un desafío del que los titulares nipones se harían eco: «¿No hay ningún peleador oriental que vaya a desafiarme? Daré un millón de dólares a quien me gane». Tras oírlo, Antonio Inoki, luchador de la promoción de puroresu New Japan Pro Wrestling, aceptó el reto con celeridad, consiguiendo reunir suficientes patrocinadores para pagar al boxeador seis millones de dólares estadounidenses si convenía a pelear. El contrato se firmó en marzo de 1976, estipulando la lucha para el 26 de junio en el Nippon Budokan de Tokio.

La peculiar naturaleza del combate, junto con las dos personalidades a las que reunía, pronto dio de qué hablar en las conferencias de prensa. En el primero encuentro entre los contendientes, Ali se rio de Inoki y le apodó «pelícano» por su mandíbula prominente. Inoki, impertérrito, le replicó a través de un traductor: «Cuando su puño contacte con mi mandíbula, procure no hacerse daño en la mano». El japonés entonces entregó a Ali una muleta a modo de regalo burlesco, insinuando que la necesitaría cuando acabara la lucha. Esto no era una bravata, ya que Inoki, a pesar de haber tomado parte hasta entonces sólo en luchas coreografiadas, poseía amplios conocimientos de kárate, sumo y catch wrestling, y además contaba entre sus entrenadores con el legendario luchador olímpico Karl Gotch. Seguro de su posición, Inoki declaró también: «No sé cuán seriamente está tomándose Muhammad Ali la lucha, pero si no se la toma en serio podría salir herido. Voy a ir allí a luchar. Puede que incluso le rompa un brazo».Bull, Andy. "The forgotten story of ... Muhammad Ali v Antonio Inoki". The Guardian, 11 de noviembre de 2009 Ali, en cambio, no estaba impresionado con estas disciplinas: «Digamos que ese tipo viene a por mí. Sólo tengo que tirar jabs: bop, bop, bop. No podrá acercarse lo suficiente. ¿Qué es el kárate para un boxeador de largo alcance? Nada. Cuando le haya dado suficientes jabs, le noquearé».

Por su parte, la prensa internacional estaba expectante, incluso si los articulistas no habían decidido aún cómo interpretar la noticia. Durante la víspera de la lucha, el corresponsal John Roderick de Associated Press describió el combate como «... lo que algunos llaman el primer Campeonato de Artes Marciales del Mundo y otros una estafa multimillonaria». El experto en artes marciales Donn F. Draeger, conocedor de las contiendas de Inoki, creía que se trataría de un combate coreografiado al uso de la lucha libre (algo conocido como yaocho), opinando: «Si esta lucha fuera a ser real, ahuyentaría a Ali. Si Inoki insiste en que sea real, el evento nunca se celebrará».Journal of Combative Sport: Muhammad Ali versus Antonio Inoki Del mismo parecer era Bob Arum, el promotor del evento, que suponía que un luchador profesional sólo se prestaría a ese tipo de espectáculo. De un modo u otro, la anticipación era enorme: el encuentro sería retransmitido a 34 países en todo el globo, y se estimaba que la audiencia superase los catorce millones de personas. En Nueva York, el promotor de lucha libre Vincent J. McMahon vendió 32 897 entradas para una retransmisión en directo en el Shea Stadium, la cual contaría antes con otra contienda en vivo entre un luchador y un boxeador: André The Giant contra Chuck Wepner (el segundo de los cuales había combatido también contra Ali el año anterior, inspirando en el proceso el argumento de la película de 1976 Rocky).Cohen, Eric. "Antonio Inoki vs Muhammad Ali ", About.com El propio Budokan quedó lleno total, con los asientos más caros llegando a venderse por 300 000 yenes.

El día de la lucha, Ali causó deliberadamente una escena a su llegada al aeropuerto, vociferando: «¡No habrá otro Pearl Harbor! ¡Muhammad Ali ha vuelto!» mientras atravesaba las masas de periodistas. Su actitud ya había atraído burlas de parte de japoneses y artistas marciales, los cuales habían apostado en su contra. Algunos hicieron juego de palabras con su apellido, cuya pronunciación en japonés (ari) era homófona con la palabra «hormiga», del mismo modo que el boxeador había tildado de pelícano a Inoki. Varios judocas de alto nivel, entre los que se hallaban Draeger, Kisaburo Watanabe y el renombrado Isao Inokuma, especularon con que ellos mismos podrían despachar a Ali en el cuadrilátero en menos de un minuto gracias a sus manejos de la lucha a ras de lona.

Reglas El momento definitorio del combate, irónicamente, no sería en el cuadrilátero, sino a la hora de delimitar las normas y el cariz del espectáculo. La lucha terminó siendo una pelea real, pero disputada bajo unas reglas asimétricas muy específicas, cuya causa, naturaleza y ejecución se hallan aún en controversia y han sido debatidas durante décadas.

Según el periodista boxístico John Murphy, el combate entre Ali e Inoki fue concebido como un espectáculo coreografiado. En su transcurso, Ali noquearía accidentalmente al árbitro, lo que le distraería lo suficiente como para que Inoki, artero, noquease a su vez a Ali por la espalda con una patada alta. Al volver en sí el colegiado, haría la cuenta de diez sobre el derribado Ali y declararía ganador a Inoki. De esa manera, ambos quedarían satisfechos: el japonés se alzaría vencedor y el americano disculparía su propia derrota con lo azaroso de las circunstancias. Sin embargo, siguiendo esta versión, Ali quedó indignado al enterarse de que debía perder y se negó a seguir los planes, dando como resultado una lucha real.

Según otro versión, mantenida en Japón, Ali y su equipo firmaron el contrato creyendo erróneamente que se trataría de una coreografía. Cuando el boxeador visitó a Inoki en su dōjō privado y presenció cómo el japonés ensayaba violentas patadas y llaves con sus compañeros, le preguntó: «OK, entonces ¿cuándo realizamos los ensayos?» A esto Inoki habría respondido: «No, no. Esto no es una exhibición. ¡Es un combate real!» thumb|300px|El Nippon Budokan, donde se llevó a cabo el evento. Sea como fuere, los días anteriores al encuentro fueron testigos de intensas negociaciones. El equipo de Ali exigió la imposición de una larga serie de restricciones sobre el estilo de Inoki, presumiblemente a fin de mantener una lucha más ecuánime, y se demandó que no pudieran ejecutarse proyecciones, derribos ni placajes, ni usar rodillazos, codazos, cabezazos, golpes con el canto de la mano ni patadas, ni cualquier tipo de golpe cuando se hallaran ambos púgiles a ras de lona. Los únicos movimientos legales para Inoki serían golpes de mano abierta que no apuntaran a la garganta, zancadillas con los pies y patadas que se lanzaran con una rodilla en contacto con la lona o estando sentado en ella. En contraste, Ali podría golpearle y patearle de cualquier manera que se terciara.

Naturalmente, los expertos que supieron de esto declararon que tal reglamento limitaba las opciones del japonés de manera abusiva. En palabras de Draeger, «Ali puede agarrar o darle puñetazos; Inoki no puede derribar o placar. Esta última restricción es lo mismo que prohibir que Ali utilice jabs. ¡Menuda farsa!» Sin embargo, los promotores contaban con la conformidad de Ali para celebrar el evento, de modo que Inoki no podía negarse a estas normas o de lo contrario la lucha nunca tendría lugar. El estadounidense también exigió que este reglamento se mantuviera en secreto.

Una teoría surgida cuatro décadas después, no obstante, pone en duda que se llegara a estas normas a través de negociaciones como se ha venido diciendo. En su autobiografía de 2018, el luchador profesional Bret Hart, por entonces miembro de NJPW, afirma que los miembros de la Nación del Islam que acompañaban a Ali amenazaron a Inoki con asesinarle si ponía un solo dedo sobre el estadounidense. Por ello, Inoki se habría autoimpuesto todas estas reglas a fin de sortear esta prohibición. Gene LeBell, el árbitro del combate, corroboró también que no se llegó a decidir ninguna norma, sugiriendo que todo fue por propia decisión de Inoki.LeBell

Como se menciona, el encuentro fue arbitrado por Gene «Judo» LeBell, un yudoca y luchador que ya había participado personalmente en un combate de boxeador contra artista marcial en 1963, sometiendo a Milo Savage por estrangulación.

Sumario de la lucha Inoki hizo su entrada en el Nippon Budokan primero, vestido con la bata púrpura con la que solía acudir al cuadrilátero. Le acompañaban Karl Gotch, luchador olímpico, maestro de catch wrestling y entrenador de Inoki; Seiji Sakaguchi, medallista olímpico de judo y miembro de NJPW; Kotetsu Yamamoto, entrenador jefe de la compañía; y Kantaro Hoshino, luchador cotizado y antiguo competidor de boxeo.

Ali entró en el segundo, en bata roja y blanca y con un séquito mucho más nutrido. En este se hallaban su mánager Herbert Muhammad, sus entrenadores Angelo Dundee y Wali Muhammad, su esquinero Drew Bundini Brown y su médico personal Ferdie Pachecho, además de una serie de asistentes especiales: el luchador profesional Freddie Blassie, el maestro de taekwondo Jhoon Goo Rhee y el promotor Butch Lewis. Llevaba guantes de boxeo especiales, más pequeños que los usados típicamente en el deporte, y rellenos de vendas y gasa apretada, lo que le permitiría dar golpes más duros.

Asaltos 1-5 Tan pronto como sonó la campana de inicio, Inoki atravesó a la carrera los cinco metros que le separaban de Ali y se deslizó hacia sus piernas en una patada que el boxeador esquivó. Inoki permaneció de espaldas en la lona y comenzó a lanzar patadas e intentos de barrido contra las piernas de Ali. Tras anotar una patada sólida, Inoki se puso en pie por un momento, pero pronto volvió a su terreno escogido y siguió pateando desde el tapiz, anotando otra y obligando al rincón de Ali a llamar a la retirada a su contendiente. Ali se burló de Inoki y le instó a ponerse en pie, pero el luchador siguió con su estrategia y acertó unas pocas patadas a las piernas antes del fin del primer asalto.

Los asaltos segundo y tercero transcurrieron de la misma manera, con Inoki refugiado en la lona y pateando en dirección a un irritado Ali. El boxeador reculaba para ponerse fuera de su alcance, pero Inoki se acercaba a él marchando de espaldas sobre manos y pies y volvía a atacar cada vez. En el tercer asalto comenzó a distinguirse una herida en la pierna izquierda de Ali, mientras que el público empezó a abuchear por la falta de acción convencional. En un momento, Ali dio una vuelta alrededor del cuadrilátero para alejarse de Inoki y le gritó «¡Inoki cobarde! ¡Inoki no lucha!» y «¡Un puñetazo! ¡Quiero un puñetazo!»

Llegado el cuarto asalto, Inoki falló una patada voladora lateral y volvió a arrastrarse hacia Ali amenazándole con patadas, consiguiendo esta vez atraparlo en una esquina del cuadrilátero. Después de que LeBell reiniciase la acción en el centro del cuadrilátero, Inoki insistió con su estrategia sedente, provocando que Ali gritara: «¡Creía que Inoki sabía luchar! ¡Inoki chica!» varias veces. Sin embargo, para su apuro, el luchador volvió a arrinconarle y anotó múltiples patadas, lo cual obligó a Ali a subirse a las cuerdas y apartar sus piernas de Inoki para resguardarse de sus ataques.